jueves, 26 de noviembre de 2015

Próxima estación: Berlín Hauptbahnhof



Vivimos en un mundo extraño. Ya sé que es una frase manida, quizás la más repetida en la historia de la humanidad, pero no se me ocurre cómo comenzar la descripción de Berlín. No es una ciudad extraña, inaccesible y llena de peligros. Más bien todo lo contrario. Pero quiero plasmar en estas líneas mi estupor y sorpresa al ver cómo a partir las cenizas de un loco con bigote, ha llegado a generarse semejante urbe.

No es un tópico, los alemanes son objetivamente fríos y con la amabilidad justa para el trato con sus semejantes (no son estirados ni mucho menos, para este particular, leed el párrafo siguiente). Para colmo, el alemán es una lengua difícil, llena de declinaciones, recovecos y palabras de longitud monstruosa. Al leer carteles callejeros, indicaciones, nombres de prendas, cartas de restaurantes, etc., no tienes ni la más remota idea de lo que puede ser, y lo intuyes porque, gracias a la globalización, en todas partes venden lo mismo.

Tras esta introducción, por favor, empaquetad cuatro cosas e iros ahora mismo a Berlín. Es, al menos para mí, una de las ciudades más interesantes de la vieja Europa. Muy por encima de París, que son unos estirados. No dejéis que os engañen en este aspecto, en Berlín es posible mimetizarse. En París no pasas, por mucho que lo intentes, de ser una mosca cojonera (esto se traduce como 'turista') Si no hablas francés a lo más que llegarás, será a pedir un menú Whopper en Burger King. Hacer una reserva para cenar, puedes, pero no esperes obtener una buena mesa. Te pondrán al lado de la puerta de la cocina y, si tienen ocasión, al abrir te darán un golpe para hacerte sentir más ajeno y extraño de lo que ya te sientes. Lo bueno de la situación es que hablarás con otros turistas perplejos, y te reirás en su cara de lo necios que son, pero tranquilos, que no se dan cuenta.


Convencidos ya para poner rumbo al aeropuerto de Tegel, en el Berlín Occidental, aterrizamos así como quien no quiere la cosa, a escasos kilómetros de lo que era la calle principal del Berlín de los buenosKurfürstendamm (Ku'damm). Especie de Gran Vía, llena de tiendas y diversos negocios trampa para incautos. En las calles adyacentes, más alejadas del bullicio, hay cientos de restaurantes a cual más delicioso. ¡Atentos! A los germanos les encanta todo lo latino, al final mi abuelo tenía razón cuando defendía que a los alemanes les caíamos bien. Palabras que han adoptado de nuestro idioma (no requieren traducción, obviamente): mojito, margarita, pincho, tapa, paella, baile latino... En fin, todo orientado a lo mismo. Esto es lo que exportamos al mundo. Da que pensar.

Recomiendo no obstante ir a un restaurante Georgiano, ¿qué tiene esto que ver con todo lo anterior? No lo sé, nada. Pero no os lo perdáis. Es una experiencia casi tan edificante como ver el busto de Nefertiti.

Al igual que en Londres con los restaurantes libaneses, en Berlín hay fiebre adictiva con todo lo vietnamita. Este tema tengo que investigarlo bien, no sé a qué es debido. Había pensado que los vietnamitas siempre odiaron a los franceses, ¡exacto! como los alemanes. Pero esta explicación me parece repetitiva y obvia, no la voy a dar por válida. 

Otro tema que quizás pueda resultar de interés es la localización del Bunker de Hitler. Aventura donde las haya. Si en vuestra niñez os gustaba jugar a encontrar el tesoro, y teníais habilidades para ello... ¡Esta es claramente vuestra oportunidad! Para los alemanes Hitler no existe. Y han cegado el lugar donde pasó sus últimos días, para intentar (sin lograrlo) que olvidemos lo malote que fue. En internet tenéis planos de su localización que os ayudarán en esta labor.

Una vez localizado el bunker, os recomiendo también un paseo por Unter den Linden (Bajo los Tilos). Viejas glorias que se niegan a morir, entiéndase por esto la embajada Rusa y Aeroflot, que se caen a trozos, pero ahí siguen sin reconocer su estrepitoso fracaso. Y, coronando esta avenida, la mismísima Puerta de Brandemburgo. Todo en el 'lejano este', el feudo de la Stasi.

Visitad Berlín, por favor. Entenderéis mil cosas sobre Alemania, Europa y las grandes mentiras del siglo XX.

M.



Cristina, hija de Lavrans

Estaba viendo el otro día el Rosco de Pasapalabra, y una de las preguntas me dejó perpleja. Casi tanto como al concursante, que no la sabía, claro. 

- 'Empieza por 'U', apellido de la escritora noruega que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1928 y cuya novela más conocida es 'Cristina, hija de Lavrans''




La respuesta es Undset. No creo que haya mucha gente que lo sepa, y menos que haya leído el libro en cuestión. Yo sí. No quiero dármelas de listilla, pero apuesto que se pueden contar con los dedos de dos manos los lectores de este libro. Ahora explico las razones.

Primera, es larguísimo y con un desfile de personajes de nombre noruego que te dejan patidifuso casi en cada página. Para aquellos que os atreváis a intentarlo, la clave para no perderse está en conocer la formación de los apellidos y linajes en los países del norte de Europa. Al nombre de pila se añade (como apellido) el nombre del padre terminado en '-ssoen', '-son', '-sson', en el caso de los hombres; '-daughter', '-dotter', '-datter', en el caso de las mujeres. 

