domingo, 27 de marzo de 2016

Au revoir Ingres

Muy mal, muy mal. He ido al menos diez veces a ver la Exposición de Ingres en el Museo del Prado, y no he dedicado ni una sola línea a expresar mis impresiones. Sé que no interesan a nadie, pero bueno, al menos dejo algo para la posteridad, por si estos soportes sobreviven al paso del tiempo y a la hecatombe que está por venir. No quiero ser un cenizo, pero la cosa no pinta bien.

Vamos con este pintor. Lo digo ya, por si el terrícola del futuro quiere concluir el trámite rápido: La exposición es una delicia para los sentidos, una experiencia sobrecogedora y diversa. Un reflejo de la sociedad de su tiempo e inspiración para las primeras vanguardias del siglo XX. 

Poco más que añadir, pero para dar empaque a esta intervención, daré alguna pincelada más. 

Comenzaré con un consejo, cuando queráis disfrutar de una exposición como esta, debéis situar al pintor en la Historia. No hace falta leer un libro sesudo que detalle hasta sus más íntimos secretos, sus traumas de infancia y la correspondencia con sus amantes. Una breve noción es suficiente. (¡Ah! cero interés saber si era gay, esto está muy de moda, pero es irrelevante para este tipo de arte, en el que o eres un virtuoso del trazo, o tienes dos muñones por manos. Da igual tu condición sexual. En el siglo XXI sí es importante, porque del artista se analiza todo menos su obra, pero - repito - no aplica al XIX).



Jean-Auguste-Dominique Ingres fue un espíritu libre. De otra forma no hubiese podido sobrevivir a la época tan variopinta que le tocó vivir. Tened en cuenta que nació en 1790 y la Revolución Francesa había comenzado en 1789, con lo cual, en su adolescencia, experimentó en sus propias carnes las consecuencias de tan magnificado acontecimiento histórico. Digo magnificado porque - aunque importante - no fue la cosa para tanto. Pero los franceses venden humo con tal de mantenerse en el candelero. La Revolución Francesa fue un caos que no condujo a nada, o al menos no inspiró a la humanidad de una forma tan irreal como nos han contado. Tras años de terror revolucionario y un final mal resuelto, Napoleón hizo su aparición estelar en Europa con consecuencias - al menos para España - nefastas a más no poder. Por zanjar este tema, la verdadera Revolución del XIX fue la Industrial, iniciada en el Reino Unido. Y de la que España se descolgó por culpa de nuestro amiguete Napoleón, que tan estupendamente retrató Ingres.



Ingres, que no era el prototipo (al menos por lo que he leído) de idiota francés del XIX, pasó gran parte de su vida en Italia. Allí buscó la perfección en el retrato en un tira y afloja entre lo que le gustaba hacer, perfeccionar su trazo y tocar el violín, y lo que tenía que hacer para comer, pintar bajo encargo.

En su edad adulta volvió a París, pero ya nunca sería un pintor parisino propiamente dicho. Su obra estaba llena de influencias italianas, básicamente de Rafael. Al que intentó superar y - a mi juicio - sobrepasó. Su pincelada, su luminosidad y su virtuosismo son contundentes y seguros. Lejos del toque algo melifluo de Rafael.

Ingres me ha acompañado muchas tardes desde octubre. Ver el cartel de su exposición en el Museo del Prado se ha convertido en algo cotidiano y agradable. Una ventana a un mundo perdido y soñado al que siempre me gusta asomarme. 




Abomino del arte actual como instrumento de protesta. Es por eso que Ingres me gusta, me enternece. Creo que no somos conscientes de lo importante que es tener un Museo como el Prado en Madrid. Pocos museos del mundo podrían albergar una exposición así. Convertir el arte en basura, no es necesariamente transgresor y desde luego no es conmovedor. He olvidado casi todo lo que vi en ARCO, pero estas pinturas presumo que me acompañarán siempre.

Con Ingres me he asomado a un burdel con aire oriental y he contemplado a Juana de Arco en la Catedral de Reims con una cara limpia y pura. He caído en la cuenta que soy una inculta en lo que a mitología se refiere, al llegar a casa he tenido que investigar sobre 'Edipo y la Esfinge', o el 'Sueño de Ossian'





Pero sobre todo me ha acompañado tarde tras tarde en mis paseos y eso, al igual que sus retratos, formará parte de unas vivencias delicadas y candenciosas, que merecen una y mil reflexiones.

M.




domingo, 20 de marzo de 2016

La hora del planeta y otras mentiras infames e indignantes.

Un año más, queridos, hemos celebrado (por llamarlo de alguna manera) 'La hora del Planeta', entiendo que todo el mundo sabe lo que es, pero por si hay algún despistadillo hago un resumen rápido. El penúltimo sábado del mes de marzo, a eso de las nueve, se supone que apagamos las luces y nos alumbramos con una velita de IKEA. Con esta iniciativa, haremos crecer bosques, detendremos el cambio climático y este verano, cuando arrecie el calor, ya estaremos tan tan concienciados que no le daremos al aparato de aire acondicionado.

Un plan sin fisuras en el que trabajan varios miles de funcionarios de todo el mundo, justificando su sueldo a base de decir una memez tras otra. Esto es denominador común en toda iniciativa que emane de instituciones públicas nacionales o internacionales. Pero en el caso de 'La hora del Planeta' es de un hipocresía y necedad que abochorna a cualquiera que tenga dos dedos de frente. Por una simple y única razón, el crecimiento de nuestra economía, el alimento del engranaje de nuestro día a día se basa en un consumo sin freno. Si no compramos un determinado número de coches, un determinado número de tablets, de teléfonos móviles, de casas... Nuestro micro-cosmos se va al garete, pasaríamos hambre. 

Por todo ello, y como ilustración de esta sinrazón, detallo ahora mi jornada del viernes 18 de marzo de 2016. Y entonces habré cerrado el círculo de la hipocresía, mediante su descripción.

Todo lo que voy a contar a partir de este momento corresponde a la verdad y nada más que la verdad (tengo una Biblia en la mano alumbrada con una vela, para darle veracidad al testimonio).




Viernes, 8 am, llegada a mi centro de trabajo. ¡Sorpresa! Mi empresa se adhiere a la iniciativa de 'La hora del planeta', andan preocupadísimos al respecto, y para demostrarnos semejante desazón, nos regalan una vela de color y olor corporativo. Fabricada en China e importada por IKEA. Analicemos la situación con frialdad y mentalidad de empleado por cuenta ajena. (Antes de que me olvide, ¡puf! también teníamos un mail adoctrinante, pero describirlo alargaría mucho esto, y lo voy a obviar). No sé en vuestros trabajos, pero en el mío, no medra el más capaz, el más resolutivo y simpático. Medra el obediente, el beodo, el que echa horas sin motivo. Echar horas significa tener un enorme edificio, alimentado con energía eléctrica funcionando más horas de las necesarias. La primera asociación mental está clara, los poderes públicos destinan recursos para repartir velas, pero no para racionalizar los horarios, hecho que automáticamente reduciría el consumo energético.

Siguiente conclusión, la vela fabricada en China seguro que es producto de un trabajo precario, al que occidente hace la vista gorda, porque le viene muy bien para seguir manteniendo su mundo de fantasía y color intacto.

