domingo, 6 de marzo de 2016

ARCO 2016. Y la imposible reinvención del Arte.

Otro año más Arco en Madrid, otro año más me he paseado por las obras de arte, algunas ni las he mirado, otras sí, y el resto las he mirado y han resultado objetos variados, es decir, no eran obras de arte ni nada. Pero, ¿quién puede saber la diferencia?




Empiezo con lo bueno, luego despellejaré a artistas y demás comparsa ridícula que compone este mundo. Alegra y estimula que Madrid organice una feria de arte de semejante nivel y repercusión. Aunque a veces no sea el arte lo que venda, sino el traje de LetiZia en la inauguración, pero en fin, es la cultura de pandereta y espectáculo y le da muchísimo caché a España. Aunque las naciones sean republicanas, siempre sus jóvenes sueñan con ser princesas. 


Por otra parte, este año me ha sorprendido agradablemente ver cuadros y esculturas con fuerza, con materia prima y con ideas audaces. Obras que - si tuviera dinero - hasta me plantearía comprar. Lo que me hace pensar, comparando con las porquerías que he visto en ediciones pasadas, que llegado un momento, las vanguardias de pacotilla del siglo XXI abandonan la canción protesta y se pliegan al mundo del dinero.

En lo de la canción protesta los catalanes fueron pioneros, y les gusta, qué duda cabe. El problema no está en el contenido de ese arte melifluo y absurdo con el que pretenden sorprendernos, ¡pobres!, la pega está en que su mensaje es tan tan predecible que tiene sólo eso, la pataleta de niño incomprendido. Atención pregunta, si visitas una de las galerías de arte y ves unas fotos de una funcionaria española con pinta de idiota y tontucia, en una oficina consular pésimamente decorada y con una Constitución Española que es un ladrillo pintado de colores... ¿De dónde puede ser oriunda esta galería? Tic tac tic tac... ¡Correcto! Barcelona. ¡Atención! La materia prima es un ladrillo y una fotografía. ¿Lo ponemos en nuestra casa? 

Otra de los temas recurrentes, además del de Cristo ridiculizado y esparcidor de porquería por el mundo, es el del sexo. Aquí abrimos la veda y cabe todo, es un pozo sin fondo de innovación. Eso sí - excepto en el cine porno, que da algo más de sí la inventiva- la repetición en el arte es cansina. Vagina, pene, boca, tetas. Casi siempre - por el morbo simplón - es la mujer la que se representa como una calentorra esperando ser regada con todo tipo de efluvios. 

¿Nos compramos esta maravilla? Noooo, por dios, no. Imaginad que una noche os levantáis al baño a oscuras y chocáis con una nariz-pene, y al ir a apoyaros en la pared, metéis la mano en una boca lasciva. A mi - particularmente - se me ponen los pelos de punta.

Otro de los asuntos que me preocupa es el tamaño MONUMENTAL que tienen determinados engendros, digamos una mujer de cera en un sarcófago, rodeada de flores y de animales variados. Esto ya sabemos que a casa no nos lo vamos a llevar, dudo que nadie se lo plantee. Así que esta y otras perlas, tienen que exhibirse en museos de todo el mundo. Y aquí topamos ¡de nuevo! con la canción protesta.


Porque - al menos en España - el arte está totalmente politizado, con lo que para vender el sarcófago o el hombre de ganchillo con unos testículos de madera, tienes que destacarte escribiendo algún manifiesto absurdo y camelarte al político de turno para que te coloque la obra sabe dios en qué museo de los muchos que se han construido durante el boom inmobiliario. Y entonces ¡pobres de nosotros! no sólo nos tragaremos el sarcófago, también la canción protesta del artista.

Me estoy deprimiendo por momentos, creo que tendré que ahorcarme. 



¡Ayyy! Si no puedo, la horca está al revés. ¡Vaya por dios! Dejadme, dejadme que adivine el mensaje. La muerte nos acecha, la inmundicia, pero no acabamos de dar el paso hacia el abismo de lo desconocido. Suena bien, me vale.


Aunque también puedo comprarme la cuerda sin más, y colocarla en un rincón de mi casa acumulando polvo. Confío eso sí, que venga el propio artista a instalarla. Si después de gastarme un pastón, encima no la coloco bien... Digo yo, no sé, pobre de mi, que me gustan los cuadros de El Bosco. 



Bueno, bueno... No nos deprimamos, que también hay cosas buenas. Escultura urbana totalmente funcional y con colores vivos. 


¡Santo cielo! ¡Si es uno de los extintores de Ifema! Perdón, perdón. Estoy tan metida en el Arte que ya todo me parece digno de ser considerado como tal. 

Yo soy más del Prado y de los pintores de princesitas que me hacen soñar. Creo que ni disfrazándome de intelectual, con un tocado de diseño y unas gafas con montura de colores vivos daría el pego. No me tomarían por una crítica solvente, más bien por una de pacotilla. Total confundo los extintores con los pene-nariz. Se me ponen los pelos de punta cuando contemplo al Cristo de Velázquez, pero me da risa el sarcófago colorido relleno de porquería que pretende ayudarme a entender la naturaleza. 

