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jueves, 20 de junio de 2024

Fútbol, asco puro.

De todos los inventos lúdicos concebidos por el hombre blanco, el peor sin duda alguna es el fútbol. Sólo expande incultura, xenofobia y violencia. 


Cuando hay una final de algún campeonato, acuden como moscas con las bufandas de su equipo, todos ellos con sus hijos, a los que no enseñan a leer, a cultivar su capacidades intelectuales e incluso deportivas… No, no, sólo les enseñan a seguir a un rebaño de imbéciles que se transforman en bestias mirando como veintidós tatuados con aspecto de mono van detrás de una pelota.

Lo sé, la crítica es demoledora. Pero es lo que siento, y creé este blog para expresar lo que opino sobre las cosas que me rodean. El fútbol me parece una señal clara de que nos vamos a extinguir, porque no hemos logrado superar la barrera que nos hace diferentes a los animales. A un animal no se le hubiera ocurrido inventar algo tan vil y cutre.

En 2014 escribí aquí sobre este tema siguiendo – claro está – la misma línea de pensamiento. Por aquel entonces yo colaboraba en una publicación on-line y en una emisora de radio. Tal fue el revuelo que se montó a causa de mi denuncia sobre la abominación del fútbol, que dedicamos un programa entero de la radio a escuchar a los oyentes. Fue en ese momento donde - lejos de suavizar mis opiniones – me di cuenta de que tenía toda la razón del mundo, NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE fue capaz de aportar nada aprovechable al debate, lo único que hicieron fue insultarme y llamarme insatisfecha sexual.

Sentirse ofendido por la opinión de una mujer, que casi no tiene ninguna relevancia mediática, es síntoma de que una enfermedad muy grave corroe las mentes de los humanos, la enfermedad de la hiper abundancia, de la vacuidad y de no saber por dónde nos viene el aire.

Pena, penita, pena… Triste destino el nuestro.

Uno de los objetivos de este blog es poner en valor la espiritualidad humana, resaltando la importancia de determinados hechos históricos que han sido sepultados en el olvido por bien del progreso. Hemos avanzado mucho, sí, pero no tanto como creemos, y avanzar no siempre es bueno, no – al menos – en determinadas facetas del ser humano. Estoy convencida que en muchos aspectos hemos retrocedido.

Estoy acostumbrada a que la gente me tome por una locuela, me importa un bledo. Es mejor ser un verso suelto, que un tarugo que cree estar siempre avanzando y progresando. Todos los discursos de los políticos versan – precisamente – sobre el progresismo… ¿Qué es eso? ¿Alguien puede definirlo con precisión? Yo sí, es la línea ascendente que nos conduce al lugar adecuado, donde hay que estar. En este momento, inevitablemente, me viene a la cabeza el cuadro de Joaquim Patinir, ‘El paso de la laguna Estigia’ que se conserva en el Museo del Prado. El alma humana, guiada por Caronte, debe elegir entre lo que aparentemente es bueno, pero que conduce directamente al infierno, y el cielo. No hace falta decir que, cegado por la vacuidad de lo evidente, la figura de la barca acaba en el infierno. Este acompañante de Caronte somos cada uno de nosotros.

Estamos convencidos de que – sólo por vivir en 2024 – somos mejores, más libres, más formados, más solidarios… Bla, bla, bla… Todo hueco.

En ese discurso de solidaridad ridícula, se encuadra - ¿Cómo no? – el fútbol. Analicemos cada uno de los engaños por separado.

+ Cada partido, especialmente al comienzo, es un alegato contra la xenofobia. Mayor hipocresía no puede existir, el fútbol se ha usado para despertar las pasiones más violentas, al menos en las últimas décadas. Astutamente, manipulando a los beodos que compran camisetas como chicles, se les ha dicho que – por ejemplo – el Barcelona es más que un club, o que el Real Madrid es una leyenda.

+ Es imprescindible, cuando los hombres – por la razón que sea - generan cierto individualismo o sentimiento desbocado, atarlo en corto y aplicar los dictados del progreso/ciencia. El fútbol no podía ser una excepción. Todo este circo está aupado por increíbles artilugios técnicos, como una cámara que dice si un gol vale o no vale, o si un jugador está en una posición adecuada para que el partido pueda seguir. Se trata de maximizar resultados, no sentimientos. Hasta donde yo sé, en los partidos de alta tensión, los jugadores se dan de hostias hasta en el carné de identidad (perdón por la expresión), pero esto la cámara no lo desvela. The show must go on.

+ España, un país con historia, con una lengua universal, pretende pasar a la historia como una potencia en fútbol. Sobre esto debéis meditar mucho, yo lo hago y no saco nada en claro.

+ De los jugadores, unos monos tatuados, no voy a hablar.

+ Sé que los grandes clubs tienen escuelas de fútbol en países pobres, donde aportan un rayo de luz a niños que no tienen nada. Pero nada más falso, más impostado. Es toda una estrategia de marketing perfectamente orquestada para – volviendo al cuadro de Patinir – adornar la puerta de entrada al infierno de la hipocresía. Un porcentaje mínimo de esos niños logra dar el salto al primer mundo, y – cuando cumplen años – pasan al saco del olvido, de los pobres, sin más.

+ Por último, y no menos relevante, está el asunto del feminismo. Aquí tengo que morderme la lengua mucho, porque tengo la sensación, cuando se sacan a la palestra los valores de la igualdad, que soy verdaderamente un bicho rarísimo que vive en otro planeta y escucha con desconsuelo una sarta de gilipolleces totalmente ridículas. El fútbol es un deporte de hombres, se inventó para los hombres y por eso carece de fundamento. Si lo hubiésemos inventado nosotras sería mucho mejor. ¡Qué manía de emular a los hombres como estrategia de emancipación!

Dicho esto, enlazamos un partido con otro. Acabó la Liga, siguió la Champions (término vulgar donde los haya) y continuamos ¡para bingo! con la Eurocopa. ¡Viva España! Necesito saber el secreto de este misterio insondable, asistimos impasibles a las embestidas de determinados grupos/partidos para destruir este país, sin hacer nada, sin movilización alguna por parte de nadie. Pero… ¡ACABÁRAMOS! El fútbol es harina de otro costal, para esto se puede sacar la banderita. Se puede escuchar con embeleso a creadores de opinión que no saben ni hablar y menos leer, me refiero a los futbolistas y equipos técnicos… ¡Si se puede! ¡Venga España! ¡Vamooossss!

¡Qué dios – si existe – nos ampare a todos!

Escribo sobre esto porque es tal el asco que me da, que sin darme cuenta escribo de forma compulsiva. Dar forma a mis otros artículos me lleva tiempo, esto lo he escrito en quince minutos escasos.

No veáis el fútbol y leed mucho.
M.

martes, 4 de junio de 2024

Rogelio II de Sicilia y la Gala MET 2024.

Roger II (1095-1154) fue rey de Sicilia hace casi mil años. Rogelio, tal es su nombre en castellano, fue el espejo en el que deberían mirarse todos los gobernantes europeos, este monarca fue un ejemplo a seguir en todos los sentidos. Ni un pero se le puede poner. Una suerte que en la lista de reyes del medievo se encuentre este ilustre nombre.

Roger II.
1143
Iglesia de la Martorana (Palermo)

Lo primero que cabe preguntarse respecto a él, es cómo un individuo de raíces vikingas y origen guerrero se convirtió en un rey culto y civilizado. Alguien que dejó para la posteridad rincones tan maravillosos como la Capilla Palatina o la Catedral de Cefalú. Cómo una persona que sólo conocía la guerra y la violencia desde su nacimiento, recondujo su vida hacia la cultura y atrajo a su corte todo tipo de personas con conocimientos sobre astrología, arte, literatura..., sin importar raza o religión. Sexo sí, las mujeres no contaban. Pero eso es ya sabido se acepta y punto, a otra cosa. Lo que pasó hace mil años no se puede cambiar.

A mí se me ocurren dos razones obvias, una que fue producto de su tiempo y cargo. Como además era una monarquía de nuevo cuño, tuvo que esforzarse más, hacer que su joven dinastía eclipsase a otras cuyas raíces se hundían en tiempos más remotos. La segunda es que en el sur de Europa, tras siglos de intercambios más o menos pacíficos, el racismo no existía. La invención de este concepto es única y exclusiva de los puritanos que fueron a América en el Mayflower en 1620 y decidieron que Dios a los indios no los quería. Hasta ese momento, hubo guerras de religión, de poder, de odios y legitimación, pero no hubo racismo tal y como nosotros lo conocemos.