Al llegar a casa tuve que echarme la siesta (los viernes no es necesario paripé alguno y nos dejan salir a medio día) para descansar mentalmente de tanta idiotez. Pero claro, había empezado el día mal, en lo que a hipocresía se refiere, no podía acabar mejor.

Merced a mis contactos en el mundo del arte, fui invitada a un evento en el Palacio de Comunicaciones de Madrid, sede del Ayuntamiento regentado por la señora Carmena. Que exhibe en su fachada principal un pancartón que reza 'Refugees Welcome'.

Bien, el evento no era ni más ni menos que la presentación del nuevo Maserati Levante en España. Por ponernos en situación, este coche vale 200.000,00 euros. El evento exhibía tal despliegue de medios y de famosos a sueldo que, viendo eso, imagino el pastón que habrá cobrado el Ayuntamiento y que, ya os lo adelanto, no ha destinado ni a los refugiados que son bienvenidos, ni a los pobres a los que Carmena dio de comer en Navidad. Un no parar, una hipocresía tras otra.

Pues ahí estaba yo, vestida de 'Cocktail Attire', tal y como pedían en la invitación, deambulando por el evento, bebiendo espumoso rosado a falta de otra ocupación mejor y viendo a las famosas en el photocall poniendo cara de merluzas mientras posaban con niños con problemas, traídos al evento como parte del decorado. Alucinante. Os invito a leer el blog de Raquel Sánchez Silva, primero nos cuenta la ropa que ha escogido, que lleva unos 'manolos', que el coche es muy bonito y que se ha hecho unas fotos con unos niños llenos de fuerza. ¡Señor! para darle de bofetadas. Esta es otra que se cree solidaria. ¡Qué Dios me dé paciencia para aguantar eso! Menos mal que tengo la Biblia y la vela al lado. La corriente no la puedo cortar porque no me funcionaría el ordenador.

Bien, ruido atronador (comida de momento nada, unos colines resecos) vídeo con imágenes de coches Maserati por desiertos, selvas, ciudades... Hombres guapísimos que conducen y chan chan chan, Nieves Álvarez medio desnuda que aparece en el escenario. ¡Tachún! ¡Gran momento! Porque resulta que ella también es solidaria y está preocupada por el planeta. Ya me quiero desmayar, lo achaco a la ingesta de espumoso y al daño que me hacen los zapatos, porque ya no es mareo, es vértigo lo que tengo. La responsable de Marketing de la firma comenta con voz gangosa que en realidad lo de vender coches, no les interesa, lo que les gusta son las causas solidarias, es decir, viajar con niños retrasados como si fueran monos para exhibirlos en eventos de este catadura, tocar la fibra sensible de los potenciales clientes y endosarles un coche que cuesta tanto como una casa. Estoy por subir al escenario y contar lo de las velas que nos han dado en mi centro de trabajo, por si quiere soltar una parida más y completar el círculo.

(No diré que estos coches consumen gasolina de forma desmedida y que con lo que vale una rueda, comerían varias familias durante un mes)

Me paso a la cerveza, porque claro, yo creo que espumoso tiene efectos alucinógenos, pero cuando tengo la cerveza fresquita en la mano, me entero que el cocktail lo sirve Samantha Vallejo-Nájera. Yuhuuu, y para colmo, no es un cocktail cualquiera, es un cocktail dinatoire. Buscando la definición en internet, son unos canapés que sustituyen a la cena. ¡Ojo! que los colines resecos también forman parte del dinatoire este. 

Y para ambientar la ingesta de estas delicias, la música ambiente corre a cargo de una tal Brianda Fizt-James. Una lela que hace como que pincha discos, poniendo cara interesantona mientras ladea su cabeza con unos cascos puestos. No pincha nada porque la lista de reproducción es del Spotify, y le da al play tranquilamente mientras ella cobra una pasta por ser quien es, la nieta de la difunta Duquesa de Alba. En este caso, como está con la música y no habla, no sé si está preocupada por el medio ambiente o qué causa solidaria le quita el sueño. Alguna habrá, claro.

Total, que colocada en un sitio estratégico y cervecilla en mano, me dispongo a comer algo preparado por la famosa cocinera Samantha, vestida impecablemente para la ocasión. Las delicias las ha debido preparar antes de vestirse, claro, porque la camisa y los pantalones que luce son de limpieza en seco seguro. 

Salen las primeras y únicas bandejas, unas croquetas congeladas y un risotto que no hay alma humana que lo ingiera porque está pasado y salado. ¡Lo mismo si que ha preparado el cocktail dinatoire vestida con el traje de limpieza en seco! Ajá, ahí está la explicación, claro. Por eso la siguiente bandeja de ensalada (entiéndase como tal, una hoja de lechuga en un recipiente de diseño sin condimento alguno) no sabe a nada, no ha querido echarle aceite de oliva por si se le manchaba la camisa.

Aquí no me extiendo más por falta de elementos que analizar. Bueno, me consuela pensar que el sobreprecio que ha pagado Maserati por tan exiguo ágape, Samantha lo ha dedicado a alguna causa benéfica. O no ha cobrado, claro, porque forma parte de un grupo mundial de altruistas, compuesto por hipócritas, mentirosos y personajes que nos toman por idiotas.

Esto no puede acabar bien.
M.







  


sábado, 12 de marzo de 2016

La Cripta de los Capuchinos

Publicado en 'Guay del Paraguay' el 12.Mayo.2016

Hay libros que mientras nos embelesan y nos elevan a los cielos, sutilmente nos hacen reflexionar mostrándonos una realidad certera que casi podemos tocar. Alcanzando momentos de absoluta comunión con sus personajes.



Estamos ante una obra maestra, sin más. Aquí podría concluir mi crítica del libro, porque no resta nada más que decir.

Momento de silencio para reflexionar, instante - si lo leéis - al que llegaréis cuando cerréis su última página. ¿Dónde acaba dirigiéndose el último miembro de una estirpe bendecida por el Emperador Francisco José? Hacia una cripta, donde están enterrados los Habsburgo, espejo de un mundo finiquitado tras la Primera Guerra Mundial, cuyo final casi coincide con la muerte del último de ellos. A los que montan los saraos aniquiladores, Dios los bendice con la muerte, para no contemplar el desastre de sus gestiones. Sí, siempre lo digo, la vida es muy injusta.

Una reflexión muy simple viene a la cabeza de Trotta al contemplar la cripta. Lo que dejamos cuando perdimos la Gran Guerra fue malo, pero lo que nos viene ahora, con certeza será peor. Estamos en el año 1938, justo en el momento del Anschluss, o lo que es lo mismo, la incorporación de Austria a la Alemania Nazi. ¡Qué Dios nos ampare! ¡Qué grandes estrategas han conducido a la humanidad hacia el abismo! Menos mal que Dios aprieta pero no ahoga, menos mal que son los inocentes los que pagan las consecuencias de tanto desmán. Por eso hay que tener una fe profunda para creer en un Dios bueno y justo. Si observamos la historia con espíritu crítico, no hay ni un sólo resquicio racional para confiar en Él.

