sábado, 17 de marzo de 2018

Crítica de los críticos... ¡Puff! Subidón

Bueno, una nueva faceta en mi vida...
Crítica de críticos. En este caso, de cine. De uno de los grandes, intocable, pero en sus horas bajas, estimo, porque mayores sandeces no se pueden escribir.

Para que sepamos todos de qué estamos hablando es imprescindible leer esta crítica suya: Pinchad este link.

Sin leerlo es imposible saber de qué va el rollo que paso a contar a continuación. Dejo también claro que yo no he visto todavía la película de la que habla. Pero como mi objetivo no es hacer propiamente comentarios sobre ella, me vale. Voy a criticar la crítica..

Película "María Magdalena", fecha de estreno en Madrid, 16 de marzo de 2018. Con la Semana Santa a la vuelta de la esquina y sobre el tapete uno de los personajes más misteriosos de la Historia. Hay estudios que demuestran/asumen que era una prostituta, de ahí la frase: "Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra" (Jn, 8). Otros llegan más allá y la convierten en la madre de los hijos del nazareno, con todo tipo de tramas más o menos solventes, que la trasladan hasta Europa, huyendo de las persecuciones romanas a los cristianos y protegiendo al retoño (o retoños) del dios hecho hombre. En esta película, parece ser, es una mujer de familia acomodada, que busca su lugar y justificación en el mundo. El Nazareno le viene de perlas.




Que fue importante para Jesús, es obvio, a ella le dio el privilegio de ser una de las primeras en verlo resucitado. Si verdaderamente resucitó, o bien era una forma de darle la relevancia histórica que merecía, poniéndola en un momento ficticio pero relevante del devenir del género humano, pues no lo sabemos. Yo ni me atrevo a aventurarlo. Pero que era imprescindible darle visibilidad, es algo incuestionable. ¡Ojo! Que aquí hay algo clave y trascendental para las sociedades que posteriormente se alimentarían de las ideas cristianas, las mujeres tenían y podían tener un papel en la sociedad, y sobre ellas podía recaer el peso de las decisiones. Ha tardado casi dos mil años en ponerse en práctica, pero con exclusividad en los países donde se practica la religión cristiana, por algo será. (Nota, esto no lo reconocerán los detractores de la Religión, como Carlos Boyero, del que ahora hablaré).

No diré más de María Magdalena, porque libros hay para aburrir, la modernidad nos ha llevado a un esquizoide e interminable análisis de todas las cosas, lo cual es bueno pero dispersante. Eso sí, que cada cual saque sus propias conclusiones.

Bien, vamos con la película y su crítica, publicada en "El País" el 16 de marzo de 2018. 

Primera conclusión que se extrae de su lectura, el que tiene fe es un demente y además súper mayor, porque los hombres de ahora (más listos y con más inquietudes, como la del cine) no pueden perder el tiempo en algo que es absurdo. No es compatible creer y tener una vida sana mentalmente.

Si María Magdalena hubiese sido una guarra, y la película hubiese ofrecido un espectáculo semi-porno, el film sería un testimonio de algo REAL, que demostraría que Jesús era un pervertido, sometido a los instintos humanos más bajos, lo que pondría en un serio aprieto su esencia divina. Porque los Dioses, no chingan ni nada. Son como los ángeles, anodinos. Igual que los creyentes.

Penoso documento, es pobre en su redacción, no sabe que poner, no habla de la película, ni de la fotografía, ni de los actores… Se acaba en tres líneas porque realmente cree que – al hablar de un tema de Jesús – no merece la pena prestar atención. Es mejor ir con prejuicios a tutiplen y así con cuatro sandeces cubre el expediente. Es Carlos Boyero, puede permitírselo.


Se contradice, dice que en Semana Santa hay que ir al cine, pero NO A UNA PELI COMO ESTA, eso no. Eso es caca pura.
Otra contradicción, los directores SOLVENTES, fallan automáticamente al hacer películas con temática de Jesús.

Textualmente: Y en los tiempos modernos se han volcado en la historia de Cristo directores tan personales y sobresalientes como Scorsese y Mel Gibson. Pero ni la tortuosa La última tentación de Cristo ni la naturalista y sádica La pasión de Cristo me conciliaron con este género.

Sólo se salva Ben-Hur… ¡Dios santo! Ben-Hur NO habla de la vida de Jesús, sitúa la trama en la época de su predicación, aparece en la película, pero él no es el protagonista.

Y por último, hay que apresurarse a publicar EN UN SITIO RELEVANTE, la crítica de una película de trama religiosa. Lo antes posible para echar toda la mierda posible sobre ella. Y quedar de progre. Leo "El País" habitualmente, y hace tiempo que no veía una película tan destacada en su página principal, de la que – encima – se habla mal.


Si tan simplón, torticero, dañino y soporífero es el mensaje de Jesús, ¿por qué hay que atacarlo y refutarlo continuamente? Si fuera lo que dice Carlos Boyero - soporífero - se hubiese extinguido hace centurias. Pero no ha desaparecido.

Con este análisis no quiero convertirme en la abanderada de la Fe. ¡Cielo Santo noooo! Cada cual a lo suyo. Pero me molesta la simpleza y la arbitrariedad en personas a las que se da voz, y que consideran que - por ello - tienen el derecho de despreciar categóricamente las más arraigadas bases del desarrollo humano. No quiero hablar de esto, es extenso y no es el momento. Sólo quiero dejar patente la importancia del pensamiento cristiano en Europa, y  - por extensión - en el mundo. Nuestra mente abierta, nuestro espíritu crítico, el colocar al ser humano por encima de todo, separar el poder secular del religioso, la incipiente igualdad de la mujer... Todo ello se nutre de las palabras que pronunció un judío hace dos mil años.

Que ha costado mucho conseguir un mundo extrañamente civilizado, es obvio. Que la Iglesia ha abusado sin rubor de su poder, innegable. Que hay muchos fanáticos en la religión, muchos peros en su desarrollo, ¿quién lo duda? 

Pero recordad siempre esta frase, 
"Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres"
Jn, 8 31-38

¿Cuál es la verdad? No sé, de eso se trata, de buscarla, para ser libres. 
Para comenzar, pensando por uno mismo.

Leed mucho.
M.









lunes, 12 de marzo de 2018

Huelga feminista, herejes y otros temas de candente actualidad en mi mundo de outsider

Ya sabía yo, lo intuía con la mera observación, que la nueva estrategia de dispersión mental iba a traerme grandes alegrías. Bien dicen los que se alimentan de ideas vacuas que no hay que renunciar a ser uno mismo. Pues sí, tienen razón. He batido records de visitas en este modesto blog, reflejando lo que yo soy, es decir, un compendio de sinsentidos e ideas peregrinas a cual más esperpéntica. También he recibido felicitaciones en mi mail, ¡puf! Subidón. Me muevo en una nube de felicidad, tanto que voy a dar un paso más y alcanzar la catarsis.
(Nota, por catarsis entiéndase seguir escribiendo e ir dando bandazos).


Coincidiendo con el 8 de Marzo, “Día de la Mujer”, me hago dos reflexiones. La primera la recogía ayer en mi cuaderno de notas, con motivo de la presentación de un libro. ¿Por qué siempre tengo que estar escuchando frases huecas que no dicen nada? La segunda tiene que ver con mi propia historia. Me acordaba de mi abuela, que el día 10 de marzo hubiese cumplido 109 años, y en todas las cosas que me dijo. Cosas, que han resultado ser verdad. Todo lo que escucho y leo sobre la situación de la mujer en el mundo, escrito por mujeres que no tienen ni cuarenta años, criadas en un mundo de abundancia y con increíbles medios materiales y tecnológicos a su alcance, carece de la sustancia mínima para ser tomado en serio. No hay soluciones en sus palabras, sólo contradicciones y lugares comunes. Pero, una mujer nacida en una familia humilde, criada en la España profunda, y con acceso limitado a los nudos del saber, supo darme consejos que me han formado como persona y como mujer, y que aun me valen y me guían. Esto, siempre lo digo, debe hacernos pensar. 

