viernes, 10 de mayo de 2019

Reflexiones filosóficas sobre el budismo para sobrevivir en un mundo de locos...

Mayo es delicioso en Madrid, creo que – junto con octubre – es el mejor mes del año. No hace demasiado calor y la ciudad muestra su mejor cara. Asistimos cada año a una especie de despertar candencioso y estimulante, que se traduce en mil ofertas de actividades de todo tipo. Da igual lo que te guste, algo encontrarás. Seguro.

Víctima de este espíritu que denominaré “alegoría primaveral” asistí en La Casa Asia de Madrid a la presentación del libro “En palabras del Buddha. Una antología de Discursos del canon pali”. Soy amiga de uno de los traductores, un budista convencido y pasional al que considero muy inteligente. Todo lo que cuenta lo escucho con atención y respeto, con el firme propósito de aprender y meditar sobre este canon de pensamiento desconocido en España (por más libros que se publiquen) y terriblemente adulterado por el circo moderno y sus ansias de contemplar todo como si fuese un espectáculo que se brinda para dar respuestas insustanciales a las mentes más simples.





Siempre llevo un cuadernito de notas, mientras escucho me concentro mejor si escribo, me ayuda a fijar las ideas. No fue una excepción en esta ocasión, trascribo ahora lo que anoté con el único objetivo de poner en orden mis pensamientos. No es mi objetivo dar una lección de moral, ni poner en la balanza si es mejor ser budista, cristiano, judío, musulmán… Cada cual que haga lo que le parezca y se ajuste a su forma de vida.


Cuando Buddha, Jesús, Mahoma… mueren, sus ideas comienzan a ser adulteradas y manipuladas, siempre y sin excepción, para adoctrinar a los hombres, de acuerdo a leyes y dictados más terrenales que divinos, creando de la nada una serie de instituciones al servicio de poderes que poco tienen que ver con la espiritualidad, con alcanzar el nirvana o con el amor que cambiará a la humanidad. 


Al ser las religiones mayoritarias gestadas y predicadas desde oriente, su concepción primigenia es bastante gregaria y comunal. El concepto de individualidad es algo muy específico de la cultura occidental, sobre todo desde El Renacimiento.

Esta idea de individualidad, es decir, que cada hombre es diferente (no mejor) que otro que está justo al lado cogiendo el autobús, se ha perfeccionado - no siempre con buenos resultados - tras la Revolución Industrial. En el anverso está la religión (cualquiera) que tiende a homogeneizarnos a todos, con el agravante de que sus adeptos creen que las demás lo hacen, pero la que él practica es un paradigma de libertad y respeto. El que pertenece a una religión concreta es un tipo liberado, liberado por las mejores ideas del universo. Las suyas, naturalmente.


He escuchado a mi amigo y a otros practicantes del budismo decir que el cristianismo está lleno de supersticiones, y que todo su corpus doctrinal es fanático e intransigente. Honestamente, tan real o falso puede ser que un hombre llamado Jesús muriera crucificado en el siglo I en Jerusalén, que un príncipe hindú alcanzara la iluminación quinientos años antes en la India. Por otra parte, somos la evolución lineal de la filosofía griega, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, y antes Pablo de Tarso, adaptaron la doctrina cristiana, con un germen judío y oriental, a los moldes del pensamiento griego. No hubo otra forma de pensar durante mil años. Cuando Europa conoció Oriente, ya no tenía remedio, estábamos contaminados. Era complicado entender sin
‘google traslator’ y sin los medios de los siglos XX y XXI, un canon completamente ajeno a nuestra historia. Es más, no ha habido persecución en Europa contra los practicantes del budismo, porque jamás supusieron una amenaza, sus ideas eran incomprensibles para nosotros. Si alguien en mitad de una transitada calle de París, Londres o Madrid, hubiese gritado en el siglo XV:

(...) Ananda, seis son las raíces de las disputas. ¿Qué seis? He aquí, Ananda, que un monje se enoja y se molesta. El monje que se enoja y se molesta, vive sin respetar y obedecer al Maestro, sin respetar ni obedecer al Dhamma, sin respetar ni obedecer al Sangha, [y así] no puede contemplar su formación. El monje, Ananda, que vive sin respetar ni obedecer al Maestro, al Dhamma y al Sangha, y que no completa su formación, genera disputas dentro del Sangha. (...)
En Palabras del Buda. Una Antología de Discursos del canon pali. Edición Española. Editorial Kairós. 1ra Edición. Marzo 2019. Pág.217.

Lo más que le podría pasarle es que lo tomasen por un pirado. Un iluminado. El cine ha hecho mucho daño en la imagen que tenemos de los sacrificados por la religión. Creedme. En Europa ha habido infinitas guerras de religión, pero SIEMPRE han estado motivadas por la obtención del poder. Cuando no había de donde rascar, y el disidente en cuestión no suponía peligro alguno, se le dejaba en paz y a otra cosa. Por favor, no creáis otra cosa.

Por eso, me resulta sorprendente, que los budistas se adhieran innecesariamente a esta corriente de pensamiento tan ridícula y simple, es decir, desacreditar otra religión, para fortalecer los cimientos de la suya. Copio textualmente (corto/pego) un párrafo de un mail relacionado con la convocatoria a este evento:

El Buddha alentó a sus seguidores a “venir y ver” (ehipassiko), es decir, los animó a probar e investigar por ellos mismos si sus enseñanzas funcionaban o no, en lugar de hacerles confiar ciegamente.
El Buddhismo es un conjunto de enseñanzas muy realistas, todo lo contrario a la creencia o la fe, y, de hecho, el Buddha habló sólo de causas observables sin ninguna suposición metafísica.

Ni Jesús ni Mahoma obligaron a ningún ser humano a confiar ciegamente en nada. Las palabras de Jesús que aparecen en el Evangelio (hablo de este libro porque lo conozco mejor que el Corán) son tan honestamente cotidianas y observables que - precisamente por ello - cambiaron radicalmente el mundo y fijaron el año cero el día de su nacimiento en Belén. Jesús, al igual que Mahoma, no era un filósofo alejado del mundo. Ambos fueron hombres que intentaron, con sus palabras, dar respuesta a los problemas reales, que - sorprendentemente - siempre son los mismos.

Por otra parte. ¿Qué es una suposición metafísica? Es complicado dotar de conceptos filosóficos a cualquier religión, más cuando los manuscritos o la propia tradición oral están a años luz de la gramática del idioma que pretende lograr la síntesis. Pero inventar términos sin pies ni cabeza, no me parece el camino.

Nos alejamos irremediablemente de unos valores que aparecen en todos los cánones sagrados sin excepción. Una de las causas está en la incapacidad de lograr puntos de encuentro entre diferentes religiones, olvidando los dogmas y centrando el diálogo en las enseñanzas más simples y enriquecedoras. Nada más. 

Durante quinientos años el mensaje de Buddha fue de boca en boca porque era realmente potente, nadie podía sustraerse de él, para no perder la esperanza ante lo miserable de la conducta de los hombres. Cuando Jesús nace, Judea es una provincia romana muy helenizada, donde la escritura está ampliamente desarrollada. Los primeros Evangelios se escribieron unos sesenta años después de la muerte de Jesús, en griego, esto - para los detractores del cristianismo - es una prueba de que el mensaje ya no valía, estaba adulterado por el tiempo. Sesenta años no son nada, ahora en 2019 leemos libros con investigaciones de hechos acontecidos hace 500 años, y los damos por buenos. Pero lo que quiero decir, es que sea mucho o poco tiempo, en realidad carece de importancia. Porque lo que subyace es lo maravilloso del mensaje de cada uno de los profetas, mesías, príncipes... que un día - tal vez sin ellos pretenderlo - dieron un rumbo diferente a los tiempos, y a la historia. 