Francisco José murió a los 86 años tranquilamente en su casa de Viena. Había comulgado y estaba en paz con Dios. Mientras, niños de 17 años se desintegraban en las trincheras, obedeciendo órdenes absurdas de militares orondos con escaso aprecio hacia la vida humana (la de los otros, claro, no la suya). Debéis viajar a Bélgica y contemplar las filas de tumbas para llorar de impotencia y entender bien de lo que hablo. O leer el poema de John McCrae y llevar siempre una amapola en la solapa.




Pese a todo ello, el protagonista de la novela contempla impotente la fragilidad de la memoria humana ante el horror que está por llegar. Para alcanzar este final rotundo y sobrecogedor, Joseph Roth nos ha ido pintado un mosaico variado de personajes y situaciones que comienzan justo antes del inicio de la Primera Guerra Mundial. Presentando al joven Trotta, un despreocupado individuo de origen esloveno, con una holgada posición económica. Un pariente cercano incluso había salvado la vida al Emperador en la Batalla de Solferino. ¡Ahí es nada! 

Trotta es despreocupado y joven, pero no estúpido. Con precisión matemática nos describe el Imperio Austrohúngaro. Su defectos, sus tensiones nacionalistas, la involuntaria sensación de unidad y seguridad, la semilla del odio hacia los judíos y la certeza de que - tras años de adoctrinamientos variados - cada una de las realidades del Imperio está convencida que ganará la Guerra. Pero no quedará nada. 

Su participación en la Guerra será todo menos gloriosa. Renunciará a formar parte de un regimiento compuesto por personas de alta alcurnia, trasladándose a una zona fronteriza para estar junto a un judío pobre, al que le une una extraña amistad, y un pariente lejano, al que ve como único anclaje sobre la tierra. Nada más comenzar la contienda los tres son hechos prisioneros y deportados a Siberia, en medio de la nada. Allí acabarán la Guerra. 

Cuando Trotta vuelva a Viena descubrirá que los que se quedaron allí, además de no disparar ni un solo tiro, son los componentes de un extraño caldo de cultivo compuesto por modernidad, miseria, desintegración, comunismo, fascismo, capitalismo y desprecio absoluto por aquellos supervivientes del horror inabarcable. 


Y entonces, cosas de la vida, comienza a ser creyente. Ya antes de la Guerra, nos había explicado por qué el devenir del destino habría de llevarle a ese punto. No puedo por menos que copiarlo directamente del libro, porque me parece sublime:


"La Iglesia de Roma es, en este mundo podrido, la única que da forma, que conserva la forma, sí, también se podría decir que reparte la forma. Ha encerrado en el dogma lo tradicional, el legado del pasado, como en un palacio de hielo, y ha dado a sus hijos la libertad de obrar libremente en torno a ese palacio, que tiene un patio ancho y espacioso; ellos pueden actuar erróneamente, incluso llegar a lo prohibido, pero donde hay pecado saben que también hay perdón. La Iglesia no cuenta con el hombre perfecto, y esto es lo que tiene de eminentemente humano; a sus hijos sin falta les eleva a la categoría de santos; de esta forma admite de forma implícita el pecado, en la medida en que no considera que un ser sea humano si no es pecador: los demás son bienaventurados o santos. De este modo demuestra la Iglesia de Roma su inclinación por la misericordia y el perdón. Piense usted que no hay nada más vulgar que la venganza. No hay nobleza sin generosidad, como no existe la venganza sin vulgaridad"

Pero como todo ser humano compasivo y perceptivo, contemplará el abismo con impotencia. Porque Dios (en cualquiera de sus variantes) raras veces ayuda a los que lo merecen.

Leed el libro. Por favor. Es una orden.
M.



jueves, 10 de marzo de 2016

Las Princesas de verdad no se enamoran.



Los cánones de belleza cambian, rehenes de los tiempos, las costumbres alimenticias y los medios materiales. Os invito a un paseo por el Museo del Prado de Madrid, su fantástica página web nos ayudará a entenderlo mejor. Princesas de verdad, heroínas bíblicas, santas y otros personajes religiosos han iluminado la imaginación de artistas en los últimos siglos. Mujeres gorditas e idealizadas que - sin alcanzar a comprender la razón - han marcado el camino de la estética y la perspectiva. 

Empecemos con Jaume Serra. Si vais al Prado un día en el que haya hordas de seres humanos, debéis dirigiros directamente al delicioso espacio de la Donación Várez Fisa. Un remanso de paz y una inmersión en el pasado esotérico de las peculiaridades del Románico y el Gótico español. Centrémonos únicamente en el cuadro de Jaume Serra, ‘Virgen de Tobed con los donantes Enrique II de Castilla, su mujer, Juana Manuel, y dos de sus hijos, Juan y Juana', ahí vamos a encontrarnos a nuestra primera princesa, Juana de Castilla (1339-1381), al lado de su hija Juana, enfrente de su marido (Enrique II de Trastamara) y de su hijo, Juan. Protegidos todos por la Santa María de Tobed.



Enrique (su marido) era hijo ilegítimo de Alfonso XI de Castilla y hermanastro de Pedro I el Cruel. Tras una cruenta guerra civil, Enrique subió al trono de Castilla dando comienzo la Dinastía Trastamara que finalizó con la muerte de Isabel la Católica y la llegada a España, tras la muerte de su marido, Fernando, de Carlos de Habsburgo, conocido por nosotros por Carlos I de España y V de Alemania. Un término absurdo porque Alemania, como tal, no existía entonces. Pero eso es otra historia.

Cuando este cuadro se cuelga en el Altar Mayor de la Iglesia de Santa María en Tobed (Zaragoza), ella todavía no era reina. Su marido no había ganado la guerra ni matado a su hermanastro, Pedro I, en Montiel. Pero Juana, cargada de razón y legitimidad, se observa idealizada bajo la protección de los poderes divinos.


Las princesas de entonces eran prometidas, sin su consentimiento, a edad temprana, en función de los intereses familiares y territoriales. A nadie que perteneciese a la nobleza o a la realeza se le ocurría cuestionar este sistema. Conscientes o no de sus privilegios, tenían grabado en su ADN la protección a sus feudatarios y el engrandecimiento de su familia. Si cometían el error de enamorarse, procurarían no exteriorizar sus sentimientos o sacar a colación sus absurdas pretensiones. Por otra parte les hubiera dado igual, porque ni caso les hubieran hecho. No había espacio para el amor. 

Aquí la vemos hierática, con una cara exactamente igual a la de su hija, con rasgos finos, blanquecinos, delicados; como corresponde a una dama de su alcurnia. Dios la ha bendecido y su futuro – aunque incierto en ese momento – sin duda será glorioso. Cuando tu vida ha sido dirigida desde la infancia, cuando te entregaron a un hombre al que no habías visto hasta casi el momento del matrimonio, te creías con el derecho inapelable de ocupar el lugar social en el que te encontrabas. Un derecho legítimo, la Virgen te abraza y te da fuerzas cada día. 


Sé que para un mundo de descreídos como el nuestro, ponerse en lugar de esta mujer es complicado. Pero estoy segura que dentro de ochocientos años nuestro modo de vida se verá – desde la distancia – con incomprensiva jocosidad.

