sábado, 1 de junio de 2019

Adios Balthus, bienvenido Fra Angelico y el verano Renancentista Florentino.

Lo conseguí, me he despedido como dios manda de las pinturas de Balthus en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid. En muchos momentos dudé que tuviera tiempo para contemplar de nuevo las sobrevaloradas obras de este pintor, aupadas por la superioridad moral de Francia y apuntaladas por la comunidad francófona suiza. Un cocktail de triunfo seguro, porque ni la temática, ni la evolución, ni el uso de la perspectiva, ni la copia pseudo-ecléctica de las caras de Piero dellaFrancesca, justifican el culto que se rinde a este pintor aun hoy. Puede que yo sea una crítica de arte chusquera, lo tengo asumido, pero empujar a Balthus hacia el Olimpo de los Artistas que han influído a la humanidad, me parece desmesurado y una burda compra por parte de marchantes de arte en busca de novedades alejadas de corrientes ya maduras (Balthus no puede encuadrarse en ninguna de la vanguardias del siglo XX) y americanos ricos atraídos por una vida bohemia y culta paradigma de lo que ellos tenían en su cabeza como concepto de "europeo digno de ser contemplado". Si leéis la vida de Balthus entenderéis esto último, un tipo con dinero, rodeado de artistas que pasó de puntillas por toda la miseria de la historia europea del siglo XX y que - merced a su posición acaudalada - pudo permitirse opinar sobre todo y todos. En fin, lo dejo. Reconozco que la primeras veces que vi la exposición no me disgustó (es soberbia en cuanto a comisariado y elección de las obras), pero mi despedida ha sido algo agridulce.

Por eso he recibido como un soplo de aire puro el gran acontecimiento artístico de 2019, la exposición de "Fra Angélico y los inicios del Renacimiento en Florencia" en el Museo del Prado de Madrid. ¿Qué tiene que ver esto con Balthus? Absolutamente nada, aunque si se le quiere buscar una línea de conexión - siempre la hay -  Fra Angélico era toscano, oriundo de una aldea cercana a Florencia. Piero della Francesca conoció a Fra Angélico en Florencia y - como ya he comentado - Balthus era un entusiasta Piero, al que copió, pero no superó intelectualmente ni en ningún sentido. Della Francesca es uno de los personajes más enigmáticos de la historia del arte, algo fuera de lo común. 

Pero hablemos de Fra Angélico (1390-1455) y la visita de sus cuadros a Madrid 564 años después de su muerte en Roma. El mundo en 2019 es diametralmente opuesto al que este monje dominico conoció en vida. Esto es importantísimo, porque hemos pasado de una aproximación al arte vetada a las personas comunes, es decir, la gran mayoría de los habitantes del mundo, a una especie de masificación descontextualizada y grotesca. Florencia en el siglo XV, estaba manejada por poderosas familias que amparaban a artistas en función de sus criterios propios, muy rígidos y encorsetados, academicismo se llama esto. Este academicismo estaba impregnado de principio a fin por la fe y los temas religiosos, vidas de santos, de Jesús y de la Virgen. Faltaban cien años para la invención de la imprenta, que conllevó la difusión masiva de las ideas, por lo que las obras de arte hacían la función de 'libros' a color, llenos de imágenes simbólicas que contaban de una forma visual y sencilla lo que los poseedores de dinero y poder querían. Estos mensajes a transmitir se resumían en dos ideas, Dios puede con todo, y es mejor ser pobre que rico, le caerás mejor al Altísimo cuando vayas al más allá.

En 2019, ya despojados felizmente de estos miedos y supersticiones, Florencia ha pasado de ser una poderosa Ciudad Estado a convertirse en Disneylandia. Una parque temático de arte lleno de vociferantes chinos y americanos de crucero por Europa, acompañados por europeos que pasan el fin de semana en la ciudad porque han conseguido un vuelo tirado de precio. Un horror. Si la visita es en verano, es más terrible todavía. Menos mal que el ingente patrimonio florentino justifica todo tipo de penurias que puedas encontrarte, incluida la cola infinita para entrar a la Galería de los Uffizi.


(Fra Angélico)
Museo Nacional de Prado (Madrid)


Fra Angélico es uno de los culpables de convertir Florencia en una de las ciudades más bonitas del mundo, y por ende, de transformarla en un parque temático de beodos en busca de inspiración que - por más que busquen - no van a encontrar. Porque para entender su obra hay que entender la fe (no tenerla, ojo) y cómo gracias a ella, guiado por la inspiración divina, este monje dominico alcanza la perfección en su obra. Porque sólo persigue alabar la figura de dios y dejar que su humilde mano se guíe sola, con la fuerza de su amor a Jesús. Difícil comprenderlo. No estoy haciendo un tratado de fe, ni una reseña en una estampita piadosa. A mi también me cuesta trabajo imaginar que alguien se pasara la vida pensado esto, pero claro, a mi me ha tocado vivir en el siglo XXI, no en el XV.





"Non mihi sit laudi quod eram velut alter Apelles, sed quod tuis meritis omnia Christe dabam"

No me alabéis por ser otro Apeles, sino porque todo lo entregaba, oh Cristo, por tus méritos.

Basílica de Santa María Sobre Minerva (Roma)

Pero, ¿por qué la obra de Fra Angélico es tan importante y por qué la exposición del Prado coloca al pintor ahí donde debe estar, entre los privilegiados poseedores de un don inalcanzable para el común de los mortales? Muy sencillo, durante el tiempo que anduvo por este valle de lágrimas, el Gótico agonizó, comenzó a aletear el Renacimiento italiano, Florencia adquirió poder en un mundo donde América aun no aparecía y él mismo, como ya he repetido, tenía un innegable talento.

A lo largo de la Edad Media, potentes pensadores como Tomás de Aquino (también dominico) intentaron dotar al dogma cristiano de una dimensión racional. Había que explicar con la razón muchos de los puntos que la fe no podía aclarar, es decir, razón y fe andaban de la mano. Durante cientos de años, hasta la llegada del Renacimiento, el avance intelectual fue potentísimo, con la ayuda de los postulados de Platón y Aristóteles, se dotó a la sociedad de unos valores universales de los que todavía (sin ser conscientes de ello, me temo) nos nutrimos. Tras el fin del Gótico (Baja Edad Media) y con la caída de Constantinopla, transcurre una época bisagra que busca raíces donde sustentarse y, como siempre, la piedra angular se fija en el progreso (=dinero) y la soberbia de los hombres.

En el caso de la obra de Fra Angélico, y la exposición del Prado, esto se ve con sorprendente claridad. En las primeras salas, contemplamos una obra sin perspectiva, con cero audacia, reflejo de su aprendizaje como miniaturista en el taller de Lorenzo Mónaco, el hombre está al servicio de Dios, y su obra es humilde. Pero ¡oh cielos! Florencia adquiere poder, y atrae a arquitectos como Filippo Brunelleschi o Lorenzo Ghiberti, artistas como Paolo Uccello o Masaccio, estos por citar los más conocidos, y Fra Angélico - virtud de su contacto con ellos - dota a sus pinturas de movimiento, que junto con la espiritualidad, hace que las figuras se muevan con una cadencia tan armoniosa y delicada que te elevan a altísimas cotas de trascendencia. No hay muchos pintores que consigan esto, creedme. A partir del siglo XV y con esta senda marcada por artistas como él, la razón y el progreso siguen un camino separado de la fe, para no volver a juntarse nunca.