Tampoco había homofobia, Jorge de Antioquía, impulsor de la construcción de Santa Maria dell'Ammiraglio (La Martorana) en Palermo, fue homosexual, lo que no le impidió ser un estrecho colaborador de Roger II, al que tal circunstancia debía importarle un bledo. Porque en el siglo XI, al no haber agua corriente, luz, internet..., estas cosas importaban poco, con aguantar el tirón más allá de los cincuenta, la gente se daba por satisfecha. 

Quinientos años antes de los acontecimientos que estoy narrando, Teodora (501-548), emperatriz de Bizancio, llegó al trono siendo sabido por todos que había ejercido la prostitución desde muy niña, y no hay ni un sólo documento que indique que esto fuese escandaloso o reprobable para nadie.

No hay muchos libros en español que hablen de la historia de los Normandos en Sicilia, el único que conozco es el de John Julius Norwich. No está mal, pero hay que tener precaución con este tipo de escritores ingleses criados bajo las directrices de Oxford. Para ellos, todo lo que está al sur de París es oscuro, una madeja que sólo la luz de los herederos del Mayflower pueden desenmarañar. Está lleno de juicios de valor alumbrados por la ética xenófoba protestante. Pero si os interesa el tema no hay otra cosa, tenéis que leer este ensayo.   


Confieso que cuando leí éste, y otro libro suyo titulado simplemente 'Sicilia', estuve a punto de escribirle y recriminarle su falta de rigor histórico. Ambos libros están llenos de gazapos, omisiones y juicios de valor que un historiador no debe permitirse. 

'El otro gran logro de Constantino - hacer del cristianismo la religión oficial del Imperio Romano  - tuvo el mismo impacto en Sicilia que en el resto de territorios, y la nueva fe ganó adeptos rápidamente' 
'Sicilia. Una breve historia desde los griegos hasta la Cosa Nostra'. El Ático de los Libros. 
 Primera Edición (Marzo 2022). Página 83.

Cualquier persona medianamente leída sabe que esto es falso, Constantino estableció libertad de culto, nada más. Fue Teodosio I (347-395) quien en el año 380, mediante el Edicto de Tesalónica, hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio. 

Hay decenas de gazapos como este, omisiones y medias verdades, como otorgar a la monarquía inglesa un poder y una importancia que no tuvo hasta bien entrado el siglo XVI. 

No le he escrito porque murió en 2018 y no habría podido leer mi correo.

Que Norwich escriba sobre Roger II como un personaje de película de sajones y normandos rodada en la década de los cincuenta del siglo XX, que incida más en la salvación milagrosa del rey tras una tempestad como causa y génesis de la Catedral de Cefalú, y tape la increíble herencia cultural de la isla y la inteligencia de sus artífices, es otro ejemplo más de que asimilamos sin pensar todo aquello que viene dictado por la cultura WASP. Este terrible mal que nos aqueja está agravado por la mediocridad de nuestras élites. Que al no leer nada de nada nunca, no pueden protestar antes semejantes atropellos a los que nos vemos sometidos las gentes sensibles.

Otro de los acontecimientos sorprendentes que debe hacernos reflexionar, es que la Capilla Palatina de Palermo fue inscrita como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 2015... ¡En 2015!... Mmmmmm.... Ommmmm. Pero no por su belleza, no queridos, por su retrato de la convivencia entre distintas culturas y razas. Dios me dé paciencia para aguantar tanta sandez. El progreso es lo que tiene, la línea recta que hemos trazado, que asciende desde un pozo profundo de barbarie (Prehistoria) hasta el momento en el que nos encontramos, donde no paramos de avanzar en el sentido correcto en todos los aspectos y formas, hace que no dejemos de ser unos tontos de la baba, unos anormales funcionales. Sólo me sosiega pensar que la línea recta sobre la que caminamos, se dirige al gran agujero negro súper masivo que hay en la Vía Láctea y que nos engullirá a todos. Ñam, ñam. Así una vez desmaterializados, ya no diremos tantas tonterías. 

Para los hombres de hace mil años, la religión y la raza eran dos temas totalmente superfluos. No había justicia social, al nacer te lanzaban al mundo sin lugar definido, sin misión, sin entretenimiento colectivo, sin redes sociales, ni Estados que lanzasen mensajes sociales huecos, eras - a todas luces - un corcho en medio del océano. Roger/Rogelio sabía de lo efímero de su vida, por muy rey que fuera, y por ello quiso dejar una huella de su paso por aquí, pero si había negros o blancos entre los representados en la Capilla Palatina de Palermo, creedme, no le concedió importancia alguna. 

Que algo como el legado normando de Sicilia haya tenido que esperar hasta 2015 para ser puesto en el mapa, indica que algo enfermizo nos está devorando. La razón que se suele esgrimir para justificar esta tardanza, es que Sicilia no era un lugar seguro por culpa de la mafia. Tampoco lo era Angkor Wat, en medio de la selva y con los Jemeres Rojos merodeando, y lo inscribieron en 1992. No, no hay justificación posible. 

Para la cultura WASP tiene todo el sentido, recordad que hasta que la luz del protestantismo no se encendió en el siglo XVI, todo era oscuridad y tinieblas. Mostrar el legado normando el Sicilia como el resultado de la fe y el avance social de un pueblo engendrado en la barbarie vikinga, que para más inri puso en jaque al Reino Unido (recordad las películas - ya mencionadas - de sajones y normandos), es algo inasumible para esas cabezas huecas y bárbaras. Por eso es mejor inventar algo irrisorio y ridículo.

La luz que nos guía, que nos ilumina desde los rascacielos de Nueva York, que decide que monumentos merece la pena visitar y cuáles no, ha querido que - un año más - nos ceguemos con el glamour de los beodos que asisten a la Gala Met en calidad de espantajos funcionales. Os resumo, cada año a principios de mayo, se celebra en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET) una gala a la que asiste gente que debería estar encerrada en un pozo, a ser posible el de la desesperación, a la que se 'obliga' a ir vestida siguiendo un patrón acorde con los enfermos tiempos en los que nos ha tocado vivir. Este año... ¡ATENCIÓN! 'Sleeping Beauties: Reawakening Fashion'... Un tributo a la naturaleza. Rogelio debería levantarse de su tumba en la Catedral de Palermo y liarse a espadazos contra tanto despojo viviente. Contra tanto inculto, contra tanta vacuidad.

¡Uf! Debo tener cuidado. Suelo recibir críticas destructivas en otros medios, incluso llegan a insultarme por gritar mi verdad. Pero entended que me siento sola ante tanto atropello. Nadie se da cuenta de cosas que son absolutamente obvias, cualquiera puede verlo. No hace mucho, en una cena, me invitaron a hacer el brindis inaugural, y no pude reprimir expresar mi odio hacia el cientifismo sin alma que nos rodea, hacia el utilitarismo que sepulta la delicadeza del arte normando durante siglos, esa corriente que escucha los gritos histriónicos de cuatro payasos en las puertas del MET, mientras silencia de forma consciente a las obras de arte que este museo contiene. 

Las obras de arte que contiene el MET son - en gran parte - de la época en la que el Reino Unido era una marisma de miseria e incultura. La reescritura y - obvia - reinvención de su historia va muy pareja con los repositorios cerrados y podridos de los que sacamos nuestras frases huecas, bueno yo no, yo soy una outsider y sólo emito juicios de valor políticamente incorrectos. 

Os estaréis preguntando de qué va este artículo, ni yo misma lo sé, no puedo mentir. Mi objetivo, al comenzar a escribirlo, era poner a Sicilia en el mapa de vuestros pensamientos y lecturas. Dar a conocer una parte de la historia de Europa que es desconocida por culpa de muchos factores, no todos achacables a los WASP. Mi objetivo es siempre destapar el brillo de aquello que está oculto por la estupidez humana. No siempre lo consigo.

Viajad a Sicilia (no en verano, a ser posible) y leed mucho.
M.

jueves, 16 de mayo de 2024

Eurovisión 2024... ¡Qué espectáculo!

Un año más he estado pegada a la televisión cuatro horas, un año más Eurovisión ha ocupado mis reflexiones y conclusiones. Me encanta este festival, tiene mucha más chicha de lo que parece, en esta ocasión se han dado cita, además de las canciones, los topicazos y absurdeces más bochornosas y ridículas. Malmö ha acogido tan magno evento y – como no podía ser de otra forma estando en Suecia – el aburrimiento y el barniz de racismo vacío e hipócrita han hecho acto de presencia.

Empecemos con lo más obvio. Se trata de un festival de la canción basura, no de un escaparate político donde cuatro desarrapados con dinero, que obviamente no tienen nada que hacer, van a protestar a las puertas del recinto o bien - de forma virtual – vierten su odio contra lo que se ponga a tiro en cada ocasión. En esta edición era Israel el enemigo a batir.