Arropados por la divinidad, los primeros Trastamara se ponen al servicio de sus siervos y de los señores feudales que les habían acompañado durante años de itinerancia por las tierras castellanas, con un pacto absoluto de reciprocidad feudal. 


¿Había amor en este matrimonio? Ni lo sabemos, ni nos importa. Su vida no era un circo absurdo, donde toda falta era relativa. Donde todo estaba permitido porque, ¡fíjate tú!, se habían enamorado. No eran idiotas, ni estaban estigmatizados por la religión opresiva. Sólo eran unos seres humanos arrastrados por el devenir de sus circunstancias.

Por eso, cuando os sentéis frente a este cuadro, pensad en ello e intentad llenar vuestra vida de espiritualidad medieval. Si podéis, y tenéis tiempo, profundizad en una de las etapas más apasionantes de la Historia de Castilla. 
M.



domingo, 6 de marzo de 2016

ARCO 2016. Y la imposible reinvención del Arte.

Otro año más Arco en Madrid, otro año más me he paseado por las obras de arte, algunas ni las he mirado, otras sí, y el resto las he mirado y han resultado objetos variados, es decir, no eran obras de arte ni nada. Pero, ¿quién puede saber la diferencia?




Empiezo con lo bueno, luego despellejaré a artistas y demás comparsa ridícula que compone este mundo. Alegra y estimula que Madrid organice una feria de arte de semejante nivel y repercusión. Aunque a veces no sea el arte lo que venda, sino el traje de LetiZia en la inauguración, pero en fin, es la cultura de pandereta y espectáculo y le da muchísimo caché a España. Aunque las naciones sean republicanas, siempre sus jóvenes sueñan con ser princesas. 


Por otra parte, este año me ha sorprendido agradablemente ver cuadros y esculturas con fuerza, con materia prima y con ideas audaces. Obras que - si tuviera dinero - hasta me plantearía comprar. Lo que me hace pensar, comparando con las porquerías que he visto en ediciones pasadas, que llegado un momento, las vanguardias de pacotilla del siglo XXI abandonan la canción protesta y se pliegan al mundo del dinero.

En lo de la canción protesta los catalanes fueron pioneros, y les gusta, qué duda cabe. El problema no está en el contenido de ese arte melifluo y absurdo con el que pretenden sorprendernos, ¡pobres!, la pega está en que su mensaje es tan tan predecible que tiene sólo eso, la pataleta de niño incomprendido. Atención pregunta, si visitas una de las galerías de arte y ves unas fotos de una funcionaria española con pinta de idiota y tontucia, en una oficina consular pésimamente decorada y con una Constitución Española que es un ladrillo pintado de colores... ¿De dónde puede ser oriunda esta galería? Tic tac tic tac... ¡Correcto! Barcelona. ¡Atención! La materia prima es un ladrillo y una fotografía. ¿Lo ponemos en nuestra casa? 

Otra de los temas recurrentes, además del de Cristo ridiculizado y esparcidor de porquería por el mundo, es el del sexo. Aquí abrimos la veda y cabe todo, es un pozo sin fondo de innovación. Eso sí - excepto en el cine porno, que da algo más de sí la inventiva- la repetición en el arte es cansina. Vagina, pene, boca, tetas. Casi siempre - por el morbo simplón - es la mujer la que se representa como una calentorra esperando ser regada con todo tipo de efluvios. 

¿Nos compramos esta maravilla? Noooo, por dios, no. Imaginad que una noche os levantáis al baño a oscuras y chocáis con una nariz-pene, y al ir a apoyaros en la pared, metéis la mano en una boca lasciva. A mi - particularmente - se me ponen los pelos de punta.

Otro de los asuntos que me preocupa es el tamaño MONUMENTAL que tienen determinados engendros, digamos una mujer de cera en un sarcófago, rodeada de flores y de animales variados. Esto ya sabemos que a casa no nos lo vamos a llevar, dudo que nadie se lo plantee. Así que esta y otras perlas, tienen que exhibirse en museos de todo el mundo. Y aquí topamos ¡de nuevo! con la canción protesta.


Porque - al menos en España - el arte está totalmente politizado, con lo que para vender el sarcófago o el hombre de ganchillo con unos testículos de madera, tienes que destacarte escribiendo algún manifiesto absurdo y camelarte al político de turno para que te coloque la obra sabe dios en qué museo de los muchos que se han construido durante el boom inmobiliario. Y entonces ¡pobres de nosotros! no sólo nos tragaremos el sarcófago, también la canción protesta del artista.

Me estoy deprimiendo por momentos, creo que tendré que ahorcarme. 



¡Ayyy! Si no puedo, la horca está al revés. ¡Vaya por dios! Dejadme, dejadme que adivine el mensaje. La muerte nos acecha, la inmundicia, pero no acabamos de dar el paso hacia el abismo de lo desconocido. Suena bien, me vale.


Aunque también puedo comprarme la cuerda sin más, y colocarla en un rincón de mi casa acumulando polvo. Confío eso sí, que venga el propio artista a instalarla. Si después de gastarme un pastón, encima no la coloco bien... Digo yo, no sé, pobre de mi, que me gustan los cuadros de El Bosco. 



Bueno, bueno... No nos deprimamos, que también hay cosas buenas. Escultura urbana totalmente funcional y con colores vivos. 


¡Santo cielo! ¡Si es uno de los extintores de Ifema! Perdón, perdón. Estoy tan metida en el Arte que ya todo me parece digno de ser considerado como tal. 

Yo soy más del Prado y de los pintores de princesitas que me hacen soñar. Creo que ni disfrazándome de intelectual, con un tocado de diseño y unas gafas con montura de colores vivos daría el pego. No me tomarían por una crítica solvente, más bien por una de pacotilla. Total confundo los extintores con los pene-nariz. Se me ponen los pelos de punta cuando contemplo al Cristo de Velázquez, pero me da risa el sarcófago colorido relleno de porquería que pretende ayudarme a entender la naturaleza. 

Como crítica de pacotilla creo que este arte no trascenderá. Porque reinventar el arte es - ahora mismo, viendo lo visto - imposible.

M.

viernes, 26 de febrero de 2016

Witiza en la Mancha.


'Vivimos tiempos difíciles'. Esta es la frase más repetida en la Historia de la Humanidad. Este chascarrillo cansino y sin trascendencia ha sido interiorizado por la población española de todos los tiempos más de lo que podamos llegar a vislumbrar. Motivo por el cual, los hechos más estrambóticos son asumidos con total naturalidad e incorporados a nuestra vida diaria con una mezcla de alegría, aplomo e indiferencia. ¡Ahí es nada! Nos podríamos haber comido el mundo, pero arrastramos alguna que otra lacra, como la estupidez y la ceguera ante el talento.


Unamos al párrafo anterior una Historia convulsa y particular, plagada de gobernantes inútiles, mediocres y malas personas. Una burocracia ingente que va a más, abultada sin límite tras la democracia y la implantación del Estado de las Autonomías. Un megamix de tasas y trámites administrativos estrafalarios con el único objetivo de justificar el ingente tamaño de la Administración Pública. Que no te ayuda, te fagocita.