Sólo hay una verdad, da igual donde cómo y en qué lugar nazcas, la mujer es un mundo en sí misma. No necesita nada, excepto conocerse bien. “Guárdate todos tus secretos, y sigue tu camino”, en mi caso es el camino de la catarsis y los bandazos, pero también vale. 
El día que la mujer se convierta en un grupo excluído, como está siendo el caso, un grupo marginado por el que hay que luchar, deberemos someternos a otra tiranía. Y la nuestra, la de las mujeres, es letal. Es letal para nosotras mismas, porque no somos capaces de crear un mundo propio, un camino. Y luchamos para sobrevivir y triunfar en un cosmos tóxico creado a imagen y semejanza del macho, de sus necesidades físicas y hormonales. Para dejarse sentir, hay que renunciar a ser lo que somos, abandonar lo que nos hace felices. Y eso nos desviará del camino, aunque quizás no, porque no hemos escogido ni creado ninguno propio.

Y ahora diréis… ¿En que consiste el camino de la mujer? No lo sé. Pero sé en qué no consiste, a saber: 
+ Escuchar bromas fáciles tipo: ‘hoy a mi mujer le he dicho que no planche, por ser su día’ = penoso. 
+ Concentrarse en la puerta del trabajo, en una empresa que no discrimina y en un país donde legalmente el hombre es igual que la mujer, pero no acudir valientemente a denunciar los verdaderos casos de discriminación y abuso que sufrimos en el mundo. 
+ Usar los encantos femeninos cuando conviene y es menester, y luego tachar de machista a quien cae en la trampa. 
+ Hacerse feminista al envejecer, cuando las carnes caen y los encantos ya no sirven. Y tachar a los hombres de salidos. 
+ Sumarse por seguir la marabunta humana, sin reflexionar. 
+ Publicar en las redes sociales: 'Yo empresa X me sumo a la huelga feminista', con un objetivo únicamente comercial, porque mañana todo seguirá igual.

Total que ¡hay que seguir con la lucha! Pero, ¿cuál es la estrategia? ¿el objetivo? ¿qué pasa con las que quedan fuera? ¿con las que eligen otro modo de vida? ¿cómo se va a gestionar el cambio? ¿Qué tipo de planteamiento – de existir alguno – es el que debe prevalecer? 
De tomar el poder la más ultra-feminista, ¿cómo será el mundo después? ¿Las niñas no podrán pasear el carrito y el muñeco? ¿las 'progres' no podrán ser Reinas y vestirse con ropa de modisto mientras se miran de reojo en un espejo? ¿dejaremos de soñar con ser princesas? ¿no podremos leer el ¡Hola! y soñar con que nos piden la mano de rodillas?

Demasiados interrogantes, demasiada falta de reflexión profunda. Demasiada hipocresía.
Y de nuevo, pienso en mi abuela y en su silencioso caminar por el mundo, en su vida, y en sus enseñanzas. En lo que debemos a personas como ella y a la suma de sus actos y su inteligencia a lo largo de la Historia.
"Vive tu propia vida, no la de la marabunta".

 Y nosotras... ¡SÍ NOSOTRAS! Ya hemos nacido en una época donde esto es posible, sin necesidad de sumarnos a causas etéreas. Porque yo también, como Javier Marías, me harto de escuchar sandeces.


Y aquí ¡MAGIA! Ya es cuando cambio el registro y me pongo a hablar de la herejía… Así a priori, parece que no tiene que ver con lo anterior, pero ya veréis como al final no es tan dispar.
Ayer acabé de leer un libro editado en 1999. Entonces, hace casi veinte años, me encantó, pero quizás no supe sacarle todo el jugo. Volvió a caer en mis manos hace unas semanas, haciendo limpieza de estanterías, amarillo y deslucido. Abrí la primera página, y ha sido un no parar. ¡Ah! La novela es 'Q' de Luther Blissett. El autor no es nadie en particular, es un grupo de periodistas, activistas, artistas y seres pirados varios que - las cosas como son - escriben divinamente. Leyendo reseñas de la novela, he sabido que con ella pretendían crear un paralelismo con la sociedad actual, sus injusticias y sus malogrados movimientos para acabar con la desigualdad en el mundo. La realidad que siempre se pone de manifiesto, que el poder es adictivo, peligroso y - cuando está en la senda de la dominación total - incontrolable.




Todo comienza con la irrupción en la historia de Martín Lutero, de su herejía y sus "95 tesis", clavadas con rabia y con nefastas consecuencias para la historia de Europa, en la Iglesia del Palacio de Wittenberg el 31 de Octubre de 1517. No oculto mis aversión por los herejes, aunque confieso que lo que llegue a creer cada uno, me da absolutamente igual. Pero no dejo de notar, que el Gran Cisma religioso de la Era Moderna sólo ha traído quebraderos de cabeza. El libro - sin ocultar su opinión negativa sobre el poder de Roma y la religión en general - construye una historia veraz y contundente sobre el avispero que era Europa en el siglo XVI, y no se arredra a la hora de presentar a Lutero como un oportunista, cobarde, que se vendió a los príncipes alemanes, con pingues beneficios para él y su familia, y terribles tragedias para miles de infelices. 


Carlos I de España, el Emperador del Sacro Imperio, quería construir una Europa Unida, un bloque compacto y católico que hiciera frente a la amenaza turca. Debido a una leyenda negra de latrocinio y rapiña, de mezcla de sangres varias,  de infamias y mentiras, se vio bloqueado por enemigos acérrimos. Enemigos que - aun en 2018 - España tiene. Vamos a enumerarlos, jamás DE LOS JAMASES, un alemán, un nórdico, un inglés..., hubiese permitido que un latino, un español (aunque el emperador fuese más alemán que español) dominase el mundo entero. Eso era impensable, los príncipes alemanes tenían que encontrar algo que les diera la clave para ponerle freno. Lutero se lo puso en bandeja, creó una religión a su imagen y semejanza. "La fe nos salva, nuestros actos no cuentan", dijo el ex-monje agustino, y claro, ya con eso estaba toda rapiña, confiscación e intimidación resuelta.

Al segundo de los enemigos del Emperador, La Iglesia de Roma, le interesaba un montón que Alemania se desestabilizara. También desde Italia se veía con malos ojos a Carlos, su poder ilimitado, su procedencia. Tan contentos estaban con que aquello fuera un avispero, más cuando estaba detrás de su estrategia nuestro tercer y más feroz enemigo, Francia, estos ya se llevaron la palma. Por fastidiarnos, se aliaron con los herejes - sin rubor - y ¡CON LOS TURCOS!. Les parecía preferible que Europa fuese invadida por los musulmanes, antes de que España dominara el mundo. Increíble. Lo de nuestros vecinos ha sido de nota. Ahora son católicos, para flipar.

El avispero en cuestión se les fue a todos los contendientes de las manos. Y eso es lo que demuestra la novela. Que al final, el poder, el verdadero Dios que teje los hilos del mundo, permanece inalterable y maneja a su antojo a los actores de quinta que se deciden a entrar en el escenario. Hay algunos que - mostrando cierta grandeza - se dan cuenta y se vengan a su manera cuando ya está todo perdido. Pero son los menos.

En esta catarsis colectiva, aparecen los predicadores, los visionarios y los que creen que sus ideas son la pera y que - así de repente - todo cambiará. Los hombres serán más libres, todos compartiremos el mismo pan, todo será felicidad, el dinero desaparecerá, no habrá 'Señores', ni ricos, ni pobres. Olvidando, así para empezar, que el ser humano no tiene remedio y que está sujeto a los más terribles instintos. 

Como iluminados hay siempre, más cuando escasea el pan, y aprovechando las ideas de Lutero y otros intelectuales más o menos solventes, aparecieron grupúsculos que afirmaban con rotundidad, que la culpa de todo la tenían los Príncipes, España, la Iglesia Católica y los comerciantes ricos que los explotaban (¿os suena?). Y se unieron con el objetivo de crear ciudades libres, donde todo era libertad y felicidad. Al principio la cosa parecía que funcionaba, pero luego... No fueron los Príncipes los que los destruyeron, fueron ellos mismos. Convirtiendo el Nuevo Reino Celestial en un concierto de muerte y destrucción, mientras lo 'poderosos' seguían a lo suyo. Con el rumbo bien claro.

Todos los visionarios con ideas grandilocuentes han acabado mal. Pero no porque los malos fueran con un garrote a darles en la cabeza, lo cierto es que se han aniquilado sin ayuda externa. Por eso no quiero que las mujeres se conviertan en una masa de seres vociferantes que redactan manifiestos oportunistas y que predican un mundo inalcanzable. En la cúspide de ese nirvana femenino se colocarán líderes letales, alimentadas por opúsculos sin sustancia. No quiero ser eso, no quiero ser una masa vociferante. Quiero sacar mis propias conclusiones de las cosas, no como parte de un movimiento de lucha.

