viernes, 9 de octubre de 2015

El Huérfano. Adam Jonhson.

Publicado en la Edición Impresa de Guay de Paraguay en Noviembre 2014.

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A punto de acabar el año 2014. ¡Puf! Momento de reflexiones varias y de hacer balance de lo que hemos conseguido en estos últimos meses. ¡Desastre total! En fin, somos humanos.
Primera en la frente. No nos desanimemos. Siguiente pregunta que nos haremos, ¿qué ha conseguido la humanidad en su conjunto en los últimos doce meses? Por favor, permaneced lejos de las ventanas, podríais caer en la tentación de lanzaros al vacío si hacéis un análisis en profundidad.
El pesimismo nos invade. Es normal, el futuro no pinta bien. 'Y peor que va a pintar', dice algún cenizo que otro. Haced oídos sordos a los pesimistas y a los tóxicos, siempre hay que buscar un resquicio para la esperanza.
Pues veréis, somos afortunados, sé que es difícil interiorizar esta certeza. Pero sí, lo somos.
Imaginad por ejemplo un mundo en el que un locuelo decide hasta el más mínimo detalle de vuestros destinos, un perturbado que crea un paraíso de felicidad ficticio en el que se acaba luchando por una supervivencia esperpéntica. Años y años de adoctrinamiento cuyo resultado es simplemente espantoso. Los represaliados no piensan, y los que están en el lado de los privilegiados no creen hacer mal cuando condenan a los demás a una existencia miserable.
Imaginad vuestra vida teniendo latas de alimentos envenenados en la despensa para suicidaros y matar también a vuestra familia, en caso de que el aparato de Poder venga a vuestra casa.
Imaginad a un huérfano llamado Jun Do que cumple órdenes sin rechistar. Raptor de inocentes en las costas de Japón, mediador en planes esquizoides en Texas. Jun Do acaba, por caprichos de la propia absurdez, en un campo de reeducación, donde el ser humano se convierte en una bestia. Después, tras una lucha rocambolesca, llega a ser un personaje relevante en Corea del Norte, el Comandante Ga. Con ello conoce al amor platónico de su vida Sun Moon. Amor extraño pero real. Porque no todas las historias de amor son iguales.
Finalmente acepta su destino con indiferencia. Logra disciplinarse hasta el punto de que el resultado de las órdenes que ejecuta su cuerpo son el inverso a lo dictado por su voluntad.
El Poder del que emanan las órdenes es en sí mismo esperpéntico y absurdo.
Leed ‘El Huérfano’ de Adam Johnson y entenderéis por qué somos afortunados, aunque nuestro mundo sea injusto, intolerante, duro, ineficaz, ruin, perverso, diabólico incluso. Veréis que al menos, cuando empieza un año, podemos marcarnos objetivos de forma individual, sin que haya alguien que decida cada pequeño detalle de nuestra existencia. Esto no lo valoramos, lo damos por hecho, y con ello estamos tentando a la suerte.




El Jilguero. Donna Tartt

Publicado en la Edición Impresa de Guay del Paraguay en Octubre de 2014.

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Antes de iniciar un viaje escojo - no sin cierta tensión - una novela que cumpla alguno de los siguientes requisitos, a saber, el escritor debe ser nativo de las tierras a visitar o el libro describir alguna particularidad del lugar, o las dos cosas.
Siempre novela, el ensayo no es para los viajes. Diez horas de avión en la compañía de 'Los Reyes Godos' se me antoja una tortura.
Hay países que presentan algún problemilla, no existen traducciones de best-sellers armenios o estonios, por poner un ejemplo. Clásicos traducidos, bueno, ya ni busco. Leerlos en inglés me cuesta y, llegados a este punto, casi prefiero la compañía de los Reyes Godos, pero en español.
Esto no pasa cuando vas a los Estados Unidos, su maquinaria para producir títulos es pasmosa, inalcanzable diría yo. Pero es importante tener en cuenta que, como todo allí es 'a lo grande', resulta complicado separar la paja del trigo. Es decir, la bazofia de lo realmente bueno.
Dicho esto, hace cosa de un mes viajé a Nueva York y ¡vaya por Dios!  el Premio Pulitzer 2013, 'El Jilguero', se ajustaba como un guante a mi objetivo de pasear bajo el brazo con algo que me enseñara a ver Nueva York con los ojos de un nativo.
 