En la antigüedad, cuando alguien caía en desgracia, todos los allegados del condenado iban en cadena al suplicio o la esclavitud. Con el tiempo, bueno varios milenios, ya sólo era este último quien acababa con la cabeza cortada. La familia quedaba libre de todo castigo. Los cristianos, en un acto de auto-bombo, achacamos este avance al triunfo de nuestra fe en el mundo civilizado, creyendo inocentemente que tales prácticas han sido erradicadas. Nada más lejos de la realidad, valiéndonos del anonimato que otorgan las redes sociales y al empoderamiento de las frases huecas, nos sentimos legitimados para pitar y hacer escarnio público de la representante de Israel, sin molestamos en saber lo que piensa al respecto de las acciones de su país. No nos importa su integridad y mucho menos su individualidad. Nos importa todo una mierda, porque llevamos en nuestro ADN el germen de la crueldad en cadena, masiva e irreflexiva.

Este es el tercer año que Rusia no participa en el certamen. ¿Por qué Israel sí y Rusia no? ¿Qué criterio se sigue? ¡Ayyyy, amiguitos! El que ha marcado el camino a seguir desde que el hombre salió de las cavernas, el dinerito. Pobres tontos los que se dejan dar palos por defender algo utópico e irresoluble, más les valdría dedicarse a alimentar a las cabras en alguna montaña perdida.

Además del dinero que da la televisión pública israelí a Eurovisión, da la casualidad de que el patrocinador principal, el que da la cara y subvenciona a los esperpentos que asisten y que no tendrán donde caerse muertos dentro de unos años, tiene su sede social en Israel. Es una empresa judía… ¡Cielos! No hay problema, pelillos a la mar. En este caso, al ser una marca de productos capilares la frase viene al pelo.

Otro de los requisitos para postular, además de ser un esperpento subvencionado por una empresa judía, es haber sido víctima de abusos y tener preferencias sexuales que requieran consulta en Wikipedia, porque – debo ser muy vieja – no me queda claro cuando los presentan, si les gusta acostarse con hombres, con mujeres, con vacas, con humanoides o con caracoles de huerta, los de criadero generarían protestas contra el maltrato animal. Lo más común en esta edición es ser ‘no binario’, tomando como fuente a Wikipedia, es la denominación que se aplica a las personas que no se perciben ni como del género masculino ni como del género femenino. Importante (también siguiendo esta misma fuente) no debe confundirse con ‘Queer’, que son aquellos que no siguen ninguna regla sexual (estos deben ser los que se acuestan con caracoles).

Muchos de vosotros pensaréis que soy cruel hablando así de seres sufrientes. Para mi lo realmente cruel e insolidario es su comportamiento excluyente y xenófobo. Reducir a la anécdota minoritaria las múltiples realidades de abusos e indefensión a las que se enfrentan millones de seres humanos, me parece preocupante. Mujeres que son víctimas de ablación, algo espantoso que nunca mencionan, pobreza, trabajo infantil, racismo, violencia… Pero para ocultar tanta ignominia, tanta vergüenza, tanto sufrimiento, nos colocan enfrente, de forma sutil, el muñeco de trapo al que debemos atizar. 

Una vez formas parte del grupo de las víctimas, convertirte en verdugo es el paso más lógico. Cientos de ejemplos pueden citarse si echamos la vista atrás en la historia. Todo está permitido y es legítimo. Siendo los Países Bajos un país civilizado, perteneciente al grupo de los listos, guapos y que todo lo hacen bien, muy gorda tuvo que montarla su representante para que lo echaran del certamen. Siendo también una víctima – es también no binario – consideró que la mala educación y la violencia le estaban permitidos. Se ha tapado, claro, si hubiera sido España, Italia, Portugal o Grecia no quiero ni pensar qué hubiese pasado y qué hubieran contado en la prensa. Siendo holandés el espantajo que metió la pata, la cosa medio se tapa y se exonera de toda culpa al resto de la delegación, que le ha escogido y que es – en última instancia – responsable de la participación de este idiota. Pero la xenofobia y el maltrato a una mujer (en este caso la representante de Israel) pasan a un segundo plano.

Como veis, Eurovisión da para mucho. Seguimos.

Patente es que la música que se presenta es una basura de marca mayor, en un descanso anunciaba la presentadora la comercialización del disco que incluye todas las canciones participantes… ¿Alguien va a comprar eso? Desde la invención del reguetón se abrió una senda peligrosa en la que todo cabe, incluido esto.

La presentadora (Petra Mede) fue lo más divertido de la gala. Tal vez sea yo, que no acabo de ver la razón por la que estos aburridos nos miran por encima del hombro, pero en todo momento la sensación de sopor frío y falto de ritmo era palpable, al menos para mí. La futura reina del país, subida a unos taconazos de vértigo (no le hacen falta, por cierto, es un caballo percherón) dio la bienvenida a todos a Suecia, rodeada de esculturas griegas y romanas y de otros atrezos rancios y trasnochados. Una monarquía nueva y sin historia, legitimada por la cultura del sur de Europa, pocos logros pueden ellos mostrar al mundo excepto los muebles de IKEA y una lengua muerta.

Vamos con España y el grupo Nebulossa. La cantante, sin voz y con tanto bótox inyectado que no puede ni hablar, apareció enfundada en un mono negro de dominatrix muy acorde con las circunstancias. No hace falta decir que también ha sido una persona apartada, maltratada, vejada… ¡La duda ofende y la canción lo indica bien claro! De otra forma no le hubieran dejado participar. Pero me caen bien, ella y su marido, miembro también del grupo. Una de las pocas genialidades de este nuestro país es siempre ir contracorriente, y en un certamen en el que sólo participan jóvenes desorientados que caerán víctima de alguna droga de diseño, apostar por una mujer mayor de 50 es encomiable. Nadie lo vio como yo, claro, por eso soy outsider.

Como esto es un blog cultural, y tengo que colar algo que tenga que ver con literatura y arte, diré que ni uno solo de los participantes se ha leído un libro en su vida, ni ha visitado un museo. Pero vamos, Eurovisión no es peor que la gala del MET 2024, y el uso de un museo brutal como decorado de fondo para un desfile de actores, modelos e influencers que son – para la cultura WASP – la antorcha que debe guiarnos. Esto requiere un análisis más profundo que dejo para otra ocasión.

MET Gala 2024

Nos extinguimos.

Vosotros leed y a lo vuestro.
M.

domingo, 21 de enero de 2024

Sigo con la sociopatía. Creo que ya no tiene remedio.

Algunas de las estrategias de outsider que últimamente practico como sistema de trascendencia individual, consisten en reírme sin reparos de cada uno de los seres humanos que me rodean. Es divertidísimo. Al pasarme la vida en museos, viendo retablos medievales, con vírgenes de caras imposibles y Jesusitos medio lelos y asexuados, he perdido el sentido de la realidad de forma alarmante. Me importa un pito todo, tal cual.

Sólo soy feliz cuando estoy rodeada de cuadros con santitos, sus caras son como imanes que me atraen. Las conversaciones sobre hijos adolescentes rebeldes, atascos en las radiales de Madrid y discusiones sobre cómo mejorar los procesos de atención al cliente, me resultan soporíferos. Es tal el aburrimiento que me causan que he pasado al nivel superior de sociopatía, el de 'no' asimilación, oigo todo como un ruido de fondo sin repercusión alguna para mi organismo.

Si alguien me preguntase cómo he logrado que todo me resbale de una forma tan clamorosa, no podría darle respuesta. Ha sido un proceso de meditación e introspección que ha durado años y que me ha costado muchas lágrimas y sinsabores. 

Ahora mismo, y como parte de un proceso ascendente, me encuentro dando forma a la autoinmunidad total, trasladando esta actitud no sólo a los seres humanos que me rodean, sino a toda la humanidad, momento en el que me convertiré oficialmente una sociópata de manual. Viviré en una nube de gozo y autocomplacencia, todo lo haré bien siguiendo los criterios que me habré impuesto a mí misma.

No estoy loca, ni ingresada en un psiquiátrico, aunque el lugar donde trabajo debe asemejarse bastante. El cacareo improductivo es la seña de identidad de una empresa que aboga por el ecologismo, la realización personal, la innovación y el compromiso hacia los demás, todo una basura asquerosa, además de una mentira repugnante.

Por eso de vez en cuando tengo que airearme, salir de Madrid y pasear por otras ciudades inventando identidades y situaciones que me ayuden a sobrellevar tanta imbecilidad. Mi última escapada ha sido Londres.