Porque ser mujer, tal y como predicaba mi abuela, no es una lacra, es un privilegio, un honor y una aventura.

Acabo con Carlos I en el Monasterio de Yuste, el hombre más poderoso del mundo, tal vez uno de los que más poder han ostentado a lo largo historia, retirado del mundo. Tal vez se sintió derrotado, no lo sé, pero yo creo que su objetivo era otro, era construir un universo, el suyo, lejos de intrigas y de mentiras. Al final de su vida se dio cuenta que los triunfos no se cuentan por las banderas de los vencidos, sino por la sencilla observación de todo lo estupendo que nos rodea. Gran lección la del Emperador. Al final ganó la partida a todos.

Dedico este escrito a mi abuela en su 109 cumpleaños. Algunas de estas ideas y una parte de lo que soy, son obra suya.
Leed mucho.
M.






lunes, 5 de marzo de 2018

Un año más, ARCO entra en nuestras vidas...

Un año más, ARCO entra en nuestras vidas... Con todo lo que ello conlleva. Comenzando con el estilismo de LetiZia, que siempre da que hablar. Este año, apostando por el rojo pasión, color de España y su protesta muda ante los ataques de nuestros enemigos internos. No suelo alabar a la Reina, porque me parece demasiado ficticia, pero aplaudo su decisión y la pongo como ejemplo de sutileza e inteligencia femenina. 

Bien, pues nada, con mi entrada de Profesional en el mundo del Arte, y sin miedo a nada, ni prejuicio alguno - ni estético, ni político -  he entrado en el santuario del Arte Moderno, ARCO, quede este dato para la Historia Universal. Poniendo el acento en el aspecto estético, y con el objetivo de mimetizarme con el entorno, me he calzado unas zapatillas de deporte de color estridente y un abrigo de imitación de piel de leopardo, así por darle un toque adecuado a mi presencia en ARCO, lástima que nadie se haya dado cuenta.



Tras franquear las puertas y con aire de desenfado, gafas fashion y mirada incisiva, he comenzado a pasearme por los stands de los galeristas, teniendo claro lo que quería ver, a saber, obra de arte que incluya 'materia prima', entendiendo por este concepto, sustrato entendible y analizable. No una bazofia de mensaje torticero y obvio con el que el artista pretende descubrirnos lo obvio.



¡Hijo mío! Si el dinero es falso y acuñado por un Estado ficticio, sólo te queda irte a vivir a una ciénaga, como hizo Henry David Thoreau, y comer saltamontes en salsa de cieno. No se te ocurra exponer en una Feria de Arte que no esconde su amor por el Capitalismo y su deseo de vender obras a gente que tiene dinero. Que - como es obvio, natural y sabido - son magnates que dan forma a los Estados ficticios. Hipocresía en estado puro. Huir y salir corriendo me parece poco. Lástima que no pueda, porque tengo que parecer calmada, entendida. Las gafas fashion no puedo quitármelas, es parte del show. Confieso que he entendido tarde el juego, y así me ha ido, es decir, se trata de mentirnos unos a otros y ser lo que no somos.

Viendo este mensaje escrito en letras doradas - imagino que como parte del atrezzo de la obra - me pregunto si verdaderamente ha habido censura en ARCO. Ahí dejo la reflexión y de paso cuelo la mía. Un "artista" llamado Santiago Sierra, expone 24 retratos pixelados de personajes públicos completamente reconocibles. Acompaña los dibujitos en cuestión con la leyenda de "Presos Políticos". Como me he desentendido de la prensa desde que comenzó la performance catalana, no conozco bien los nombres, excepto el del pelambrón de Puigdemont, pero vamos tres de ellos son políticos catalanes acusados de sedición, uno a la fuga y otros en la cárcel. El castellano o español, es una legua inmensamente rica en matices, simplemente con escribir "Políticos Presos" el mensaje cambia radicalmente, pero se trata de provocar, no de alumbrar una obra maestra. Se trata de tener un momento de gloria dentro de una atmósfera de vacuidad. Hay que producir novedades a cada minuto, sin pausa. Y tener la suerte de que los comisarios de las ferias, mediocres y poco duchos en la cultura de masas, te retiren los cuadros haciéndote el favor de tu vida. Nuestro Santiago Sierra ha tenido ya su minuto de gloria efímera. No creo que consiga más. La era del arte provocativo ha pasado, la crisis la ha barrido. El ARTE se ajusta al Mercado más de lo que los artistas - con sus entendederas cósmicas escritas en letras doradas - perciben. 

Es más, la época del arte provocativo es tan vieja que aburre, ya Duchamp nos colgó el urinario y algún tonto cayó extasiado mientras él se moría de la risa.

Toda iniciativa privada (si logra hacerse un hueco a gran escala) acaba en manos públicas. Momento en el que es devastada. Ese es el debate, la inelasticidad del pensamiento público y su NO necesidad de justificar sus actos. No si es adecuado retirar una obra de arte que no es tal. Vamos, que es una caca pura.

Bien, ahí queda mi opinión. Conste que este rollo descrito anteriormente lo anoté a mano en una mesa mientras tomaba un café rodeada de cuadros y montajes imposibles.

Ahora planteo un idea, y si - en vez de poner fotos pixeladas - el artista hubiese moldeado con sus manos las cabezas, y las hubiese colocado en una superficie plana simulando cabezas cortadas...



Como obra de arte, pues sinceramente, da susto. Pero al menos existe una materia prima, un talento a la hora de dar forma a una parte del cuerpo humano. ¿Alguien colocará esto en su casa? Otro punto a reflexionar. Imagino que si las cabezas son intercambiables, es decir, si un día pones a unos delante y a otros detrás, en función del cariño que les vayas cogiendo, la obra tendrá más venta. A mi, así a priori, el de la barba negra me cae mal, no se sabe si tiene los ojos cerrados o abiertos. La señora que está a su lado, es como grimosa, una mezcla entre Santa Catalina de Siena y la Reina Victoria de Inglaterra. Pero sí, podría pasarme horas moviendo las cabezas y buscándoles parecido. Lástima que no preguntase si tal cosa era posible, y si - para darle un toque de color a esta obra algo funesta - podía intercalar unas velitas de colores entre cabeza y cabeza. ¡Así, por la noche! Antes de meterme en la cama.





Yo - Minerva - daría comienzo al nuevo "Arte conceptual-intercambiable de combinaciones infinitas". Guaaauuuu... ¡Qué vértigo!

El siguiente paso es hacerme oír, y - para lanzar un mensaje claro de que es necesario escucharme - colocaría alrededor de mi nueva creación, unos audífonos gigantes. Sin filtros, sin mensajes subliminales.  Primero intercambio cabezas, luego las ilumino y - posteriormente - me hago notar. ¡Y sin imágenes de sinvergüenzas en juego!




Un genio, soy un genio... Reconozco que me siento como pez en el agua. Me gusta ARCO, no por ello voy a privarme del placer de divertirme e imaginar. Es un hecho que hubo unos años demasiado extremos, demasiado absurdos, yo diría que entre 2005 y 2012. Obsesión con el desprestigio de la religión, aderezado con mensajes torticeros y obvios. Pero en los últimos años veo obra más interesante, que brinda la posibilidad de dejar volar la imaginación. Cuadros que compraría si, en vez de llevar unas gafas de plástico y un abrigo fabricado a base de despojos de petróleo, luciera un modelito de Prada y unas grandes gafas de Chanel. Pero claro, con lo del mi faceta de creadora del "Arte conceptual-intercambiable de combinaciones infinitas", puede que mi suerte de un giro radical y tenga que quemar el abrigo de mezclilla y decir que yo NUNCA imaginé que movía cabezas de cera de un sitio a otro. El hombre - como el arte - tiene que reinventarse en función de los vientos que soplen.

Mi cabeza no para de darme ideas.... ¡Se me acaba de ocurrir otra para completar la obra de las cabezas!! Ver los cráneos cercenados, lleva a preguntarse dónde están los cuerpos. Nada, muy sencillo, chamuscados y metidos en unas vasijas, que colocamos alrededor de la mesa... Simulando vasos canopos, como los que usaban en el Antiguo Egipto.

Haciendo juego con las velas. ¡Interesante! Sin duda...

Por cierto... 
¿Alguien sabe que es esto?




Después de todo llego a la conclusión de que ARCO es un ente vivo, ágil y expresivo. Quizás mejor que ir a un Museo, estático e inmutable.
Pensad por vosotros mismos.
M.






domingo, 25 de febrero de 2018

Dispersión mental y otras reflexiones recurrentes del puritanismo inglés en el siglo XXI.