El divorcio razón/fe que se da en el Renacimiento, tiene - sin duda - consecuencias que han conducido a Europa y su cultura a dominar el mundo conocido. Separar los asuntos mundanos de los religiosos es la base de nuestro progreso. Pero - por otra parte - ha elevado al hombre a una categoría de diosecillo sin fe que ni los filósofos más eminentes han conseguido caracterizar, al menos en el papel, para llegar - ya en el siglo XXI - a dar forma a un tipo de individuo que pasea en pantalones cortos por Florencia sin saber ni lo que ve, la fe la perdió hace siglos, y la razón es un concepto abstruso para él. Y esto es grave. 

He leído muchas cosas estos días en relación a Fra Angélico y a los aspectos que rodearon sus quehaceres pictóricos. No era el fraile mojigato que solemos tener en la cabeza, más bien lo contrario. Pero me llamó la atención un apunte sobre el movimiento que comienzan a tener las pinturas en este época y cuya piedra angular son los trabajos de Masaccio en la Capilla Brancacci de Florencia, y en concreto la escena de 'San Pedro cura a los enfermos con su sombra'.


Masaccio. 
"San Pedro cura a los enfermos con su sombra"
Capilla Brancacci (Florencia) 1425


En esta pintura al fresco, San Pedro mueve sus pies. Como se moverán los brazos de la virgen en 'La Anunciación'  de Fra Angélico del Museo del Prado, dando a entender que los designios de Dios son inescrutables y su decisiones están tomadas con férrea e inapelable condición, pero el ser humano tiene la última palabra para aceptarlas y cambiar su vida, y la de muchos otros. Y aquí está lo más sublime de toda idea humana, de nuestro mundo y de nuestra fe. Seamos creyentes o no.

Con calma he analizado cada pincelada de este genio en la exposición que podremos disfrutar hasta septiembre de 2019 en El Prado, al que la razón y el progreso dieron de lado en un determinado momento historia. Ahora, con nuestra mente modelada bajo el cincel de siglos de imparable progreso, creo que es un buen momento para - viendo estos cuadros - valorar si lo que hemos ido dejando por el camino debemos resucitarlo de cuando en cuando, para no perder la esperanza en la grandeza del hombre y sus infinitas facetas.

Id a ver la exposición.
M.

domingo, 19 de mayo de 2019

Carmen Cervera y la hipocresía 'Made in Spain'

Me pierden los museos, me pasaría horas y horas entre cuadros y obras de arte. Especialmente las llevadas a cabo antes - más o menos - de la primera mitad del siglo XX. A partir de ese momento me cuesta verle el punto a la obra. No dudo de su valor, pero me parece algo contaminado por las ideas de cuatro listos. Muy simple la conclusión, lo sé, pero es que me anclé en la Edad Media y no hay forma de salir de la sima. Me fagocita constantemente. Es más, he ido varias veces en las últimas semanas al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid, con la intención de despedirme de la exposición de Balthus (acaba el 26 de mayo), y acabo SIEMPRE en la tercera planta viendo cuadros góticos, un desastre. Veo que se llevan los cuadros de Balthus y no les digo adiós. Haré un par de intentos más, pero ya me dibujo a mi misma en las salas donde se despliega el talento de los pintores de los siglos XV y XVI, flamencos, neerlandeses, españoles, italianos... 

Justo ayer, cuando estaba en la tercera planta del museo, observando el canon de belleza del Renacimiento Italiano de la mano de una de las obras maestras que se exhiben en este museo, 'Retrato de Giovanna degli Albizzi Tornabuoni' de Domenico Ghirlandaio,  por la que viajan a Madrid especialistas de todo el mundo, me dio por elucubrar sobre lo lejísimos que estamos los latinos del mundo nórdico europeo. En el ámbito latino incluyo a Italia, Francia, Portugal y España. La sutileza de la belleza es mucho más ambigua en el sur, el arte nórdico es más directo, y también menos amable. El reflejo de esto está en la hipocresía, en el sur es más - igualmente - sutil, hay que leer y observar entre la maraña de despropósitos para comprender toda la verdad de lo que sucede.


Retrato de Giovanna degli Albizzi Tornabuoni
1489 - 1490
(Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid)


Prestemos atención al 'Retrato de un hombre joven orante' de Hans Memling, no hay nada idealizado, estoy segura que este individuo era así tal cual. 



Retrato de un hombre joven orante (anverso)
hacia 1485
(Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid)


Me atrevo a aventurar que Giovanna era más fea que picio, y que cualquier parecido con el retrato es pura coincidencia. Creo que ya se vislumbraba en el horizonte el horror que sienten los protestantes a la mentira, el peor de los pecados. A nosotros lo de mentir nos trae al fresco, ir a una reunión, cerrar un acuerdo con unos términos, y posteriormente hacer lo que nos venga en gana, es algo tan nuestro como el mar Mediterráneo. Disfrazar la personalidad de una dama del siglo XV con una delicadeza que - tal vez - no poseía es un pecadillo menor que carece de trascendencia. Se tergiversan un poco los acontecimientos, se disfraza la verdad con mentira y listo... ¡Tenemos lo que queríamos! Un poco más de rigor no nos hubiera venido mal, porque potencial intelectual tenemos. No creo que nuestras desventuras históricas tengan que ver con el poco apego al trabajo, mochuelo colgado por nuestros vecinos del norte, más bien con nuestra escasa capacidad para aportar algo de rigor a la vida cotidiana. 

Como todo es susceptible de cambiarse al hilo de lo que vayan echándonos, sin más guía que nuestro propio poco sentido común, somos - esto sin ninguna duda - mucho más felices. Nuestros compañeros de viaje continentales son lúgubres como ellos solos, sólo están contentos cuando beben como animales en Salou o en Benidorm, y se disfrazan de cosmopolitas de playa, luciendo un bronceado rojo chamuscado por zonas. Que no tenemos nada que ver, vaya. Esto ya se veía venir en el siglo XV, vislumbrar las decenas de guerras por las que hemos pasado era algo obvio, se mascaba la tragedia en el ambiente. En el Thyssen está la prueba.


Aprovechándose de que a los Europeos les gusta más el sol que a un tonto un lápiz, nuestra amiga Carmen Cervera le echó el guante, hace ya 34 años, a Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza, prototipo de holandés aburrido seducido por la costa del sol y poseedor de una colección de arte de valor incalculable que - gracias a los buenos oficios de Carmen - fue comprada por el Estado Español en 1992.


A su vez Carmen Cervera, con el dinero de la familia Thyssen, claro, compró sus propios cuadros, una colección también soberbia que se puede ver en gran parte en el museo de Madrid. Os la recomiendo, las obras están escogidas por alguien que sabe muchísimo de arte y además cuenta con recursos económicos sustanciosos. El sueño de toda persona a la que le gusta rodearse de cultura y belleza. Su gran aportación cultural a Madrid son los cuadros de pintores de las vanguardias europeas del siglo XX, Kandinsky, Picasso, Munch, Juan Gris, Vlaminck, Léger, Hopper... Y pintores españoles de los siglos XIX y XX a los que han hecho sombra injustamente otros artistas europeos de muchísima menor valía, a saber, Anglada Camarasa, Joaquín Sunyer, Dario de Regollos, Ignacio de Zuloaga... Esto entre otros muchos cuadros, de otras épocas, países y estilos.


