martes, 31 de enero de 2017

¡Viva la felicidad Yankie-Trumpiana-La la Land!

Todo el mundo habla de Trump y de su política esquizoide contra el mundo, recordad… ‘América First, América First’, y así hasta cien veces en su discurso de investidura. ¡Como si América no hubiera sido lo primero desde la Segunda Guerra Mundial y el voluntario suicidio de Europa! América lleva vendiéndonos su cultura, su forma de vida, su capitalismo voraz, sus actores, sus escritores desde hace setenta años. Ya lo he dicho en este blog más de una vez, no existe nada que no sea Estados Unidos en Estados Unidos.

Para hacerle el juego sucio a América y actuar de contrapeso está Europa, pero no logra afianzar un liderazgo confortable. Ahora que los angloparlantes quieren someterse a su propio y voluntario suicidio… ¡Qué gran momento podría ser para nosotros! Pero claro, ¿Cuál sería la lengua franca? ¿Quién asumiría el control de la Europa Unida? ¿Quién frenaría la xenofobia? Recordemos que los hombres tienen una manía obsesiva de echar la culpa de su ineficacia a otros, ya lo veo venir, Italia y España son unos vagos y se echan la siesta sin parar. Una máquina de dormir y no hacer nada. Los italianos además comen pasta y son unos delincuentes. Eso sí, todos a Italia y a España porque los del norte son de lo más aburrido. Y así, con este soporífero discurso repetido hasta la saciedad (tipo ‘américa first’ pero en versión paella o pizza napolitana), llegaríamos al 2030 igual o peor de lo que estamos ahora.


Por cierto, ¿Qué está haciendo Europa con los refugiados? ¿Cuántos de nosotros acogeríamos a alguien en nuestra casa? No hace falta, tranquilos, porque la Unión Europea ya destina una partida de su presupuesto para sobornar a Turquía y Grecia. Con ese dinero ellos hacinan a refugiados e inmigrantes de diversas tipologías en campos varios, con la única intención de que no amenacen el modo de vida del viejo y solidario continente. Ay, ay, ay. ¡Qué hipócritas somos!

Mientras criticamos (con razón) a Trump, nos tragamos todas las bazofias que van viviendo del otro lado del Atlántico sin rechistar. Y magnificamos lo que ellos magnifican sin mover una ceja ni poner un pero. Catorce nominaciones a los Oscars para ‘La la Land, la ciudad de la Alegría’. Más de dos horas de exposición del modo de vida yanqui, cuatro saltos bailarines y el cine hecho por ellos como única vía para conseguir los sueños. Los sueños entre paseos por una ciudad desnortada, sin centro urbano y que roza la total desolación. Casi prefiero ser un vendedor ambulante en Florencia y tocar cada uno de los días de mi vida lo verdaderamente sublime. Pero claro, considerando que esta película es lo más grande, no contemplo la manera de convencer al ciudadano medio de que la felicidad es simplemente levantarte cada día e intentar sonreír con cada pequeña tontería que te rodea.



¡Viva la felicidad Yankie-Trumpiana-La la Land!

Conste que yo consumo y he consumido producto americano sin parar. ¿He comentado aquí que soy una fanática de la música de Michael Jackson y de sus coreografías? Si, lo confieso. También confieso que no he superado su muerte. Ni quiero. Muchas personas se meten conmigo, porque solo ven en él a un monstruo informe, operado, blanqueado y transformado. No ven más allá, es decir, al genio que fue capaz de cambiar la forma de concebir la música Pop desde su genuina candidez. Para eso se requiere ir un paso más allá, hay que comprender a la sociedad americana de los años ochenta, su transformación, la evolución de la música negra durante los sesenta y setenta. Hay que viajar a Indiana y ver el suburbio donde nació Michael Jackson y empaparse del mundo casi subdesarrollado de esa América industrial profunda. Hay que pensar que los yanquies no son esos seres sofisticados que pasean en cochazos por Park Avenue, y que la gran masa obedece a una tipología de ser humano que habita en casas destartaladas en medio de la nada, esperando contemplar el resurgimiento de América (First) y experimentar esa grandeza que les cuentan, pero que no acaban de disfrutar. Por eso han votado a Trump, y eso es lo que aquí no hemos entendido.

Os animo a pensar, reflexionar y viajar. A ser posible sin guía, nunca os llevaría a estos sitios Yankie-Trumpianos-La la Land.

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