(...) Me vieron venir desde lejos y, al verme, acordaron lo siguiente: "Amigos, viene el asceta Gotama, el que se da a la buena vida, el que abandonó el esfuerzo y volvió a la vida regalada. No le saludaremos, no nos levantaremos y no tomaremos ni su cuenco ni su manto, pero prepararemos un asiento y, si quiere, que se siente". Sin embargo, monjes, a medida que me acercaba, el grupo de cinco monjes, fue incapaz de mantener su palabra. (...) Sin embargo, me llamaban y se referían a mi como 'amigo' (...)

En Palabras del Buda. Una Antología de Discursos del canon pali. Edición Española. Editorial Kairós. 1ra Edición. Marzo 2019. Pág.136.

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Pero Jesús se fue al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo. Toda la gente se le acercó, y él se sentó a enseñarles. Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio del grupo le dijeron a Jesús:
—Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?
Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. Y, como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo:
—Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Evangelio de Juan 8: 1-7


¿Por qué somos incapaces de comprendernos? Estamos más cerca de lo que creemos.

Dos cosas, una leed el libro si podéis, os ayudará a entender un mundo del que nunca nadie nos cuenta nada, y al que debemos más de lo que somos conscientes. Yo he leído pasajes y me encanta. Dos, pensad por vosotros mismos.
M.



miércoles, 1 de mayo de 2019

Reflexionando desde Neverland.

Nochevieja, hace 36 años, siendo una niña y con el permiso de mis padres, retrasé la hora de acostarme para devorar el programa soporífero de Televisión Española que daba la bienvenida al año nuevo, y entonces apareció ÉL, y mi vida cambió. Me quedé sentada y sin palabras, sobrecogida por lo que veía. Suena pretencioso y peliculero, pero fue así, tal cual. Ahí estaba, un genio que iba a influir - sin él pretenderlo - en mi infancia, toda mi adolescencia y parte de mi edad madura. Bailando entre muertos vivientes y entre tumbas, era Michael Jackson, moviéndose al ritmo de Thriller.




Y desde entonces, hasta su muerte en junio de 2009, se convirtió en una compañía agradable y segura. Un secreto propio cuya forma de vivirlo formó parte de mi yo más personal. Cada momento - bueno o malo - de mi existencia ha estado acompañado por una de sus canciones. Me he refugiado en sus melodías y las he reinterpretado y soñado a mi manera cientos de veces. Contemplé con lástima la degradación absoluta de su persona, la interpreté con benevolencia a veces y con extrañeza, otras. Pero nunca dejé de pensar que Jackson era un ser especial, modelado al ritmo de un mundo frenético e implacable, para el que él no estaba hecho.

Y de repente en 2019, se estrena un documental en dos partes sobre él y la 'verdad' de los abusos sexuales de los que fue acusado y juzgado a principios de los años noventa. Leaving Neverland. Y de nuevo, como hace 36 años, me he quedado quieta y sobrecogida.

Había leído que, en su estreno en el Festival de Cine de Sundance, la sala se quedó en silencio tras acabar la proyección, pensé que era una exageración comercial, o el gusto morboso que tienen los norteamericanos por todo este tipo de testimonios, pero no es para menos. Leaving Neverland es el reflejo fiel y descarnado de lo enfermo que está este mundo y como cada modelo cultural alcanza la sordidez a su manera. 

Creo que lo que cuentan los dos niños (adultos ya), Wade Robson y James Safechuck de su vida con Michael, es verdad. Y sólo por eso, una parte de mi juventud se ha visto trastocada de una forma extraña. He contemplado una cara diferente de él, no era la que yo tenía grabada en mis recuerdos de juventud. He visto a un tipo débil y enloquecido, pero aupado y protegido en sus vicios por toda una camarilla de personas que vivían a su costa. Esta es la primera de mis reflexiones.

Tal vez yo ahora sea otra persona, con la madurez suficiente para darme cuenta que en ese viaje vital en el que él me acompañó, hubo matices que no quise ver. Como tampoco vemos hasta qué punto, cada cultura ha desarrollado, en los siglos XX y XXI, su propio paradigma de sordidez.

La gestación de las relaciones de los niños con Jackson muestran al mundo anglosajón (en el que nos miramos, y nos venden cada día como el espejo en el que mirarnos) absolutamente ridículo. Unos padres que viven en suburbios prefabricados de Estados Unidos y Australia, que - cuando Michael les agasaja - no dudan en convertirse una especie de mofa ridícula disfrazada con gorritas que come palomitas en el parque de atracciones de Neverland. Unos padres que sueñan con ver a sus hijos convertidos en estrellas a la sombra de otra, cerrando los ojos ante lo evidente. Algo que sólo puede pasar en Estados Unidos. Aquí, en España, tenemos otro tipo de personajes patéticos, hay niveles máximos de audiencia en la televisión cuando Isabel Pantoja se lanza desde un helicóptero a una isla en Honduras, pero me atrevo a afirmar que historias como las que se cuentan en este documental, sería raro (no imposible) que ocurrieran en España, ni en Europa. Porque repito, cada sociedad genera un tipo diferente de patetismo cuyas víctimas somos todos, cada uno a su manera.

Esta es la segunda reflexión que me ha vendido a la cabeza.

La tercera comienza con el juicio y la molicie del aparato mediático que se pone en marcha a costa de la depravación de Michael Jackson, donde lo terrible de la historia - los abusos - pasa a un segundo plano y sólo sale a la superficie un cúmulo de mentiras y manipulaciones gestadas por abogados, periodistas e individuos que - de una u otra forma - viven del artista. Sin pretenderlo el director, creo, los testimonios y la verdad pasan a ser irrelevantes. La telaraña de mentiras es tan tupida, que las propias víctimas - ya no tan niños en ese momento -, no saben qué camino tomar, quizás porque sus padres ya han decidido por ellos, han decidido tapar sus remordimientos con veinticinco millones de dólares. Y la posibilidad, treinta años después, de poder mostrar a Jackson - ya muerto y sin posibilidad de defenderse -  como un tipo más enfermo y abominable de lo que ya era. 

Y ahora... ¿qué? ¿dejaremos de escuchar Thriller en la radio? ¿tengo que enterrar mis recuerdos? ¿tengo que pensar que yo misma era un personaje ridículo cuando esperé doce horas para ver cantar a Jackson en el Vicente Calderón? No lo sé. 

Mientras decido qué hacer, dejaré que Michael me acompañe un poco más. Porque, al igual que han hecho ya otros, una vez muerto, no podrá defenderse de lo que yo crea de él.

Leed mucho y sacad vuestras propias conclusiones.
M.

domingo, 28 de abril de 2019

Buscando desesperadamente respuestas en la Primera Guerra Mundial


Ya expuse aquí mi repulsa a la visión que nos ha ofrecido el cine sobre la Edad Media. Una panorámica que muestra un universo oscuro, difuso, vil y brutal. Hombres comiendo como animales e incultura por doquier. Esto ha hecho un daño inmenso, esta distorsión mental nos ha embrutecido a nosotros. TODO ser humano da por hecho que los acontecimientos fueron tal cual los narra Hollywood, cuando cualquier parecido es pura coincidencia.