No era la primera vez que visitaba la ciudad, la conozco bien. Como toda gran urbe, no hay ni un sólo resquicio para la piedad, pero es absolutamente fascinante.
'El Jilguero' es el mejor ejemplo de la vida en la Gran Manzana, su autora - Donna Tartt - teje una historia de transición entre la infancia bruscamente terminada, la adolescencia tortuosa, teñida de abandono y la madurez histriónica, que no tiene otro objetivo que demostrar que la vida nos lleva donde ella quiere. Nos controla como a marionetas, nunca es al contrario.
Como todo estadounidense, escribe como si todo principio vital, toda contingencia habida y por haber, se basara en un modelo típicamente de allí. Es un defectillo suyo, una especie de soberbia. El autor americano asume que cualquiera que lea sus libros tiene que comprender a la fuerza cada uno de los pequeños detalles que describe. Y creedme, para una sociedad tan particular y original como la nuestra, no siempre resulta fácil desentrañar y entender este tipo de libros, tan de Park Avenue. Tan ‘newyorkinos’.
No obstante recomiendo su lectura, porque, aunque la vida casi nunca es un camino de rosas, hay cortos periodos de tiempo en los que las relaciones son mágicas, y quedan grabadas tiernamente en la memoria. En el Metropolitan Museum of Art, pensaba en la madre del protagonista, Theo Decker, en su amor al arte y a su hijo y en los sacrificios que no lo son, porque trascienden siempre hacia el infinito, y no se borran. Pase lo que pase.


Extrañas similitudes.

Publicado en la Edición Impresa de Guay del Paraguay. Septiembre 2014.
Cien años después del comienzo de la Primera Guerra Mundial.
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Queridos todos, soy consciente de que mi percepción sobre el fútbol levantó alguna ampolla. Pese a todo me reafirmo en mi opinión, palabra por palabra. Con el Mundial de Fútbol de Brasil en la memoria, pensad en lo que leímos y vimos aquellos días. Y entenderéis por qué el ser humano alcanza cotas que denominaré de ‘absurdo absoluto’.
España fue de las primeras selecciones en venirse a casa, tras un ridículo descomunal (no sé si existe precedente, poco importa). Pues bien, al día siguiente de su eliminación, leyendo algunos artículos, me sorprendieron dos cosas, una, a lo que dedicaron el tiempo en el avión de vuelta, a jugar al parchís. Dos, al llegar a Madrid, se mostraron distantes con la gente, despectivos. Conclusión: Incultos y mercenarios de la peor especie.
Otra de las cosas sorprendentes fue el odio que – con las masas convenientemente agitadas y manipuladas – aflora irracionalmente. ¡Las barbaridades que pude leer en medios varios! Incluidos los Estadounidenses, donde no existe una tradición futbolística. La eliminación de Brasil por seis goles de diferencia generó ríos de tinta, comentarios racistas y despectivos, que venían de periodistas nativos de países que ni tan siquiera estaban en la fase final del Mundial. ‘Es nuestra oportunidad de sentirnos superiores, de mofarnos de estos lelos’.
Dicho lo anterior, me viene a la cabeza el Centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Creo ver cierta similitud entre la rivalidad futbolística entre naciones y el despropósito de una guerra. Es tan fácil provocar disturbios cuando Messi no marca un gol, que, si durante meses te han dicho que eres nativo de un país donde los hombres son mucho más inteligentes y con potencial para dominar al mundo, convencerte para que te metas en una trinchera llena de chinches y con menos de veinte años te mueras en medio del caos absoluto sin pena ni gloria, debe ser coser y cantar. Recordad que la guerra estaba alentada por el nacionalismo más exacerbado.
Empiezo a divagar y tengo que recomendaros un libro. Puesto que he mencionado la Gran Guerra, os recomiendo que leáis ‘Nos vemos allá arriba’ de Pierre Lemaitre. Sin ser una pieza literaria que vaya a pasar a la historia (a pesar de haber ganado el Premio Goncourt), es un libro que intenta reflejar los males que aquejaban a la sociedad de post-guerra y que – cien años después – son tan cotidianos que ya ni reparamos en ellos. Los falsos héroes, las generaciones perdidas y lo que se esconde de miserable en toda gran gesta.
Feliz vuelta al trabajo a todos y por favor, leed, leed, leed. Es clave para seguir apostando por un mundo mejor.



Fútbol y Literatura (Mayo 2014)