Segunda, la trama que aborda es tan ajena a nosotros, habitantes del sur de Europa, que a veces no sabes si has sido abducido por un marciano y, durante el viaje, te ha ido contando lo que te vas a encontrar al llegar a su planeta. En este caso, para no desesperar, os recomiendo tener alguna noción de la historia noruega del siglo XIV. Más de uno acaba de hacer 'puggff', no me extraña. El tema no es ni prometedor, ni útil, excepto si vas a Pasapalabra y te hacen la misma o parecida pregunta, hecho altamente improbable.

Tercera, la descripción de los personajes, sus sentimientos, su aproximación a la fe cristiana y a dios, sus relaciones con el entorno feudal en el que se desenvuelve la novela y su comportamiento ante la adversidad, son absolutamente sobrecogedores. Tanto, que a veces tienes que parar, cerrar el libro, y meditar profundamente sobre lo que has leído. Y creedme, no exagero. Los best-seller históricos, crean personajes que -aun viviendo hace mil años - piensan y se desenvuelven igual que nosotros en el siglo XXI, absurdo por completo. En esta novela en ningún momento tendréis esa sensación, por eso la barrera de comprensión hacia Cristina y su entorno es inconmensurable a la vez que emocionante.

Cuarta, el argumento. Cristina nacida en 1302, hija de un noble rural noruego, lucha por sus convicciones y su amor por un hombre de alta alcurnia, pero de costumbres disipadas, Erlend. A edad temprana su matrimonio es concertado, pero ella consigue tras un angustioso tira y afloja con su padre, romper este compromiso y casarse con su gran amor. Parece simple, pero el camino está salpicado de mentiras, sexo pecaminoso, remordimientos y daños colaterales. La sensación de que todo lo malo que está por venir no es sino causa natural de todos los pecados cometidos, impregna la novela hasta el final. Nadie escapa a la ira divina. Así pensaban en el siglo XIV, ni más ni menos.

Quinta, nada baladí, en el siglo XIV Noruega pertenecía a la esfera Católica. Faltaban dos siglos para que Lutero plantara cara al Papa y diera comienzo un proceso sin retorno, que convertiría a los Países Nórdicos en un bastión del Luteranismo más recalcitrante y fanático. Por lo que, escribir un libro en el siglo XX, siendo capaz de describir la espiritualidad católica del siglo XIV, sin caer en la trama fácil tan usada por los protestantes de que los católicos sólo saben ser corruptos, ladrones, malas personas, faltos de miras, etc., tiene un mérito infinito. Más del que pueda parecer. La gesta es tal, que los suecos tuvieron que rendirse a la evidencia, y premiar tan ingente esfuerzo literario con un Nobel.

Normalmente recomiendo todos los libros que leo. Este también, pero con reservas. Es demasiado denso y complejo. Y la sensación de querer abandonar su lectura es - no voy a mentir - frecuente. Con todo ello, para aquellos que se animen, estamos ante uno de los mejores libros sobre la Edad Media jamás escritos.

Leed mucho.
M.


domingo, 22 de noviembre de 2015

A sus pies, señor Mendoza.

Nooo, no penséis que voy a hablar del difunto Ramón Mendoza, ex-presidente del Real Madrid. Odio el fútbol, como bien sabéis, y dedicar más líneas al 'deporte rey' (expresión absurda donde las haya) sería una tortura para vosotros y para mí. En esta ocasión hablaré de alguien que está a años luz del tufillo cutre del mundo del fútbol y que, estoy segura, sería capaz de dinamitar con humor y donaire tanta patraña, el mismísimo Eduardo Mendoza.

Hablaba ayer con un amigo, lector de este blog, y me reprochaba que al único libro al que había puesto un 'pero' era a 'El héroe discreto' de Vargas Llosa. Mi escritor vivo favorito y probablemente el más merecido Premio Nóbel de los últimos años, junto a Le Clézio. Al poeta sueco y a la crítica bielorusa deben conocerlos en su casa, eso sin contar sus escasos méritos literarios. Los suecos deben dedicarse a componer canciones de Eurovisión y dejar la literatura a otros con una sensibilidad menos fría.


¡Jesús! Dos párrafos y ya he perdido el norte. La conclusión a la que quería llegar al describir el diálogo con esta víctima que me lee, es que precisamente con lo que más nos gusta y disfrutamos, somos más críticos. El basto conocimiento de las cosas nos hace penetrar en dobles sentidos y juegos de palabras. El apego nos genera confianza y al final somos injustos en nuestros juicios, sin ni siquiera darnos cuenta.


Esto mismo explica mi imperdonable olvido de Eduardo Mendoza en este modesto blog. No me cabe en la cabeza cómo no le he dedicado un espacio antes. No porque lo que yo pueda opinar sea relevante, ¡dios, no!, más bien porque es una forma anónima de rendirme a sus pies. Donde en realidad he estado siempre, desde que conocí al extraterrestre que buscaba sin descanso a Gurb, disfrazándose de Conde-Duque de Olivares y comiendo chocolate con churros en Barcelona. 


He esperado tres años para leer la nueva entrega del detective anónimo, que resuelve crímenes de manera estrafalaria y desternillante, y la espera ha merecido la pena.




En 1978 Mendoza sacó por primera vez del manicomio al protagonista de sus novelas de misterio. Un personaje agudo y perspicaz, sometido a una reclusión (no sabemos si merecida o no) en un centro psiquiátrico, del que no acaba de salir a causa de escollos burocráticos y merced de la mezquindad de aquellos que le solicitan ayuda y que ponen de manifiesto lo estrafalario y absurdo de la sociedad catalana y, por extensión, de la española.

