domingo, 16 de septiembre de 2018

Monet y Boudin en la playa del Museo Thyssen de Madrid

A principios de Junio - el tiempo pasa muy deprisa - asistí a la inauguración de la exposición del Museo Thyssen-Bornemisza sobre la amistad pictórica de dos pintores franceses, Monet y Boudin. Y - tengo que decirlo o reviento -  en compañía del mismísimo Borja Thyssen. Sí, lo sé, no debería leer tanto el ¡Hola! y centrarme más en aspectos de mayor calado y trascendencia en la mente humana, pero no puedo. A mi las sagas familiares en las que se lanzan cuchillos y aparecen nueras brujas e hijos ilegítimos, me atraen muchísimo. Lo que me aburre son las conversaciones de chalets adosados y niños listísimos que montan en un monovolumen cada mañana. 



Borja, ese hombretón de gimnasio, me causó una impresión excepcional. Completamente pulido por tutores y asesores, deja entrever un sincero interés por mejorar y una personalidad sin dobleces. Pero el dinero atrae moscas con lanza, y tener tanto indefectiblemente te convierte en un personaje de novela chusquera, y acabas discutiendo con tu madre y enzarzándote en disputas comandadas por abogados sin escrúpulos.

El ¡Hola! y los museos son dos cosas que parecen no tener conexión, pero es falso, aquí si que hay vínculos importantes. Las celebrities acuden a museos donde se inauguran exposiciones para salir en la citada revista. Algunos son los dueños del museo donde tiene lugar la exposición, otros son los que prestan las obras, otros los directivos de las empresas patrocinadoras del evento, y - por último - aparecen las animadoras profesionales, que viven de lucir el palmito. Cada uno, en este mundo global, se gana la vida como buenamente puede.

Es importante, no obstante, aprovechar estos eventos para tomar buena nota de cómo funciona el mundo y depurar lo que es falso y de pega (prácticamente todo) y lo que es auténtico, en este caso concreto la obra pictórica reunida para la exposición. Yo aquí, desde esta modesta tribuna, pincelaré lo que para mi es relevante.

La pintura del siglo XIX y XX, abanderada básicamente por pintores franceses, no es uno de mis fuertes. Me fascina tanto la pintura gótica y barroca, que no he logrado todavía sumergirme y ampliar mis conocimientos en lo que se refiere a épocas más recientes, cuando el pintor trasciende de la realidad y decide dar a la obra de arte su toque personal, su visión del mundo. Lejos ya - muy lejos - de los enlatados temas academicistas, típicos de épocas anteriores. Entonces los maestros marcaban el camino a seguir y, más tarde, cuando las ciudades se hicieron centro de poder y cultura, los gremios y academias de arte.

Es muy importante olvidar nuestra cultura de abundancia, donde puedes delirar e innovar en cientos de lienzos comprados a precios ridículos en una gran superficie. Pensemos - por ejemplo - en el siglo XV, un comitente encargaba una obra, algo que se pensaba y se cuidaba hasta el último detalle. Se buscaba el soporte más conveniente, el tema, el marco, se hacían mil bocetos. Todo lo anterior era tan sumamente caro, que pensar en encargar la obra a un desconocido era implanteable, debía ser un maestro consagrado, que seguía las normas y el gusto imperante. Por eso pintores como El Bosco tienen poca obra.

Esa exquisitez y dedicación a la obra de arte, a pesar de estar encasillada y ofrecer machaconamente los mismos temas, a mi me gusta. El artista era más humilde, después - pensemos en Picasso - se convirtió en un intelectual autoconvencido que desde su paleta salían los trasgos que guiaban a la humanidad. Cézanne es otro ejemplo de este punto de vista. Para cerrar el círculo, aparecen los críticos y las máquinas de rayos-X, que escudriñan y reinterpretan las obras como si - verdaderamente - de cada uno de los pequeños lienzos saliesen las líneas maestras que nos iluminarán, como pequeños "Libros Rojos de Mao".

Por eso cuando veo el cuadro de Juan Sánchez en el  Museo del Prado, me emociono, pero la pintura de Monet, por ejemplo, me deja algo indiferente. Su soberbia me cansa y además es una soberbia muy prolija.



Juan Sánchez
La Crucifixión (hacia 1460) Museo del Prado


Digo prolija porque, como comentaba antes, desde que existe la producción en cadena, un pintor - si así lo estima - puede pintar cien cuadros al día. El caso de Monet es obvio. Simultánea a esta exposición, en la National Gallery de Londres ha tenido lugar otra titulada ''Monet y la Arquitectura'', que - como no podía ser de otra manera si la organiza alguien de habla inglesa - los calificativos han sido estratosféricos, quitan el aliento de lo absurdamente pomposos que son. Adelanto ya que la exposición de Madrid es mejor.