Edición impresa Guay del Paraguay. Mayo 2014. Justo antes del comienzo del Mundial de Fútbol Brasil 2014.
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Debo confesar que no me gusta el fútbol. La palabra adecuada sería ‘espanto’, me espanta. No creo que haya nada más embrutecedor. Me consuela saber que a un grande entre los grandes, como Jorge Luís Borges tampoco le gustaba, ‘es un juego para mentes estúpidas’, dijo. ¡Gracias maestro!
Haré un resumen rápido de lo que yo veo en el fútbol, para luego centrarme en la literatura. Veamos. Los jugadores son, en su mayoría, menores de treinta años, no han leído un libro en su vida, apenas saben hilar dos frases y llevan su cuerpo cubierto de tatuajes absurdos. Para colmo, cobran cantidades de dinero indignas y rara vez se dejan la piel (tatuada) en el campo. Su corta inteligencia no les permite ni un resquicio de misericordia hacia los hinchas. Son mercenarios de la peor especie.
Estos mercenarios llevan al llanto y al paroxismo a los humanos, colapsan ciudades y hasta provocan muertes.
No hay un solo día del año en el que no haya fútbol. Hay una industria de invención de torneos que no para de innovar, aquí reconozco un mérito inmenso. ¿Puede haber algo en el mundo más machacón? ¿Algo que pueda poner a prueba a la mente humana de una forma más ruin? Se asemeja ya al tormento de la gota malaya.
Pero vamos a centrarnos, que esto es un espacio literario. Viendo la final de la Champions por obligación, me preguntaba cuántos libros de fútbol hay que puedan calificarse como ‘buena literatura’. Difícil pregunta. Ha resultado ser una investigación complicada, las dos áreas no son afines, y los escritores de renombre no suelen manifestar abiertamente que les interesa esta sinrazón. Excepto en contados casos como el de Javier Marías en su libro ‘Salvajes y Sentimentales’, el tono es de cautela o incluso de escepticismo.
Ninguno de los libros está escrito por una mujer, ninguno. Creo que les costaría abrirse camino en este tipo de literatura y por eso ni se molestan en redactar nada que tenga que ver con el ‘deporte rey’, ¡Qué frase!¡Qué frase!’El deporte rey’, me da la risa.
En fin, recomendaré tres libros que he ojeado estos días y que sí creo que merece la pena dedicarles un rato: el ya comentado de Javier Marías, Crack de Augusto Roa Bastos y El Fútbol a Sol y sombra, de Eduardo Galeano.
Muy importante. Evitad leer las tácticas futbolísticas de Jorge Valdano si no queréis acabar en el manicomio.
Así que ahora que comienza el Mundial de Brasil, ¡Socorro!, os dejo estos títulos para aprovechar algo el tiempo entre partido y partido.




El realismo mágico y el premio Cervantes 2014.

Nota: Este artículo fue publicado en Abril de 2014 en la edición impresa del Periódico Guay del Paraguay.
De ahí que (aunque publicado en este Blog en Octubre de 2015) haya preferido mantener su formato tal y como se redactó entonces.
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Este mes de abril ha sido muy señalado para la literatura en español. Noticias tristes como la muerte de Gabriel García Márquez se han casi solapado con la entrega del Premio Cervantes a una mujer mejicana, Elena Poniatowska, que con su traje colorado y su desparpajo dejó bien claro que el encanto que emana de algunas personas, cubre de armonía y luz todo aquello que tocan.

Todos los periódicos, cuando hablaban de ella, decían que estaba emocionada y nerviosa, no era para menos, sólo cuatro mujeres han recibido el galardón. Sólo tres antes que ella habían elevado su voz para hablar sobre los sueños, sobre la literatura, sobre el poder de palabra y sobre lo maravilloso que es soñar, porque dejar de soñar es morir, dejar de leer es no existir.

‘Mi madre nunca supo que país me había regalado cuando llegamos a México en 1942 (…) Llegamos a la inmensa vida de México, al pueblo del sol. Desde entonces vivimos transfiguradas y nos envuelve entre otras encantaciones, la ilusión de convertir fondas en castillos con rejas doradas’, leyó Elena Poniatowska en Alcalá de Henares. Consciente o inconscientemente reveló el origen de ‘El Realismo Mágico’. Porque siglos después de que don Quijote convirtiera las fondas en Castillos y los molinos en gigantes, los Buendía esparcieron su propia magia en medio en Macondo.

La magia del los Buendía, es la magia de los que – como don Quijote – huyen del realismo arrasador que los envuelve. Cuando Melquiades inspira a los niños Buendía, la familia medra y sus ilusiones construyen mundos maravillosos en la selva. Hasta consiguen engañar a la muerte.  Cuando la civilización se asoma a ellos, la lluvia, el progreso en forma de trenes y las compañías bananeras, acaban con todo.

García Márquez, al recibir el Nobel en 1982, mostró una América Latina diferente, llena de contrastes y de miserias. Una realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria (…). Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, dijo Gabo teniendo a Úrsula y a Macondo en la cabeza. Se sentía orgulloso de caminar al lado de los ilusos, los candorosos, los destartalados, los que resisten montados en Rocinante, como la ganadora del Cervantes de este año.


Mucho he leído estos días sobre García Márquez, algunas cosas, estoy segura, le hubieran abochornado, avergonzado y disgustado. Todo lo que nos rodea es tan complejo que tendemos a reescribir lo que está escrito y a interpretar lo que simplemente es magia. Por eso al igual que Gabo, seguiré buscando una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.