Pese a que últimamente estoy un poco distanciada/desencantada del mundo anglosajón, debo confesar que hay algo que me resulta fascinante de esta ciudad, algo que - por ejemplo - no siento cuando visito París o Nueva York,  por citar dos ejemplos. La capital del Reino Unido me provoca ensoñaciones de vestidos largos, caballeros educados y cultos y, por encima de todo, de crímenes resueltos por detectives fascinantes. Por eso en este viaje, por segunda vez, y sabiendo perfectamente quién es el asesino, he vuelto a ver 'La Ratonera' de Agatha Christie. ¡Ay dios mío! ¡Qué maravilla! Mientras los actores hablaban sobre el escenario, me imaginaba a mi misma vestida con una falda de lana a cuadros, un sombrero de fieltro y medias de color carne. Nadie como los británicos para dar forma a escenarios de misterio, nadie como Agatha Christie... 


Toda fijación, sobre todo en lo que a lectura se refiere, tiene su origen en momentos de soledad, de introspección y de búsqueda de respuestas. Cuando yo era una niña de trece años caí bastante enferma y tuve que permanecer un año postrada en la cama. El mundo de entonces es incomparable al actual, con internet, series, juegos y, en definitiva, 
infinitas ventanas abiertas a cualquier escenario. Lo único que podía hacer entonces era permanecer tumbada medio dormida, ver la televisión (sólo dos canales) y leer/estudiar. Parte de mi carácter solitario nace de este periodo en el que me di cuenta, aun siendo una niña, que es perfectamente posible vivir sin cruzar palabra con nadie durante largas horas. 

Mi tía solía venir todas la mañanas - mis padres trabajaban - y me traía libros de todo tipo, pero sobre todo novelas de Agatha Christie. La primera que leí fue 'La señora McGuinty ha muerto', la segunda, 'Se anuncia un asesinato'. Todavía me acuerdo. No hace falta decir que desde entonces hasta ahora, este tipo de literatura me ha servido para dar forma a mis ideas y me ha ayudado a resolver mis propios misterios. Creedme cuando digo que los patrones de comportamiento de los personajes de estas novelas son asombrosamente reales y ayudan a anticipar acontecimientos en las situaciones más sorprendentes.

De entrada, los dos protagonistas principales de las novelas - Hércules Poirot y Miss Marple - son sociópatas de manual, de otra forma no podrían observar con tanta atención lo que sucede alrededor y llegar a conclusiones tan asombrosas.  Otra de sus características es que son capaces de aislar los hechos claves de resto de diálogos y fechorías que -  aunque escandalosas - no sirven para desembrollar la trama. Pensemos en el mundo real, los malos están agazapados pergeñando planes para engañar a aquellos que sólo escucharán de manera superficial los discursos - ya de por si vacuos - preparados expresamente para ellos. 

Volvamos a las novelas, aparece un muerto, nadie está cerca en el momento del crimen y, si alguien pasa por allí, se ve esposado y condenado a la horca (en la época en la que escribía Agatha Christie aun se aplicaba la pena de muerte en el Reino Unido). El comisario encargado del caso es el ciudadano común, el funcionario ramplón que abunda desgraciadamente en todos los países donde la carga de impuestos es intolerable. A este policía le importa un bledo que el/la esposado/a sea el/la verdadero/a culpable, cuanto menos tenga que trabajar, mejor. Si el caso tiene repercusión mediática y él (no hay mujeres comisarias en ninguna de estas novelas) sale como el tipo inteligente que ha resuelto el crimen, mejor que mejor. Poco trabajo, gran rédito. La máxima de todo funcionario que se precie y - por extensión - de todo mediocre.

Al rescate del encarcelado y carne de horca, aparecen Poirot o Miss Marple. Me centraré en estos dos personajes, aunque hay otros más que - por no complicar la trama - dejaré aparcados. Poirot es claramente sociópata por voluntad propia, policía belga en el pasado, vive en Londres de forma holgada gracias a los honorarios que obtiene resolviendo asesinatos y otros misterios. No se sabe mucho de su vida anterior, pero está claro que disfruta estando solo, cocinando, leyendo o inventando juegos y suposiciones que le ayudan a resolver los casos. 

Miss Marple, por el contrario, es sociópata por circunstancias ajenas a su voluntad. Aparentemente tuvo un novio que murió en la Primera Guerra Mundial, resueltas de lo cual acaba siendo una solterona con muchos amigos, pero que siempre está sola. Eso sí, como observadora no tiene rival en la humanidad.

Otra moraleja, aquellos que no se dejan notar, son la clave de todo progreso. 

Cuando Arthur Conan Doyle dio forma al personaje de Sherlock Holmes (otro sociópata) encontró que la concepción del mundo de Aristóteles era la más adecuada para llegar a conclusiones 'elementales' sólo para él. De lo general a lo particular, del pantano de ideas, a la verdad. Umberto Eco se basó en esta idea y en las novelas de Sherlock Holmes para crear a Guillermo de Baskerville, el apellido de este fraile franciscano fue tomado del título de la novela 'El sabueso de Baskerville'.

A la hora de resolver los casos, Poirot sí se parece algo a Holmes, Marple definitivamente, no. En este momento me surge la pregunta - elemental por otra parte - de si detectives como estos tendrían cabida en un mundo como el nuestro. Empiezo a pensar que no. Es fácil aislar los acontecimientos importantes con cuatro periódicos, algunos libros y comentarios de aquí y de allá. Ahora, la cantidad de información que generamos - basura en un 99% - es tan brutal, que no los veo capaces de resolver nada, por otra parte - gracias a Dios - no existe la pena de muerte en Europa y los asesinos, por horribles que sean sus crímenes, a los pocos años están en la calle con una pensión del Estado, con ansias de venganza. ¿Quién va a querer resolver crímenes con estas premisas? Nadie, ni el más desinteresado e intrépido de los hombres.

Por otro lado, y volviendo a Londres, la ciudad que dibujaron Christie y Doyle tampoco existe ya. Nadie vive en el centro de la ciudad, los pisos son tan caros, y el nivel de vida tan exuberante, que sólo cuatro privilegiados pueden optar a una de esas casitas bajas tan monas, con entrada de servicio independiente. Y precisamente los que las habitan tienen poco/nada de ingleses, no llevan faldas de tweed, ni juegan al bridge. Pasean coches de lujo pintados de color plata y son todo menos refinados gentleman ingleses que leen el periódico en su club. 

El resto de personas que pululan por las calles de Londres son seres de diferentes tribus urbanas, ruidosos y comilones que no saben ni de dónde vienen, ni a dónde van. Hablan un inglés penoso y - desde luego - no valdrían ni para actores de quinta en cualquiera de las representaciones o películas de las novelas de Agatha Christie.

Otro tema que hubiera sido tremendamente perturbador para Agatha es el de los extranjeros. Para esta respetable señora, no puedo estar más en desacuerdo, toda persona que no fuera inglesa era ya - sólo por existir - sospechosa de todo punto. Los habitantes del sur de Europa le caían especialmente mal. En 2024 no habría sabido ni cómo abordar el argumento de sus novelas. Los viajes, los yates, las aventuras en las que los ingleses relucían como el oro, han pasado de ser un lujo al alcance de muy pocos, a algo que cualquiera se puede permitir. No sé si esto es bueno al 100%, visitando en el Museo Británico alguno de los tesoros que el marido de Agatha robó en Iraq, me di cuenta que otro de los horrores que ha traído el progreso, es la aglomeración de seres anodinos en los museos (de este tema también he hablado aquí).

Nada queda tampoco de aquel mundo en el que los ingleses observaban desde su isla cómo sus enemigos se suicidaban irremisiblemente, convirtiéndose ellos en los amos del mundo. Ahora su familia real es una especie de collage extraño, y su relación con Europa distante y destructiva para ellos. No sé si esto último se deja sentir en Londres, pero en cierta forma hay algo de 'ajeno' en todo lo que se vive allí. La ciudad tiene algo de caduco, se impulsa con una modernidad autocomplaciente y poco real. La ropa de Margaret Thatcher hizo más por la imagen inglesa, que los trajes de Zara que luce Kate Middleton

A estas conclusiones sólo se llega siendo sociópata, paseando por las calles de Londres y viendo 'La Ratonera'. Algo que os recomiendo. 

El viaje a Londres me ha inspirado más escritos... 
Continuará.
Leed mucho.
M.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

El paraíso nórdico...

Mediados de octubre, momento perfecto para una escapada (término muy de moda) al norte de Europa. El paraíso nórdico, donde todo es ecológico, civilizado, armonioso, feliz... No hay fisura alguna en esta sociedad en la que sus habitantes gozan de una alta renta per cápita y sus reyes - en consecuencia - organizan fiestas ostentosas, como si estuviésemos en la Edad Media. Los protagonistas tienen cara de borrachos y beodos, pero como son los abanderados de la civilización occidental, se les perdona.