La fagocitación de la Administración, copada por puestos políticos, además del robo constante en nuestras nóminas, tiene un efecto infinitamente más nocivo del que – creo – no siempre somos conscientes. El adoctrinamiento subliminal a cada segundo de nuestra existencia.


Sin apoyar la teoría de la ‘Conspiración Permanente’, vamos que somos protagonistas de Gran Hermano, lo cierto es que en España no se premia el talento a secas, no se busca el mérito literario de un escritor, más bien se penaliza su afiliación política (si la tiene), o se le hace partícipe de la época en la que le tocó vivir, caso de estupendas plumas de la época de la dictadura franquista. Es decir, que nos dejan en las librerías y nos recomiendan en los periódicos truños insufribles porque el escritor ha dicho tres paridas bien sonantes acordes con lo que los poderes públicos consideran que está bien para los sufridos contribuyentes.



Todos los escritores que despuntaron durante el franquismo u obtuvieron algún premio de relevancia, son SIN EXCEPCIÓN pésimos. Han sido oportunamente olvidados y su sola mención te convierte automáticamente en un simpatizante del Régimen. ¿Veis? Ridículo. No elegimos ni cuando ni donde nacemos. Venimos a este mundo y sobrevivimos como buenamente podemos. 



Añado una cosa más antes de hablar de Francisco García Pavón, hace sesenta años la movilidad y el conocimiento del mundo no eran los de ahora. No podías irte así como así, no porque no te dejaran (que también), más bien porque no salía un vuelo a Londres cada hora. Viaje que no podías reservar cómodamente desde tu confortable sofá mientras disfrutabas de una cervecita fresca y unas aceitunas rellenas de anchoa. Añadamos que España no era un país cuyo pasaporte sirviese para mucho.

Así las cosas, hablando con mi amigo Cándido - gran amante de la lectura y de las novelas de misterio - me dijo como con reserva que estaba leyendo 'El Reinado de Witiza', una novela ambientada en Tomelloso en los años 60 del siglo XX. Estaba entusiasmado por todo, porque enganchaba, porque estaba muy bien escrita y porque el dominio del castellano y de las costumbres de la Castilla de la época eran para quitarse el sombrero. Una prosa que ya la quisieran para sí Camilla Läckberg Åsa Larsson, que dan risa al lado de este hombre. Así como tantos escritores de pacotilla que encumbra nuestro mundo de fantasía y color.

'Aunque sea de la época de Franco, no habla de política en ningún sentido', tuvo que añadir. Claro, porque - como ya he dicho - con estas cosas hay que andarse con ojo o te cuelgan un muerto que ni sabes de donde viene. Es decir, que eres un facha redomado.

Efectivamente ni una mención tendenciosa en ninguna página, con absoluta delicadeza describe la cotidianidad de un pueblo, Tomelloso, su funcionamiento, su riqueza y su pobreza en una mixtura completamente homogénea. Y de fondo un misterio, un cuerpo embalsamado que aparece como por arte de magia en un ataúd de lo más cuco, desbaratando la tranquilidad del verano en ciernes. Activando la inteligencia del policía local, Manuel, alias 'Plinio'.

El muerto se parece a Witiza, esto es gracioso porque ni por asomo sabemos el aspecto de este penúltimo rey godo en la Península. Pero seguro que este monarca fue mejor gobernante que el General Franco, un personajillo chillón y patético. Otro más a la lista de negados al timón de España.


Sorprende que el cura tenga poder, pero no sea un tragaldabas lascivo. El juez no sea un iletrado en zapatillas que hace y deshace a su antojo. Y el policía local no sea un tonto del haba que va con su uniforme y su pistola haciendo el chusquero por ahí. Todo de lo más civilizado, el mundo que les tocó vivir. 

Todo un descubrimiento. Asumo que hay dos razones por las que García Pavón no ha sido traducido y no ocupa un lugar más preeminente en el panorama literario mundial. La primera, que obtuviera sus galardones durante los años tenebrosos de la Dictadura. La segunda, es demasiado costumbrista, no sé yo si un letón sería capaz de seguir el argumento o entender algo, amén de la correspondencia de vocablos del español al letón o a cualquier otra lengua. Algunos de ellos imaginas lo que son por el contexto. 

Leedlo, merece la pena. 
M.






sábado, 20 de febrero de 2016

Eco y la Eterna Primavera....

Umberto Eco ha sucumbido a la realidad de la vida. A su eterno inseparable, la muerte. Los genios no deberían morir. No deberían, pero tantas cosas no deberían suceder y suceden. Tanto 'no debería', tanto que es inconmensurable, infinito. Como infinita es la sabiduría de algunos y la estulticia de otros.

Como siempre, cuando una persona brillante muere, las colaboraciones en los periódicos se suceden, los 'amigos' salen de debajo de las piedras y los recuerdos y semblanzas se suceden sin parar. En su caso, no podía ser menos. Decenas de premios y reconocimientos para un hombre de conocimiento inabarcable. Hoy pensaba cómo podría rendirle mi personal homenaje a alguien que había descubierto su espejo en la Edad Media, dotándola de luz y esplendor dentro de una perspectiva latina. Su visión de Tomás de Aquino y su filosofía del ser de las cosas, su profundo estudio de la estética medieval, de sus monstruos, de sus leyendas, las raíces mismas de nuestra alma. Denostamos lo que somos, sin saber que - con ello - damos la espalda a la búsqueda de Aquino. Setecientos años más tarde, un personaje de ficción, Guillermo de Baskerville, en la pluma de Eco, intentó abrirnos los ojos a lo que nuestra ceguera nos reserva: El fuego y la ignorancia.

No sé por qué, hoy cuando leía al azar pasajes de 'El Nombre de la Rosa', me venía a la cabeza el cuadro del 'La Primavera' (1482) de Sandro Botticelli. 



¿Qué tiene que ver este cuadro alegórico y espiritual con los frailes de una abadía benedictina de comienzos del siglo XIV? Absolutamente nada. Por eso me he puesto a buscar la razón de semejante asociación mental. Y las pistas han ido viniendo a mi cabeza por sí solas.

Dos de las mayores obsesiones de Eco, además del mencionado Tomás de Aquino, fueron Jorge Luis Borges y Don Quijote de la Mancha. Para Borges sólo había una novela, la del Caballero Andante anacrónico, y Eco le secundó entrañablemente. ¡Qué gran aportación hizo el castellano a la humanidad! Cada pequeña miseria y grandeza aparecen descritas en la novela. Pero sobre todo la luz, la luz y el esplendor que emana de cada una de sus páginas. Como en 'El nombre de la Rosa', donde sólo hay luz, búsqueda del saber y espiritualidad latina.

Aquí está la clave, 'La Primavera' es un cuadro que enseña al mundo la luz que el mundo latino ha dado a la humanidad, esa luz que irradiamos en contraposición a la rigidez y oscuridad del norte de Europa, que son, ¡qué pena! los que crean listas de personajes influyentes, escriben reseñas de novelas (infumables en su mayoría) y que ignoran - en su rigidez mental - a personajes como Umberto Eco, un intelectual de los pies a la cabeza. ¿Por qué no le dieron el Nobel a este magnífico sabio? Porque jamás, jamás, cuando un inglés, un sueco, un alemán... se ponga a mirar este cuadro, se dará cuenta de lo mágico que es nuestro mundo, lo vasta que es nuestra cultura y lo mucho que hemos legado a la historia. Eco lo intentó, por ello merece nuestro más sincero homenaje.