Para desentrañar los asesinatos y misterios, no le proporcionan ninguna ayuda económica, valiéndose siempre para sobrevivir de su ingenio y de la ayuda casual de personajes a cual más esperpéntico. Ellos son los únicos que ven su bondad innata y su innegable inteligencia. 

Finalmente en la tercera entrega, este locuelo sin nombre, abandona el manicomio de forma permanente. No porque la burocracia se haya apiadado de él, sino porque el centro en el que lleva recluido décadas es objeto de especulación inmobiliaria. A falta de una ocupación mejor, acaba regentando un negocio de peluquería. El cuarto libro concluye con nuestro héroe empleado en un restaurante chino, que ocupa el local de su fallida actividad como peluquero. Aquí, en esta quinta y -hasta la fecha - última entrega, es donde lo encontramos de nuevo. 

'El secreto de la modelo extraviada' da pena que se acabe. Ya al leer el primer capítulo, y sin poder parar de reír, sabía que al concluir sentiría un rencor incontrolable hacia Eduardo Mendoza por no escribir un libro así todos los años. La fina crítica a todo lo que nos rodea, a los males endémicos de nuestro mundo enfermo, a nuestros hobbies, a nuestras rutinas y a nuestra hipocresía, es soberbia. No hay ni un sólo aspecto de todo lo que ha aparecido en los periódicos en los últimos tres años que no esté astutamente camuflado en la trama. 

Cataluña y sus mentiras, España y su ceguera. La moda del footing, la comida basura, los funcionarios que se multiplican para arruinar al país y no solucionar ni uno solo de sus problemas, los dueños de perros que no recogen sus excrementos, la política, la víctimas del poder chusquero y mediocre... Y para acabar el libro, una reflexión, "las grandes ideas son destructivas, las modestas acaban cansando y se olvidan". Es decir, ¿hacia donde vamos? ¿qué ideas debemos seguir?

Quizás un loco reinsertado a la sociedad por pura casualidad pueda enseñarnos más de lo que jamás acertamos a imaginar.

Gracias a Eduardo Mendoza por escribir libros así.
M.









sábado, 14 de noviembre de 2015

A veces llorar es bueno...


"Cuando era niño, pensaba que el mundo era un lugar maravilloso, mágico, bonito..." Así comienza "The Logical Song" de Supertramp. Yo también lo creía así, antes de aprender que lo lógico es - precisamente - lo que menos sentido tiene.

Hoy me levanto y sólo veo cuerpos rotos, vidas destrozadas e incompresibles teorías para explicarlo. París no merece eso, nuestro modo de vida no merece eso, nuestra cultura cristiana (basada en el respeto a ultranza del ser humano) no merece eso. ¿Por qué, al dejar de ser niños, la vida deja de ser lógica?


Deja de ser lógica porque no nos permiten llorar, y a veces llorar es bueno. Ahora, cuando intento asumir lo sucedido en Francia, llorar es lo único que me consuela. Cuando vuelva a sonreír, quizás el mundo siga siendo maravilloso. Así lo creía de niña, antes de que me enseñaran que lo lógico era renegar de mi cultura y de mis valores. Intentando convencerme que así encontraría el camino hacia la felicidad.

Nuestros políticos de toda índole son responsables de ocultar a la sociedad, mediante esquizoides programas educativos, los pilares que han hecho de Europa el motor cultural del mundo. Han intentado convencernos - por cobardía e interés -  que determinados colectivos eran mejores o iguales a nosotros, minimizando su fanatismo y ocultando sus crímenes. Permitiendo sus prácticas xenófobas y destructivas en detrimento de las nuestras, hasta que el asunto se les ha ido de las manos.

Y ahora, para seguir viviendo y soportando el dolor, tenemos que ser niños, y refugiarnos en nuestro llanto.

M.


martes, 10 de noviembre de 2015

¿Por qué los británicos son los dueños del mundo?

Publicado Guay del Paraguay. Noviembre 2015

No me he vuelto loca. Cada vez que voy al Reino Unido, lo primero que me pregunto cuando el avión está aterrizando es por qué los británicos son tan tocapelotas. 

Conducen al revés, lo cual es desconcertante e incomprensible. Te hacen pasar por un tedioso control de pasaportes con el único objetivo de intimidarte y hacerte perder tiempo. Estás en Europa, pero no estás, porque son ambiguos en cada uno de los detalles que muestran en su cotidianidad. Y, esto ya es una muestra más de lo raros que son, no usan euros. 


La libra esterlina es intocable. Cuando pides un café y te cobran tranquilamente tres libras, el café en cuestión cuesta cinco euros, no tres, que es la cuenta fácil que te haces siempre en la cabeza. Mil pesetas. Sí, mil pesetillas un poco de agua sucia. La cerveza anda en las seis libras, es decir unos ocho euros. No digo más.


Añado que, alquilar un apartamento en Knightsbridge ronda las diez mil libras al mes. Quince mil euros. ¿Veis? No están bien. Pero... ¡Londres me encanta! ¡Qué maravillosa ciudad! Es como tocar el cielo. 


Cosas que no hay que perderse. Por favor que no continúe leyendo quien piense que voy a hablar de la Torre de Londres, el Golden Eye, National Gallery, etc. 


Imprescindible comer pato laqueado en el Barrio Chino, acompañado por unas deliciosas ancas de rana picantes... Es importante concentrarse en la comida, porque amables, no son amables. Los ingleses no lo son, pero los chinos que se han criado en el Reino Unido, esos ya no hay por donde cogerlos. 