De esta forma y manera, ya tenemos todo el camino hecho, no necesitamos revisar nada, valorar nada, ni meditar nada. Todo está dicho ya, y es así. No admite otras opiniones. Pero yo afirmo, aquí y ahora, que creer toda esta basura nos anula casi por completo, aunque suene exagerado, estamos denostando la base de nuestro pensamiento y nuestra cultura, estamos negando y lapidando una época brillante y tremendamente dinámica que ha dado forma a nuestro mundo de progreso e igualdad. Negarlo nos embrutece y nos condena a vivir en un mundo a varias velocidades, donde los autodenominados portadores de la antorcha de la verdad, serán los que conduzcan al mundo al desastre más brutal...

¡Jajaja! Ahora que lo leo, parece que estoy anticipando la llegada de la Apocalipsis. En cierta forma, en todo mundo y momento, la hecatombe es un hecho a tener en cuenta. Más cuando se mutila y se encamina el pensamiento humano hacia un batiburrillo de ideas sin pies ni cabeza, y con un denominador común, la idea de que el hombre del siglo XXI dirige su vida con libertad porque se ha liberado de la superstición y el lastre de su propia historia... ¡Y un cuerno! Es precisamente este convencimiento lo que nos conducirá a una sima.

No hay que ser catastrofistas, pero hay que reflexionar. 

Otro ejemplo de distorsión de la realidades, la guerra. Cuando pensamos en Las Cruzadas, nos vienen a la cabeza unos tipos con armadura, echando espumarajos por la boca, con una especie de bola con pinchos en la mano con la que iban dando golpes y destrozando vidas con un fanatismo despiadado. Actos de brutalidad sin fin, sin mayor objetivo que expandir la fe. No siempre las cosas resultan ser tan simples. En primer lugar porque la ambición de los hombres se ha servido de ideales variados, y hasta absurdos en algunos casos, pero siempre ha necesitado un soporte para mover voluntades. Cuando la fe dejó de servir a tal fin, al hombre no le costó mucho encontrar otras excusas, la patria, la supremacía racial, el imperialismo puro y duro. Las guerras de la antigüedad tenían algo de heroicas, las de ahora sólo sirven para sepultar seres humanos y para dar sentido a los tiempos venideros que no serán necesariamente mejores.

Como siempre vuelvo a las mismas machaconas ideas, sin darme cuenta acabo con un libro entre las manos que versa sobre estos temas, o que - sin tener nada que ver – yo acabo pensando que sí, que es lo mismo. Tanto da. Porque todo el devenir humano se resume en cuatro ideas. Ideas que se encuentran seguro en el Discurso de Ida Vitale al recoger el Premio Cervantes 2018 en Alcalá de Henares el 23 de abril, en el libro de Erich María Remarque, 'Sin Novedad en el Frente' (1929) y en el maravilloso ensayo de Barbara W. Tuchman 'Los cañones de Agosto' (1962). Y no está, SEGURO, en la dinámica de la campaña electoral de las Elecciones Generales en España del 28 de abril. Eso es basura pura y dura. Me da miedo, me aterroriza. Cuando leo el libro de Tuchman y comparo el escenario que describe, previo a la Primera Guerra Mundial y en la deriva de nuestro mundo en 2019, siento escalofríos de terror. ¿Soy la única que se da cuenta de que no hemos aprendido nada? ¿Cómo puedo pretender que reflexionemos sobre la Edad Media, si ni conocemos el devenir de la Primera Guerra Mundial, que acabó hace sólo cien años?

Ambos libros, el de Remarque y el de Tuchman versan sobre avatares funestos acontecidos durante y antes (en el caso de 'Los cañones de Agosto') de la Primera Guerra Mundial, el discurso de Ida Vitale nos acerca a su vida y al Quijote. Todos sin excepción son una invitación a la reflexión centrada y profunda sobre los monstruos que engendra el progreso y cómo sólo unos pocos se dan cuenta, el resto no escucha. NADIE, NUNCA, JAMÁS. ¿Era realmente la Edad Media un periodo oscuro? Yo creo que no.

Nos hemos convertido en animales peligrosos. No combatimos, nos defendemos de la destrucción. No lanzamos granadas contra los hombres - ¡qué sabemos nosotros en estos momentos de todo esto! -, es la muerte la que nos acorrala agitando aquellas manos y aquellos cascos. Por primera vez, después de tres días, podemos mirarla a la cara; por primera vez, después de tres días, podemos defendernos. Nos posee una rabia loca. Ya no hemos de esperar, impotentes, tendidos sobre el túmulo; destruimos y matamos para defendernos, para defendernos y también para vengarnos.

Sin novedad en el Frente. Erich María Remarque. Pág.74. Ebook. Edición 2010


Nadie duda de que la ambición humana ha permanecido inalterable a lo largo de los siglos, y que las páginas de la historia están teñidas de una brutalidad irracional, pero en los dos últimos siglos hemos pasado de una destrucción a menor escala, a un nivel local, con una crueldad focalizada en los enemigos que más a mano pillaban, a una exterminación industrial y anónima. La Primera Guerra Mundial fue pionera en lanzar obuses haciendo perecer a los adversarios por miles, sin conocer sus vidas, ni lo que al abandonarlas, dejaban en el camino. 

Era innecesario sentir conmiseración por los enemigos, porque la muerte anónima e irrelevante, era ya simplemente un número, una estadística, una cifra que modelaba las futuras estrategias. Ese es el legado del siglo XX, uno de muchos (no todos malos), la convicción de que los grandes ideales como el nacionalismo, la supremacía racial, el imperialismo, el comunismo o el fascismo, debían lograrse con cualquier medio que fuera menester, porque a los humanos se les engaña y luego ya se verá.

Los grandes iluminados han dejado un rastro necrosado de atrocidad y vergüenza.

(…) Éste era un axioma difícil de cumplir, pues la ruta hacia la que señalaba quedaba obstaculizada por la neutralidad belga, que Alemania, al igual que las otras cuatro grandes potencias europeas, había garantizado a perpetuidad. En la firme creencia de que la guerra era inevitable y de que Alemania había de entrar en la misma en las condiciones más óptimas para asegurarse el éxito, Schlieffen decidió que el problema belga desapareciera para Alemania. De las dos clases de oficiales prusianos, los dotados de un cuello de toro y los gráciles como gacelas, pertenecía a la segunda. Con su monóculo y sus modales reservados, frío y calculador, se concentraba de tal modo en su profesión que, cuando en cierta ocasión un ayudante de campo, después de una cabalgada durante toda la noche por la Prusia oriental, le llamó la atención sobre la belleza del río Pregel, reluciente a la luz del sol que salía por el horizonte, el general echó una rápida y dura mirada al río y replicó: «Un obstáculo sin importancia».
Y lo mismo decidió con respecto a la neutralidad belga.(…)
 

Los Cañones de Agosto. Barbara W. Tuchman. Pág.20. Ebook. Edición 2004

Algo que en su larga vida (95 años) Ida Vitale ha visto con sus propios ojos, por ello escribe:

Toda la gracia proviene de que el Quijote haga de las suyas “cuando ya no se usan los caballeros andantes”. Radica en ello su razón de ser, el más sutil de los méritos de la obra. Nos reclama la inacabable virtud del libro: exigirnos la fidelidad atemporal a lo que, lector tras lector y época tras época, se ha ido consagrando, como un venerable sostén de la herencia humana.