Creo que voy a seguir en la línea de la dispersión mental, me gustó un montón la idea, el resultado final y cómo así meto la cabeza en la senda de las bloggeras influyentes. De vez en cuando - por compararme con otras 'influencers' - leo sus blogs, y creo que voy en la senda del éxito. Mezclan cosas sin criterio y usan frases chispeantes y con doble sentido (no se sabe si ellas mismas saben cuál es la doble lectura en cuestión) muy en la honda de lo que yo quiero transmitir. Ellas hablan de zapatos, vestidos, moda y viajes. Que diseñan otros, claro. Pero en eso nos parecemos un montón, porque yo también escribo sobre libros que escriben otros. Al no ser yo una integrista e intransigente sobre lo que es arte o no lo es, sobre lo que debe escribirse o no, creo que los motivos que nos mueven a estas famosas y a mi es exactamente el mismo. Lástima que la gran mayoría de hablantes de español no lo vea así y yo no pueda vivir de esto. 

En lo que difieren sus puntos de vista de los míos es el ambiente en el que nos movemos día a día. Ellas van a fiestas, redacciones de revistas de moda, entrevistas y otros saraos en los que les dicen que son lo más grande del universo y les regalan ropa que ellas muestran en sus blogs, describiéndola con todo lujo de detalles - imagino que cuando se atasquen en la redacción alguien más avispado les dará un empujoncillo - nos muestran una realidad de fábula, a la que sólo acceden personas contadas con los dedos de una mano.

Yo, por el contrario, me levanto bien temprano cada mañana para ir a trabajar a una empresa que cotiza en el Ibex-35, donde - si me descuido - me despellejan viva, donde nadie me dice que soy maravillosa, más bien lo contrario y donde - si supieran que tengo un blog y que me gusta ir a exposiciones y leer libros raros - me invitarían a largarme. La dispersión mental está muy mal vista. Siendo la tónica general el sopor y las lindezas del 'pensamiento único', concepto etéreo que nadie sabe bien de qué va, pero al que conviene alinearse, no vaya a ser... 

Así expuesto, y sin un análisis minucioso, afirmaríamos que las 'influencers' son felicísimas y yo un pozo de amargura. Pues parece ser que no, porque no paran de suicidarse, caer en depresiones raras, alcohol y drogas. Claro, viven en un mundo de mentirijilla y cuando las carnes se les caen un poco, las mandan a freír espárragos, yo no tengo ese problema. Da igual como esté mi cuerpo, lo importante es disimular que sigo el pensamiento único. 

La diferencia entre ser adulada y estar siempre en el punto de mira para el despelleje, es que esto último genera en ti tales dotes de observación, que - por muchos libros que hayas leído - no logras hallar paralelismo en historia alguna, por muy asombrosa que esta sea. 

Recordando términos estadísticos, diríamos que el tamaño de la muestra es totalmente relevante para explicar el comportamiento de la población. Nada de lo que sucede en el Planeta Tierra me sorprende, NADA. Ni lo malo ni lo bueno. Ni lo obvio ni lo extraordinario. Esa visión que yo tengo, no la perfeccionan mis competidoras las 'influencers', eso sí, ellas tiene millones de seguidores y yo cientos. Pero no les guardo rencor. A mi envejecer no me resta seguidores, se mantienen estables, a ellas sí.

A las mujeres nos encanta despellejarnos vivas, por eso yo ahora supuro odio hacia esas mujercillas que publican rutinas de entrenamiento y lucen culos duros, mientras yo soy un despojo andante y me paso el día delante de un ordenador, con posturas que me destrozan la espalda. Casi todas ellas - encima - suelen tener algún flirteo con un futbolista... ¡Nivelazo intelectual del bueno! Entrada va, entrada viene en sus blogs y miles de seguidores apoyándolas. 

En esto nuestros enemigos los angloparlantes son peor. El inglés es un incubo de publicaciones - digitales y en papel - de lo más estúpidas. Todo para ellos es 'Awesome' 'Magnificent'... Lo nunca visto, vamos. Pero en realidad es todo una caca fina sin sustrato alguno ni nada aprovechable. Aquí - ATENTOS - ya se puede ver que el mundo no va por la senda correcta.

Bien, fiel a mi estrategia de dispersión, hablaré de Jane Eyre. ¿Qué tiene que ver con todo lo anterior? Nada, absolutamente nada, ahí está la gracia, la estrategia de ir dando bandazos sin criterio. Por cierto, inciso, el otro día me comentaba un amigo que se está leyendo 'En busca del tiempo perdido' (en francés, los siete volúmenes), que Marcel Proust, uso esta técnica para dar forma a semejante truño (perdón, obra literaria) y me entró un subidón grande... Definitivamente estoy en el camino del éxito. Yo reconozco que no he pasado de la mitad del primer libro, pero ya noté que Marcel hablaba de una cosa y otra, de sus vivencias, así al tuntún, y esta magna obra ha pasado a la Historia de la Literatura. No aspiro a tanto, pero envidia me da.



Hay novelas inolvidables que no lo son tanto, su éxito es un cúmulo de circunstancias que pasan de puntillas sobre el verdadero contenido, la trama o el estilo. Tal vez sea una osada, pero Jane Eyre me parece una de ellas. Por partes, lo que me parece sobresaliente es la sensibilidad y el encanto que emana de cada una de sus páginas, cómo transmite la capacidad de superación de Jane, su constancia y su optimista reacción ante la adversidad.

Lo que me parece menos sobresaliente es la relación trama/protagonistas. Tengo la sensación – la final de cada capítulo – de que falla algo, de que todo es muy obvio y le falta algo de intensidad. Es sutil en los detalles, pero no están inmersos en un argumento rotundo y bien contado. Lo que rebela a las claras, que poseía un indudable talento, pero no dispuso de todos los medios que hubiese necesitado para explotarlo. Charlotte Bronte era autodidacta y no muy rica. No había educación para las mujeres, ni existía internet. Si hubiese sido ahora, sería una influencer. ¡Lástima!

El argumento es muy simple, huérfana de padre y madre es criada por una tía malísima y cruel. Para deshacerse de ella la envía a un internado y desde ahí – ocho años después – da el salto trabajando como institutriz en la mansión de un noble rural inglés. A partir de ahí, sorpresas, desengaños e ir y venir de chasco en chasco. No en vano la casa de su Señor se llama ‘Thornfield’, campo de espinas. No cuento más, da igual, porque la historia es conocida. Típica de su tiempo, hay hasta fantasmas, que luego son de carne y hueso. Arrepentimiento, puritanismo y un azar que juega a favor de Jane. Todas las heroínas de las novelas inglesas del siglo XIX acaban ricas por una razón u otra. Así pueden casarse libremente con sus galanzotes, que - indefectiblemente - ocupan una posición social más elevada que ellas. Esto es inmutable. ¿Qué pensarían - si lo leyeran - las feministas recalcitrantes del siglo XXI? Imagino que quemarían los libros y los criticarían sin piedad. Pero no leen y que sustentan sus opiniones en lugares comunes. 

Sobre este tema, la situación de la mujer en el mundo, su marginación, su debilidad ante al apabullante fuerza y maldad del hombre, podría escribir sin parar. Estoy abrumada por tanta muestra de solidaridad con las mujeres. Nunca en la historia habíamos llegado a un punto como este. Tan álgido, tan candente. Las mujeres - históricamente maltratadas y vilipendiadas - comenzamos a agitarnos y a tener nuestro lugar en la Historia. Me pregunto, no obstante, qué tipo de papel es que nos tienen reservado las élites pensantes que nos dirigen. A qué tendremos que renunciar, y qué camino será el nuestro. No es que me preocupe, pero no deja de inquietarme. Por si alguien no se ha dado cuenta, creo que es obvio, el mundo occidental de tradición cristiana (el que más conozco, me niego a decir sandeces sobre el Islam o el Budismo, por ejemplo) está creado y concebido por hombres. Si existieron sociedades matriarcales, no queda ni rastro de ellas. Y ahora, para ascender en la pirámide social tienes que comportarte y aceptar unos valores claramente masculinos. ¡Por Dios! Yo me niego a eso. Acepto de buen grado la igualdad legal que nos ha brindado el progreso, pero de ahí a sentirme realizada dirigiendo cotarros y tinglados montados por hombres, va un mundo, un universo infinito. Y se me juzga por ello, a cada paso. Cuidado que esto es peligrosísimo.