Otro 'must', pasear por sus mercadillos. Puede que su tendencia a robar tesoros arqueológicos por medio mundo (para este particular, recomiendo consultar la página web del Museo Británico) les haya dado la llave al virtuosismo para crear mercados al aire libre. Nadie como ellos para hacer que la basura parezca oro, y la morralla diamante en bruto. En Cadem sólo venden ropa usada, que huele fatal. Junto a los franceses, los británicos pasan por ser lo más desaseados de Europa, al notar el perfume embriagador que emana de esas prendas, constatas que esta afirmación, por una vez, no es un invento periodístico. Pero, aun así, siempre compras algo, y te vas tan contenta con tu bolsa y cincuenta libras menos.


Como ya dije al hablar de Agatha Christie, los ingleses son nulos para aprender idiomas. Tal vez no se han puesto en ello porque no lo consideran necesario, tontos no son. O tal vez la simpleza de la estructura gramatical del inglés les ponga trabas para aprender otras lenguas con cientos de declinaciones y tiempos verbales. Pero el francés lo consideran lo más del refinamiento. Nadie sabe hablar francés, no nos engañemos, pero conocer dos o tres palabras les colma de felicidad. En esto los ingleses muestran (¡otra vez!) cómo les gusta llevar la contraria. En el Continente, el francés (excepto en los países de su órbita) es despreciado e ignorado. En Alemania, en Italia, en los Países Eslavos, en Hungría... Nada, ignorancia total de esa lengua muerta. Pero a los ingleses les gusta. Creo que por ello, de entre todos los huidos por las guerras de Oriente Próximo, los libaneses han sido los mejor acogidos entre los británicos. De ahí la proliferación de sus restaurantes, un rayo de luz mediterránea entre esos guisos horribles.  


Lo mejor para el final. Los ingleses supuran odio hacia España. En esto demuestran que no son tan elegantes como quieren hacernos ver. Han ganado todas las batallas, y aun así, no muestran indulgencia hacia el perdedor. Llevan mal que el español se expanda como una mancha de aceite y disimulan mal su desprecio. Tengo pruebas irrebatibles respecto a esto. Instrucciones de evacuación de un Hotel de Lujo en Knightsbride. Observad la traducción al español. 




Efectivamente, quieren que nos quememos. Habéis llegado a la misma conclusión que yo. Ni se han molestado en contrastar con algún nativo semejante esperpento.

Pues bien, me pasaría la vida en Londres. ¿Entendéis ahora el secreto de su triunfo? Son odiosos y aun así los admiramos profundamente.

Próxima estación Berlín.



jueves, 29 de octubre de 2015

El mundo literario de Agatha Christie.


Estoy sorprendida, para bien, lo cual es raro si pienso en mi vida cotidiana.  Normalmente lo que me rodea es tan absurdo y mediocre que tengo que hacer como que no me doy cuenta, para no caer en la desesperación existencial.
Explicaros por qué todo me parece un espanto, excede por completo de mi modesta actividad de escritora de reseñas, así que le cedo la palabra a Peter Handke, leed su entrevista en ‘El País’ el 23 de Octubre. Y todo quedará claro como el agua.

Vuelvo a las sorpresas agradables. Queridos… ¡Hay gente que me lee! Tanto en mi Blog como en el periódico digital ‘Guay del Paraguay’. Este pequeño triunfo me hace enormemente feliz, incluso cuando recibo mails con comentarios negativos sobre lo que opino de los libros que leo. Algunos me decís sin paños calientes que no os gusta como he enfocado el tema, o que el libro que recomiendo es un tostón. ¡Qué bien! De verdad, os lo agradezco. Lo digo sin ironía. ¡Gracias! 

Para demostrar mi agradecimiento, quiero dedicar un espacio a las novelas de misterio de Agatha Christie. Ya sé (listillos) que estaréis pensando qué tiene que ver una cosa con la otra. Pues tiene que ver, y mucho. He recibido mensajes criticando mi selección de libros. Sobre todo los dos últimos, que si son complicados de encontrar, largos, sesudos, enoooooormes para llevarlos en el bolso o en la mano, que enlazo muchos temas en las reseñas que desenfocan el mensaje fundamental… En fin, veo que tengo que haceros caso, ya que me leéis. Por ello me he preguntado, ¿qué libros son pequeños y se pueden llevar a todas partes? Títulos que enganchan, costumbristas y previsibles, siendo al mismo tiempo una delicia. Que no hacen referencia nada, pero no que son la bazofia de libros de misterio que publican ahora, que proliferan como la espuma y que yo califico como ‘literatura de la mala’. ¡Exacto! Agatha. ¡Qué maravillosa mujer! 

Con Agatha Christie yo comencé a encontrar en la lectura una forma de evasión del mundo real. No fue Goethe, ni Cervantes, ni Tolstoi. Fue esta escritora de tramas policiacas la que consiguió que no oyera el ruido alrededor. No debe resultar sorprendente.

Me he dado cuenta, al cumplir años, que las personas mienten. Mienten cuando hablan de su cotidianidad, de sus aventuras, de sus inicios en la vida. Hay dos mundos paralelos, el real y el que inventamos. En función de la aceptación del mundo el real, el inventado será más exiguo. Pero en mayor o menor medida, con mayor o menor tendencia a hacer volar la imaginación, todos mentimos. Digo esto porque, cuando a un escritor le dan un premio, siempre dice que sus maestros son Cervantes y Tolstoi (el primero inventó la novela, el segundo la perfeccionó). Esta referencia es imprescindible en todo discurso de agradecimiento tras la concesión del galardón literario y sitúa al escritor en un mundo inventado, en el de las ideas y los sueños. Donde necesariamente debe estar. Porque no es malo estar y vivir entre las brumas de la irrealidad. Por favor, es importante que tengáis esto presente, es la llave de la felicidad.