Ida Vitale. Discurso Premio Cervantes 2018. Alcalá de Henares (Madrid) 23.Abril.2019

En contraposición a este anti-belicismo irreal, narrativo y convencido, meditado y vital, se encuentra nuestro mundo actual, el del 2019. Donde los fantasmas del pasado, enterrados y superados, se levantan con pasmoso dinamismo. Repito, ¿soy la única que se da cuenta?

Me siento como el Quijote, como un caballero andante en total desuso, ese es mi sostén - como apunta Vitale - el de la dispersión. Pero tampoco veo muchas más salidas. Las que me ofrecen, las que tengo al alcance de la mano, o no las comprendo, o me parecen ridículas.

'Y aunque volviéramos a este paisaje de nuestra infancia, apenas sabríamos qué hacer allí. Las delicadas y secretas fuerzas que suscitaba en nosotros no pueden renacer (...) Ya no nos sentimos atados como antes a este paisaje. No fue la noción de su belleza y de su espíritu lo que nos atrajo, sino lo que teníamos en común, el armónico sentimiento de una fraternidad entre las cosas y los acontecimientos de nuestro ser (...) Hoy pasaríamos por los prados de nuestra juventud como viajeros. Hemos sido consumidos por las realidades (...) Estamos abandonados como niños y somos experimentados como ancianos. Somos groseros, tristes, superficiales... Creo que estamos perdidos.

Sin novedad en el Frente. Erich María Remarque. Pág.80-81. Ebook. Edición 2010


Pensad en la Batalla del Marne (Septiembre 1914), en los 500.000 muertos en sólo seis días. Pensad en esos grandes estrategas que decidieron continuar, después de esa masacre, con la guerra. Poniendo sólo vidas humanas en el asador. Y entonces resonarán con fuerza las palabras de Remarque... 'Somos groseros, tristes, superficiales... Creo que estamos perdidos'. 

Cien años después, ¿tomarían nuestros estrategas en el poder las mismas decisiones? Sí, creo que sí. Y eso es lo que me da miedo.

Leed mucho.
M.

domingo, 31 de marzo de 2019

Murakami, Dalí y España... Creando mundo paralelos.

Hace un par de años, en este mismo espacio, manifesté mi convencimiento de que Haruki Murakami jamás conseguiría el Premio Nobel. Acaba de leer 'Tokio Blues', y la verdad, no me pareció una cosa del otro mundo. 'Esperando a Herr Nobel', lo titulé.

Hoy, tres años después, confieso que estaba equivocada, y que si no tiene el Nobel es porque merece mucho más que un premio tan pírrico y devaluado como ese. Murakami es de otro mundo.





En enero de 2016, no había conocido aun al verdadero Murakami, es decir, el inventor de realidades paralelas, de mundos extraños creados con el objetivo último de hacernos ver lo idiotas y desquiciados que estamos. 

En lo que va de año he leído dos novelas suyas, 1Q84 y Kafka en la Orilla. Me centraré más en este última, porque la tengo más reciente y porque el enfoque está más cerca de lo que quiero contar.

Hay una sensación que jamás te abandona cuando lees los libros de Murakami, y es que realmente no sabes si la ficción extraña que inventa es lo que más se acerca a la realidad, o - al ser la realidad tan abyecta - tu cerebro, al mimetizarse en la trama, consigue un descanso merecido y sereno. Debemos creer que caen caballas del cielo, o sanguijuelas sobre los malos, que hay un individuo disfrazado de Johnnie Walker que mata gatos para hacer una flauta con sus almas. Que un niño de quince años huye de su casa, escuchando a su otro yo ficticio, llamado Cuervo, que le aconseja sabiamente y sin estridencias, dejando claro que sólo debemos escuchar los dictados de nuestro yo más profundo. Todo es raro, pero coherente. El secreto está en mezclar la fantasía con menciones a escritores y músicos soberbios, que con su prosa y música, establecieron las pautas de las miserias humanas, y la clave para comprenderlas.

Esta es la génesis de cualquier historia. Un gran cambio. Una inflexión inesperada. En cuanto a la felicidad, sólo existe de un tipo, pero si hablamos de infortunios, los hay de mil tipos distintos. Tal como dijo Tolstoi, la felicidad es una alegoría; la desdicha, una historia.
Kafka en la OrillaEditorial Tusquets. Pág. 202. 6ª Ed. Mayo 2007.

¿
Por qué al leer Ana Karenina - conociendo el argumento perfectamente - no podemos evitar sentirnos atraídos por sus páginas? ¿Por qué la música de Franz Schubert es atemporal? Porque la desdicha es una historia y la imaginación es lo único que da sentido a la trama de la vida. Es simple, pero nadie lo pone en práctica, es decir, un gran porcentaje de los actos que acometemos cada día son estériles o destructivos. Esto es lo que Murakami quiere transmitir con denuedo y sin tapujos. Por eso confunde magistralmente la realidad con la ¿ficción?, por eso desprecia a los grandes predicadores que ensucian nuestras mentes con ideas grandilocuentes pero vacías, pérfidas y estériles, filfa destructiva en última instancia.

(...) Sólo que ya estoy más que harto de gente sin imaginación. De ese tipo de gente que T.S. Eliot llama "hombres huecos". Personas que suplen su falta de imaginación, esa parte vacía, con filfa insensible y que van por el mundo sin percatarse de ello. Personas que intentan imponer a la fuerza a los demás esa insensibilidad soltando, una tras otra, palabras huecas. (...)

(...) Sujetos estrechos de miras, intolerantes y sin imaginación. Tesis desconectadas de la realidad, terminología vacía, ideales usurpados, sistemas inflexibles. Son estas cosas las que a mí, realmente, me dan miedo. Son estas cosas las que yo temo y odio con todo mi corazón. (...)
Kafka en la Orilla. Editorial Tusquets. Págs. 230 y 231. 6ª Ed. Mayo 2007.


Pensad en lo que nos rodea, no hace falta ser un lince para darse cuenta de que sobran los ejemplos de este tipo de seres. El gran reto es defenderse de ellos, del peligro de la vacuidad. Esta es la razón por la que Murakami no tiene el Nobel, porque el premio en sí está rodeado de miseria y se mueve con el mismo combustible que tiñe la realidad de una pátina subyugante y vomitiva.

Como el pensamiento es libre y enlaza ideas dispares (más en mi caso que voy danto tumbos sin ton ni son) uní ayer en mi cabeza a Salvador Dalí y a Murakami, escuchando la canción que le dedicó Mecano y recordando lo que me contó un conocido sobre su visita al Teatro-Museo Dalí en Figueras. Sobre la distorsión voluntaria que hacen los hombres huecos de la memoria de pintores soberbios que JAMÁS se hubiesen prestado a semejante infamia. Han destruido no sólo su realidad, también han pateado su  fértil y disruptiva imaginación. Llegué a la conclusión que Dalí, al igual que Murakami, confundía conscientemente la realidad con la imaginación como una forma de defensa ante las palabras vacuas, contra el destino que le esperaba a su memoria, convertido en un adalid de una nación ficticia, haciéndole hablar y sentir algo que nunca sintió.