Si tengo que elegir entre ser Jane Eyre o Ana Patricia Botín, no creo que eligiera a esta última. Y eso que Jane no acaba de caerme simpática, ni comulgo tampoco con su puritanismo, pero es valiente y honesta. Si la decisión está entre la mencionada Ana Patricia y alguna idiota que escribe sobre moda en un blog absurdo, desde ya, prefiero ser la 'influencer', así de sencillo. Ella, en su universo de fantasía y color no lucha para ganar en una realidad paralela que no ha inventado, que no es la suya. 

Dispersión de ideas, dispersión de mujeres. Pensad cuál de ellas se ajusta más a vuestra concepto de ideal alcanzable. 

Leed mucho (incluido el ¡Hola!) y sacad vuestras propias conclusiones.
M.




lunes, 29 de enero de 2018

Feliz con mi dispersión mental....

Felicísima estoy. Como una perdiz en pleno vuelo. Resulta que hace una par de semanas, aquí en Madrid, representaron una obra de teatro que duró 24 horas y hubo de todo, sexo, improvisación, violencia... Y lo que se les iba ocurriendo sobre la marcha. Todo ambientado en el Monte Olimpo, porque son los dioses - malísimos - los que se tomaban estas libertades. Y los hombres, como en realidad son actores haciendo de dioses, eran eximidos de toda culpa ante el esperpento.

Yo tan contenta, porque ahora daré un paso más en mis creaciones literarias sin que nadie me diga que estoy dispersa y que peco de incoherencia. ¡Resulta que es tendencia! Hay gente que se encierra durante 24 horas y duerme en el suelo, para ver una obra de teatro en idiomas varios (exceptuando el español), que no puede soportar del truño que es y sale tan contento del teatro. La prueba está en que sólo un individuo logró aguantar la tortura mental y corporal del evento hasta el final. El resto salió por patas, alabando sin rubor lo original de la puesta en escena.

Este episodio de la vida invernal en Madrid, me da pie a permitirme la licencia de mezclar arte con bares de tapas, moda con asuntos planetarios y literatura con psicología de pacotilla, sin que me remuerda la conciencia, ni piense que estoy haciendo algo estrambótico y falto de sustancia. La sustancia está en lo insustancial, en lo transgresor, en el tontuno puro y duro. Un cuadro de Van der Weyden no tiene nada de particular, un imbécil sodomizando a otro en un escenario emulando a un dios viciosón, sí. Pues nada, a no desentonar.


Ahora, cuando tras un paseo matutino, entre al Museo del Prado y me dedique a contemplar el cuadro de "El Descendimiento", alejaré de mi mente lo trascendental, lo geométrico, lo piadoso, lo virtuoso, la combinación de colores y lo sublime. Imaginaré un escenario diferente, el de una Virgen María que no se desvanece dejando su túnica azul a merced del gesto, sino que debajo de su ropaje, esconde a una viciosa que arde en deseos de fornicar con San Juan, que la sujeta, pero que sólo piensa en drogarse y arrancarle la túnica, si se les une María Magdalena, mejor que mejor. No pensaré en uno mundo lejano y espiritual, sino en uno presente, diverso, espontáneo, libre. Y yo - que soy dispersa por naturaleza - me imbuiré de lleno en él. Sabiendo que las cosas - cuando conviene - se mezclan sin rigor, y que eso es lo adecuado, lo moderno. Que hay ciertas líneas de pensamiento que son las que valen y que - las otras, las antiguas, las que nos han ayudado a ser como somos y pensar como pensamos - hay que destruirlas.

¡Pena que no dejen entrar al Museo cuchillos y pinturas! Porque - ya de paso - podría destruir el cuadro. Este y otros. Son un peligro. Podrían intoxicar nuestro intelecto con ideas antediluvianas y perniciosas.

Ahora en serio, me pregunto si siempre es necesario provocar para triunfar. El motivo por el cual, cuando ves el mundo como una globalidad equilibrada, colocando cada pieza en su sitio con un sigiloso respeto, eres un bicho raro. Construimos emociones intensas, pero tan desprovistas de sensatez que resultan anodinas, y no dejan huella alguna. Dentro de cien años, masas de turistas y no turistas, seguirán contemplando "El Descendimiento", pero no creo que busquen referencias de esperpentos provocativos. 

Algo injusta sí estoy siendo, porque yo no vi la obra, y no puedo opinar, además confío poco en las reseñas periodísticas. Podéis - si vuelven - ir a verlos actuar, yo no creo que vaya. Mientras me iré a ver la exposición de Mariano Fortuny en el Museo del Prado. Mucho más interesante e instructiva. 

¿Veis? Pongo en práctica la dispersión transgresora, ahora estoy analizando la pintura de Fortuny, así de repente, sin venir a cuento. Al grano. Hubo, durante los siglos XIX y XX, dos corrientes de artistas e intelectuales en Cataluña (ahora no hay ninguna, porque se han vuelto majaras todos), unos muy catalanes (Gaudí, por ejemplo) y otros muy españoles, amantes de todos los topicazos patrios, la gitana, el anís del mono y los toros. Ramón Casas, Miró o Dalí, estarían en este grupo. A Miró se le nota poco, porque como le dio por pintar cosas raras, resulta más complicado pillarle el momento torero, pero el pobre, harto de escuchar sandeces salió por patas de allí y no quiso saber nada de la tierra que le vio nacer. ¡Si viviera ahora fliparía!

Dentro de este último grupo, también estaba Fortuny. Nacido en Reus en 1838 y formado en Barcelona, se vio alejado del 'devenir catalán' por una participación directa en la historia de España del siglo XIX, fue corresponsal en la Primera Guerra de Marruecos (otra contienda en la que no se nos había perdido nada, pero en esto no me voy a meter) dentro del regimiento del general Juan Prim, y allí captó perfectamente dos cosas, una la luz y el exotismo de aquellas tierras (a las que volvería, ya en tiempos de paz), y dos la chapuza y quijotismo que acompañan siempre a los españoles, pero a él le agradó y se sintió perfectamente identificado. Ayudó, claro, que se casara con una hija de Federico de Madrazo, que entre sus amigos cercanos se encontrasen figuras literarias y artísticas como Pedro Antonio de Alarcón o Eduardo Rosales y que viajase por Europa, lejos de la contaminación mental patria. Esto último, no se puede aguantar... ¡Qué especímenes han poblado y pueblan la Península Ibérica! Que ha habido hombres y mujeres brillantes, no lo duda nadie, pero que no les han dejado brillar, eso es un hecho... ¡Lástima que a mediados del siglo XIX no hubiese representaciones teatrales como 'Monte Olimpo'! Todo hubiese sido de otra manera. Los catalanes habrían representado el papel de los dioses viciosones que observan todo con hilaridad prepotente, y hubiesen acabado sumidos en una nube de sopor divino, compuesta de drogas, mentirijillas y alcohol. 

Nosotros, los castellanos, dormiríamos en la platea, asistiendo con cierto estupor a las polladas que nos representasen desde el escenario, hablando los actores/dioses en catalán. Esto si que no se duda, lo dioses hablan y entienden todos los idiomas, hasta las lenguas muertas, por eso son dioses.

¡No no no! No me estoy dispersando, es la transgresión, lo audaz...

Afortunadamente Fortuny no se encontraba en el grupo de los actores/dioses, era humano y un excelente pintor. Inmenso. Lástima que muriese a los 37 años. 

Cualquier pintor del XIX en el que podáis pensar, no es ni comparable con él. Es sensible y penetrante. Capta con singular agudeza la luz. Domina la perspectiva, y consigue - con su pincelada suelta, dotada de su propio concepto velazquiano - un efecto suave y armonioso, como flotante. Es un grande entre los grandes, ningún pintor francés de la época, de los que - según los sabios - marcaron la senda de las vanguardias de principios del siglo XX, le llega ni a la suela del zapato. 

Es una afortunada mezcla entre el academicismo del XIX y una incipiente deriva impresionista de juegos de color. Yo creo que se debe a dos razones, su total dominio de la perspectiva y la inclusión de su propio bagaje personal en la temática de sus obras. Al ver sus cuadros, no te abandona la sensación de que quiere/necesita romper el cascarón de la linea cerrada y la precisión académica, pero - por causas que nunca sabremos - no quiso hacerlo.



Como buen admirador de Velázquez y Goya que era, no hay temática religiosa en su pintura. Por eso, no estaría en el escenario de los Dioses del Monte Olimpo. 