Pero, como creo que ha quedado claro, muy pocos han leído realmente 'El Quijote' con diez años. Pero creer su embuste es compartir su camino hacia el país de los cuentos.  

Me disperso y me pierdo en el mundo de los cuentos. Tengo que convenceros para que leáis novelas policiacas sin parar, en el tren, en el metro, en un parque... Vamos a ello.

Pensad en un grupo de personas inglesas muy inteligentes. Si hay algún extranjero, sobre todo si es del sur de Europa o sudamericano, es un sinvergüenza, estúpido, falto de toda ética y poco conocedor de las normas de conducta británicas. Durante toda la novela - si hay alguien que cumple estas características -  se erige como principal sospechoso. Al final, nunca es él o ella, pero no porque a Agatha no lo hubiera pensado o querido, es porque su racismo hubiera sido políticamente incorrecto. Total que entre unas cosas y otras, el asesino es quien menos esperas.

Las tramas son más simples de lo que pudiera parecer, pero llegado un momento - el clímax de la novela - lo imposible de cualquier solución al misterio, hace que devorar las páginas se convierta en una necesidad vital.

Sólo una mente brillante puede llegara al meollo de la cuestión. En el caso del 'Asesinato en el Orient Express', al igual que en otras novelas, este portento de inteligencia es un detective belga. Si hay que hacer una concesión y reconocer que, de vez en cuando, un extranjero no es tan tonto; mejor que éste hable francés. Para un inglés, dado que es incapaz de aprender ningún idioma, soltar alguna palabrilla en francés en medio de una conversación es el colmo del refinamiento.

Nadie mejor que Agatha Christie ha puesto de manifiesto que, en la conquista del mundo, los británicos se han llevado el primer premio. Y eso, para mí, es un punto a su favor. Odio lo políticamente correcto, huir de lo que piensas y eres, es una forma burda de mediocridad. De ahí mi insistencia de que los mundos inventados son la clave de la felicidad. No hay que engañarse, sólo huir de la realidad.

Me alargo demasiado y no cumplo mi objetivo. Por favor, leed novelas de misterio de esta magnífica creadora de tramas imposibles. Perdonadle sus faltas, su misoginia (lo es, creedme), su racismo… Porque es ante todo una persona que intentó por todos los medios inducirnos a no escuchar el ruido de fondo.

Algún día os hablaré de un libro de arqueología…

Gracias por leerme.





El Paraíso y el Edén.

Museo del Prado. Martes 27 de Octubre 2015.

Maravillosa tarde en el Museo del Prado. Como todas.

He pensado dedicar un espacio en mi blog sólo para este maravilloso lugar.

Lo denominaré, ARTE. Intentaré relacionar las obras del Prado con algún que otro evento artístico. Y procuraré, si tengo tiempo, meterme de lleno en la obra de El Bosco.


Para esta primer entrada, y por falta de lucidez mental le cedo la palabra al ponente del martes, Pedro Azara. Quién mejor que él para sintetizar la ponencia.


M.



domingo, 18 de octubre de 2015

El Plantador de Tabaco. John Barth

Podéis verlo también en 'Guay del Paraguay'

Hago un llamamiento a aquellos que hayan vivido la época en la que sólo había dos canales de televisión, ‘La 1’ y ‘La 2’. Más sencillez conceptual, imposible. Bien, como recodaréis todas las emisiones seguían una regularidad cartesiana, y los sábados, a eso de las cuatro de la tarde, nos obsequiaban con una película de aventuras, una cada semana. Películas estupendas de las que no ha debido quedar ningún rastro en Televisión Española, porque ya no se ven. Tranquilos, no voy a poner de manifiesto que, ahora con cientos de canales, la televisión es una basura. Upppsss, lo he escrito. Pues ya no lo borro.

De entre aquellas películas había algunas que nos acercaban a la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII. Vale, no eran piezas de culto, pero lo cierto es que, además de añadir a nuestro vocabulario palabras como ‘casaca’ (siempre me ha encantado esta palabra), nos dieron a conocer a unos héroes que se abrían camino cruzando los mares y poniendo un pie en América, de una forma novelada un tanto absurda, no lo niego, pero cercana y entretenida.

Piratas crueles, piratas justicieros, amores velados, islas abandonadas en medio del océano, señores con peluca que no eran más que vulgares estafadores, y ladrones de medio pelo que resultaban ser generosos y gentiles. Aventuras y más aventuras. Puede que el mundo fuese así, plagado de coincidencias, enredos, justas venganzas, y siempre triunfando la verdad y el bien. O que nuestra inocencia de entonces nos hiciera quedarnos sólo con esto y no viésemos el descarnado teatro que realmente se representaba.

Ese teatro y esas aventuras se narran en 'El Plantador de Tabaco' de John Barth. La inocencia del protagonista, Ebenezer (Eben) Cooke, Poeta Laureado de Maryland, os va a deleitar de principio a fin. Gracias a este libro conoceréis la filosofía de Newton, la vida en Londres a finales del siglo XVII, las ciudades sin ley de Maryland y - me atrevo a decir - del resto de los incipientes Estados Unidos, luchas de religión y entre indios y europeos, costumbres caballerescas y lengua inglesa.