Hay un momento en la novela de Kafka en la Orilla, en el que el protagonista se pregunta si las personas que están vivas pueden transformarse en espectros, y con la ayuda de su interlocutor llega a la conclusión de que las personas se convierten en espíritus vivos sólo para hacer el mal, jamás por sentimientos nobles, como la fidelidad o el amor. Para eso es necesario morir y convertirse en fantasma. 

El mundo fantástico son las tinieblas que hay en el interior de nuestra mente. Antes de que en el siglo XIX Freud y Jung arrojaran luz sobre todo esto con sus análisis de subconsciente, la correlación entre ambas tinieblas era, para la mayoría de las personas, un hecho tan obvio que no valía la pena pararse a reflexionar sobre él. Ni siquiera era una metáfora (...) Hasta que Edison inventó la luz eléctrica, la mayor parte del mundo vivía, literalmente, envuelto en unas tinieblas tan negras como la laca. Y no existía frontera alguna entre las tinieblas físicas del exterior y las tinieblas interiores del alma, ambas se entremezclaban. Más aun, se confundían en una (...) Para nosotros, que estamos en el mundo actual, las cosas son distintas. Las tinieblas del mundo exterior han desaparecido, pero las tinieblas de nuestra alma continúan inalteradas.
Kafka en la Orilla. Editorial Tusquets. Pág. 284. 6ª Ed. Mayo 2007.


Hay - entonces - que seguir en un estadio previo a la invención de la luz, de la separación total de las tinieblas, para discernir vagamente, qué parte nos corresponde embadurnar de mentiras y qué parte es real. Por eso ahora ya no tenemos nada a lo que agarrarnos para caminar hacia grandes metas. Porque la parte oscura de nuestra alma está tan escondida, porque sólo la visible, la que no sirve más que para dar tropiezos, nos guía sin remedio hacia el abismo. 

La grandeza, la que tuvo Dalí, la que refleja Murakami en sus libros, es la que se esconde en lo más profundo y deberíamos - de vez en cuando - pararnos a escuchar lo que dice. 

Hablo de Dalí porque, al igual que le sucede a España como nación, han pisoteado su genio embadurnándolo de un mensaje secesionista y ridículo que él nunca compartió. Debió preverlo y por eso se dedicó a navegar por mundos paralelos en vida, y tuvo que morir para convertirse en un genio-fantasma, y eso que en su época dorada como pintor, la xenofobia catalana no había alcanzado los niveles sofocantes y cansinos que ahora ha logrado. Con un inusitado y machacón esfuerzo por sepultar las voces internas de las agonizantes almas que soportamos cada día sus mentiras.

Son la cualidades, no los defectos, las que arrastran al hombre a la tragedia...

Edipo rey, de Sófocles, es un ejemplo remarcable de ello. En el caso de Edipo, no son la indolencia y la estupidez las que originan la tragedia, sino su valentía y su honestidad. Y de ahí nace, inevitablemente, la ironía.

Kafka en la Orilla. Editorial Tusquets. Pág. 253. 6ª Ed. Mayo 2007.

También he reflexionado, teniendo todo lo anterior en mi cabeza, y al hilo de las declaraciones que hizo López Obrador hace unos días, cuando afirmaba que España debería pedir perdón por los agravios cometidos en el pasado, si nuestra grandeza reside precisamente en no haber separado todavía ambas realidades, es decir, las tinieblas del mundo exterior. Si como a veces creo, siempre hemos sabido que las palabras que nos dedicaban eran huecas y por eso hemos avanzado lidiando con las mentiras y derrocando a los necios con nuestra indiferencia enloquecida y - las más de las veces - involuntaria.

Lo que sucede es que se hizo la luz, se inventó en mundo de la razón, de las grandes ideas de palabras huecas, y ahí no tenemos defensa posible. No sabemos movernos en ese escenario. Y como bien relató Cervantes en El Quijote, una vez se desciende al mundo real, sólo resta morir.

Leed mucho.
M.


domingo, 10 de marzo de 2019

Feminismo, Rustaveli y Brilka. El mundo como un libro de caballería.

Como cada ocho de marzo, las mujeres hemos celebrado nuestro gran día. Hemos esperado siglos para reivindicar nuestros derechos y - ahora que los tenemos reconocidos (al menos en el papel) - gritamos como locas para pedir una libertad que ya tenemos, y de paso lograr a empellones nuestro lugar en un mundo hecho a medida de los hombres. Como estrategas dejamos muchísimo que desear. Menos mal que dios no ha dado otros atributos. 

Dentro de estos grupúsculos reivindicativos hay todo tipo de mujeres, están las verdaderamente maltratadas por los hombres, las bombardeadas catódicamente y manipuladas intelectualmente por los medios y las que han hecho de esta gesta su forma de vida, estas últimas son las que sujetaban las pancartas de manifestaciones varias el viernes ocho de marzo, con enorme convencimiento de que 'o estás conmigo o estás contra mi'. Es decir, que el 99% de las mujeres que vivimos en España somos un pálido reflejo de lo que nos hubiera gustado ser. Sobre este particular hay - claro está - muchos estadios intermedios que, si seguimos una línea de pensamiento único, se diluyen irremediablemente. Perdiendo la mujer aquello que la hace sublime, es decir, su superioridad sensitiva en casi todo aquello que se propone. La prueba de esto último es que los más bellos libros escritos hablan sobre mujeres, o bien están escritos por mujeres. Del hombre hay poco que hablar, por eso es mejor no agitar pancartas, no vaya a ser que acabemos iguales y esto sería terrible.

Hemos llegado al 2019 equiparadas legalmente a los hombres, pero llenas de enemigos por todas partes. A saber, la religión, el estado, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos (que deben acostumbrarse a que el insustituible papel que ocupan sus madres lo ocupen sus padres), nuestros amigos, las empresas (públicas o privadas) para las que trabajamos, los gobernantes, los jueces, los conductores del metro... Cualquier ente es susceptible de convertirse en un enemigo para nosotras, alguien potencialmente peligroso. El mundo ideal es aquel en el que todo está repartido al 50%, y existen inspectores que vigilan para que haya igualdad en cada una de las esferas de nuestra vida, donde nada fluye y todo es rígido. El gran OJO de la igualdad nos observa. Ya no hay magia, ni historias de amor, ni chispa, ni miradas picaronas... No, no. Ya sólo hay consejos de administración donde la mitad de sus miembros son mujeres (es decir miembras) y existe un Gran Hermano que todo lo ve y que siempre sabe qué es lo que más nos conviene.

Echaros a temblar porque vienen tiempos malos.

Me sorprende también que sea la izquierda la que abandere sin sonrojo un movimiento de liberación mundial de la mujer, porque en los lugares donde se vivió bajo el yugo comunista, las mujeres fueron maltratadas sin piedad convertidas en un instrumento del Estado sin voz ni voto en casi ningún ámbito de la vida pública (la privada no existía). Tal vez diga esto porque coincidiendo con estas fechas tan 'feministas' he concluido la lectura de 'La Octava vida (para Brilka)' de Nino Haratischwili. Una monumental y larguísima novela que aborda las vidas de una familia georgiana a lo largo del siglo XX, donde las mujeres son la clave del argumento y donde el comunismo los conduce a todos/as a destinos controlados por Papá Estado, por el Generalísimo (es decir Stalin), y por agentes de este último que como grandes iluminados por el sol de la verdad comunista, no dejaron títere con cabeza. La familia protagonista y otros muchos, fueron arrastrados a un destino miserable adornado con palabras grandilocuentes, borrando para siempre todo lo sublime que hubo en un país como Georgia, encerrado en las montañas del Cáucaso, pero con una larga historia de hadas y duendes. 