La colección de Carmen Cervera (Thyssen) está actualmente en depósito en el Museo Thyssen a la espera de que los burócratas españoles (políticos de medio pelo movidos por su incultura y necedad) decidan qué hacer. Y aquí nos topamos con el desastre... Si dios no lo remedia, los cuadros abandonarán Madrid con destino desconocido. Nos lo merecemos, por idiotas. Yo sé que no es un tema de interés general, ni salva vidas, ni supone un antes y un después en la vida del español medio, no deja de ser un chascarrillo mal contado en las revistas del corazón y manipulado con fines funestos en los diarios de mayor calado, que nos muestran a una Carmen Cervera con un pasado de mujer de la vida imposible de olvidar. El pasado de las mujeres se tapa o sale a la luz en función de lo que convenga y de la ideología de la fémina en cuestión. En el caso concreto que nos ocupa, a Carmen Cervera NO se le puede perdonar. Es más, su apego por el sexo la convierte en una idiota, una inculta, alguien de poco fundamento.

Nadie con las características con que la pintan hubiese juntado tan tremenda colección de obras. Es verdad que ha tenido ayuda y dinero, pero hay muchos otros que parten de situaciones más ventajosas y no les da por esto, ni por nada... Sólo por comprar coches de lujo, joyas y viajar en yates con mujeres u hombres jóvenes. Por eso, mofarse de Carmen Cervera me parece un insulto propio de mentes blandas. Esta mujer ha hecho por España más que todos los imbéciles que viajan con avión y coche oficial y que no saben ni quién es Velázquez.

Y aquí volvemos al alma latina, y a su sutileza hipócrita. Porque no todo es bueno aquí, obviamente. Hay un grupo de periodistas y burócratas que se levantan cada mañana a pintar a una mecenas del arte con sus peores galas, al contrario que a Guiovanna degli Albizzi, pero con la mista ambigüedad sin rigor que tan funestos resultados nos ha dado.

Para rematar el clavo, tenemos - justo al lado de un Museo que tiene su sede en Madrid gracias a ella - una plaza con el nombre de Margaret Thatcher, una mujer que odiaba a España y que hizo todo lo que estuvo en su mano para perjudicarnos. Y ahora, sí que sí, sólo nos queda atrincherarnos entre las obras de Carmen Cervera y llorar de impotencia.

Leed mucho y sacad vuestras propias conclusiones.
M. 

viernes, 10 de mayo de 2019

Reflexiones filosóficas sobre el budismo para sobrevivir en un mundo de locos...

Mayo es delicioso en Madrid, creo que – junto con octubre – es el mejor mes del año. No hace demasiado calor y la ciudad muestra su mejor cara. Asistimos cada año a una especie de despertar candencioso y estimulante, que se traduce en mil ofertas de actividades de todo tipo. Da igual lo que te guste, algo encontrarás. Seguro.

Víctima de este espíritu que denominaré “alegoría primaveral” asistí en La Casa Asia de Madrid a la presentación del libro “En palabras del Buddha. Una antología de Discursos del canon pali”. Soy amiga de uno de los traductores, un budista convencido y pasional al que considero muy inteligente. Todo lo que cuenta lo escucho con atención y respeto, con el firme propósito de aprender y meditar sobre este canon de pensamiento desconocido en España (por más libros que se publiquen) y terriblemente adulterado por el circo moderno y sus ansias de contemplar todo como si fuese un espectáculo que se brinda para dar respuestas insustanciales a las mentes más simples.





Siempre llevo un cuadernito de notas, mientras escucho me concentro mejor si escribo, me ayuda a fijar las ideas. No fue una excepción en esta ocasión, trascribo ahora lo que anoté con el único objetivo de poner en orden mis pensamientos. No es mi objetivo dar una lección de moral, ni poner en la balanza si es mejor ser budista, cristiano, judío, musulmán… Cada cual que haga lo que le parezca y se ajuste a su forma de vida.


Cuando Buddha, Jesús, Mahoma… mueren, sus ideas comienzan a ser adulteradas y manipuladas, siempre y sin excepción, para adoctrinar a los hombres, de acuerdo a leyes y dictados más terrenales que divinos, creando de la nada una serie de instituciones al servicio de poderes que poco tienen que ver con la espiritualidad, con alcanzar el nirvana o con el amor que cambiará a la humanidad. 


Al ser las religiones mayoritarias gestadas y predicadas desde oriente, su concepción primigenia es bastante gregaria y comunal. El concepto de individualidad es algo muy específico de la cultura occidental, sobre todo desde El Renacimiento.

Esta idea de individualidad, es decir, que cada hombre es diferente (no mejor) que otro que está justo al lado cogiendo el autobús, se ha perfeccionado - no siempre con buenos resultados - tras la Revolución Industrial. En el anverso está la religión (cualquiera) que tiende a homogeneizarnos a todos, con el agravante de que sus adeptos creen que las demás lo hacen, pero la que él practica es un paradigma de libertad y respeto. El que pertenece a una religión concreta es un tipo liberado, liberado por las mejores ideas del universo. Las suyas, naturalmente.


He escuchado a mi amigo y a otros practicantes del budismo decir que el cristianismo está lleno de supersticiones, y que todo su corpus doctrinal es fanático e intransigente. Honestamente, tan real o falso puede ser que un hombre llamado Jesús muriera crucificado en el siglo I en Jerusalén, que un príncipe hindú alcanzara la iluminación quinientos años antes en la India. Por otra parte, somos la evolución lineal de la filosofía griega, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, y antes Pablo de Tarso, adaptaron la doctrina cristiana, con un germen judío y oriental, a los moldes del pensamiento griego. No hubo otra forma de pensar durante mil años. Cuando Europa conoció Oriente, ya no tenía remedio, estábamos contaminados. Era complicado entender sin
‘google traslator’ y sin los medios de los siglos XX y XXI, un canon completamente ajeno a nuestra historia. Es más, no ha habido persecución en Europa contra los practicantes del budismo, porque jamás supusieron una amenaza, sus ideas eran incomprensibles para nosotros. Si alguien en mitad de una transitada calle de París, Londres o Madrid, hubiese gritado en el siglo XV:

(...) Ananda, seis son las raíces de las disputas. ¿Qué seis? He aquí, Ananda, que un monje se enoja y se molesta. El monje que se enoja y se molesta, vive sin respetar y obedecer al Maestro, sin respetar ni obedecer al Dhamma, sin respetar ni obedecer al Sangha, [y así] no puede contemplar su formación. El monje, Ananda, que vive sin respetar ni obedecer al Maestro, al Dhamma y al Sangha, y que no completa su formación, genera disputas dentro del Sangha. (...)
En Palabras del Buda. Una Antología de Discursos del canon pali. Edición Española. Editorial Kairós. 1ra Edición. Marzo 2019. Pág.217.

Lo más que le podría pasarle es que lo tomasen por un pirado. Un iluminado. El cine ha hecho mucho daño en la imagen que tenemos de los sacrificados por la religión. Creedme. En Europa ha habido infinitas guerras de religión, pero SIEMPRE han estado motivadas por la obtención del poder. Cuando no había de donde rascar, y el disidente en cuestión no suponía peligro alguno, se le dejaba en paz y a otra cosa. Por favor, no creáis otra cosa.

Por eso, me resulta sorprendente, que los budistas se adhieran innecesariamente a esta corriente de pensamiento tan ridícula y simple, es decir, desacreditar otra religión, para fortalecer los cimientos de la suya. Copio textualmente (corto/pego) un párrafo de un mail relacionado con la convocatoria a este evento:

El Buddha alentó a sus seguidores a “venir y ver” (ehipassiko), es decir, los animó a probar e investigar por ellos mismos si sus enseñanzas funcionaban o no, en lugar de hacerles confiar ciegamente.
El Buddhismo es un conjunto de enseñanzas muy realistas, todo lo contrario a la creencia o la fe, y, de hecho, el Buddha habló sólo de causas observables sin ninguna suposición metafísica.