Hablando de caballeros, ¿recordáis cuando nos hablaban del Quijote en el Colegio? Nos enseñaban que su importancia radicaba en su genial trama y en que Cervantes había dado forma a la novela moderna, tal y como hoy la conocemos. Pues bien, este libro es un claro ejemplo del primer matiz. Eben es, al igual que Alonso Quijano, un anti-héroe. Los desvalidos y repudiados por la ley, son gentes de bien, llenas de generosidad. Modelos a seguir, 'quijotes' estrafalarios. Las 'putas', palabra que Barth usa sin rubor, son el eje conductor de gran parte de la trama. En el segundo capítulo del Quijote, cuando éste sale por primera vez de su tierra, sólo unas mujeres de mala vida son capaces de sentir conmiseración hacia él. Mientras que sacerdotes y caballeros apalean al pobre anciano sin piedad. Creo que el autor tenía este pasaje en su cabeza cuando escribía 'El Plantador de Tabaco'. Eben sale por primera vez en su vida de Inglaterra con rumbo hacia Maryland para ser engañado y despojado de sus bienes e inocencia una y otra vez.

Al igual que en el caso de Alonso Quijano, las únicas armas de Eben son sus sueños y sus fantasías. No es tonto, sólo un soñador que ve el mundo tal y como lo veíamos nosotros en las películas de los sábados por la tarde.

No puedo acabar sin alabar la traducción de Eduardo Lago. Matrícula de honor. Para mí el traductor es tan importante como el escritor. En este caso me atrevería a afirmar que la traducción es mejor que el texto original. Impregna cada párrafo de sensibilidad y conocimiento. Palabros, arcaísmos y tecnicismos están magistralmente utilizados. Para llorar de emoción al leerlo.

Os animo a leer el libro y a intimar con Eben Cooke. Retrocederéis en el tiempo de una forma maravillosa.

Madrid, Octubre 2015.

sábado, 10 de octubre de 2015

Una Saga Moscovita -- Vasili Aksiónov

Podéis ver el artículo publicado en la edición on-line de Guay del Paraguay.

Una novela que yo califico de ‘Literatura de la buena’. Recomendable de principio a fin. Muy bien traducida por Marta Rebón, lo que se agradece infinito. Al hilo de esto último, por si no lo sabéis, las mejores novelas en lengua rusa que manejamos son traducciones del francés, inglés o – en el caso de ‘Doctor Zhivago’ – del italiano.

En los últimos años se están publicando de nuevo los clásicos rusos de los siglos XIX y XX directamente volcados al español. Con excelentes resultados, como es el caso de Anna Karénina, traducido magistralmente, con varios premios en su haber, por Víctor Gallego. Si no habéis leído este libro, es un momento excelente para hacerlo.

Pero vamos a adentrarnos en la novela. Durante muchos años, tras la Segunda Guerra Mundial, los grandes premios literarios estuvieron copados por escritores de izquierdas, abiertos defensores del Comunismo en todas sus manifestaciones. ¿Por qué? Hay dos razones básicamente, la primera es que la única referencia visual terrible de la contienda había sido el nazismo. Nazismo y fascismo iban de la mano, así que todo lo oliera a una de estas corrientes de pensamiento, cuanto más lejos, mejor. La segunda era que los horrores y masacres del comunismo eran – desgraciadamente – silenciados. Los escritores rusos disidentes eran purgados o, cuando no era posible, porque el sujeto en cuestión había alcanzado cierta fama y su eliminación podría dañar la maquinaria de la propaganda, como Boris Pasternak, debidamente aleccionados y despojados de toda dignidad humana.

Algunos lograron escapar y contar lo que habían vivido en primera persona, como Vasili Aksiónov, el autor de ‘Una Saga Moscovita’. Ya en Estados Unidos tuvo el valor de contar las miserias y horrores de las purgas estalinistas o cómo llegamos a convertirnos en alimañas capaces de despojar de toda voluntad a nuestros semejantes, amparados en una gran mentira y nuestra propia maldad innata. Nadie está libre de cometer estos pecados.

Pero, al igual que las traducciones al español de los libros en ruso, no ha sido hasta épocas recientes cuando se han publicado estas obras. No era políticamente correcto debatir ciertas verdades. No queremos conocernos a nosotros mismos, diría yo.

Tras esta larga introducción, creo que ya intuís el argumento del libro. La vida de una familia moscovita durante la época en que Stalin detentó el poder. Comienza en 1925 y concluye en 1953. Un grupo de seres humanos llenos de esperanzas, de espíritu crítico y, por qué no, de debilidades, que comienza a caer en un torbellino de desesperanza y destrucción del que logra salir más o menos indemne.



Como todo gran libro, no pierde ni una pizca de actualidad lo leas cuando lo leas. Reflexionaréis, al ir avanzando en sus páginas, sobre las grandes amenazas que siempre han existido y que no cesan. Cito de corrido, guerra, ambición desmedida, mediocridad, maldad, nacionalismo como herramienta para la xenofobia, mezquindad, ausencia básica de principios, ceguera, falta de espíritu crítico, incapacidad para sentir conmiseración por nuestros semejantes… Tengo que parar, pero por falta de espacio y tiempo. Pero hay millones de adjetivos horrendos para ilustrar la idea.

Si finalmente os animáis a su lectura, no sólo os adentraréis en las vidas de personajes de ficción, es decir, la familia Grádov, sino también de otros que existieron para sonrojo de la historia. El propio Iosif Stalin, Lavrenti Beria, Nikolái Yezhov … Por favor, sin falta mirad ahora mismo la biografía de estos individuos, vais a temblar de miedo. El mismo miedo que sentiréis si os ponéis en el pellejo de estos hombres y mujeres que aparecen en la novela y que tuvieron la desgracia de nacer en una época terriblemente convulsa.

Lo dicho, disfrutadla. 

Hombres buenos. Arturo Pérez-Reverte

Podéis ver mi crítica en la edición on-line de Guay del Paraguay.