Nino Haratischwili es una mujer georgiana, nacida en Tiflis en 1983, pero criada en Alemania, el libro  -de hecho - está escrito en alemán. Nino ha dado forma a un libro redondo, que no hace más que mostrar las debilidades humanas y cómo estas afectan a la mujeres, que al final, cuando son controladas y no viven conforme a sus sueños, sino como parte de un plan mundial de contingentes y de ideas que iluminarán el universo, son un pálido reflejo (ahora sí) de lo que siempre quisieron ser. Envueltas en una "nomenklatura" ridícula, víctimas del atropello constante de su feminidad. Georgia, en sí misma, como nación que perteneció a la URSS, no deja de ser mostrada como una mujer que sufre estas humillaciones siendo consciente de que es la única manera de sobrevivir, dentro de una realidad absurda y descarnada.

Creo que llegados a este punto, se hace necesario hablar un poco de Georgia y de su magia. De este país, aquí en España, se conoce poco o nada. Más bien esto último. Y eso que su familia real en el exilio vive en Madrid. Pero esto es normal, sabemos poco de nuestra historia, como para ponernos a investigar sobre un país encajonado entre las montañas del Cáucaso y el mar Negro, que desde el año 1801, con diferentes tipos de vínculos, formó parte de la órbita rusa, cuyo periodo de máximo esplendor tuvo lugar en los siglos XII-XIII, y que alcanzó su independencia (al menos de facto) en 1991, viéndose desde esta fecha envuelto en múltiples conflictos de todo tipo, especialmente territoriales y como consecuencia de su relación de amor-odio con Rusia. Sin ir más lejos, el 8 de Agosto de 2008 los tanques rusos llegaron a la capital, Tiflis. Doscientos años de dominio ruso no se borran fácilmente. 


Con impresionante inteligencia, la madre Rusia había decidido reforzar siempre a su pequeño, levantisco y quizás demasiado travieso hijo Georgia en todas sus debilidades, y proclamarlas como fortalezas hasta que el hijo empezara a cogerle el gusto a su papel y creyera haber engañado a su madre, haberla privado de su poder, sin darse cuenta de hasta qué punto - esforzándose en ser querido por el padre - se prostituía por su amor.
Página 547. Primera Edición. Septiembre 2018.



Para colmo, hablan una lengua muerta, totalmente ajena al mundo latino, que se escribe con una especie de gusanitos rarísimos, sin paralelismo ni parecido con ninguna otra. Tan especial y característico es su acento, que Stalin no logró despojarse de él en toda su vida, por más que lo intentó. (Stalin era georgiano).

A mi este país me atrae poderosamente. Su estética, su aproximación al cristianismo y su fascinante historia. Georgia es la antigua Colquis, hacia donde fueron Jasón y los Argonautas en busca del Vellocino de Oro. En georgiano se volcaron - durante el siglo V - los textos de culto a Mithra, un dios persa que tuvo enorme influencia en el Imperio Romano. Y - también en esta lengua extraña con tres mil años de historia - escribió Shota Rustaveli 'El caballero en la piel de tigre'. Rustaveli (1172-1216) fue un rico aristócrata, ministro del tesoro durante el glorioso reinado de la Reina Tamar (la etapa más dorada que se recuerda en aquellas tierras), gran viajero y conocedor de la literatura persa y árabe. 


Shota Rustaveli.
Monasterio de la Cruz (Jerusalén)


Y ¡ahora sí! se va a producir el momento mágico de unión entre feminismo del siglo XXI y un poema caballeresco del siglo XII compuesto en el Cáucaso. Y será maravilloso.


¿Cómo responder a tu pesar sólo con palabras...?
Dime cuál es el tormento que te apena y su remedio.
El caballero en la piel de tigre. (Estr.26)


Sí, en los poemas caballerescos los hombres adoraban sin reserva a su amada, y éstas no necesitaban exhibir pancarta alguna. Nueve siglos después, mientras gritamos hasta quedar afónicas para que los hombres se sometan a nuestro yugo, ni imaginamos que hace nueve siglos, el amor que sentían los nobles caballeros hacia sus amadas era total, un sometimiento absoluto. Porque todo lo que procedía del amor era fuente de honor. O al menos así lo creía Rustaveli. Un amor que rozaba la idolatría, que surgía de forma inmediata, donde el enamorado pasaba a ser un enfermo, la amada - mientras - se quedaba tan campante en casa urdiendo nuevos planes maléficos para el caballero, que él llevaría a cabo sin rechistar.

Si la amada desaparecía, se adentraban en bosques mágicos, en naturalezas salvajes, porque ya no tenían lugar en el mundo. Este amor enloquecido era fuente de sabiduría. Porque esta última no es más que la necesidad de que los hombres y las mujeres sean capaces - en su avance vital -  de crear historias mágicas donde alcancen un nuevo nivel de existencia.

Ese nivel de existencia mágico y misterioso lo vamos minando poco a poco con nuestras ideas de contingentes, y nuestro desprecio a lo que la historia y la literatura nos enseñan.

El siglo XX en Georgia fue un cúmulo de desgracias provocadas por el hombre. De mujeres camaradas al servicio de asesinos como Beria o el propio Stalin. De literatura perdida, de identidades difusas. Donde las mujeres lloraron y lucharon para nada, porque de ese mundo nada queda excepto las brasas de décadas de sumisión a un poder que pretendía salvarlas.

No tengo que elegir el mundo en el que quiero vivir, ya lo hice hace mucho tiempo. Y desde luego, no es el que pintan para mí en paredes, ni escriben en manifiestos llenos de frases intrascendentes. Si apartamos a los hombres de nuestra vida, no podremos enviarlos a luchar contra dragones o a buscar griales lejos, muy lejos. Tal vez sólo sirvan para eso, pero con eso, es suficiente.

Te debes a mi servicio por dos razones en verdad:
primero porque eres un caballero que ningún otro puede igualar
y después porque me amas, si ello es verdad y no una mentira.
Ve, busca a aquel hombre donde se encuentre, ya sea cerca o lejos.


El caballero en la piel de tigre. (Estr.130)

Leed mucho.
M.



viernes, 22 de febrero de 2019

Las papeleras, Teresa de Jesús y Balthus

Al ocupar demasiado tiempo en tareas absurdas, no puedo dar continuidad a mis sagas, como le ocurre a determinados novelistas, que dan forma a un personaje/trama y ya es un no parar de publicar libros. Los envidio, deben estar muy ociosos. Prometí seguir hablando compulsivamente del Museo del Prado, y no lo he hecho. Para poder volcar determinadas sensaciones, necesito una quietud y un sosiego del que no dispongo. Hay tardes que me siento a escribir y, cuando releeo lo tecleado, sólo encuentro basura de difícil digestión.