La verdad sobre el caso Harry Quebert” de Joël Dicker

Las editoriales llevan años bombardeándonos con libros de intriga, en su mayoría bastante flojos. Cuando lees la última página de alguno de ellos, si es que consigues llegar a ella, tienes la espantosa sensación de no haber aprendido nada y haber perdido el tiempo.
No es el caso “La verdad sobre el caso Harry Quebert” de Joël Dicker, un soplo de aire puro dentro de su género. El reclamo es muy simple: Nola, una niña de 15 años desparece misteriosamente el último día de agosto de1975. Treinta y tres años después, sus restos, enterrados todo ese tiempo, emergen a la superficie. La atención del lector, a partir de ese momento, se centra en saber quien la mató y por qué, pero ¿cuál son los otros misterios ocultos detrás del crimen?


El más importante y fundamental es  lo que sucedió a lo largo del verano de 1975. Nola logra encumbrar a Harry como uno de los mejores escritores de América, con un único recurso, su generosidad. El descubrimiento de lo que pasó te llena de tristeza y congoja ante lo injusto de su destino.
Otro de los misterios del libro es el contraste entre Aurora y Nueva York. El primero, un pueblo costero de New Hampshire donde nunca pasa nada, hasta que pasa, y la segunda,  rutilante y desalmada gran ciudad, donde el dinero siempre está en movimiento y no repara en víctimas. Abogados, periodistas y empresas editoriales donde el talento del escritor queda en un segundo plano.
Dentro de las casas de Aurora encontramos a los prototipos más simples de la maldad humana. Personas que engendran envidia, rencor, fanatismo, ceguera y todo aquello que nos hace ser minúsculos. Todos ocultan algo, todos sin excepción. Su mezquindad y su estrechez de miras, ayudarán, sin ellos pretenderlo, a la resolución del misterio.  
Se nos dará a conocer la amistad entre el escritor de la novela Marcus Goldman  y Harry Quebert, alumno y profesor. Un vínculo profundo que se llena de matices y que necesariamente da un giro brusco porque como – casi siempre sucede – nada es lo que parece.
Ahí queda mi reflexión. Disfrutad del libro de Nola y Harry, de su amor. Si, aunque a veces cueste creerlo, el amor y la amistad verdaderos existen. Aunque haya pastores fanáticos, policías corruptos, editores sin escrúpulos, personas atormentadas y vengativas y un largo circo de seres nocivos que entierran a Nola durante treinta y tres años.

El héroe discreto. Mario Vargas Llosa


La mayoría de los escritores contemporáneos laureados que he leído conocen su oficio, escriben bien. Pero LITERATURA (con mayúsculas), esa que además de engancharte, enseñarte, hacerte pensar, pero sobre todo descubrir lo inconmensurable que es la palabra escrita, en este caso en español, esa LITERATURA, sólo la sabe llevar a buen fin Mario Vargas Llosa. Pocos más. 

De una forma concisa, pero rotunda, desgrana el día a día en la vida de dos hombres en su madurez, Felícito Yanaqué e Ismael Carrera. Dos historias que finalmente se solapan para poner de manifiesto algunos de los males del mundo moderno y los peajes que hay que pagar por el desarrollo en un Perú que crece y se sacude la pobreza, pero que - al mismo tiempo - no puede liberarse de sus problemas endémicos, como la corrupción y la solidaridad mal entendida. 

La corrupción, el progreso y sus víctimas dentro de un mundo boyante que reposa en la falta de honor y dignidad, por las que luchan Felícito e Ismael. El primero lleva estas consignas grabadas a fuego. El segundo simplemente siente un odio justificado hacia lo que debería querer, y en su espiral de destrucción genera efectos colaterales.

Vargas Llosa ha presumido de ser un librepensador, nunca ha comulgado con los populismos. Lo dejó claro en su discurso con motivo de la entrega del Premio Nobel, así como cuando esgrime que Perú y España son dos caras de la misma moneda. En este libro todos estos tópicos se exponen de forma lúcida y sin sombras. Él tiene el privilegio de poder decir lo que opina sin tapujos, porque ya ha conquistado su lugar en el mundo.

Este libro tiene, sin embargo, algún pero. No es de sus libros más elaborados, quizás para recordar tiempos mejores introduce personajes del pasado. Lejos quedan títulos como 'La guerra del fin del mundo', donde el detallismo a la hora de describir a los personaje resulta en algunos casos apabullante y donde el círculo de la trama y los protagonistas se cierra de una forma fatal, pero mágica. En 'El héroe discreto' quedan cabos sueltos, uno de los personajes desaparece, repentinamente justo al final de la trama, sorprende que Vargas Llosa no sea capaz de cerrar el círculo.


Dicho todo lo anterior, por favor, leed el libro. No hay muchas ocasiones en los tiempos que corren de tener algo así entre las manos.