Tras estos meses en los que no he tenido ocasión de compartir mis impresiones literarias con vosotros, y en los que – reconozco – os he echado de menos; retomo este espacio para desgranar uno de los best-sellers en lengua castellana del 2015. ‘Hombres Buenos’ del Académico de la Lengua Española Arturo Pérez-Reverte.

No sé si sois seguidores de sus colaboraciones periodísticas (http://www.perezreverte.com/prensa/patentes-corso/)... A ver cómo las describiría. Chisposas, chirriantes, controvertidas y críticas hacia cualquier manifestación de incultura. De él es la frase: ‘España es un país gozosamente inculto’. No sé si esto lo podríamos trasladar al resto de países de habla española. No tengo elementos para juzgarlo, prefiero pensar que no. Eso me haría inmensamente feliz. Lo de España no tiene nombre.



Pérez-Reverte teje personajes como nadie, domina el lenguaje de forma magistral. Sin llegar al enrevesamiento de otros escritores, que nos hacen perdernos en una maraña de términos, nos acerca tiernamente a la vida y sentimientos de dos Académicos de la Lengua Española, el bibliotecario Hermógenes Molina y el brigadier Pedro Zárate y Queralt. Estos dos ‘Hombres Buenos’, viajan a París en el año 1781  para conseguir de forma casi clandestina los 28 volúmenes de la Encyclopédie de D'Alembert y Diderot, representando ésta el paradigma y guía de todo el saber de la época. Huelga decir que la Encyclopédie era un libro prohibido en España. Nada sorprendente, los gobernantes mediocres y tontucios – en España se cuentan por decenas en el devenir de su Historia – han alejado del saber al pueblo porque, cuanto más simple sea éste, más fácilmente manipulable es.

A lo largo del libro comparten la amargura y decepción constante al ver que España es un país inculto y ciego al progreso. ¿Os resulta familiar? Si, efectivamente, igual que en el siglo XXI. Esta es la moraleja del libro, no hemos aprendido nada. Menos mal que existen y han existido ‘Hombres Buenos’.

No quiero entrar en más detalles sobre personajes y vicisitudes, me conformo con plasmar en estas líneas lo que creo que Pérez-Reverte quiere hacernos ver. Sólo una puntualización más, cuando os sumerjáis en las aventuras parisinas de nuestros personajes, juzgad por vosotros mismos si París, a escasos años de comenzar la Revolución Francesa, es un mundo tan fascinante y culto como nos han hecho ver.

En mi próxima entrega quizás os hable de fútbol. Estoy pensando que,  como empieza la Liga, seguro que se publica algún libro que merezca la pena al respecto.


¡Feliz regreso de vacaciones! Y leed el libro, por favor.

viernes, 9 de octubre de 2015

El Enigma del Convento.

Edición Impresa Guay del Paraguay. Diciembre 2014.



¿Cómo presentar ‘El Enigma del Convento’? Usaré una frase del propio escritor “Es una novela de corte histórico, minuciosamente estudiada, que habla sobre la tremenda fractura que significan las independencias”. Una descripción de España a comienzos del siglo XIX, en la que, si lográis captar el mensaje en toda su intensidad, os dará que pensar.
Vamos a ponernos en situación, el siglo XIX fue clave para el desarrollo de Europa. Las grandes potencias industriales se desarrollaron a un ritmo vertiginoso, ampliaron sus horizontes y  sentaron las bases de las relaciones futuras con sus Colonias. Lo que pasó en aquellos cien años marcó la hoja de ruta del siglo XX.
España no pintó nada, desapareció del mapa. Y lo que es peor, emponzoñó su relación con países hermanos de América y se hundió en el abismo más profundo que imaginarse pueda.
¿Por qué? Para contestar a esta pregunta, id a 'Google' y escribid una de estas dos cosas, ‘Rey Felón’ o ‘el peor monarca europeo de la historia’. Haced la prueba. El único nombre que aparece es el de 'Fernando VII'. 
Cuando España y América necesitaban a un estratega de primera línea, tuvieron a un monarca idiota en el poder. Las consecuencias de su reinado aun se dejan sentir. Creedme, si pensáis que el monarca actual debe irse, es que no conocéis bien a su antepasado y sus dislates esperpénticos.
Teniendo todo esto en mente, Jorge Antonio Benavides teje esta historia entre dos mundos bien distantes. Madrid, la capital del Reino de España y Arequipa, en el Virreinato de Perú.
En Madrid, los fieles al Rey Felón, controlan todos los resquicios de una sociedad que quiere ser moderna, pero que se ahoga sin remedio en un abismo de terror y sinsentido. En Arequipa, se gesta la independencia del Perú.
Consecuencias, la independencia de los países del otro lado del Atlántico resultó un desastre, que provocó guerras, sangre e incomprensión. Asumámoslo, en España con los reyes no hemos tenido suerte.
Las dos historias y personajes que se mueven entre Perú y España, acabarán juntándose en un mismo punto. El del misterio que se esconde en el Convento de Santa Catalina en Arequipa (de ahí el título). Una monja con un pasado que quiere olvidar y tres españoles variopintos, unirán sus cabezas para descifrar algo que puede cambiar la historia de América.
No puedo revelar el secreto, porque está justo en la última página.
Siempre he creído que América y España son partes de un mismo mundo y que, por culpa de seres como Fernando VII y otros que no nombraremos, lo hemos olvidado. El escritor es peruano, pero su conocimiento de mil detalles de esa España oscura, demuestran un cariño hacia unos lazos que deberíamos tener siempre presentes. Y como él mismo dice ’las independencias no son tan claras’
Leedlo. Y reflexionad sobre lo que os he comentado.

El Huérfano. Adam Jonhson.

Publicado en la Edición Impresa de Guay de Paraguay en Noviembre 2014.