Hablando de basura, tengo que dar a conocer desde esta humildísima tribuna el agujero que nos arrolla, la inmundicia intelectual de la que somos víctima sin darnos cuenta. La idioticia reinante que nos fagocita hasta convertirnos en seres anodinos, ridículos y - por encima de todo - hipócritas. Recuerdo una época remota de absoluta felicidad cuando, al tirar un chicle a la papelera, lo lanzabas a un único cubito donde se mezclaba felizmente en un mestizaje multicolor con todo tipo de detritos orgánicos o plásticos. Nada era nocivo para el planeta, todos éramos hermanos en la inmundicia. Ahora, cuando vas a tirar algo, te encuentras con esto.... 



Y - como tienes tantísimo tiempo para dedicarlo a aquello que te aporta valor como persona - tienes que desperdiciar varios minutos leyendo los cartelitos para saber dónde tirar un pañuelo de papel. Como sea verano y te suden algo las manos, encima corres el riesgo de acabar infectado de salmonelosis o sabe dios. Eso sí, el aire que respiramos es más sano desde que tirar un papel se ha vuelto un infierno. ¿No lo notáis? ¡Vaya! Pues entonces es que vuestro cerebro aun tiene arreglo, acabaréis asistiendo al deshielo de los polos, pero con una gran salud mental... ¡Enhorabuena!

Mi consejo es que - cuando veáis estos carteles - tiréis lo que lleváis en la mano donde os de la gana, el planeta estará más contaminado y acabará explotando, pero al menos no os sentiréis como gilipollas. Esto es exactamente lo que hago yo. Un acto de rebeldía inocuo para la humanidad, pero muy beneficioso para mi ya mermada salud mental. Estando imbuida en este desasosiego existencial, yendo - como siempre - a contracorriente, asistí a una charla de Juan Manuel de Prada con motivo de la presentación de su nuevo libro 'Lucía en la noche', habló poco del libro y mucho del mundo que nos rodea, dándome la razón - sin él saberlo - en este tema en particular. Tal fue la empatía que sentía hacia él cuando terminó el evento, que tomé la resolución de leer un libro suyo. ¡Dicho y hecho! El elegido ha sido 'El castillo de Diamante', publicado en 2015. Aborda la disputa que tuvo lugar en 1567 entre Teresa de Jesús y la Princesa de Éboli, mezclando espiritualidad, ambición y envidia con pinceladas de historia. Una prosa fluida y culta digna de considerarse literatura de la buena. Con el objetivo último de ensalzar la figura de Teresa de Jesús, como una mujer adelantada a su tiempo, inteligente, perceptiva y cero mojigata.


Dos mujeres que quieren romper las ataduras de un mundo gobernado por hombres, cada una a su manera. Una no envidia nada, porque lo tiene todo siendo pobre. La otra lo envidia todo, porque posee más allá de lo imaginable. Pero la ambición no tiene límite, no importa el punto de partida. Teresa es feliz en su comunión con Dios, una comunión idealizada en forma de un castillo de diamante en su corazón. Se ríe de todo y de todos, y como sabe que la mayoría de los actos que presencia son estériles y ridículos, llega a un punto de inflexión, en el que hace lo que le da la gana, simulando una sumisión estudiada. Como yo, cuando tiro el detrito donde me da la gana, pero simulo ser una entusiasta de la lucha contra el cambio climático.

La Princesa se da cuenta, y quiere emularla. Envidia su pobreza, porque posee algo que ella nunca tendrá, la libertad de espíritu. Complicado, esta cualidad humana - si se posee - jamás está bien vista. Hay que serpentear por arroyos ya trazados. Pero Teresa no necesita nada, porque tiene plena comunicación con Dios, línea directa. Nosotros no podemos entenderlo, porque como ya he dicho en múltiples ocasiones, hemos arrancado de cuajo la espiritualidad en nuestras vidas. 

Os recomiendo, ya de paso, que leáis pasajes escritos por Teresa de Jesús, no encontraréis nada religioso, ni cerril, ni beatón. Sólo la experiencia de una mujer que pone al descubierto su corazón como subterfugio para entender su mundo y su experiencia con lo que no vemos, con lo trascendente. Su realidad del siglo XVI, el mundo tangible que vivió, no es muy diferente a la que vivimos ahora. Os lo aseguro. 

En un pasaje este libro, unos locos ermitaños que visten harapos y que consideran que la santidad se alcanza sufriendo todo tipo de martirios, sale a relucir el nombre de El Bosco, el pintor favorito de Felipe II, al que tachan de degenerado porque no pintaba escenas religiosas y en sus cuadros danzaban todo tipo de figurillas semidesnudas y muy viciosas. Escenas que con el paso de los siglos, y ya despojadas de su enseñanza moral, devienen en obras como las que Balthus pintó en el siglo XX, cuatro siglos después, y que también fueron tachadas de arte degenerado y pérfido, esta vez por los nazis y su idea del mundo ideal, ese que todos anhelamos encontrar pero que no acaba de llegar, ese que Teresa vio, ella sola, y que los demás que le rodeaban no alcanzaban ni a tocar con la punta de sus dedos.

Esto pensaba mientras paseaba por las salas del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza en la inauguración de la exposición monográfica de este pintor franco-polaco de larga vida y profunda influencia, Balthasar Kłossowski de Rola, más conocido como Balthus. Saco a relucir este hecho por dos razones, la primera de ellas es que era un admirador rendido de El Bosco, la segunda porque me sirve para reflexionar sobre el arte y la trascendencia. O mejor dicho, cómo buscamos en el arte la trascendencia.


La calle (1933)
The Museum of Modern Art (Nueva York)

Os recomiendo la exposición, id a perderos entre el sumidero del siglo XX, triturador de genios y  creador de maestros que usaron el palco su opulencia para denunciar realidades nefandas que ellos ni se molestaron en cambiar. Es el caso de Balthus.

Que es un genio, no hay duda. No es un pintor que improvise, sus cuadros están estudiados hasta el más insignificante detalle, eso se ve en la ejecución geométrica y en las influencias claramente apreciables de artistas como Piero della Francesca, Francisco de Goya o Paul Cezanne. 'La Calle', el cuadro que muestro más arriba, es un claro ejemplo de rostros inspirados en el Quattrocento Italiano. Las figuras que fluyen en una especie de parón de la cámara, mostrando posturas imposibles pero sugerentes, fue una innovación suya.

Balthus, como toda persona que cree jugar un papel importante en el devenir de los tiempos, más si observa a sus coetáneos desde una privilegiada posición económica y una auto-atribuída superioridad intelectual, pecó de cierta soberbia en sus obras. Posteriormente fue encumbrado porque cumplía todos los atributos clave para ser idolatrado en el olimpo de los dioses del arte,  a saber, ser francés (o establecido en Francia) antes de 1945, rico, con ideología de izquierdas y con capacidad para escribir memorias sobre cómo cambiar todo, sin cambiar nada, desde un cómodo refugio, en el caso de Balthus, Suiza.

Todos los números de la lotería los tenía él. No hacía falta que se celebrase el sorteo. 

En pleno auge nacionalsocialista, se dedicó a pintar jovencitas en posturas comprometidas. No seré yo quien critique estos cuadros, me parecen una obra maestra, pero creo que optó por una ambigüedad estudiada y no exenta de provocación inane. 