Ni Jesús ni Mahoma obligaron a ningún ser humano a confiar ciegamente en nada. Las palabras de Jesús que aparecen en el Evangelio (hablo de este libro porque lo conozco mejor que el Corán) son tan honestamente cotidianas y observables que - precisamente por ello - cambiaron radicalmente el mundo y fijaron el año cero el día de su nacimiento en Belén. Jesús, al igual que Mahoma, no era un filósofo alejado del mundo. Ambos fueron hombres que intentaron, con sus palabras, dar respuesta a los problemas reales, que - sorprendentemente - siempre son los mismos.

Por otra parte. ¿Qué es una suposición metafísica? Es complicado dotar de conceptos filosóficos a cualquier religión, más cuando los manuscritos o la propia tradición oral están a años luz de la gramática del idioma que pretende lograr la síntesis. Pero inventar términos sin pies ni cabeza, no me parece el camino.

Nos alejamos irremediablemente de unos valores que aparecen en todos los cánones sagrados sin excepción. Una de las causas está en la incapacidad de lograr puntos de encuentro entre diferentes religiones, olvidando los dogmas y centrando el diálogo en las enseñanzas más simples y enriquecedoras. Nada más. 

Durante quinientos años el mensaje de Buddha fue de boca en boca porque era realmente potente, nadie podía sustraerse de él, para no perder la esperanza ante lo miserable de la conducta de los hombres. Cuando Jesús nace, Judea es una provincia romana muy helenizada, donde la escritura está ampliamente desarrollada. Los primeros Evangelios se escribieron unos sesenta años después de la muerte de Jesús, en griego, esto - para los detractores del cristianismo - es una prueba de que el mensaje ya no valía, estaba adulterado por el tiempo. Sesenta años no son nada, ahora en 2019 leemos libros con investigaciones de hechos acontecidos hace 500 años, y los damos por buenos. Pero lo que quiero decir, es que sea mucho o poco tiempo, en realidad carece de importancia. Porque lo que subyace es lo maravilloso del mensaje de cada uno de los profetas, mesías, príncipes... que un día - tal vez sin ellos pretenderlo - dieron un rumbo diferente a los tiempos, y a la historia. 

(...) Me vieron venir desde lejos y, al verme, acordaron lo siguiente: "Amigos, viene el asceta Gotama, el que se da a la buena vida, el que abandonó el esfuerzo y volvió a la vida regalada. No le saludaremos, no nos levantaremos y no tomaremos ni su cuenco ni su manto, pero prepararemos un asiento y, si quiere, que se siente". Sin embargo, monjes, a medida que me acercaba, el grupo de cinco monjes, fue incapaz de mantener su palabra. (...) Sin embargo, me llamaban y se referían a mi como 'amigo' (...)

En Palabras del Buda. Una Antología de Discursos del canon pali. Edición Española. Editorial Kairós. 1ra Edición. Marzo 2019. Pág.136.

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Pero Jesús se fue al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo. Toda la gente se le acercó, y él se sentó a enseñarles. Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio del grupo le dijeron a Jesús:
—Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?
Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. Y, como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo:
—Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Evangelio de Juan 8: 1-7


¿Por qué somos incapaces de comprendernos? Estamos más cerca de lo que creemos.

Dos cosas, una leed el libro si podéis, os ayudará a entender un mundo del que nunca nadie nos cuenta nada, y al que debemos más de lo que somos conscientes. Yo he leído pasajes y me encanta. Dos, pensad por vosotros mismos.
M.



miércoles, 1 de mayo de 2019

Reflexionando desde Neverland.

Nochevieja, hace 36 años, siendo una niña y con el permiso de mis padres, retrasé la hora de acostarme para devorar el programa soporífero de Televisión Española que daba la bienvenida al año nuevo, y entonces apareció ÉL, y mi vida cambió. Me quedé sentada y sin palabras, sobrecogida por lo que veía. Suena pretencioso y peliculero, pero fue así, tal cual. Ahí estaba, un genio que iba a influir - sin él pretenderlo - en mi infancia, toda mi adolescencia y parte de mi edad madura. Bailando entre muertos vivientes y entre tumbas, era Michael Jackson, moviéndose al ritmo de Thriller.




Y desde entonces, hasta su muerte en junio de 2009, se convirtió en una compañía agradable y segura. Un secreto propio cuya forma de vivirlo formó parte de mi yo más personal. Cada momento - bueno o malo - de mi existencia ha estado acompañado por una de sus canciones. Me he refugiado en sus melodías y las he reinterpretado y soñado a mi manera cientos de veces. Contemplé con lástima la degradación absoluta de su persona, la interpreté con benevolencia a veces y con extrañeza, otras. Pero nunca dejé de pensar que Jackson era un ser especial, modelado al ritmo de un mundo frenético e implacable, para el que él no estaba hecho.

Y de repente en 2019, se estrena un documental en dos partes sobre él y la 'verdad' de los abusos sexuales de los que fue acusado y juzgado a principios de los años noventa. Leaving Neverland. Y de nuevo, como hace 36 años, me he quedado quieta y sobrecogida.

Había leído que, en su estreno en el Festival de Cine de Sundance, la sala se quedó en silencio tras acabar la proyección, pensé que era una exageración comercial, o el gusto morboso que tienen los norteamericanos por todo este tipo de testimonios, pero no es para menos. Leaving Neverland es el reflejo fiel y descarnado de lo enfermo que está este mundo y como cada modelo cultural alcanza la sordidez a su manera. 

Creo que lo que cuentan los dos niños (adultos ya), Wade Robson y James Safechuck de su vida con Michael, es verdad. Y sólo por eso, una parte de mi juventud se ha visto trastocada de una forma extraña. He contemplado una cara diferente de él, no era la que yo tenía grabada en mis recuerdos de juventud. He visto a un tipo débil y enloquecido, pero aupado y protegido en sus vicios por toda una camarilla de personas que vivían a su costa. Esta es la primera de mis reflexiones.

Tal vez yo ahora sea otra persona, con la madurez suficiente para darme cuenta que en ese viaje vital en el que él me acompañó, hubo matices que no quise ver. Como tampoco vemos hasta qué punto, cada cultura ha desarrollado, en los siglos XX y XXI, su propio paradigma de sordidez.

La gestación de las relaciones de los niños con Jackson muestran al mundo anglosajón (en el que nos miramos, y nos venden cada día como el espejo en el que mirarnos) absolutamente ridículo. Unos padres que viven en suburbios prefabricados de Estados Unidos y Australia, que - cuando Michael les agasaja - no dudan en convertirse una especie de mofa ridícula disfrazada con gorritas que come palomitas en el parque de atracciones de Neverland. Unos padres que sueñan con ver a sus hijos convertidos en estrellas a la sombra de otra, cerrando los ojos ante lo evidente. Algo que sólo puede pasar en Estados Unidos. Aquí, en España, tenemos otro tipo de personajes patéticos, hay niveles máximos de audiencia en la televisión cuando Isabel Pantoja se lanza desde un helicóptero a una isla en Honduras, pero me atrevo a afirmar que historias como las que se cuentan en este documental, sería raro (no imposible) que ocurrieran en España, ni en Europa. Porque repito, cada sociedad genera un tipo diferente de patetismo cuyas víctimas somos todos, cada uno a su manera.

Esta es la segunda reflexión que me ha vendido a la cabeza.