Leed, o a los sesenta años, como decía Eco, no habréis vivido.
M.



viernes, 12 de febrero de 2016

Un poco de todo...

Ayer pensaba en las mentiras históricas que nos hemos tragado a lo largo de nuestro periplo académico, todas encaminadas a crear un caldo de cultivo sin sustrato, alimentado por la falta generalizada de curiosidad por conocer la verdad. La consecuencia inmediata es que los mediocres pueden llegar lejísimos en este nuestro mundo. 

Últimamente leo muchos libros sobre la Edad Media, y flipo ante todo lo que nos han ocultado. Dejando que creyésemos que los hombres de entonces eran unos idiotas que pululaban sin rumbo y con una armadura ridícula, ocultándose por los bosques y participando en gestas de pacotilla a ver si la reina (muy ligera de cascos y con un tocado absurdo) caía en los brazos del caballero andante más fuertote. 

Primer culpable de esta visión, el poco peso que concede el sistema educativo español a la Historia. Segundo, Hollywood. Tercero (este seguro que no lo habíais pensado) los Ayuntamientos y sus esperpénticas ferias medievales. ¿Hay algo más anacrónico y ridículo? No, la respuesta es no. 




Unos tipos vestidos con una especie de trapos sintéticos y deportivas New Balance (son muchas horas de pie haciendo el tonto, hay que ponerse cómodo) y otros disfraces con mayor o menos gracia. Aderezados con un espectáculo callejero de flauta de madera (fabricada en China), tamborcillo ridículo y una serpiente pitón que no pega ni con cola. Porque este tipo de reptil proviene de climas cálidos y húmedos, es decir selvas tropicales que no había pisado nadie en la Edad Media. ¡El colmo de la perversión intelectual! Pero la gente acude como moscas a este horror sin precedentes que huele a fritanga.

Antes de que me olvide, es muy común colgar de los balcones blasones variados, la mayoría inventados, pero con la presencia invariable de la flor de lis. Todo vale en estas abominaciones festivaleras. 

Pues resulta que lejos de este folclore, la Edad Media engendró un motor intelectual que impregna nuestra cultura hasta límites que no alcanzamos a sospechar. Sí, nosotros hombres cultos del siglo XXI, con un horizonte a la vista que roza lo inconmensurable, somos nada al lado de lo que el hombre de la Edad Media fue capaz de gestar con unos exiguos medios materiales.

Unos pocos ejemplos:

Tras la caída del Imperio Romano, el hombre se encontró sin una referencia de poder temporal. Constantino, gracias a su providencial (es decir interesada) conversión al Cristianismo, dio la alternativa a que - tras las invasiones bárbaras - la Iglesia se constituyera como única fuerza de cohesión en un mundo de tinieblas. 

Quedaba, a partir de ese momento, un largo camino por recorrer. El primer reto era maquillar los ritos paganos para adaptarlos - en la medida de lo posible - al pujante dominio del Cristianismo, ahí nos encontramos a San Agustín. No olvidéis que, creyente o no, el ser humano busca la trascendencia. San Agustín trascendió sirviéndose de un pagano como Platón. Muy interesante este Padre de la Iglesia, gracias a su concepción de la sociedad, tenemos un presidente, un rey, un CEO en nuestras empresas. Alguien que está por encima de nosotros y debe dirigirnos ¿Empezáis a ver que la cosa tiene más miga de lo que parece? 

Los Bárbaros, en sus reinos esparcidos por Europa, seguían el Arrianismo (creo que dedicaré un espacio a esto, merece la pena), pero tras años de reticencias, finalmente sus reyes se convirtieron al catolicismo. El primer rey franco en hacerlo fue Clodoveo (481-511), que ya apuntaba maneras chovinistas. Y así uno tras otro hasta llegar a Carlomagno (742-814), aquejado de delirios ambiciosos. Los nietos de éste, en lo que se conoce como 'El tratado de Verdún', tuvieron que hacer frente a sus delirios dejando perfilada la historia de Europa para los siglos venideros. A saber, la eterna rivalidad Francia-Alemania, el desprecio de ellas dos a Italia como estandarte del poder de los Papas (ojo que esto parece que ha cambiado, pero nada de nada) y la fragmentación de Europa en nacionalidades más o menos sinsentido, pero muy beligerantes.

Conforme Bizancio perdía poder (sobretodo preeminencia cultural), los árabes nos ayudaban - ¡cosas de la vida! - a conocer a Aristóteles. Ahí Santo Tomás de Aquino estuvo bien atento y se valió del macedonio para hacernos ver que la búsqueda de la verdad se encuentra en la inmutabilidad, en el esfuerzo por evadirnos de un tiempo histórico siempre en movimiento. O lo que es lo mismo, el mundo se mueve, el hombre avanza y nuestro horizonte es necesariamente el más amplio. Esta imagen que tenemos del empequeñecimiento histórico en beneficio del presente. 

Hoy tantos siglos después, tenemos exactamente la misma visión de nuestro lugar en el Universo. 'Somos enanos que vamos a hombros de gigantes (la evolución de la humanidad) pero nuestro horizonte es más amplio que el suyo', decían allá por el siglo XIII.

Continuaré, esto es sólo el principio y por favor, no vayáis a ferias medievales. Es un insulto a la inteligencia.
M.


martes, 9 de febrero de 2016

Teodora y Rávena

Publicado en la Edición Digital de Guay del Paraguay. Febrero 2016

He manifestado varias veces que Italia es lo mejor de Europa (sin desmerecer al resto), a ver cómo consigo plasmar la clave de esta idea. Cuando viajamos abrimos nuestros ojos al mundo y a otras culturas (obvio y manido), pero si elegimos un destino lejano y ajeno, por ejemplo Tailandia, nos topamos con dos inconvenientes fundamentales, uno que para acceder a determinados lugares necesitaremos un guía (¡tostón!), entre otras cosas porque no sabemos ni leer las señales de tráfico. Dos, que no veremos más que lo que el circuito turístico nos ofrece, contratiempo que nos hace perder la perspectiva del contexto histórico, que a la postre nos es completamente desconocido.

Si logras escapar de los gritos, los altavoces de los guías y la marabunta dominguera, y te vas por tu cuenta, descubrirás en medio de la selva un templo rodeado de árboles y naturaleza, te quedarás sin respiración, pero no lograrás - ni remotamente - comprender qué hace eso ahí. Por lo que la intensidad del momento estará basada en el descubrimiento de lo desconocido, pero no en la comprensión de lo que en sí engloba. 

¿Qué se les pasa por la cabeza a los orientales cuando ven el cuadro de Las Meninas en el Museo del Prado? ¿Entienden algo?
Esto en Italia no sucede, alquilas un coche y tranquilamente te vas a un lugar lejos del circuito turístico, digamos Rávena. Allí, en una ciudad de ciento cincuenta mil habitantes, al noreste de Italia, te topas con vestigios de los acontecimientos más importantes de la historia de Europa desde la caída del Imperio Romano. Y estos sucesos, son nuestra vida y nuestra cotidianidad, respiramos de ellos cada segundo.
Rávena es una ciudad fascinante. Donde toman forma todas las enseñanzas y lecturas que sobre Bizancio y los Bárbaros hayamos podido hacer. De repente se hace la luz, y lo comprendes todo.
¿Cómo no comprender, si allí está Teodora?