Thérèse (1938)
The Metropolitan Museum of Art (Nueva York)

Estos cuadros, considerados arte degenerado por los nazis, cobran actualidad porque, con motivo de su paseo por el mundo, se ha abierto un debate al respecto, e incluso puritanos norteamericanos se plantean la posibilidad de no exhibir las obras en los museos patrios. Tengo ya la absoluta certeza que alguno de estos iluminados censores inventaron las papeleras multiuso con bolsitas de colores. La consecuencia de todo lo anterior, es que ya no sé dónde está la trascendencia en el arte, está tan contaminado de ideas, las del propio pintor, las de sus críticos y mecenas, las de los poderes fácticos que mueven voluntades y nos obligan a usar papeleras multicolores, que no sé si lo que me conmueve es realmente conmovedor o mis sentimientos son una mezcla de la perjuicios y flashes inconexos producto de lo que me abduce sin querer o incluso queriendo. 

Tal vez tenga razón Teresa, y haya que buscar en los pucheros o en la propia simpleza de las cosas para construir un castillo de diamante y así entender temas tales como el arte degenerado, las papeleras multifunción-salvaplanetas y otros cientos de enigmas que tras siglos de progreso, no hemos sido capaces de descifrar.

Leed mucho e id a ver la exposición de Balthus.
M.

domingo, 10 de febrero de 2019

La Piedra Lunar, reflexiones de la vida moderna.

Mediados del mes de febrero, San Valentín esperándonos tras la esquina, acechante con su flechita ridícula y un escenario mundial en ebullición sospechosa de acabar en caos. No ceso de preguntarme como el hombre - habiendo alcanzado un nivel de progreso inabarcable - sigue ocupando la mayor parte de su tiempo en hacer el idiota. Me pasmo ante lo que nos rodea. Debo reconocer que antes sentía miedo, ahora sólo indiferencia. Es la única barrera que cabe interponer al sinsentido. 

Otra de las barreras para evadirte del caos reinante, es leer clásicos que hablen de otras épocas, escritos por hombres y mujeres de tiempos pretéritos. Excepto en contados casos, los autores del siglo XXI no logran despojar a sus personajes históricos de sus propios sentimientos y forma de pensar, lo que hace poco/nada creíble, hasta diría soporífera, su literatura. Confieso, por ejemplo, que he tenido que abandonar 'Yo Julia' de Santiago Posteguillo. Precisamente por esta razón. Lo siento, porque me cae bien, pero es que es un tostón y avanzar en la trama me costaba horrores. Prometo acabarlo y mirarlo con mayor benevolencia.

Con estas ideas invariables y machaconas en mi cabeza, he concluido felizmente la lectura de 'La Piedra Lunar' de Wilkie Collins. Obra maestra donde las haya. Un DIEZ, una delicia... Un clásico de otro mundo ya barrido por los desastres del siglo XX y la ceguera del siglo XXI, no hay que desanimarse, porque esto va a peor, y si caemos en el pesimismo veo poco recorrido a este mundo sin fuelle. 


Los terribles efectos del cientifismo nos han privado de analizar algo tan simple como el desarrollo de las debilidades humanas. No hay más verdad que lo que la ciencia puede demostrar. Eso sí, maticemos, el único pecado que cabe achacar a los científicos es el de la soberbia. Siendo justos, nuestro mundo es más llevadero con toda la caterva de aparatitos que nos hacen la vida más fácil, con lo cual a ellos podemos perdonarles este pecadillo grave, pero con un fin loable. Para el resto de los humanos, simples marionetas que se mueven con un móvil en la mano incapaces ya de pensar por sí mismos, espiados y manipulados por unas élites mediocres, pero con una gran celo en dominar, a todos ellos sin excepción (yo también me incluyo) el progreso nos ha conducido a una encrucijada estrambótica, yo diría que esperpéntica. 

A todos ellos, por tanto, pero específicamente a los que 'retwittean' pensamientos ridículos y vacuos, les recomiendo la lectura de 'La Piedra Lunar'. Un resumen certero de la historia de la modernidad en una novela de misterio, con robo de diamante (la Piedra Lunar) incluido y la descripción de los más bajos instintos humanos, también de los que nos hacen fuertes, la lealtad y el amor. (¡Viva San Valentín!)

Repasemos un poco la historia moderna. La Reforma Luterana del siglo XVI convenció a media Europa que ser rico estaba bien, y pulverizó con discursos puritanos y fanáticos al resto de los pobres que no tenían ni qué llevarse a la boca. Esa superioridad moral, refrendada por la teoría calvinista de que el hombre ya nacía predestinado y que las obras servían para poco/nada, dio pie a que un caradura del siglo XIX como Carlos Marx, aupado por esta supuesta superioridad intelectual - alimentada hábilmente con la leña de la Leyenda Negra que acompaña aun hoy al mundo católico -, escribiera varios manifiestos incendiarios que se extendieron como una mancha de aceite y cuyos efectos se dejaron sentir en toda Europa, cimentado un mundo ideal sobre palabras huecas, porque para avanzar, primero hay que observar y leer libros como este.

El Reino Unido, en la época en que Wilkie Collins escribe La Piedra Lunar (1868), atravesaba una de las etapas más prósperas de su historia, por extensión e influencia, bajo el reinado de la Reina Victoria. Periodo tan boyante escondía, por otra parte, una desigualdad social aplastante y una hipocresía puritana sonrojante. Todo ello lo denunció Charles Dickens (amigo íntimo de Collins) en sus novelas, que os recomiendo desde ya que leáis. Dickens era un escritor de prosa fácil, Collins era más enrevesado, por eso su denuncia es menos directa, pero no por ello menos letal.

La desigualdad social la desliza Collins describiendo la vida de los criados, que son respetados, pero sobre los que recae toda sospecha del crimen y - cuando llevan a cabo el más heroico de los sacrificios - son olvidados por los protagonistas, y hasta por el propio escritor, porque sólo se sirve de ellos para apuntalar el argumento. La hipocresía nos la va pincelando de la mano de un relevante personaje social, que esconde una doble vida, tal y como la sociedad victoriana fomentaba. La avaricia, que aplasta la fe, y obliga a aquellos que la tienen, a vagar despojados de todo honor por el mundo, se da a conocer desde la primera página, cuando se lleva a cabo el robo de la piedra, aun sabiendo que la maldición y la desgracia la acompañan. La ambición no se detiene ante nada, y sigue una misma línea destructiva ahora y hace un siglo y medio. Desconfiad de los visionarios y los ególatras.

Pero como la propia luz de la gema, aparece la audacia, la valentía y el amor. Así de simple, y gracias a ellos todo volverá a su sitio. Es la audacia sin condiciones la que mueve voluntades, no las reformas religiosas, ni la lucha de clases sin una base de generosidad ni - de nuevo - audacia. Este larvado mensaje en un libro publicado en 1868, cuando en España - por ejemplo - se gestaban Revoluciones Liberales que nos conducirían a desastres del tamaño de una sima galáctica, es la llave para entender parte de la encrucijada en la que nos vemos envueltos hoy, en vísperas de San Valentín y con un mundo despojado de espiritualidad creativa, tapiada a propósito y ya - me temo - de forma irreversible.

Os recomiendo, no es fácil, que despojéis todos los mensajes de los grandes ''estrategas'' de paja, y llenéis vuestra vida de audacia y verdad.

Conoceréis la verdad, y la verdad, os hará libres.
Jn 8, 31-32.

Leed mucho.
M.