La tercera comienza con el juicio y la molicie del aparato mediático que se pone en marcha a costa de la depravación de Michael Jackson, donde lo terrible de la historia - los abusos - pasa a un segundo plano y sólo sale a la superficie un cúmulo de mentiras y manipulaciones gestadas por abogados, periodistas e individuos que - de una u otra forma - viven del artista. Sin pretenderlo el director, creo, los testimonios y la verdad pasan a ser irrelevantes. La telaraña de mentiras es tan tupida, que las propias víctimas - ya no tan niños en ese momento -, no saben qué camino tomar, quizás porque sus padres ya han decidido por ellos, han decidido tapar sus remordimientos con veinticinco millones de dólares. Y la posibilidad, treinta años después, de poder mostrar a Jackson - ya muerto y sin posibilidad de defenderse -  como un tipo más enfermo y abominable de lo que ya era. 

Y ahora... ¿qué? ¿dejaremos de escuchar Thriller en la radio? ¿tengo que enterrar mis recuerdos? ¿tengo que pensar que yo misma era un personaje ridículo cuando esperé doce horas para ver cantar a Jackson en el Vicente Calderón? No lo sé. 

Mientras decido qué hacer, dejaré que Michael me acompañe un poco más. Porque, al igual que han hecho ya otros, una vez muerto, no podrá defenderse de lo que yo crea de él.

Leed mucho y sacad vuestras propias conclusiones.
M.

domingo, 28 de abril de 2019

Buscando desesperadamente respuestas en la Primera Guerra Mundial


Ya expuse aquí mi repulsa a la visión que nos ha ofrecido el cine sobre la Edad Media. Una panorámica que muestra un universo oscuro, difuso, vil y brutal. Hombres comiendo como animales e incultura por doquier. Esto ha hecho un daño inmenso, esta distorsión mental nos ha embrutecido a nosotros. TODO ser humano da por hecho que los acontecimientos fueron tal cual los narra Hollywood, cuando cualquier parecido es pura coincidencia.

De esta forma y manera, ya tenemos todo el camino hecho, no necesitamos revisar nada, valorar nada, ni meditar nada. Todo está dicho ya, y es así. No admite otras opiniones. Pero yo afirmo, aquí y ahora, que creer toda esta basura nos anula casi por completo, aunque suene exagerado, estamos denostando la base de nuestro pensamiento y nuestra cultura, estamos negando y lapidando una época brillante y tremendamente dinámica que ha dado forma a nuestro mundo de progreso e igualdad. Negarlo nos embrutece y nos condena a vivir en un mundo a varias velocidades, donde los autodenominados portadores de la antorcha de la verdad, serán los que conduzcan al mundo al desastre más brutal...

¡Jajaja! Ahora que lo leo, parece que estoy anticipando la llegada de la Apocalipsis. En cierta forma, en todo mundo y momento, la hecatombe es un hecho a tener en cuenta. Más cuando se mutila y se encamina el pensamiento humano hacia un batiburrillo de ideas sin pies ni cabeza, y con un denominador común, la idea de que el hombre del siglo XXI dirige su vida con libertad porque se ha liberado de la superstición y el lastre de su propia historia... ¡Y un cuerno! Es precisamente este convencimiento lo que nos conducirá a una sima.

No hay que ser catastrofistas, pero hay que reflexionar. 

Otro ejemplo de distorsión de la realidades, la guerra. Cuando pensamos en Las Cruzadas, nos vienen a la cabeza unos tipos con armadura, echando espumarajos por la boca, con una especie de bola con pinchos en la mano con la que iban dando golpes y destrozando vidas con un fanatismo despiadado. Actos de brutalidad sin fin, sin mayor objetivo que expandir la fe. No siempre las cosas resultan ser tan simples. En primer lugar porque la ambición de los hombres se ha servido de ideales variados, y hasta absurdos en algunos casos, pero siempre ha necesitado un soporte para mover voluntades. Cuando la fe dejó de servir a tal fin, al hombre no le costó mucho encontrar otras excusas, la patria, la supremacía racial, el imperialismo puro y duro. Las guerras de la antigüedad tenían algo de heroicas, las de ahora sólo sirven para sepultar seres humanos y para dar sentido a los tiempos venideros que no serán necesariamente mejores.

Como siempre vuelvo a las mismas machaconas ideas, sin darme cuenta acabo con un libro entre las manos que versa sobre estos temas, o que - sin tener nada que ver – yo acabo pensando que sí, que es lo mismo. Tanto da. Porque todo el devenir humano se resume en cuatro ideas. Ideas que se encuentran seguro en el Discurso de Ida Vitale al recoger el Premio Cervantes 2018 en Alcalá de Henares el 23 de abril, en el libro de Erich María Remarque, 'Sin Novedad en el Frente' (1929) y en el maravilloso ensayo de Barbara W. Tuchman 'Los cañones de Agosto' (1962). Y no está, SEGURO, en la dinámica de la campaña electoral de las Elecciones Generales en España del 28 de abril. Eso es basura pura y dura. Me da miedo, me aterroriza. Cuando leo el libro de Tuchman y comparo el escenario que describe, previo a la Primera Guerra Mundial y en la deriva de nuestro mundo en 2019, siento escalofríos de terror. ¿Soy la única que se da cuenta de que no hemos aprendido nada? ¿Cómo puedo pretender que reflexionemos sobre la Edad Media, si ni conocemos el devenir de la Primera Guerra Mundial, que acabó hace sólo cien años?

Ambos libros, el de Remarque y el de Tuchman versan sobre avatares funestos acontecidos durante y antes (en el caso de 'Los cañones de Agosto') de la Primera Guerra Mundial, el discurso de Ida Vitale nos acerca a su vida y al Quijote. Todos sin excepción son una invitación a la reflexión centrada y profunda sobre los monstruos que engendra el progreso y cómo sólo unos pocos se dan cuenta, el resto no escucha. NADIE, NUNCA, JAMÁS. ¿Era realmente la Edad Media un periodo oscuro? Yo creo que no.

Nos hemos convertido en animales peligrosos. No combatimos, nos defendemos de la destrucción. No lanzamos granadas contra los hombres - ¡qué sabemos nosotros en estos momentos de todo esto! -, es la muerte la que nos acorrala agitando aquellas manos y aquellos cascos. Por primera vez, después de tres días, podemos mirarla a la cara; por primera vez, después de tres días, podemos defendernos. Nos posee una rabia loca. Ya no hemos de esperar, impotentes, tendidos sobre el túmulo; destruimos y matamos para defendernos, para defendernos y también para vengarnos.

Sin novedad en el Frente. Erich María Remarque. Pág.74. Ebook. Edición 2010


Nadie duda de que la ambición humana ha permanecido inalterable a lo largo de los siglos, y que las páginas de la historia están teñidas de una brutalidad irracional, pero en los dos últimos siglos hemos pasado de una destrucción a menor escala, a un nivel local, con una crueldad focalizada en los enemigos que más a mano pillaban, a una exterminación industrial y anónima. La Primera Guerra Mundial fue pionera en lanzar obuses haciendo perecer a los adversarios por miles, sin conocer sus vidas, ni lo que al abandonarlas, dejaban en el camino. 

Era innecesario sentir conmiseración por los enemigos, porque la muerte anónima e irrelevante, era ya simplemente un número, una estadística, una cifra que modelaba las futuras estrategias. Ese es el legado del siglo XX, uno de muchos (no todos malos), la convicción de que los grandes ideales como el nacionalismo, la supremacía racial, el imperialismo, el comunismo o el fascismo, debían lograrse con cualquier medio que fuera menester, porque a los humanos se les engaña y luego ya se verá.