Ella, Teodora, es uno de los personajes más fascinantes de la historia. Por más que lo pienso, no consigo comprender como no hay libros específicos sobre su vida, ni siquiera en inglés. Yo, al contemplarla, quise llorar. 
¡Vale! Lo reconozco, cuando concluyeron el mosaico de la Iglesia de San Vital ella había muerto hacía un año. El retrato está completamente idealizado, sigue un hieratismo artificial, carece de fondo y de perspectiva, Teodora jamás estuvo en Rávena, pertenece a un tipo de arte paleocristiano ampliamente superado y ninguneado con posterioridad. Pero si yo viviera en Rávena, iría todos los días a contemplarla. El arte es subjetivo, y se vive desde la individualidad más absoluta. Llegas a percibir la sublimidad en Teodora porque su existencia es, sencillamente, un milagro.
Ella sigue allí, mil quinientos años después. Sobrevivió a los iconoclastas (unos locos que les dio por destruir imágenes y se enajenaron destruyéndolas) y a la conquista del Imperio Bizantino por los turcos. Claro, para entonces, casi mil años después de la construcción de San Vital, Rávena ya no pertenecía a la órbita de Bizancio. Esa suerte tuvo, porque los turcos arrasaron todo. 

Teodora era prostituta, y de la más baja estofa. Logró camelar al futuro Emperador de Bizancio gracias a sus encantos e inteligencia. Tras una juventud azarosa en lo que amoríos se refiere, trabó amistad con Justiniano, futuro emperador y señor de Constantinopla, y éste no paró hasta conseguir hacerla su esposa. Lo cual fue un golpe de fortuna, porque ella se reveló como una persona capaz y competente donde las haya. 
Inciso, vamos a ponernos en situación. Estamos en el año 500, hace dos días que el Imperio Romano se ha partido en dos, los ‘barbaros’ campan a sus anchas en Europa occidental, y lo de la cuestión religiosa está en pleno auge. Es decir, aún no han decidido cuantas naturalezas tiene Jesús. Tampoco su procedencia está clara, ni su relación con el Espíritu Santo. Traducido a palabras llanas, aun no se ha nivelado el poder en la Cristiandad. El primer asalto se produjo en época de Teodora, durante los Disturbios de Niká. Y, tras múltiples tiras y aflojas y algún que otro chamuscado en la hoguera, topamos con la batalla final y definitivaunos quinientos años después, en 1054, cuando el Cisma entre Oriente y Occidente se hace definitivo e irremediable. Con penosas consecuencias. ¡Somos así! ¿Tenía Jesús naturaleza sólo divina, divina y humana, se confundían entre sí y sólo quedaba una? Seguro que no os lo habéis planteado nunca, pero la cosa tiene miga. Mueve montañas, Estados y Civilizaciones.
Teodora, que debió olerse el pastel, jugó siempre un papel valiente y conciliador entre distintos puntos de vista. Más por su ambición (aún no estaba claro quién iba a llevarse el gato al agua) que por su innegable inteligencia.
Durante la vida de Teodora (500-548), Bizancio era infinitamente más poderosa que los dispersos Reinos Bárbaros de Occidente. Pero no era suficiente para Justiniano, por ello, buscó una plaza fuerte en la península italiana, Rávena, creando el Exarcado de Rávena. Donde mil quinientos años después me encontré frente a frente con ella. Con el retrato de una mujer poderosa, que durante los Disturbios de Niká puso en evidencia a unos hombres que sólo sabían luchar con armas, no con la cabeza. Y así ha sido durante siglos, y así nos ha ido.

Viajad, por favor.
M.












lunes, 8 de febrero de 2016

Tita & Margaret


Hay seres humanos que buscan mariposas, nuevas especies de flores del campo, pájaros, descripción de modelos macroeconómicos que cuantifican la profundidad de la crisis... etc.; un heterogéneo mundo de saber que a mí no me dice nada, pero que estoy segura ha proporcionado momentos de auténtico deleite en aquellos que consideran haber logrado algo sublime. ¡Bien por ellos! Contrariamente a lo que piensan los nuevos refundadores del Estado, con o sin coleta, la grandeza de la humanidad tiene su base en la diversidad de pensamiento.

Cuando yo hago recuento mental de esos efímeros instantes en los el mundo no es un lugar caótico y asqueroso (lo que realmente es), me encuentro con que todos ellos están relacionados con cuadros, esculturas, libros y edificios. Sí, soy muy urbanita. Recuerdo la descripción de Rebeca Buendía en 'Cien años de Soledad', la muerte de Don Quijote de la Mancha, cuando se cansó de pelear por sus sueños, la primera vez que vi las Puertas del Baptisterio de San Juan en Florencia, o la Capilla de los Scrovegni en Padua, un día de noviembre en el que no había turistas. No puedo olvidar a Teodora en Rávena o a la 'Mujer Planchando' de la época azul de Picasso, expuesto en el Museo Guggenheim de Nueva York. Me refugio en esos pequeños recuerdos conmovedores cuando la mediocridad que me rodea no me permite ni respirar.

Otra de mis grandes pasiones es pasear por Madrid, perdirme un tercio de Mahou y poner una cruz a aquellos sitios donde no sirven esta delicia tan típicamente nuestra. Como en Platea, mal este sitio, mal. Sirven una cerveza que intenta ser sofisticada, pero que sólo es cara y a años luz de Mahou. Momento chungo en Madrid, rematado al salir de este pretencioso lugar con la horripilante visión del nombre de una mini-plaza que está dentro de la propia Plaza de Colón, no sé a cuento de qué venía una cosa así. Estoy hablando de la Plaza Margaret Thatcher. ¡Inaudito momento en mi vida! ¡Alucinante e indignante!

Desde el origen de los tiempos, España ha sido el enemigo al que había que aniquilar para ingleses y franceses. No han perdido ocasión para hacernos la pirula. Francia llegó a aliarse con los turcos, la gran amenaza para la Cristiandad, en la Batalla de Lepanto, sólo para perjudicarnos. Los ingleses apoyaban a muerte a los herejes en Flandes, no por comunión de ideas, sino porque tenían que reducirnos a cenizas.

Situándonos en épocas más recientes, hay dos personajes que han odiado a España de forma enfermiza. El francés Jacques Delors y la británica Margaret Thatcher. Solitos hubieran hecho las delicias de los psiquiatras especializados en 'manías persecutorias'. Estoy segura que la fobia/manía era tan profunda que los especialistas se hubiesen declarado incapaces de encontrar el origen de la enfermedad.
De Delors no voy a hablar, podéis consultar sus hazañas en internet, y de Margaret Thatcher sólo diré que se opuso a nuestra entrada en la Comunidad Europea, y que habló siempre de España con profundo desprecio. ¿Por qué le ponemos su nombre a una plaza en el centro de Madrid? ¿Cuánto más nos odian más reciben de nosotros? ¿Somos gilipollas? Estoy más allá de indignada.