¡Da gusto ser sueco, danés o noruego! Lástima que su idioma sea una especie de aullido gutural y que carezca de proyección alguna. Todos hablan inglés, menos mal.

El destino soñado para esta escapada otoñal ha sido Copenhague, capital del diminuto estado de Dinamarca, ciudad de cuento de hadas, con casitas bajas y de colores, cero delincuencia (o eso dicen) y llena de iglesias luteranas sin adornos, para presumir de austeridad. Adjetivos estos que no guardan relación con su monarquía, ni con su historia de vikingos saqueadores y asesinos. Pero como vivimos en un mundo de filtros donde nada es lo que parece, sumamos esto al resto de mentiras que creemos sin rechistar. 

No hay que dejarse engañar por este escenario de felicidad perpetua, todos escondemos polvo y miserias bajo la alfombra. Nuestro pecado (sur de Europa) es airear nuestros trapos sucios sin complejos, en el norte todo se disfraza de un artificio deslumbrante, acompañado de un montaje de marketing ilusorio, con un repertorio de slogans y atrezos de quinientos años de antigüedad. No podemos competir con ellos de forma alguna en lo que a mentir se refiere, de ahí nuestro complejo de inferioridad. 

Me propongo ahora desmontar todas sus mentiras desde este humilde púlpito. Allá vamos.

Aunque parezca increíble, hace mil quinientos años, cuando cayó el Imperio Romano de Occidente (476), el norte de Europa era un lugar inhóspito, habitado por salvajes que malvivían en zonas frías y pantanosas. Eran salvajes en estado puro, sin leyes, sin ciudades medianamente salubres y que subsistían a base del pillaje y la violencia sin control. Miles de años antes, en Sumeria, en Persia o Grecia ya se habían construido edificios notables, ciudades majestuosas y sistemas de gobierno que permitían una cierta estabilidad social. Nada de eso se vislumbraba en los mares del norte de Europa. De hecho ninguna civilización expansiva y colonizadora, como la propia Roma, se planteó nunca adentrarse en aquellas tierras en las que no había nada realmente aprovechable.

Daneses a punto de invadir Inglaterra
Miscelánea sobre la vida de San Edmundosiglo XII.
Fuente: Wikipedia (Vikingos)

Primera idea que debe quedarnos en la cabeza, ninguna civilización nórdica ha igualado al Imperio Romano. Debemos incluir en la lista de los que palidecen ante las gestas romanas al Reino Unido. La caída de Roma (476 dC), la de Constantinopla (1453) y finalmente la del Imperio Español en la Batalla de Trafalgar (1805), supusieron la estocada y enterramiento del Mediterráneo como centro de poder. El norte comenzó, con su despiadada ética calvinista del trabajo como guía, a dirigir nuestros designios con frialdad cuadriculada. Y esto, a la larga, nos liquidará y nos convertirá en máquinas sin sentimientos. O mejor dicho, en máquinas que reciclan lo que previamente han generado sin control con el único objetivo de ganar dinero y trabajar horas y horas en la pura deshumanización. Esto, queridos, es el mundo nórdico. Bienvenidos y a disfrutarlo mucho.

Otro de los mantras que ellos se repiten sin cesar, para tapar sus vergüenzas, es la barbarie del Imperio Español en América. Bueno, supongo que las barbaridades más atroces se empiezan a contar cuando los españoles cruzamos el Atlántico, antes, cuando los vikingos daneses sembraban de caos los mares del norte, no cuentan. ¿Dónde debemos poner la línea temporal que etiqueta a un pueblo como violento y sanguinario? ¿En qué hitos de la historia la violencia humana se considera como tal, y en cuáles es algo sin importancia, cosilla a no tener en cuenta? Porque los suecos, por ejemplo, durante la Guerra de los Treinta años, no dejaban títere con cabeza allá por donde pasaban. Los holandeses en Batavia (actual Yakarta) llevaron a cabo auténticas masacres, que les permitieron empezar de cero y crear la 'Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales'. Ya en épocas más actuales, Suecia y Noruega albergaban en su territorio a auténticos entusiastas de Hitler, esta última hasta tuvo un régimen colaboracionista que contó con cierto apoyo popular. Comento esto último porque no hay que olvidar las terribles imágenes de seres humanos eliminados de la faz de la tierra virtud de las ideas emanadas del luteranismo y del calvinismo más clasista y xenófobo.

Para apoyar esta última y rotunda afirmación, animo a mis lectores a que busquen algún texto, frase o palabra - por mínima que sea - escrita en la Europa católica del sur hasta el siglo XIX, que supure xenofobia y odio en estado puro, como las que se conservan de pensadores del norte de Europa. Aquí debo incluir a Alemania y sus sucesivas emanaciones panfletarias que condujeron al continente a dos guerras espantosas, cuyas consecuencias aun estamos pagando.

Voy a bajar el ritmo, porque me veo en alguna cárcel del paraíso nórdico, con platos y cubiertos de cartón, para no contaminar.

Os preguntaréis, es normal, de dónde procede gran parte de esta imagen civilizada y eficiente que tenemos de estos cuadriculados del norte, es muy obvio, de Hollywood. Sé que da risa, pero es la puritita verdad. La idea que proyecta el cine y las series es la siguiente: cada vez que aparece - por ejemplo - un vikingo es aguerrido y valiente, pero virtud de sus ideas cristianas previas a la Reforma, es oscuro, víctima de la ceguera y el oscurantismo propios de la Edad Media. En ideas no está muy avanzado. Una vez que vio la luz, tras la Reforma Protestante, ya es un producto perfecto de la raza humana. Que nosotros lo creamos, no es peligroso en absoluto, pero si ellos lo interiorizan - como ha sucedido - debe ser tenido en la más alta consideración, al convertirse en nazis y xenófobos en estado puro. Una máquina perfecta engrasada - como ya he dicho - por las ideas calvinistas que anteponen el trabajo al espíritu, esas ideas que nos hacen creer que las máquinas - carentes de conciencia y sentimientos - solucionarán todos los retos habidos y por haber. Da un poco de miedo lo que está por venir, porque les hemos cedido el timón, y - de momento - no tiene vuelta atrás.

La verdad innegable es que estos pobres iluminados empezaron a enderezarse un poco cuando en el año 960 el rey Harald Blåtand Gormsson (más conocido como Bluetooth, y al que este sistema de enlace de dispositivos debe su nombrese convirtió al cristianismo y obligó a sus súbditos a hacer lo mismo. Tuvieron que seguir viviendo del pillaje, allí no había nada, pero al menos sus barrabasadas se atemperaron algo.

Con estas reflexiones previas, buen tiempo y ganas de contrastar estas ideas con la realidad, comenzó mi viaje a Dinamarca... ¡La tierra de los vikingos! Astutamente los daneses nos han hecho creer que todos los países nórdicos participaron de la orgía de violencia, pero no, los vikingos auténticos fueron ellos. Conste que a mí, como amante rendida de la Edad Media, me parecen dignos de estudio, hasta he asistido a algunas conferencias sobre ellos.

Primera situación sorprendente al llegar a Copenhague, control de pasaportes, aguerridos policías rubios imbuidos de xenofobia maltratan a los confiados latinos que creen que todo es baile, diversión y generosidad. 'Hay que poner freno a estos sureños que vienen a aprovecharse de nuestro nivel de vida', piensan. No pueden desprenderse de sus perjuicios, tanto amor a Calvino es lo que tiene. Una vez salvado este escollo, como la ciudad es pequeña y bien organizada, en dos segundos te encuentras disfrutando de sus calles vacías a las ocho de la tarde. Como los indigentes (que los hay) no pueden entrar en bares a beber, lo hacen en la calle, ofreciendo un espectáculo semejante al que ofrecen sus compatriotas en Benidorm, pero sin sol ni ruido. 

Pronto a dormir, sin olvidar solicitar - vía app - que limpien la habitación del hotel (carísimo, como todo allí) al día siguiente. Esta sandez es parte de una política de sostenibilidad que consiste en contratar a menos gente y tratarla peor. Somos esclavos de la naturaleza y el calentamiento global, mejor dicho, vivimos esclavizados por ideales que otros ponen en marcha y repiten como un mantra, convencidos que el hombre es un corcho en medio del mar y que se debe sacrificar para salvar a las anchoas. Mientras, los dueños de los conglomerados financieros viven a todo trapo. Esto me recuerda a las sectas, en las que el líder hace lo que le da la gana y los imbéciles que le siguen malviven y son sometidos a todo tipo de abusos en aras al advenimiento de un futuro ideal, lleno de pajaritos y mariposas que sobrevuelan. 