Los grandes iluminados han dejado un rastro necrosado de atrocidad y vergüenza.

(…) Éste era un axioma difícil de cumplir, pues la ruta hacia la que señalaba quedaba obstaculizada por la neutralidad belga, que Alemania, al igual que las otras cuatro grandes potencias europeas, había garantizado a perpetuidad. En la firme creencia de que la guerra era inevitable y de que Alemania había de entrar en la misma en las condiciones más óptimas para asegurarse el éxito, Schlieffen decidió que el problema belga desapareciera para Alemania. De las dos clases de oficiales prusianos, los dotados de un cuello de toro y los gráciles como gacelas, pertenecía a la segunda. Con su monóculo y sus modales reservados, frío y calculador, se concentraba de tal modo en su profesión que, cuando en cierta ocasión un ayudante de campo, después de una cabalgada durante toda la noche por la Prusia oriental, le llamó la atención sobre la belleza del río Pregel, reluciente a la luz del sol que salía por el horizonte, el general echó una rápida y dura mirada al río y replicó: «Un obstáculo sin importancia».
Y lo mismo decidió con respecto a la neutralidad belga.(…)
 

Los Cañones de Agosto. Barbara W. Tuchman. Pág.20. Ebook. Edición 2004

Algo que en su larga vida (95 años) Ida Vitale ha visto con sus propios ojos, por ello escribe:

Toda la gracia proviene de que el Quijote haga de las suyas “cuando ya no se usan los caballeros andantes”. Radica en ello su razón de ser, el más sutil de los méritos de la obra. Nos reclama la inacabable virtud del libro: exigirnos la fidelidad atemporal a lo que, lector tras lector y época tras época, se ha ido consagrando, como un venerable sostén de la herencia humana.

Ida Vitale. Discurso Premio Cervantes 2018. Alcalá de Henares (Madrid) 23.Abril.2019

En contraposición a este anti-belicismo irreal, narrativo y convencido, meditado y vital, se encuentra nuestro mundo actual, el del 2019. Donde los fantasmas del pasado, enterrados y superados, se levantan con pasmoso dinamismo. Repito, ¿soy la única que se da cuenta?

Me siento como el Quijote, como un caballero andante en total desuso, ese es mi sostén - como apunta Vitale - el de la dispersión. Pero tampoco veo muchas más salidas. Las que me ofrecen, las que tengo al alcance de la mano, o no las comprendo, o me parecen ridículas.

'Y aunque volviéramos a este paisaje de nuestra infancia, apenas sabríamos qué hacer allí. Las delicadas y secretas fuerzas que suscitaba en nosotros no pueden renacer (...) Ya no nos sentimos atados como antes a este paisaje. No fue la noción de su belleza y de su espíritu lo que nos atrajo, sino lo que teníamos en común, el armónico sentimiento de una fraternidad entre las cosas y los acontecimientos de nuestro ser (...) Hoy pasaríamos por los prados de nuestra juventud como viajeros. Hemos sido consumidos por las realidades (...) Estamos abandonados como niños y somos experimentados como ancianos. Somos groseros, tristes, superficiales... Creo que estamos perdidos.

Sin novedad en el Frente. Erich María Remarque. Pág.80-81. Ebook. Edición 2010


Pensad en la Batalla del Marne (Septiembre 1914), en los 500.000 muertos en sólo seis días. Pensad en esos grandes estrategas que decidieron continuar, después de esa masacre, con la guerra. Poniendo sólo vidas humanas en el asador. Y entonces resonarán con fuerza las palabras de Remarque... 'Somos groseros, tristes, superficiales... Creo que estamos perdidos'. 

Cien años después, ¿tomarían nuestros estrategas en el poder las mismas decisiones? Sí, creo que sí. Y eso es lo que me da miedo.

Leed mucho.
M.

domingo, 31 de marzo de 2019

Murakami, Dalí y España... Creando mundo paralelos.

Hace un par de años, en este mismo espacio, manifesté mi convencimiento de que Haruki Murakami jamás conseguiría el Premio Nobel. Acaba de leer 'Tokio Blues', y la verdad, no me pareció una cosa del otro mundo. 'Esperando a Herr Nobel', lo titulé.

Hoy, tres años después, confieso que estaba equivocada, y que si no tiene el Nobel es porque merece mucho más que un premio tan pírrico y devaluado como ese. Murakami es de otro mundo.





En enero de 2016, no había conocido aun al verdadero Murakami, es decir, el inventor de realidades paralelas, de mundos extraños creados con el objetivo último de hacernos ver lo idiotas y desquiciados que estamos. 

En lo que va de año he leído dos novelas suyas, 1Q84 y Kafka en la Orilla. Me centraré más en este última, porque la tengo más reciente y porque el enfoque está más cerca de lo que quiero contar.

Hay una sensación que jamás te abandona cuando lees los libros de Murakami, y es que realmente no sabes si la ficción extraña que inventa es lo que más se acerca a la realidad, o - al ser la realidad tan abyecta - tu cerebro, al mimetizarse en la trama, consigue un descanso merecido y sereno. Debemos creer que caen caballas del cielo, o sanguijuelas sobre los malos, que hay un individuo disfrazado de Johnnie Walker que mata gatos para hacer una flauta con sus almas. Que un niño de quince años huye de su casa, escuchando a su otro yo ficticio, llamado Cuervo, que le aconseja sabiamente y sin estridencias, dejando claro que sólo debemos escuchar los dictados de nuestro yo más profundo. Todo es raro, pero coherente. El secreto está en mezclar la fantasía con menciones a escritores y músicos soberbios, que con su prosa y música, establecieron las pautas de las miserias humanas, y la clave para comprenderlas.

Esta es la génesis de cualquier historia. Un gran cambio. Una inflexión inesperada. En cuanto a la felicidad, sólo existe de un tipo, pero si hablamos de infortunios, los hay de mil tipos distintos. Tal como dijo Tolstoi, la felicidad es una alegoría; la desdicha, una historia.
Kafka en la OrillaEditorial Tusquets. Pág. 202. 6ª Ed. Mayo 2007.

¿
Por qué al leer Ana Karenina - conociendo el argumento perfectamente - no podemos evitar sentirnos atraídos por sus páginas? ¿Por qué la música de Franz Schubert es atemporal? Porque la desdicha es una historia y la imaginación es lo único que da sentido a la trama de la vida. Es simple, pero nadie lo pone en práctica, es decir, un gran porcentaje de los actos que acometemos cada día son estériles o destructivos. Esto es lo que Murakami quiere transmitir con denuedo y sin tapujos. Por eso confunde magistralmente la realidad con la ¿ficción?, por eso desprecia a los grandes predicadores que ensucian nuestras mentes con ideas grandilocuentes pero vacías, pérfidas y estériles, filfa destructiva en última instancia.

(...) Sólo que ya estoy más que harto de gente sin imaginación. De ese tipo de gente que T.S. Eliot llama "hombres huecos". Personas que suplen su falta de imaginación, esa parte vacía, con filfa insensible y que van por el mundo sin percatarse de ello. Personas que intentan imponer a la fuerza a los demás esa insensibilidad soltando, una tras otra, palabras huecas. (...)

(...) Sujetos estrechos de miras, intolerantes y sin imaginación. Tesis desconectadas de la realidad, terminología vacía, ideales usurpados, sistemas inflexibles. Son estas cosas las que a mí, realmente, me dan miedo. Son estas cosas las que yo temo y odio con todo mi corazón. (...)
Kafka en la Orilla. Editorial Tusquets. Págs. 230 y 231. 6ª Ed. Mayo 2007.