He aquí mi - breve - análisis. Por favor no perdáis la oportunidad de ir al Museo del Prado a ver la exposición.

Leed mucho y sed transgresores.
M.



sábado, 27 de enero de 2018

Los tipos raros e incomprendidos...

Siguiendo con mis razonamientos intrascendentes - entendiéndose aquí el término 'intrascendente' como un conjunto de ideas que no llegarán a ninguna parte, ni provocarán cambio alguno en el pensamiento universal - me propongo dar una clase magistral sobre los individuos/as raros e incomprendidos que, con el tiempo, llegan a ser considerados genios. No llegará a ser mi caso, aunque me gustaría. 

Lo diré ya, la lectura de best-sellers tipo 'El Fuego Invisible', me dejaron turulata antes de las Navidades, las Fiestas me han atontado más, y el comienzo de la Cuesta de Enero y los tópicos que escucho a todas horas, han contribuido a no conocer ya ni mi nombre. Estoy en un laberinto oscuro, y no quiero ver la luz al final del túnel, porque tal cosa - ya sólo de pensarla - da miedo. Seguiré con mis anacrónicos pasatiempos y continuaré con las terapias para disfrazar el ruido que me rodea. Ya me veo con un trajecito largo y unos bucles tapándome las orejas, como su fuera Jane Eyre. ¡Qué bonito!




Reconozco que este tipo de libros 'top ventas' me aburren un poco, ya manifesté aquí que no les niego cierta capacidad didáctica, pero la redacción y el uso del vocabulario me parecen muy pobres, resultándome en ocasiones soporíferos. El lado bueno es que provocan en mí una necesidad perentoria de devorar literatura de la buena, para resarcirme de la pérdida de tiempo y para engañarme con que yo sería capaz de escribir algo como Jane Eyre, Fortunata y Jacinta, Ana Karenina... Y no como 'El Código da Vinci', aunque en realidad no soy capaz de abordar ninguno de los dos conceptos literarios, ni algo intermedio, ni dar un sentido coherente a una historia una vez me siento a escribirla. Me conformo entonces con leer buenos libros, a ser posible bien traducidos.

Lo sorprendente de leer un libro como 'Washington Square' de Henry James, es que - aunque conozcas perfectamente la historia y su desenlace - te engancha y te absorbe el tiempo que te tomas para saborearlo. Está tan bien escrito, desmenuza tan bien la psicología de los personajes, su entorno, como sus diferencias y peculiaridades conducen a una trama que es específica y particular por ser ellos como son, que no dejas de pensar que el escritor es una mezcla de psicólogo, crítico social y mago de las palabras. Galdós es superior, sin duda, pero el castellano es una lengua más rica que el inglés, que va directamente y sin ambages al meollo del argumento. Con lo cual, siendo menos intenso, puede resultar más delicioso e instructivo a ratos.

"Washington Square" narra la historia de una muchacha rica, pero con pocos atractivos sociales. Si bien al principio del libro parece tonta de remate, con el paso del tiempo se convierte en alguien más reflexivo y con un conocimiento de todo muy superior al de las mentes más hábiles que le rodean. Lo que me lleva a pensar que - una vez alcanzada la edad adulta de forma brusca tras un chasco monumental - excusada de tener que cumplir con las rígidas etiquetas sociales por lástima, alcanza su plenitud. Porque - a los raros - les va mejor cuando los dejan en paz. ¡Qué manía con querer enderezarlos! 

La sociedad de Nueva York a mediados del siglo XIX no dejaba de estar teñida de puritanismo e hipocresía (como repito una y otra vez). Cada cual debía ocupar su lugar y cada cual debía juzgar con dureza a los otros, aunque su acciones en el pasado hubieran sido similares a las que condenaban. El ser humano es así, no tiene remedio. Como entonces no había ayudas sociales a fondo perdido, ni se espoleaba a las masas con frases huecas que permitieran vivir a cuatro listos del cuento y el esfuerzo de los demás, el que nacía o se convertía en pobre tenía que buscarse la vida como podía. Ahí aparece nuestro buscavidas, el otro protagonista de la novela, Morris Townsend. Dos segundos le bastan para darse cuenta que vivir a costa de la riqueza de Catherine Sloper es una apuesta segura. Un cazafortunas con cierta cultura y mucho encanto. Ella - tened en cuenta que la edad del matrimonio entonces estaba entre los 18 y los 20 años -  una niña inexperta pero impulsiva que cae fulminada por el amor. 

¡Qué estupendo todo! ¡Qué maravilloso es el amor en todas sus facetas! Incluyendo - claro - la atracción sexual. La pobre Catherine no vive de la emoción, pero siempre hay un malo y un tonto que lo fastidian todo. Otro topicazo que desgraciadamente se cumple con matemática precisión. El malo es su padre, el doctor Sloper, la tonta su tía, Lavinia Penniman. Letal mezcla de cabezas pensantes y no pensantes que acaba en desastre. Hay momentos en los que no sabes si su padre intenta protegerla o fastidiarle la vida. Al final del libro, la conclusión es que buena persona no es, es más bien un déspota metomentodo que considera a las mujeres como seres insulsos y con necesidad sometimiento a rígidas normas. 

Haré una reflexión en este punto, un ser humano almacena vivencias y sensaciones, pero son suyas, específicas. ¿Por qué hay que imponérselas a los demás? ¿Por qué cuando eres padre, madre, jefe, cargo de cierta relevancia pública o privada tienes que machacar sueños con tus ideas? Hay una diferencia abismal entre gestión e invasión. Y aquí llega mi llamamiento universal en defensa de los raros y los que no comulgan con los pequeños teatrillos en los que actúan cada día. Chicos/as... ¡La historia me da la razón! Los más extraños e incomprendidos, han resultado ser los más influyentes, transgresores y maravillosos habitantes del planeta. El propio Henry James fue algo friky, no acabó de encontrarse en ningún lugar ni con nadie. Pero el tipo, fijarse en las cosas se fijaba y escribía historias donde el lelo es al final el más perceptivo y el que - llegado un momento - adquiere tal conocimiento de lo que puede esperar de las cosas, que ni se molesta en cambiarlas. Aceptando todos los castigos impuestos con ironía y desapego.

Creo que - si leéis el libro - os sentiréis algo identificados con la trama y adoraréis a Catherine Sloper, a pesar de que viviese en la ficción hace casi doscientos años. Su vulnerabilidad no consiste en ser ignorante o débil, más bien se debe a que en un determinado instante de su vida, avaricia, egoísmo, despotismo, hipocresía y maldad se confabulan contra ella.  Sólo por salir victoriosa a su manera, merece un lugar entre los personajes literarios más relevantes. Como heroína de una lucha silenciosa que se libra cada día por millones de personas.

Y ahora, a salir a la calle disfrazados de Darth Vader, o sabe dios. Recordad, la mayoría no siempre tiene la razón. Los que no se parapetan tras la ironía y el humor (como dijo Eduardo Mendoza en su discurso de entrega del Premio Cervantes) son muy peligrosos, y sólo contemplan la vida desde la escena en la que ellos actúan.

Leed mucho.
M.






sábado, 13 de enero de 2018

La hipocresía... Y Emma.

Al paso que llevo, no me hago rica. Es más, cada vez soy más pobre. Repasando mis actividades diarias puedo resaltar:

1.- Ir a trabajar. Por si algún compañero, coleguilla de trabajo me lee, omitiré mi opinión sobre este particular. Aunque parezca increíble (a mí lo parece al menos) hay personas a las que les gusta ir a un polígono y encerrarse durante ocho horas en un edificio sin luz natural, oyendo sandeces y constatando que la pesadez humana no conoce límites. He hecho terapias varias, meditación budista (en serio) y otros remedios como cambiar el diálogo interno, sin que nada haya dado resultado. Es más, al engañar al cerebro con frases como "¡Qué bonito es todo esto!", he sufrido terriblemente, teniendo que añadir a mi propia hipocresía, el sopor infinito de lo inexcusable. Conclusión, una auténtica ruina intelectual y pérdida de tiempo.

2.- Estudio idiomas varios, esto sí me produce un deleite jugosón. Y se me da bien, pero claro, no me da dinero, más bien me lo gasto yo en clases.