Pienso también en gente mayor incapaz de entrar en una app para pedir que limpien su cuarto, y que tiene que enfrentarse con un empleado que - de forma machaconamente cuadriculada - le dice que no puede hacer esa gestión desde su ordenador de pantalla de diseño. 

En el desayuno todo sigue la misma pauta, la comida - ofrecida en abundancia - se recicla, y en medio del comedor hay un contador de kilos de residuos comestibles ahorrados. ¿Quién pesa esa comida? ¿No tienen empleados para hacer las camas en los cuartos, pero sí para pesar comida tirada y/o aprovechada? Porque el dispositivo se va moviendo, y va ofreciendo cantidades en aumento. ¿Lo hacen con una tecnología semejante a la que usan los ricos para escaparse a otros planetas? Esto requiere un análisis que yo no puedo hacer, no soy persona de ciencia, pero es obvio que hay avances tecnológicos que no nos han contado, como que hay vida en otros planetas y que se habla de tú a tú con sus habitantes y de que existen unas básculas que pesan los residuos de forma virtual, mágica o sabe dios. Pero en el paraíso nórdico nada se discute, porque todo es posible.

Hay una gran ventaja, no obstante, y es que, como hasta bien entrado el siglo XVIII no pintaban nada, sus museos reflejan eso, el vacío de la nada. Lo cual en cierto modo es una bendición, no están masificados y puedes pasear por sus salas en silencio. Comparar la Galería Nacional de Arte de Dinamarca con el Prado o la National Gallery da risa. Pero bueno, el museo tiene su aquel. 

La reflexión que me viene a la cabeza es... ¿Por qué no hay masas de gente para admirar el Renacimiento o el Barroco danés, y sólo inspiran a la humanidad pesando residuos de comida o repitiendo que son ecológicos y responsables? ¿Por seguimos agolpándonos en los Museos Vaticanos para mirar al cielo y ver la majestuosidad de la Capilla Sixtina? ¿Tenemos que seguir mirando a Roma para buscar lo sublime que esconde el ser humano? Sí, porque la otra opción es convertirnos en máquinas que no piensan, escenario al que nos encaminamos a velocidad vertiginosa.

¡Bienvenidos al paraíso nórdico, la antorcha que guía a la humanidad!
Viajad y pensad por vosotros mismos.
M.

sábado, 16 de octubre de 2021

¿Debemos ceder el paso a la postmodernidad? Las enseñanzas del Príncipe de Salina.

¿Estamos ya en época postmoderna? Por centrarnos, la era moderna comenzó para algunos historiadores con el Descubrimiento de América (1492), para otros el punto de inflexión lo marcó el desastre de la Caída de Constantinopla (1453), pocos años de diferencia entre ambos, así que fijaremos el inicio del mundo moderno a principios del siglo XVI. Lejos ya de las tinieblas de la Edad Media (un concepto ridículo y falso, pero muy extendido), y con un tímido avance hacia la especialización del conocimiento.

El Renacimiento y - posteriormente - el Barroco, marcaron la senda de una revolución que hizo palidecer a otros movimientos completamente magnificados porque tuvieron lugar en el mundo protestante o francés. Al primero se le tiene alguna consideración, al segundo, el Barroco, menos, porque era España - perseguida por la Leyenda Negra - quien dirigía la orquesta mundial.

No se puede negar que la Corte Española impulsó - sin lograr sacudirse su descrédito - el Barroco a nivel mundial. De él viven aun países como Guatemala o México, donde se alcanzaron cotas de auténtico virtuosismo y - en menor medida, por su desastroso urbanismo - Sicilia.

De esta isla, la más grande del Mediterráneo, versarán los siguientes párrafos.

Tras un año y medio raro e inesperado, donde nos han tenido encerrados como ermitaños, arrancándonos de paso nuestra fe, entiéndase esto último como cualquier manifestación de individualismo, y aprovechando el aflojamiento de nuestras cadenas, decidí emprender el viaje planeado para marzo de 2020, Sicilia. El libro ad-hoc para la ocasión (obvio en este caso particular) no tuve que comprarlo, ya lo había leído hace unos años, pero no cabía otro compañero de viaje, sin él es imposible comprender la isla, el peso de sus conquistadores y los aires de cambio que se abatieron sobre ella a mediados del siglo XIX, sí, hablo de 'El Gatopardo' de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Tengo que decirlo ya, no vayáis allí sin este libro bajo el brazo.

Para comprender el argumento de esta colosal novela, para mí de las mejores escritas en el siglo XX, hay que mantener en todo momento un esquema mental de la historia de la isla. Y como se fue cincelando su carácter, mezcla de una potente cultura griega, que vio nacer a importantes filósofos y cuyas ciudades se contaban como las más importantes del Mediterráneo, para pasar a ser un granero romano, campo de batalla de guerras varias en la antigüedad, bastión bizantino, árabe, normando, francés (contra el que se rebelaron en las conocidas 'Vísperas Sicilianas'), español y, tras el Risorgimento o Unificación Italiana, parte de la Italia moderna.


'El Rey Guillermo II ofrece la Iglesia a la Virgen'.

Todos los isleños tienen algo de peculiar, no caben excepciones. En el caso de Sicilia el matiz se ve acentuado por la rapiña de sus conquistadores y previsible advenimiento de la Mafia, que se hace sentir en todo momento en el devenir de los actos más comunes. Sé que es complicado justificarla o verla con buenos ojos, pero cuando he escrito 'previsible', ha sido con el objeto de matizar que no se puede invadir una isla una y otra vez, sin más objetivo que la ambición, sin intuir que - llegado un momento - sus habitantes se unirán para defenderse, pobremente al principio, y de manera global después.

Desde el momento que se aterriza en Catania o Palermo, se nota el silencioso peso de su poder en las cosas más nimias, en el lento trascurrir de los actos más comunes, en su urbanismo caótico y deprimente que invade como una polilla ('moth' en inglés, es como se conoce a la Mafia en lenguaje coloquial) edificios colosales, llenos de inmundicia y vagancia. El peso de la inactividad dictada por un mundo periférico y lleno de códigos propios. Si alquiláis un coche, por ejemplo, comprobaréis que de repente la carretera se estrecha por obras en decenas de lugares, sin saber la razón. No hay operarios, ni máquinas, nada. No las ha habido nunca desde que decidieron simular unas obras por sabe dios qué motivos.

El comienzo de este caos, precedido por el sofocante peso social de la iglesia y la nobleza, se esboza en la novela sin apenas darnos cuenta. Cada uno de los protagonistas representa ese algo de pintoresco que cada época dibuja y que sirve - con la óptica del tiempo - para dar forma a un imaginario desbordante de anécdotas y pautas para no prejuzgar sin motivo la trama que el tiempo cincela, arrastrando sin piedad sueños y ahogando voluntades.

Como todo buen libro, nunca se sabe quién es el bueno ni el malo, porque cada uno de los personajes tiene sobradas razones para actuar tal y como lo hace, sin borrar ni una coma del guion, dinamitando así los perjuicios de quienes saben leer entre líneas. 

El escenario de la trama se enmarca entre los años 1860, fin del Reino de las Dos Sicilias y entrada en escena de Garibaldi, y 1910, acto final de una época en extinción, dinamitado sutilmente con la destrucción de unas reliquias. 

No resumiré la trama, pero sí quiero dejar constancia de los que son – para mí – los cuatro momentos que invitan a una reflexión profunda.


Don Fabrizio Corbera, Principe de Salina, heredero de un patrimonio económico y cultural incalculable, se encuentra ante una tesitura histórica y personal complicada. Asfixiado por los clichés dictados por su propia familia, ve como su sobrino, Tancredi Falconeri, es merecedor de todo su afecto y admiración. Este último, sin recurso económico alguno, se alista en el ejército de Garibaldi sin que en realidad quiera perder ninguno de los privilegios que su origen noble le brinda.


Aquí leemos el primer momento clave, el diálogo entre tío y sobrino al respecto de su alistamiento, la frase de Tancredi que ha pasado a la historia de la literatura: ‘Que todo cambie para que todo siga igual’.


(...) "Por el Rey, sí, pero ¿qué Rey?" El muchacho tuvo uno de esos accesos de seriedad que lo volvían enigmático y a la vez entrañable. "Si nosotros no participamos también, esos tipos son capaces de encajarnos la república. Si queremos que todo sigua igual, es necesario que todo cambie. ¿Me explico? (...)

El Gatopardo. Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Alianza Editorial SA. Segunda Edición 2012. Pág.73.

Desde hace milenios, en esencia, todo sigue igual, a pesar del progreso, siempre ha habido clases, oprimidos, advenedizos, explotados y élites más o menos destructivas. La razón es obvia, no existe verdadera voluntad de cambio. Y lo que puede venir es posible que sea peor, véase el caso de la Unión Soviética.