Pensad en lo que nos rodea, no hace falta ser un lince para darse cuenta de que sobran los ejemplos de este tipo de seres. El gran reto es defenderse de ellos, del peligro de la vacuidad. Esta es la razón por la que Murakami no tiene el Nobel, porque el premio en sí está rodeado de miseria y se mueve con el mismo combustible que tiñe la realidad de una pátina subyugante y vomitiva.

Como el pensamiento es libre y enlaza ideas dispares (más en mi caso que voy danto tumbos sin ton ni son) uní ayer en mi cabeza a Salvador Dalí y a Murakami, escuchando la canción que le dedicó Mecano y recordando lo que me contó un conocido sobre su visita al Teatro-Museo Dalí en Figueras. Sobre la distorsión voluntaria que hacen los hombres huecos de la memoria de pintores soberbios que JAMÁS se hubiesen prestado a semejante infamia. Han destruido no sólo su realidad, también han pateado su  fértil y disruptiva imaginación. Llegué a la conclusión que Dalí, al igual que Murakami, confundía conscientemente la realidad con la imaginación como una forma de defensa ante las palabras vacuas, contra el destino que le esperaba a su memoria, convertido en un adalid de una nación ficticia, haciéndole hablar y sentir algo que nunca sintió.

Hay un momento en la novela de Kafka en la Orilla, en el que el protagonista se pregunta si las personas que están vivas pueden transformarse en espectros, y con la ayuda de su interlocutor llega a la conclusión de que las personas se convierten en espíritus vivos sólo para hacer el mal, jamás por sentimientos nobles, como la fidelidad o el amor. Para eso es necesario morir y convertirse en fantasma. 

El mundo fantástico son las tinieblas que hay en el interior de nuestra mente. Antes de que en el siglo XIX Freud y Jung arrojaran luz sobre todo esto con sus análisis de subconsciente, la correlación entre ambas tinieblas era, para la mayoría de las personas, un hecho tan obvio que no valía la pena pararse a reflexionar sobre él. Ni siquiera era una metáfora (...) Hasta que Edison inventó la luz eléctrica, la mayor parte del mundo vivía, literalmente, envuelto en unas tinieblas tan negras como la laca. Y no existía frontera alguna entre las tinieblas físicas del exterior y las tinieblas interiores del alma, ambas se entremezclaban. Más aun, se confundían en una (...) Para nosotros, que estamos en el mundo actual, las cosas son distintas. Las tinieblas del mundo exterior han desaparecido, pero las tinieblas de nuestra alma continúan inalteradas.
Kafka en la Orilla. Editorial Tusquets. Pág. 284. 6ª Ed. Mayo 2007.


Hay - entonces - que seguir en un estadio previo a la invención de la luz, de la separación total de las tinieblas, para discernir vagamente, qué parte nos corresponde embadurnar de mentiras y qué parte es real. Por eso ahora ya no tenemos nada a lo que agarrarnos para caminar hacia grandes metas. Porque la parte oscura de nuestra alma está tan escondida, porque sólo la visible, la que no sirve más que para dar tropiezos, nos guía sin remedio hacia el abismo. 

La grandeza, la que tuvo Dalí, la que refleja Murakami en sus libros, es la que se esconde en lo más profundo y deberíamos - de vez en cuando - pararnos a escuchar lo que dice. 

Hablo de Dalí porque, al igual que le sucede a España como nación, han pisoteado su genio embadurnándolo de un mensaje secesionista y ridículo que él nunca compartió. Debió preverlo y por eso se dedicó a navegar por mundos paralelos en vida, y tuvo que morir para convertirse en un genio-fantasma, y eso que en su época dorada como pintor, la xenofobia catalana no había alcanzado los niveles sofocantes y cansinos que ahora ha logrado. Con un inusitado y machacón esfuerzo por sepultar las voces internas de las agonizantes almas que soportamos cada día sus mentiras.

Son la cualidades, no los defectos, las que arrastran al hombre a la tragedia...

Edipo rey, de Sófocles, es un ejemplo remarcable de ello. En el caso de Edipo, no son la indolencia y la estupidez las que originan la tragedia, sino su valentía y su honestidad. Y de ahí nace, inevitablemente, la ironía.

Kafka en la Orilla. Editorial Tusquets. Pág. 253. 6ª Ed. Mayo 2007.

También he reflexionado, teniendo todo lo anterior en mi cabeza, y al hilo de las declaraciones que hizo López Obrador hace unos días, cuando afirmaba que España debería pedir perdón por los agravios cometidos en el pasado, si nuestra grandeza reside precisamente en no haber separado todavía ambas realidades, es decir, las tinieblas del mundo exterior. Si como a veces creo, siempre hemos sabido que las palabras que nos dedicaban eran huecas y por eso hemos avanzado lidiando con las mentiras y derrocando a los necios con nuestra indiferencia enloquecida y - las más de las veces - involuntaria.

Lo que sucede es que se hizo la luz, se inventó en mundo de la razón, de las grandes ideas de palabras huecas, y ahí no tenemos defensa posible. No sabemos movernos en ese escenario. Y como bien relató Cervantes en El Quijote, una vez se desciende al mundo real, sólo resta morir.

Leed mucho.
M.


domingo, 10 de marzo de 2019

Feminismo, Rustaveli y Brilka. El mundo como un libro de caballería.

Como cada ocho de marzo, las mujeres hemos celebrado nuestro gran día. Hemos esperado siglos para reivindicar nuestros derechos y - ahora que los tenemos reconocidos (al menos en el papel) - gritamos como locas para pedir una libertad que ya tenemos, y de paso lograr a empellones nuestro lugar en un mundo hecho a medida de los hombres. Como estrategas dejamos muchísimo que desear. Menos mal que dios no ha dado otros atributos. 

Dentro de estos grupúsculos reivindicativos hay todo tipo de mujeres, están las verdaderamente maltratadas por los hombres, las bombardeadas catódicamente y manipuladas intelectualmente por los medios y las que han hecho de esta gesta su forma de vida, estas últimas son las que sujetaban las pancartas de manifestaciones varias el viernes ocho de marzo, con enorme convencimiento de que 'o estás conmigo o estás contra mi'. Es decir, que el 99% de las mujeres que vivimos en España somos un pálido reflejo de lo que nos hubiera gustado ser. Sobre este particular hay - claro está - muchos estadios intermedios que, si seguimos una línea de pensamiento único, se diluyen irremediablemente. Perdiendo la mujer aquello que la hace sublime, es decir, su superioridad sensitiva en casi todo aquello que se propone. La prueba de esto último es que los más bellos libros escritos hablan sobre mujeres, o bien están escritos por mujeres. Del hombre hay poco que hablar, por eso es mejor no agitar pancartas, no vaya a ser que acabemos iguales y esto sería terrible.

Hemos llegado al 2019 equiparadas legalmente a los hombres, pero llenas de enemigos por todas partes. A saber, la religión, el estado, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos (que deben acostumbrarse a que el insustituible papel que ocupan sus madres lo ocupen sus padres), nuestros amigos, las empresas (públicas o privadas) para las que trabajamos, los gobernantes, los jueces, los conductores del metro... Cualquier ente es susceptible de convertirse en un enemigo para nosotras, alguien potencialmente peligroso. El mundo ideal es aquel en el que todo está repartido al 50%, y existen inspectores que vigilan para que haya igualdad en cada una de las esferas de nuestra vida, donde nada fluye y todo es rígido. El gran OJO de la igualdad nos observa. Ya no hay magia, ni historias de amor, ni chispa, ni miradas picaronas... No, no. Ya sólo hay consejos de administración donde la mitad de sus miembros son mujeres (es decir miembras) y existe un Gran Hermano que todo lo ve y que siempre sabe qué es lo que más nos conviene.