3.- Varias veces a la semana doy paseos focalizados por los Museos del Prado y Thyssen-Bornemisza de Madrid. Focalizado quiere decir, que - como pago una cantidad anual por entrar a los Museos siempre que quiera -  puedo ver una o dos pinturas, tirarme un rato largo mirando en plan interesantón, ladeando la cabeza como una gran entendida, y largarme tranquilamente. Otra actividad ruinosa. Sólo pago por ver y saber, luego tengo que poner en orden mis notas, notas que no servirán para nada, y que, cuando choquemos con un meteorito, se volatilizarán en el Universo. 
4.- Lectura sin freno con su correspondiente reflejo en este blog. Otro fiasco. Este es ya mayúsculo. Últimamente mis exiguos seguidores me atacan duramente. Que si soy demasiado crítica, que me creo más lista que nadie, que es difícil seguir mis razonamientos, que los libros que leo son un tostón y que nadie se va a comprar y menos leer semejantes mamotretos. Hasta uno de mis más fieles seguidores, ni ha leído mis últimos trabajos. Lo sé. Lo cual ya me confirma sin duda alguna que soy un auténtico desastre y que nunca lograré hacerme rica con las actividades aquí descritas.
Ante semejante panorama, escogí como lectura navideña algo inspirador, algo que me hiciera levantar el ánimo, que me confirmase que soy rompedora, que tengo talento y que puedo aspirar a tener un lugar como asesora literaria, viajando y opinando sobre libros, o sobre cuadros... Viendo como todo el mundo me mira con sorpresa y sana envidia. Nada mejor que 'Emma' de Jane Austen. Una novela que - tras perder los nervios y la vida en un trabajo nada inspirador año tras año - me ha confirmado sin duda alguna que la mejor situación de la mujer es ser rica por si misma y, para complementarlo, debe casarse con un hombre más rico que ella, alcanzando así el Nirvana. ¡Qué gran momento en el que una mujer se da cuenta de esto! ¡Lástima que siempre sea tarde y esté hecha un despojo!
La novela es una delicia, describe sin tapujos la sociedad rural inglesa de comienzos del siglo XIX, las clases sociales, los perjuicios, el puritanismo anglicano, la falsedad que siempre entrañan las relaciones entre vecinos y el amor conveniente entre personas del mismo estrato social. Es completamente transparente, no puedes dudar jamás que - de haber existido - una persona como Emma hubiese pensado y actuado tal y como la describe Austen en este libro.




Emma es atolondrada y soñadora, vive con su padre, que es adorable pero hipocondriaco, está rodeada de vecinos que la admiran por su dinero y posición, y se ve envuelta en intrigas amorosas sin importancia, pero que son el corazón de la trama. Urde relaciones como una celestina ociosa, y todas acaban en chasco (más o menos como mi vida de crítica literaria). No se da cuenta de que al final las cosas han de quedar como deben, y que sortear el clasismo reinante es algo que sólo ocurría muy de cuando en cuando, por no decir nunca.
La hipocresía de nuestro mundo dominado por la moral en lengua inglesa, tiene su reflejo, aunque parezca anacrónico y exagerado, en estas novelas costumbristas de Jane Austen. Al término de cualquier trama las cosas caen por su propio peso y alcanzan un equilibrio adecuado para todos. Pero los anglosajones tienen la habilidad de hacernos verlo justo al contrario. Pensemos en una situación actual que refleja con nitidez con todo lo anterior, el "Caso Weinstein". Que era un depredador sexual era sabido y aceptado desde hacía años. Muchas mujeres seguro que – al obtener sus papeles en películas de relumbrón - miraban con desprecio y superioridad a sus competidoras, conscientes de haber hecho lo que se esperaba de ellas en el momento adecuado, trabajo en una multinacional, sé de lo que hablo. Pero han contado todo de una forma que parecía librarse una lucha sin cuartel contra él, que eran seres angelicales que se enfrentaban al mal con decisión pero poca fortuna.
Al hablar de Emma, o de las novelas de Jane Austen en general, se insiste en que criticaba de forma sutil y encantadora a la sociedad de su tiempo, y en especial a la situación de la mujer. Mentira. No critica nada, lo describe magistralmente y lo defiende diría yo. Pero, como casi siempre hacen, le dan la vuelta y aceptamos resignadamente la doble moral de nuestro universo dominado por los angloparlantes.
Aunque ahora que lo pienso, Jane Austen tenía razón, Emma es el modelo a seguir. Viendo mi propia situación y la de muchas mujeres que se quejan de la opresión de un modelo social basado en la dominación masculina, en el que somos una comparsa ridícula de un teatrillo donde la fuerza domina a la inteligencia, donde la sutileza y la hipocresía – amparada por la ciencia que todo lo explica y sabe – sostiene a bufones, idiotas y mediocres, lo mejor es adherirse a un modelo donde una mujer espera a enamorarse y vivir en una casa maravillosa, con un marido entregado, tocando el piano y yendo al Museo del Prado sin dolor de espalda… Y fueron felices y comieron perdices…

Leed mucho y creedme, lo mejor es ser una Princesa.
M.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Más sobre lo mismo...

¡Jope! Parece que no se me va de la cabeza el tema navideño. No entiendo esta  obsesión. Porque no hay nada que me la recuerde... Cuando leo el periódico y me atacan con ventanas emergentes, cuando salgo a la calle y la iluminación me deslumbra, cuando oigo frases huecas de contenido en medio de conversaciones llenas de lugares comunes.

En fin, que me veo como el protagonista del cuento de Dickens, un tipo que odia la Navidad y al que se le acaban apareciendo fantasmas vengativos... ¡Dios lo no quiera! Que me da un pasmo. Yo soy muy miedosa, casi prefiero disfrutar de estos días, consumir todo lo que pueda, comer e inflarme como un melón y - ya de paso - aprovechar este espacio para hablar de literatura navideña. Con este término doy cabida a novelillas de tres al cuarto, que los editores aprovechan para publicar en estas fechas y cerrar el año con algún beneficio extra. Porque la cosa está muy malita y siempre andan quejándose de que la gente no lee en España, y menos desde que estalló la crisis. ¡La crisis! Esa palabra mágica que explica cada una de nuestras desventuras, incluida la deplorable falta de buenos libros en Navidad.

Ahora que lo pienso hace meses que no hablo de LITERATURA en este espacio. Y eso que he leído libros maravillosos, geniales, superlativos. Destacaría dos, de los que no hablaré ahora, uno es "Me llamo Rojo" y otro es "El regreso de Sherlock Holmes", este último una debilidad mía. No importa las veces que haya leído los relatos, los vivo con la misma emoción. Y eso que sufrí un chasco morrocotudo cuando visité su casa en Londres, 221B de Baker Street, un pastiche turístico con una tienda llena de elementos plasticosos que emulan a los instrumentos que usaba el brillante detective para resolver sus casos. ¡Pobre hombre! Menos mal que es un personaje de ficción, porque de haber habitado un cuerpo humano, ahora mismo se hubiese convertido en uno de los fantasmas de Dickens para arrasar tal esperpento.




Bien, como no creo que editen ni vuelvan a traducir los libros de Holmes en edición navideña, una pena, tendremos que conformarnos con lo que nos venden, y dar una oportunidad a los nuevos talentos.

El primer talento es Javier Sierra, ganador del Premio Planeta 2017 con su libro "El fuego invisible". Varias cosas diré previas a mis comentarios sobre el libro. Primera que no lo he comprado, me lo han dejado, así dejo patente mi vena rebelde y mi defensa de la literatura de calidad. Segunda, aunque mi anterior comentario pueda dar a entender otra cosa, Javier Sierra me cae genial, es de Teruel una ciudad injustamente olvidada y eso ya merece un respeto, y pone una pasión superlativa en cada cosa que hace, en cada relato que cuenta. Cree y defiende la magia y el espíritu oculto que hay en los aspectos más minúsculos de lo que nos rodea. Rechaza el cientifismo radicalmente para conseguir explicar fenómenos ignorados históricamente por absurdos y molestos. Y para ello se documenta concienzuda y rigurosamente. Con ello no cae en la paranoia de lo paranormal, ni es un loco que viaja con bolas de cristal, ni lo detienen en los aeropuertos por llevar instrumentos alquímicos, nada de eso. Es sencillamente un individuo que busca más allá de lo que nos cuentan y lo hace con método y rigor. 

Es obvio que si un físico nos dice que la atmósfera de Marte contiene azufre, aunque nos sepamos ni lo que es el azufre, ni donde está Marte realmente, o si existe... Lo creemos a pies juntillas. Lo más que hemos visto del este planeta son unas imágenes tomadas desde satélites de la NASA, pero no se ponen en duda. Es la ventaja de ser científico en el siglo XXI, en vez de ir a la hoguera, todo lo que predican es venerado. Pero si intentas, si osas, si te atreves a decir que hay hechos misteriosos, que las palabras arrastran significados ocultos, y que la historia de la humanidad esconde más espiritualidad que cientifismo, directamente eres un perturbado mental. Un médico puede liquidarte por administrarte una medicina letal, pero seguirá siendo un héroe, un intérprete de nuestro bagaje cultural, es - simplemente - un iluminado.