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A punto de acabar el año 2014. ¡Puf! Momento de reflexiones varias y de hacer balance de lo que hemos conseguido en estos últimos meses. ¡Desastre total! En fin, somos humanos.
Primera en la frente. No nos desanimemos. Siguiente pregunta que nos haremos, ¿qué ha conseguido la humanidad en su conjunto en los últimos doce meses? Por favor, permaneced lejos de las ventanas, podríais caer en la tentación de lanzaros al vacío si hacéis un análisis en profundidad.
El pesimismo nos invade. Es normal, el futuro no pinta bien. 'Y peor que va a pintar', dice algún cenizo que otro. Haced oídos sordos a los pesimistas y a los tóxicos, siempre hay que buscar un resquicio para la esperanza.
Pues veréis, somos afortunados, sé que es difícil interiorizar esta certeza. Pero sí, lo somos.
Imaginad por ejemplo un mundo en el que un locuelo decide hasta el más mínimo detalle de vuestros destinos, un perturbado que crea un paraíso de felicidad ficticio en el que se acaba luchando por una supervivencia esperpéntica. Años y años de adoctrinamiento cuyo resultado es simplemente espantoso. Los represaliados no piensan, y los que están en el lado de los privilegiados no creen hacer mal cuando condenan a los demás a una existencia miserable.
Imaginad vuestra vida teniendo latas de alimentos envenenados en la despensa para suicidaros y matar también a vuestra familia, en caso de que el aparato de Poder venga a vuestra casa.
Imaginad a un huérfano llamado Jun Do que cumple órdenes sin rechistar. Raptor de inocentes en las costas de Japón, mediador en planes esquizoides en Texas. Jun Do acaba, por caprichos de la propia absurdez, en un campo de reeducación, donde el ser humano se convierte en una bestia. Después, tras una lucha rocambolesca, llega a ser un personaje relevante en Corea del Norte, el Comandante Ga. Con ello conoce al amor platónico de su vida Sun Moon. Amor extraño pero real. Porque no todas las historias de amor son iguales.
Finalmente acepta su destino con indiferencia. Logra disciplinarse hasta el punto de que el resultado de las órdenes que ejecuta su cuerpo son el inverso a lo dictado por su voluntad.
El Poder del que emanan las órdenes es en sí mismo esperpéntico y absurdo.
Leed ‘El Huérfano’ de Adam Johnson y entenderéis por qué somos afortunados, aunque nuestro mundo sea injusto, intolerante, duro, ineficaz, ruin, perverso, diabólico incluso. Veréis que al menos, cuando empieza un año, podemos marcarnos objetivos de forma individual, sin que haya alguien que decida cada pequeño detalle de nuestra existencia. Esto no lo valoramos, lo damos por hecho, y con ello estamos tentando a la suerte.




El Jilguero. Donna Tartt

Publicado en la Edición Impresa de Guay del Paraguay en Octubre de 2014.

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Antes de iniciar un viaje escojo - no sin cierta tensión - una novela que cumpla alguno de los siguientes requisitos, a saber, el escritor debe ser nativo de las tierras a visitar o el libro describir alguna particularidad del lugar, o las dos cosas.
Siempre novela, el ensayo no es para los viajes. Diez horas de avión en la compañía de 'Los Reyes Godos' se me antoja una tortura.
Hay países que presentan algún problemilla, no existen traducciones de best-sellers armenios o estonios, por poner un ejemplo. Clásicos traducidos, bueno, ya ni busco. Leerlos en inglés me cuesta y, llegados a este punto, casi prefiero la compañía de los Reyes Godos, pero en español.
Esto no pasa cuando vas a los Estados Unidos, su maquinaria para producir títulos es pasmosa, inalcanzable diría yo. Pero es importante tener en cuenta que, como todo allí es 'a lo grande', resulta complicado separar la paja del trigo. Es decir, la bazofia de lo realmente bueno.
Dicho esto, hace cosa de un mes viajé a Nueva York y ¡vaya por Dios!  el Premio Pulitzer 2013, 'El Jilguero', se ajustaba como un guante a mi objetivo de pasear bajo el brazo con algo que me enseñara a ver Nueva York con los ojos de un nativo.
 
No era la primera vez que visitaba la ciudad, la conozco bien. Como toda gran urbe, no hay ni un sólo resquicio para la piedad, pero es absolutamente fascinante.
'El Jilguero' es el mejor ejemplo de la vida en la Gran Manzana, su autora - Donna Tartt - teje una historia de transición entre la infancia bruscamente terminada, la adolescencia tortuosa, teñida de abandono y la madurez histriónica, que no tiene otro objetivo que demostrar que la vida nos lleva donde ella quiere. Nos controla como a marionetas, nunca es al contrario.
Como todo estadounidense, escribe como si todo principio vital, toda contingencia habida y por haber, se basara en un modelo típicamente de allí. Es un defectillo suyo, una especie de soberbia. El autor americano asume que cualquiera que lea sus libros tiene que comprender a la fuerza cada uno de los pequeños detalles que describe. Y creedme, para una sociedad tan particular y original como la nuestra, no siempre resulta fácil desentrañar y entender este tipo de libros, tan de Park Avenue. Tan ‘newyorkinos’.
No obstante recomiendo su lectura, porque, aunque la vida casi nunca es un camino de rosas, hay cortos periodos de tiempo en los que las relaciones son mágicas, y quedan grabadas tiernamente en la memoria. En el Metropolitan Museum of Art, pensaba en la madre del protagonista, Theo Decker, en su amor al arte y a su hijo y en los sacrificios que no lo son, porque trascienden siempre hacia el infinito, y no se borran. Pase lo que pase.