Echaros a temblar porque vienen tiempos malos.

Me sorprende también que sea la izquierda la que abandere sin sonrojo un movimiento de liberación mundial de la mujer, porque en los lugares donde se vivió bajo el yugo comunista, las mujeres fueron maltratadas sin piedad convertidas en un instrumento del Estado sin voz ni voto en casi ningún ámbito de la vida pública (la privada no existía). Tal vez diga esto porque coincidiendo con estas fechas tan 'feministas' he concluido la lectura de 'La Octava vida (para Brilka)' de Nino Haratischwili. Una monumental y larguísima novela que aborda las vidas de una familia georgiana a lo largo del siglo XX, donde las mujeres son la clave del argumento y donde el comunismo los conduce a todos/as a destinos controlados por Papá Estado, por el Generalísimo (es decir Stalin), y por agentes de este último que como grandes iluminados por el sol de la verdad comunista, no dejaron títere con cabeza. La familia protagonista y otros muchos, fueron arrastrados a un destino miserable adornado con palabras grandilocuentes, borrando para siempre todo lo sublime que hubo en un país como Georgia, encerrado en las montañas del Cáucaso, pero con una larga historia de hadas y duendes. 




Nino Haratischwili es una mujer georgiana, nacida en Tiflis en 1983, pero criada en Alemania, el libro  -de hecho - está escrito en alemán. Nino ha dado forma a un libro redondo, que no hace más que mostrar las debilidades humanas y cómo estas afectan a la mujeres, que al final, cuando son controladas y no viven conforme a sus sueños, sino como parte de un plan mundial de contingentes y de ideas que iluminarán el universo, son un pálido reflejo (ahora sí) de lo que siempre quisieron ser. Envueltas en una "nomenklatura" ridícula, víctimas del atropello constante de su feminidad. Georgia, en sí misma, como nación que perteneció a la URSS, no deja de ser mostrada como una mujer que sufre estas humillaciones siendo consciente de que es la única manera de sobrevivir, dentro de una realidad absurda y descarnada.

Creo que llegados a este punto, se hace necesario hablar un poco de Georgia y de su magia. De este país, aquí en España, se conoce poco o nada. Más bien esto último. Y eso que su familia real en el exilio vive en Madrid. Pero esto es normal, sabemos poco de nuestra historia, como para ponernos a investigar sobre un país encajonado entre las montañas del Cáucaso y el mar Negro, que desde el año 1801, con diferentes tipos de vínculos, formó parte de la órbita rusa, cuyo periodo de máximo esplendor tuvo lugar en los siglos XII-XIII, y que alcanzó su independencia (al menos de facto) en 1991, viéndose desde esta fecha envuelto en múltiples conflictos de todo tipo, especialmente territoriales y como consecuencia de su relación de amor-odio con Rusia. Sin ir más lejos, el 8 de Agosto de 2008 los tanques rusos llegaron a la capital, Tiflis. Doscientos años de dominio ruso no se borran fácilmente. 


Con impresionante inteligencia, la madre Rusia había decidido reforzar siempre a su pequeño, levantisco y quizás demasiado travieso hijo Georgia en todas sus debilidades, y proclamarlas como fortalezas hasta que el hijo empezara a cogerle el gusto a su papel y creyera haber engañado a su madre, haberla privado de su poder, sin darse cuenta de hasta qué punto - esforzándose en ser querido por el padre - se prostituía por su amor.
Página 547. Primera Edición. Septiembre 2018.



Para colmo, hablan una lengua muerta, totalmente ajena al mundo latino, que se escribe con una especie de gusanitos rarísimos, sin paralelismo ni parecido con ninguna otra. Tan especial y característico es su acento, que Stalin no logró despojarse de él en toda su vida, por más que lo intentó. (Stalin era georgiano).

A mi este país me atrae poderosamente. Su estética, su aproximación al cristianismo y su fascinante historia. Georgia es la antigua Colquis, hacia donde fueron Jasón y los Argonautas en busca del Vellocino de Oro. En georgiano se volcaron - durante el siglo V - los textos de culto a Mithra, un dios persa que tuvo enorme influencia en el Imperio Romano. Y - también en esta lengua extraña con tres mil años de historia - escribió Shota Rustaveli 'El caballero en la piel de tigre'. Rustaveli (1172-1216) fue un rico aristócrata, ministro del tesoro durante el glorioso reinado de la Reina Tamar (la etapa más dorada que se recuerda en aquellas tierras), gran viajero y conocedor de la literatura persa y árabe. 


Shota Rustaveli.
Monasterio de la Cruz (Jerusalén)


Y ¡ahora sí! se va a producir el momento mágico de unión entre feminismo del siglo XXI y un poema caballeresco del siglo XII compuesto en el Cáucaso. Y será maravilloso.


¿Cómo responder a tu pesar sólo con palabras...?
Dime cuál es el tormento que te apena y su remedio.
El caballero en la piel de tigre. (Estr.26)


Sí, en los poemas caballerescos los hombres adoraban sin reserva a su amada, y éstas no necesitaban exhibir pancarta alguna. Nueve siglos después, mientras gritamos hasta quedar afónicas para que los hombres se sometan a nuestro yugo, ni imaginamos que hace nueve siglos, el amor que sentían los nobles caballeros hacia sus amadas era total, un sometimiento absoluto. Porque todo lo que procedía del amor era fuente de honor. O al menos así lo creía Rustaveli. Un amor que rozaba la idolatría, que surgía de forma inmediata, donde el enamorado pasaba a ser un enfermo, la amada - mientras - se quedaba tan campante en casa urdiendo nuevos planes maléficos para el caballero, que él llevaría a cabo sin rechistar.

Si la amada desaparecía, se adentraban en bosques mágicos, en naturalezas salvajes, porque ya no tenían lugar en el mundo. Este amor enloquecido era fuente de sabiduría. Porque esta última no es más que la necesidad de que los hombres y las mujeres sean capaces - en su avance vital -  de crear historias mágicas donde alcancen un nuevo nivel de existencia.

Ese nivel de existencia mágico y misterioso lo vamos minando poco a poco con nuestras ideas de contingentes, y nuestro desprecio a lo que la historia y la literatura nos enseñan.

El siglo XX en Georgia fue un cúmulo de desgracias provocadas por el hombre. De mujeres camaradas al servicio de asesinos como Beria o el propio Stalin. De literatura perdida, de identidades difusas. Donde las mujeres lloraron y lucharon para nada, porque de ese mundo nada queda excepto las brasas de décadas de sumisión a un poder que pretendía salvarlas.

No tengo que elegir el mundo en el que quiero vivir, ya lo hice hace mucho tiempo. Y desde luego, no es el que pintan para mí en paredes, ni escriben en manifiestos llenos de frases intrascendentes. Si apartamos a los hombres de nuestra vida, no podremos enviarlos a luchar contra dragones o a buscar griales lejos, muy lejos. Tal vez sólo sirvan para eso, pero con eso, es suficiente.

Te debes a mi servicio por dos razones en verdad:
primero porque eres un caballero que ningún otro puede igualar
y después porque me amas, si ello es verdad y no una mentira.
Ve, busca a aquel hombre donde se encuentre, ya sea cerca o lejos.


El caballero en la piel de tigre. (Estr.130)

Leed mucho.
M.