Siguiendo con este razonamiento, la segunda reflexión es ¿cómo se debe actuar en tiempos de cambio?


(...) "Después de la cena, a las nueve y media, recibiremos con agrado a los amigos". Estas últimas palabras dieron mucho que hablar en Donnafugata. Si el príncipe había hallado al pueblo igual que siempre, éste en cambio lo halló a él muy cambiado, porque hasta entonces jamás le habían oído palabras tan cordiales; y en aquel momento, insensiblemente, comenzó a declinar su prestigio. (...)

El Gatopardo. Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Alianza Editorial SA. Segunda Edición 2012. Pág. 117.


 

Difícil respuesta. Saber estar a la altura de lo que se espera de nosotros, se convierte en un laberinto donde todos los caminos conducen al desconsuelo. Lo habitual, es no hacer nada, dejar pasar las horas y claudicar. La peor de las opciones. La modernidad y la mejora en las comunicaciones nos ha permitido alzar la voz, pero - voy a ser políticamente incorrecta - tal vez no sea necesario que todos opinemos sobre todo campo del saber, porque llega un momento que sólo hay ruido de fondo, pero nada realmente aprovechable. Algo semejante le sucede a don Fabrizio, oye ruidos aquí y allá, no hace lo que mejor sabe, no se comporta como los demás esperan, y - con el tiempo - se acaba convirtiendo en una especie de marioneta ridícula y anacrónica.

A pesar de la Unificación, y del fin del Reino de las Dos Sicilias, había un rey en Roma, por lo que don Fabrizio es llamado a ser senador del reino para ayudar a engrandecer a la nueva Italia. Aquí hay que entender un poco cómo se gestó la Unificación, un movimiento que parte del norte de Italia, de la casa de Saboya, y que - como tal - concebía la unidad como necesaria pero siempre observando a los sicilianos como una especie de salvajes a los que civilizar. Para esto Lampedusa se vale de nuevo de la sutileza, el encargado de reclutar al príncipe para su nueva misión, Chevalley, padece horriblemente y se ve muerto o enfermo a cada momento en cuanto pone los pies en la isla. El pobre hombre fracasa estrepitosamente. Don Fabrizio, en un momento de lucidez, se da cuenta que no quiere seguir el guion de una nueva obra que comprende inútil para Sicilia, y para él mismo. 

(...) ¿De verdad cree usted, Chevalley, que es el primero que pretende encauzar a Sicilia en la corriente de la historia universal? ¡Quién sabe cuántos imanes mahometanos, cuántos caballeros del rey Rogelio, cuántos escribas de los suevos, cuántos barones de Anjou, cuántos legistas del rey Católico concibieron también esa hermosa locura! ¡Y cuántos virreyes españoles, cuántos funcionarios reformadores del reino de Carlos III! ¿Quién recuerda ahora sus nombres? Pero su insistencia fue en vano: Sicilia prefirió seguir durmiendo; ¿por qué hubiese tenido que escucharlos, si es rica, sabia, honesta, si todos la admiran y la envidian, sí, para decirlo en una palabra, es perfecta? (...)

El Gatopardo. Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Alianza Editorial SA. Segunda Edición 2012. Págs. 282 y 283.


Lo sé, es maravilloso. Una delicia leerlo. Porque no deja nada al azar, nada por contar. Por eso, casi al final de la novela aborda lo más escabroso del equipaje histórico siciliano, el agobiante peso de la Iglesia Católica. Leamos entre líneas también ahora. Al lado del príncipe siempre está su escudero, el Padre Pirrone, acompañante en sus andanzas y calaveradas, cual Sancho Panza. Un cura bonachón e inofensivo, lejos de la imagen de codicia, oscurantismo e inflexibilidad que siempre acompaña en la literatura a estos personajes. La Iglesia siempre ha estado al lado de los poderosos, Lampedusa reconoce este apoyo de la mejor forma posible, invitándonos a pensar que no todo es lo que parece. El sacerdote, con ocasión de una visita a su pueblo natal, reflexiona también sobre los cambios y sobre cómo los hombres cambian todo para seguir igual. 

(...) "Le diré incluso, que si, como ha sucedido tantas veces, esta clase tuviera que desaparecer, de inmediato surgiría otra equivalente, con los mismos méritos y los mismos defectos: quizá ya no estaría basada en la sangre, sino, no sé... en el hecho de llevar mucho tiempo viviendo en un determinado sitio o en la pretensión de conocer mejor algún supuesto texto sagrado." (...)

El Gatopardo. Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Alianza Editorial SA. Segunda Edición 2012. Pág. 304.



La necesaria marginación de la Iglesia en la isla condujo a la aniquilación de un patrimonio histórico incalculable, sustituido por edificios en ruinas, y eclecticismo cutre, especialmente en Palermo. El paso previo a la destrucción siempre requiere una hoja de ruta para saber cómo rellenar con gracia los huecos del 'progreso'. En el caso de Sicilia no sucedió así. Porque hasta la propia Iglesia, al no saber - como el príncipe - que lugar debía ocupar, se destruyó a sí misma. Final sublime del libro.

Las hijas del príncipe, ya ancianas en 1910, reciben la visita de un vicario encargado de revisar obras de arte y reliquias aun en posesión de la familia. La clase social que ha apoyado durante siglos a la Iglesia, ahora se ve juzgada por ella, como parte del acto que se está representando en el nuevo teatro italiano. Los mediocres se someten con servil y estéril obediencia. Concetta, prima de Tancredi y enamorada de él en su juventud, descubre que todo lo que ha vivido es ridículo, todo lo que ha atesorado (reliquias básicamente) es destruido con concienzudo esmero. Con indiferencia calculada se enfrenta a pecho descubierto a una modernidad mal entendida. ¿Postmodernidad? ¿Progreso? ¿Rendición?

(...) Concetta se retiró a su cuarto; no sentía absolutamente nada: le parecía estar viviendo en un mundo conocido pero ajeno; un mundo que ya había consumido toda su energía y ahora sólo contenía puras formas.(...)

El Gatopardo. Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Alianza Editorial SA. Segunda Edición 2012. Pág. 408.



La rendición es la forma en la que las personas inteligentes disfrazan su clarividencia. De nuevo, nada es lo que parece.

Leed mucho, viajad a Sicilia, leed esta novela y meditad sobre la postmodernidad.
M.

domingo, 3 de noviembre de 2019

El último emperador, pintores flamencos y una manzanilla en el Museo del Prado.

He llegado a una conclusión rotunda, una revelación. Imagino que la sensación debe ser semejante a la que siente un científico de la NASA cuando descubre una galaxia, un exoplaneta, una nueva estrella o agua en Marte. La conclusión es la siguiente, a los norteamericanos les molan los emperadores. Cualquier acción al respecto de un personaje que haya ostentado esta dignidad, es objeto de un estudio chusquero por su parte. No vale reírse, porque esto es un tema que requiere la mayor seriedad, es una pauta de comportamiento preocupante y que demanda un estudio en profundidad. Si esta obsesión se diera en Albania, no pasaría nada. Pero Estados Unidos nos vende todas sus paranoias, y como no solemos filtrar lo que nos cuentan, alguien debe tomar las riendas de tan delirante obsesión.

Por favor, no hay que tomar esto a broma. Es un delirio que puede extenderse como la viruela.

Repasemos, hemos visto en el cine/televisión: 'El último emperador' (Puyi), 'El último samurai' (en este caso el que se extinguía era el samurái, y llegaba el emperador, que era malísimo y medio idiota, según la versión de Hollywood), 'Kungfu' y su querido amigo el Pequeño Saltamontes (con una turbia historia de asesinato del sobrino del emperador chino)… Por citar sólo tres. Todos ellos, por rocambolesca que sea la historia que traten, palidecen ante el despliegue de armaduras y lanzas que puede verse hasta el 5 de enero de 2020 en el Metropolitan de Nueva York, con objeto de la exposición 'El último caballero'. Mayor despropósito y manipulación histórica no se ha conocido. Esta es la razón por la que afirmaba al principio que la obsesión de los estadounidenses por los emperadores tiene algo de paranoia enfermiza rayando el desconocimiento más ridículo. Asumo que es por la cultura del espectáculo, de la que todos somos víctimas. O por no dejar que la Leyenda Negra española caiga en el olvido.

Vamos por partes.