Y en este punto estamos. En Marte, buscando agua. 
(Creo firmemente que Marte existe, lo he usado como licencia para hacerme comprender).

Tras esta defensa de la espiritualidad y de lo misterioso, imbuida con las ideas de Iker Jiménez y dispuesta a pegar un mamporro a aquel que afirme que la ciencia nos ha hecho mejores, me embarco en la crítica al ganador del Premio Planeta.

Es más que evidente que existe una tendencia hacia lo superfluo en la concesión de premios, hubo momentos - en el pasado - en el que éstos se concedían a magos de las palabras. Excepto el honroso caso del Premio Cervantes, lo cierto es que los premios literarios han perdido calidad y sustancia, incluso de un galardón que no esconde su vocación comercial, como este, esperaba más. Atrás quedan títulos como "El manuscrito Carmesí" o "Filomeno a mi pesar", joyas que dejan desplumado y temblando a un libro como el ganador de este año. La pregunta es: ¿Qué están premiando, la literatura o una tabla de salvación para una industria que también requiere renovarse?

El libro de Sierra NO es literatura, es una recopilación de sus saberes en distintos campos, bien documentados - como ya he señalado - colocados en medio de una trama complicada de creer, narrada con corrección, pero sin magia en su redacción, ni dominio manifiesto en el arte de manejar la lengua española. Vamos que su lectura no deja un poso indeleble... ¡Madre! Ahora, después de este párrafo, los fantasmas se me aparecen seguro.

Lo que no hay que dejar de reconocerle es la cantidad de información que incluye en sus páginas. Quien tenga un mínimo de curiosidad por lo que nos rodea, tiene una larga lista de términos para teclear en Google. Desde filósofos griegos, hasta científicos interesados por lo oculto, reyes, reinas, libros que requieren otro enfoque y - cómo no - el Grial y su constante reinvención en este tipo de publicaciones.

Como lectura para el tren o el avión, si tenéis que desplazaros estos días, no está mal. Siempre y cuando vayáis anotando lo que él cuenta y creéis después vuestro propio mundo mágico.


Bien, vamos con el segundo talento. Con este acabo rápido, porque no he leído su libro. Se trata de la novela de Dan Brown, "Origen". Esta es directamente un excremento, una bazofia. No perdáis el tiempo leyendo esto, por favor. Os hará sentir imbéciles por varios motivos, primero porque veréis que sois muy vulnerables, los personajes de Brown - como bien dice un amigo - no comen, no beben, no duermen, no hace sus necesidades. Son máquinas perfectas, humanoides que se ven envueltos en aventuras sin fundamento, mal construidas y peor documentadas. ¡Cómo puede sentirse uno al acabar uno de sus libros y ver que tiene HAMBRE! Pues como un auténtico pringado. Y si se le aparece un fantasma navideño, la sensación de ser tonto de remate ha de ser difícilmente digerible. El segundo de los motivos es que, habiendo libros estupendos, ¿para qué leer esto? 

Ahora sólo me queda concluir, con algo mágico, claro... 35 años del estreno de Thriller. Fantasmas, seres del más allá y recuerdos. Aunque os intenten convencer de lo contrario, hay momentos en la vida, en los que diez minutos abren un mundo - si no desconocido - al menos sorprendente. Quizás él no creyera en fantasmas, pero yo aun busco el suyo.

Feliz Navidad.
M.




sábado, 9 de diciembre de 2017

La Navidad, la caridad y otros relatos...

Estoy - ahora que llega la Navidad - preguntándome constantemente, qué harán los pobres, las personas solas, los enfermos y toda una serie de grupos que atraen nuestra atención en estas fechas, durante el resto del año. ¿Seguirán viviendo en la miseria? Sí, claro.

Siguiente pregunta recurrente, ¿por qué apelamos a los valores cristianos de la solidaridad para sustentar la enorme farsa de la Navidad, si en realidad la mayoría de la población hace gala de su ateísmo, desprecian la religión y construyen un estandarte con su ignorancia evolutiva?

¿Por qué se vende más y más si se despierta la sensibilidad, si se convence al cliente potencial del compromiso de la Empresa vendedora con los grupos sociales más desfavorecidos? ¿Por qué nos obligan a aparentar solidaridad en nuestros trabajos, se alían con ONGs para que nos sintamos obligados a donar los juguetes que nos sobran y a dar migajas de dinero que palía nuestra ansiedad consumista?

Y ahora la pregunta clave: ¿Dónde está la verdadera caridad? 



George Michael decía que 'la caridad es un abrigo que te pones dos veces al año' y que quizás por ello, deberíamos rezar por lo que se nos avecina. Con lo del abrigo, estoy de acuerdo, la segunda parte es muy alarmista. Frases como esa, las hemos escuchado a lo largo de toda la historia de la humanidad, y aquí seguimos, dando guerra. 

Pero algunas veces, el hombre se cree Dios, y eso sí entraña un peligro. Proyecta una imagen de glamour, de poder, de belleza, de lujo, de dominio de la naturaleza y de los acontecimientos, que no se corresponde con la rutina de casi el 99% de la población de la Tierra. Y entonces, tenemos que volver al comienzo, para tocar y sentir el enorme poder que tienen los humanos. Un poder que no está escondido en los cuerpos esculturales de la modelos de Victoria's Secret, ni en gestos grandilocuentes que tapan las más terribles atrocidades que nos rodean y de las que no somos conscientes, pero que rellenan páginas y páginas de revistas. Nos muestran niños viviendo entre cartones, ancianos solos y desmemoriados, grupos de humanos que vagan por el mundo sin un hogar, sin nada, sólo con el saco de sus esperanzas perdidas como compañero de viaje. Y nosotros, los ricos, los que tenemos el poder infinito, somos incapaces de hacer nada. Incapaces de arrodillarnos y preguntarnos ¿por qué? ¿por qué la caridad la practicamos tan poco y tan mal?

Y entonces, llega la solución de una forma simple. ¿Cuál es el verdadero poder del ser humano del que hablo en el párrafo anterior? Lo ilustraré con un ejemplo. 

Donde yo trabajo, cada año, ponen una caja gigante para que donemos juguetes a niños necesitados. La mayoría opta por subir al desván de su casa, revisar todo aquello que ya no quieren sus hijos, pero que no se deciden a tirar, lo envuelven en papel de regalo, y lo depositan con aire solemne en la caja. Con ello matan dos pájaros de un tiro, por una parte dejan espacio libre en casa, y por otra le endosan a un niño de sabe dios donde un puzle al que - casi con seguridad - le faltan piezas. Pero total, tiene un regalo en Navidad, que de eso se trata. Eso sí, el día que entregan las cestas de Navidad, nadie piensa ni por un momento regalar ni una lata. Eso, como decía el otro día un compañero, que lo gestione Cáritas.

Esa es la caridad que nos enseñan, nos inculcan y nos graban a fuego cada día. LA GRANDILOCUENCIA SIN ESENCIA ALGUNA. No dudo de su utilidad, pero no es la que cambia el mundo. La prueba está en que llevamos practicándola siglos, y cada vez hay más desigualdad.

Justo ayer, en el andén del metro, me topé un grupo adorable. Un muchacho joven, FELIZ, se acompañaba de unas diez personas con diversos grados de minusvalía. Todos le miraban y sonreían, algunos le abrazaban. Les contaba tonterías, se reían con ganas, participando de un cariño rendido, desinteresado, que les aceleraba la percepción de aquello que les rodeaba. Ahí -me repetí conmovida - está el poder del hombre. En dedicar el tiempo que tiene a los demás, en sacar lo mejor de sí mismo para despertar algún resorte escondido que brinde instantes de pura felicidad. La felicidad de ser normal, de no tener un cuerpo escultural, la felicidad de equivocarse, de sentarse a mirar el mundo con sencillez, la capacidad de arrancar sonrisas o lágrimas o deseos o emoción. La capacidad de ser simplemente lo que somos, hombres con millones de fallos increíbles, pero con la el poder de tener una mano vacía a los demás. Una mano cargada de tiempo y de humildad.

Feliz Navidad.
Leed mucho. En los libros, también se habla de esto.
M.