Ayer, visitando el Museo Thyssen de Madrid, tuve uno de esos momentos maravillosos y sobrecogedores que anotaré en mi 'Diario de Arte'. Subí a la segunda planta del museo y me encontré de frente con el cuadro de Jaume Huguet (1414-1492), 'Misa de Peregrinos'. Su sobrecogedora delicadeza y fervor, me conmovió. Así que me dio por pensar en Carmen (Tita) Thyssen, en lo agradecida que me sentía hacia ella por procurarme este instante. Gracias a ella, hay en Madrid una soberbia colección de arte, y no existe ni una sola calle o plaza con su nombre. ¡Dios qué asco de país!






De acuerdo con la sociedad progre española, Tita es un ser despreciable, que engañó a un Barón multimillonario, cuya colección de arte, que - como cenutrios - no se han percatado que está deliciosamente escogida y conservada, fue pagada con creces por el Estado Español. Nos hemos reído de ella porque se ha encadenado a un árbol, y publicamos - como si fuera un bufón - detalles de su vida. La comparamos sin rubor con una retrasada mental. ¡Pero Margaret Thatcher tiene una plaza con su nombre en el centro de Madrid!

Creo que cuando los agoreros predicen para España un futuro negro como el carbón, se fijan en detalles como este. Indignante pero no sorprendente. Porque en este país, el que gana dinero es una mala bestia, que nos explota y maldice con su sola presencia nuestro absurdo entorno. Si alguien dona a la sociedad belleza o dedicación, lo hace por algo. Alguna razón oscura e inexplicable, que parte de una conspiración orquestada por unas fuerzas malignas que nadie se molesta en buscar (porque no existen, entre otras cosas) pero que con certeza están ahí.

Eso sí, cuando estas fuerzas malignas se alían para juntar sus venenos contra nosotros, les dedicamos una plaza.
Menos mal que existen cuadros y existe el Museo Thyssen, para que al llorar sea de emoción, no de impotencia.

M.

jueves, 28 de enero de 2016

Esperando a Herr Nobel.

Entre los 'siempre nominados' para el Premio Nobel está Haruki Murakami. Desde ya manifiesto públicamente que jamás había leído un libro suyo. 

Me he enfadado cada vez que le han dado el Nobel a un desconocido y añadido la coletilla: ¿Cómo no se lo dan a Murakami? ¡Vaya injusticia! (Y eso sin leer ni un libro suyo, ¡tiene mérito y desinterés por mi parte!). Tal postura tuvo una consecuencia, que me preguntaran qué era lo que me gustaba de sus libros. ¿Qué contestar? ¡Si no había leído ninguno!

Tenía que poner remedio a semejante impostura. Y empecé por el más conocido. 'Tokio Blues' (Norwegian Wood). Y entonces entendí perfectamente por qué no le han otorgado este galardón.



Pongámonos en situación. Los japoneses fueron realmente malotes en la Segunda Guerra Mundial. En el Pacífico hicieron estragos y no tenían pensado rendirse ni remotamente (son un poquitillo fanáticos y cuadriculados). La Guerra había acabado en Europa en mayo de 1945. Ellos a la suya, sin posibilidad de ganar nada y de perder todo, obedecían órdenes desesperadas. Los aliados (bueno, Estados Unidos) vieron claro que no había forma humana de que se rindieran, y tuvieron la 'genial' idea de achicharrarlos con dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. El Emperador le vio ya las orejas al lobo, y junto con sus generales, tomó la decisión de dar por terminada la guerra. 
(Nótese que los que se desintegraron bajo las bombas fueron los pobres desgraciados que estaban deseando que se acabase el infierno de la contienda. El que se obstinó en prolongarla acabó sin un rasguño, un ejemplo de que la vida es - sin duda alguna - injusta a más no poder).

Los retos y desencantos vinieron en cadena, había que reconstruir un país en el que no había quedado ni una brizna de paja indemne y - para colmo - los americanos, que no se fiaban de ellos, decidieron ponerlos bajo su tutela directa (estaba justificado, creedme). Esto era una tragedia sin precedentes, Japón es un conjunto de islas (obvio) y como tales habían creado durante siglos una específica identidad cultural que tenía como cabeza visible al Emperador,  que era directamente Dios. Como por arte de magia, gran parte de sus tradiciones desaparecieron, el Emperador pasó a ser un humano casi-normal y otros individuos que hasta hace dos días eran el enemigo y que no tenían ni idea de japonés ni de historia de Japón, decidían lo que había que hacer (esto para un isleño era terrorífico).

Esta opresión se prolongó hasta abril de 1952, porque tuvieron suerte (habían aparecido otros malos en el panorama mundial) y se portaron bien. No hace falta decir que la suma de la Guerra y la ocupación de Estados Unidos, marcaron a varias generaciones. Y a fuego.

¿Qué dice Murakami de todo esto? Nada. ¿Cómo se refleja el cambio de rumbo en la historia de Japón en este libro? Directamente ni se menciona ni se hace sentir. 

Lo estoy viendo, seguro que muchos piensan: '¡Pero si describe un triángulo amoroso a principios de los años setenta! ¿Qué tendrá que ver con el rollo anterior! Pues muchísimo. Los libros no sólo hay que leerlos, hay que ponerlos en contexto.

Efectivamente, Watanabe (el protagonista absoluto de la novela) salta de un triángulo amoroso a otro sin comerlo ni beberlo. El primero, el compuesto por su mejor amigo, la novia de este, llamada Naoko y él. El segundo lo componen, Naoko, Midori y él. Naoko no anda muy bien de la cabeza, es normal, la pobre sufrió algún que otro shock en su juventud. Es ella la que sirve de bisagra a dos estadios en la evolución de la vida de Watanabe. Midori es una chica especial y también compleja, prototipo de su época. Bien, estas situaciones, tal y como están contadas, pueden producirse en Tokio, en San Francisco o en Madrid. No hay nada (excepto lo que se refiere a la alimentación) que sea típicamente japonés.

La novela describe un modo de vida claramente occidental. Cabe hacernos entonces las siguientes preguntas: ¿Murakami ha olvidado el pasado? ¿No le importa? ¿Quiere ser un escritor universal? ¿Quiere poner sólo énfasis en los sentimiento y en el devenir de la existencia?

Si comparo a cualquiera de los tres Premios Nobel citados anteriormente en este blog, (Vargas Llosa, García Márquez y Undset) con Murakami y en concreto con este libro, se me queda muy pobretón.

Undset describe su cultura nórdica con tal maestría que hace que veas a los noruegos de otra forma. La magia de la selva te hace llorar de emoción al leer a García Márquez y Vargas Llosa nos muestra su Perú, el de un literato casi autodidacta. 

Murakami, con el siglo XX a sus espaldas, desperdicia una oportunidad única para mostrarnos a los hijos de la Guerra despertando en un nuevo Japón.

Con todo, por favor, leed el libro y disfrutad de su música. Es decir, la genial descripción de la música occidental de la época. 

Por cierto, el título 'Norwegian Wood' es una canción de los Beatles.

M.