Un viaje a Nueva York en otoño, más con 25º de temperatura y sol todo el día, es completamente recomendable. Una delicia para los sentidos y para la mente. Huir del despropósito peninsular es una bendición, un gasto del que cuesta recuperarse, pero completamente justificado. Una vez allí, sólo resta pasear y observar. Uno de los mejores sitios para ello es el Metropolitan (MET), un gigantesco museo con todo tipo de cachivaches de todas las épocas y culturas de la humanidad. Increíble expolio el llevado a cabo (son dignos herederos de sus hermanos británicos), no hay civilización - por poco influyente que fuera - que no tenga su salita en este museo. También hay pintura y escultura, sobre todo europea, y - cómo no - exposiciones temporales. La entrada cuesta 25 dólares, pero puedes acceder durante tres días. Falta tiempo, cuando se cogen las riendas de la cultura - como ha sido el caso de los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial - hay que mostrar al mundo todo lo que se tiene sin rubor. Otra digna herencia, esta del protestantismo y su afán por no ocultar la riqueza, como una bendición de dios. 

Este octubre del 2019, dos de estas exposiciones eran, la ya mencionada de 'El último caballero', y 'Alabando a los pintores flamencos', otro increíble ejemplo de manipulación sin precedentes. Con lenguaje dañino y torticero. Volveré a esta muestra, pero vamos a desvelar la identidad de nuestro último caballero, un EMPERADOR, claro, el último de Sacro Imperio Romano Germánico, según la versión del MET, Maximiliano I (1459-1519).


Maximiliano I de Habsburgo 
(1459-1519)

Detalles importantes para comprender la manipulación, uno la fecha de su muerte 1519. Dos, sus raíces germánicas y su centro de operaciones, el norte de Europa. Ya está. El último emperador Maximiliano es el estertor glorioso de una época que declina, para dar comienzo a otra más esplendorosa, la de los príncipes alemanes protestantes a los que Lutero leyó el pensamiento y dio voz en 1517, dos años antes de la muerte de nuestro emperador. Porque para los habitantes del norte de Europa, de los que los norteamericanos son dignísimos herederos, Carlos V, como español y católico, NUNCA fue emperador. No solo no lo matizan, simplemente niegan su existencia. En todo momento, a lo largo de la exposición, cuando mencionan al nieto de Maximiliano I, es decir, a Carlos I de España y V del Sacro Imperio, se refieren a él como rey de España. Los emperadores, cuando existen y se les menciona, deben ser a imagen y semejanza de una película de Hollywood, al servicio de una idea que divide la historia en dos, antes de 1517, y después.

Y si hay algo que es comercial, vendible y vistoso antes de 1517, como es el caso de esta muestra, se maquilla como si de un decorado monumental se tratase y se orienta hacia donde es menester. En realidad tal despropósito no cae en saco roto, los norteamericanos han sufrido adoctrinamiento toda su vida, y a la Edad Media - para ellos antes de separarse de las doctrinas de Roma - la denominan 'Dark Ages' (Tiempos oscuros). Este tipo de saraos, no hacen sino reafirmar aquello en lo que llevan creyendo quinientos años, si además - como parte de una obsesión hollywodiense - aparece un emperador, entran literalmente en el nirvana. 

Esta vez anexo como prueba una de las cartelas de la exposición donde habla de sus herederos.



Traduzcamos el segundo párrafo: "(...) Maximiliano buscó personalmente el bienestar de sus herederos. Los matrimonios que concertó tuvieron como consecuencia un aumento de la influencia de los Habsburgo en los asuntos políticos europeos. Su hijo (se refiere a Felipe el Hermoso) se convirtió en rey de Castilla, su nieto mayor (Carlos I) llegó a ser rey de España y gobernante de partes de Italia y Centroamérica, y su nieto más joven se convirtió en rey de Bohemia y Hungría (Fernando I) (...)

Ahí queda eso. Sin palabras. Carlos I NUNCA fue emperador. ¡Madre mía! Y al que refieren como su nieto más joven (Fernando I) tampoco. No salgo de mi asombro. ¿Cómo un museo como el MET puede incurrir en una manipulación histórica tan asquerosa? 

Puedo hacer mil matices a esta frase de la cartela, la primera de ellas es que la llegada al reino de Castilla de Felipe el Hermoso fue una mera casualidad, y que - en el momento de concertar su matrimonio - esto no estaba en el guion. La segunda es que liquida, como ya he dicho, no a un emperador, sino a dos.

Para engatusar al visitante, un despliegue de armaduras a cual más deslumbrante, banderas, libros y obras de arte, que muestran a un mecenas del arte y a un humanista que no fue. Sólo asistiendo a las batallas y guerras en las que se vio envuelto, debió restarle tiempo para cultivar todas las cualidades de las que le hacen merecedor. 

Ya en la senda de la manipulación más vil, se puede contemplar, también en el MET desde el 16 de Octubre hasta no se sabe cuando, 'Alabando a los pintores flamencos, la edad dorada de Rembrandt, Hals y Vermeer'. No hace falta decir que aquí es Holanda la protagonista de una farsa teatral como nunca se ha conocido en la historia del comisariado artístico. Al menos en este caso simplemente hay manipulación, no niegan la existencia de hechos históricos. Algo es algo. La muestra contiene cuadros de artistas holandeses del barroco, no hay obras prestadas, todas son parte de los fondos del propio museo. 

Holanda, según el MET e innecesario es decirlo, se había sacudido el yugo del oscurantismo español, y abanderaba un movimiento de progreso sin límites. Estos cuadros pretenden mostrar la opulencia y progreso de una sociedad rica, olvidando que ya lo era desde hacía siglos, no hacía falta que los españoles estuvieran o no. Paseando por diversos museos del mundo podemos comprobar temáticas semejantes en pintores como El Bosco, Hans Memling, Robert Campin, Mabuse, Quentin Massys o Van Eyck, por citar a algunos, que demuestran que - ya desde el siglo XIV - los holandeses y flamencos en general, virtud de sus ríos caudalosos y sus puertos naturales, controlaban todo el comercio de Europa y les salía el dinero por las orejas.

Quentin Massys (1514)
Museo del Louvre (París)

No tenían, por añadidura, ningún problema en demostrar al mundo lo bien que vivían, no les habían inculcado la virtud de la humildad. 

Para el MET la opulencia de la sociedad flamenca es resultado de que los españoles desapareciéramos de allí. Causa y efecto. No hay fisuras en esta versión. Eso sí, de vez en cuando hay que nombrar algún problemilla social de la época, como la eliminación y confiscación de riquezas a los católicos. Esta parte cobra especial interés porque hay unos cuadros de Vírgenes y se habla del pintor católico holandés por excelencia, Johannes Vermeer.

Que haya vírgenes, demuestra que - pese a la persecución - siguió habiendo católicos en Holanda. Esto se explica de la siguiente manera, cito textualmente, 'Los católicos eran perseguidos y sus bienes confiscados por las autoridades. Pese a todo, algunos seguían adorando a la Virgen en la clandestinidad encargando cuadros de esta temática a maestros varios. Lo que demuestra que la sociedad holandesa era muy plural'.

¡Increíble! Ser católico (o lo que fuera) en la clandestinidad demuestra claramente que era una sociedad abierta. Delirante es poco.

Vamos con Vermeer. De la vida de este pintor se sabe poco, no salió de su ciudad natal, Delft, y no está claro en absoluto que fuese católico. ¿Por qué - os preguntaréis - tienen los protestantes tal obsesión por demostrar que sí lo era? Es muy sencillo. Vermeer describe con sus actos vitales todo aquello que han contado a sus adoctrinados como típicamente católico, a saber, fanático, corto de miras (no se le conocen viajes), con todos los hijos que dios le dio y casado toda la vida con una mujer a la que no quería, pero de la que no se divorciaba. Nada más hay que añadir.

Todo esto no tendría que ser dañino ni peligroso, incluso podría tomarse como algo digno de lástima. Pero es peligroso porque es imposible revertirlo. No es el hecho de que Estados Unidos haya tomado las riendas de la cultura mundial, es que las personas que conforman y construyen ese monopolio de pensamiento son completa y absolutamente cuadriculadas. Me convencí de ello cuando ayer, en el Museo del Prado, vi su forma de comportarse. Una simple y cotidiana escena. Paseando por las salas, uno de mis acompañantes comenzó a sentirse mal y se desmayó. A duras penas llegamos a la cafetería, con la intención de que tomase algo. En la cola del restaurante, delante de mí, únicamente había ciudadanos americanos, lo sé, estoy segura, les oí hablar. Les pedí, estaban presenciando la escena, que me dejasen pedir una manzanilla. Ni se inmutaron. No lo hacen porque es innecesario, el mundo corre por los raíles de su inmutabilidad y sus ideas preconcebidas. Contra eso, no hay lucha posible.

Tengo más reflexiones, pero por una vez no usaré la técnica del batiburrillo ecléctico.
Reflexionad y sacad vuestras propias conclusiones.
M.