Que haya varias exposiciones del mismo pintor a la vez, demuestra que debió pasarse su vida produciendo lienzos sin parar. Innovando, iluminándonos con su arte y su visión francesa del mundo. Mucho no tuvo que pararse en cada uno, o no le hubiera dado tiempo a dejarnos tal cúmulo de cuadros, que llenan galerías y galerías que - a mi particularmente - no me dicen nada. 

Vayamos por partes, afirmo que la exposición de Madrid es mejor, primero por el contenido, es más audaz, y segundo por el enfoque. Centrarse en la mutua influencia de dos pintores, uno de ellos menos conocido - Boudin -, y mostrar cuadros de temática dispar que configuran una visión global no sólo de Monet, sino también de su aportación al Impresionismo, es más inteligente, más dinámico que exponer una parte concreta de Monet, introducida con calzador en nuestras mentes, y torticeramente dirigida por el comisario de la misma. No creo que pintar casas y paisajes fuese una de las genialidades de este artista. Recordemos que ha pasado a la historia del arte por pintar nenúfares.


Claude Monet
Water Lilies (1914-26)
MoMA. Nueva York


Es cierto que tiene dos series de cuadros muy interesantes, en los que experimenta con la luz que se proyecta sobre edificios, una es de la Catedral de Ruan (1892-95) y otra sobre las Vistas de Londres (1899-1904). Pero en la exposición de la National Gallery no hay una masa de cuadros suficiente para entender esta obsesión de Monet por la luz. Los pocos lienzos expuestos están - además - tan manipulados por las luces que no sabes bien si lo que ves es lo que concibió el pintor o el efecto visual de las luces led.

Tengo que confesar algo importante, la exposición de Madrid la he visto más de veinte veces, y la de Londres sólo una. No obstante creo que mis conclusiones son acertadas, recordad que el arte es algo que comunica e inspira, instantánea y sutilmente, y a mi la exposición de Inglaterra no me transmitió nada. 

Otro de las sorpresas que ofrece el Thyssen es que, si decides no leer - al abordar la obra - el nombre del pintor y lo dejas para después, globalmente llegas a la conclusión de que Boudin era mejor pintor que Monet, y que este último ha sido magnificado y mitificado de una forma algo absurda. Soy algo injusta, pero nos han contado machaconamente que desde el siglo XVII hasta  principios del XX toda la cultura emanaba de Francia y yo, estando en completo desacuerdo, tiendo a ver todo lo que viene de allí y de esos siglos de forma un tanto escéptica y reservada. En el caso que nos ocupa, cualquier pintor contemporáneo español contemporáneo a Monet es INFINITAMENTE mejor que él, Sorolla sin ir más lejos. Fortuny (bastantes años antes) ya había experimentado y mejorado todo lo que - según los francófilos - Monet había creado. Y para que no huela esto a patriotismo gratuito, puedo mencionar a pintores no franceses millones de veces más innovadores, como Whistler, que ya había experimentado con las brumas londinenses, o Modigliani, que creó un universo visual más complejo y enriquecedor. 

Demostración de lo que digo es que, desde que Nueva York se convierte en la capital mundial del arte tras la Primera Guerra Mundial, ningún pintor francés ha ocupado un mínimo espacio en el Olimpo del arte. Lo cual es raro y sorprendente si tanto talento había allí. 

Monet, al igual que otros Impresionistas y post-impresionistas, está magnificado por demás. Hay paisajes en la exposición que no pasarían la criba de un mercadillo ambulante de pueblo. Estoy siendo injusta, y quizás se deba a mi desconocimiento sobre la época y el pintor. Debéis disculparme, pero si di forma a este blog fue para expresar lo que yo siento cuando leo, viajo, o veo exposiciones de museos varios. 

Quizás su protagonismo , como el de tantos otros, esté en algo tan simple como ''follow de money", o lo que es lo mismo, donde está el dinero está todo lo demás, y efectivamente el punto de vista de ¡Hola! sea el correcto, la obra de arte es la cortina invisible que da forma a lo inmediato, que es en definitiva lo único que se posa en nuestra memoria.

Cuando los grandes magnates americanos fijaron sus ojos en la Vieja Europa, decadente y sumida en guerras destructivas que se sucedían sin parar, Francia era el faro que guiaba a las musas, enloquecieron con el Impresionismo, el Post-impresionismo y las Vanguardias de principios del siglo XX. Compraron todo lo que pudieron, el ejemplo es el MoMA de Nueva York, y se apalancaron en ello para liderar el monopolio de la cultura del siglo XX y lo que llevamos del XXI. En su modelo marketiniano de vender cualquier cosa, creo, entra Monet y muchos otros. Después, cuando ellos ya decidían, no era necesario fijarse en Europa, ni en el mundo.

Sólo están ellos. Dando a pintores como Monet un protagonismo irreal. 

Los europeos del siglo XXI no carecemos de talento, es que no tenemos el dinero para venderlo. Por eso prefiero la Edad Media, los sentimientos eran sublimes y puros. Perdidos irremediablemente en la bruma de los siglos. 

Sacad vuestras propias conclusiones, por favor.
M.

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