Como crítica de pacotilla creo que este arte no trascenderá. Porque reinventar el arte es - ahora mismo, viendo lo visto - imposible.

M.

viernes, 26 de febrero de 2016

Witiza en la Mancha.


'Vivimos tiempos difíciles'. Esta es la frase más repetida en la Historia de la Humanidad. Este chascarrillo cansino y sin trascendencia ha sido interiorizado por la población española de todos los tiempos más de lo que podamos llegar a vislumbrar. Motivo por el cual, los hechos más estrambóticos son asumidos con total naturalidad e incorporados a nuestra vida diaria con una mezcla de alegría, aplomo e indiferencia. ¡Ahí es nada! Nos podríamos haber comido el mundo, pero arrastramos alguna que otra lacra, como la estupidez y la ceguera ante el talento.


Unamos al párrafo anterior una Historia convulsa y particular, plagada de gobernantes inútiles, mediocres y malas personas. Una burocracia ingente que va a más, abultada sin límite tras la democracia y la implantación del Estado de las Autonomías. Un megamix de tasas y trámites administrativos estrafalarios con el único objetivo de justificar el ingente tamaño de la Administración Pública. Que no te ayuda, te fagocita.


La fagocitación de la Administración, copada por puestos políticos, además del robo constante en nuestras nóminas, tiene un efecto infinitamente más nocivo del que – creo – no siempre somos conscientes. El adoctrinamiento subliminal a cada segundo de nuestra existencia.


Sin apoyar la teoría de la ‘Conspiración Permanente’, vamos que somos protagonistas de Gran Hermano, lo cierto es que en España no se premia el talento a secas, no se busca el mérito literario de un escritor, más bien se penaliza su afiliación política (si la tiene), o se le hace partícipe de la época en la que le tocó vivir, caso de estupendas plumas de la época de la dictadura franquista. Es decir, que nos dejan en las librerías y nos recomiendan en los periódicos truños insufribles porque el escritor ha dicho tres paridas bien sonantes acordes con lo que los poderes públicos consideran que está bien para los sufridos contribuyentes.



Todos los escritores que despuntaron durante el franquismo u obtuvieron algún premio de relevancia, son SIN EXCEPCIÓN pésimos. Han sido oportunamente olvidados y su sola mención te convierte automáticamente en un simpatizante del Régimen. ¿Veis? Ridículo. No elegimos ni cuando ni donde nacemos. Venimos a este mundo y sobrevivimos como buenamente podemos. 



Añado una cosa más antes de hablar de Francisco García Pavón, hace sesenta años la movilidad y el conocimiento del mundo no eran los de ahora. No podías irte así como así, no porque no te dejaran (que también), más bien porque no salía un vuelo a Londres cada hora. Viaje que no podías reservar cómodamente desde tu confortable sofá mientras disfrutabas de una cervecita fresca y unas aceitunas rellenas de anchoa. Añadamos que España no era un país cuyo pasaporte sirviese para mucho.

Así las cosas, hablando con mi amigo Cándido - gran amante de la lectura y de las novelas de misterio - me dijo como con reserva que estaba leyendo 'El Reinado de Witiza', una novela ambientada en Tomelloso en los años 60 del siglo XX. Estaba entusiasmado por todo, porque enganchaba, porque estaba muy bien escrita y porque el dominio del castellano y de las costumbres de la Castilla de la época eran para quitarse el sombrero. Una prosa que ya la quisieran para sí Camilla Läckberg Åsa Larsson, que dan risa al lado de este hombre. Así como tantos escritores de pacotilla que encumbra nuestro mundo de fantasía y color.

'Aunque sea de la época de Franco, no habla de política en ningún sentido', tuvo que añadir. Claro, porque - como ya he dicho - con estas cosas hay que andarse con ojo o te cuelgan un muerto que ni sabes de donde viene. Es decir, que eres un facha redomado.

Efectivamente ni una mención tendenciosa en ninguna página, con absoluta delicadeza describe la cotidianidad de un pueblo, Tomelloso, su funcionamiento, su riqueza y su pobreza en una mixtura completamente homogénea. Y de fondo un misterio, un cuerpo embalsamado que aparece como por arte de magia en un ataúd de lo más cuco, desbaratando la tranquilidad del verano en ciernes. Activando la inteligencia del policía local, Manuel, alias 'Plinio'.

El muerto se parece a Witiza, esto es gracioso porque ni por asomo sabemos el aspecto de este penúltimo rey godo en la Península. Pero seguro que este monarca fue mejor gobernante que el General Franco, un personajillo chillón y patético. Otro más a la lista de negados al timón de España.


Sorprende que el cura tenga poder, pero no sea un tragaldabas lascivo. El juez no sea un iletrado en zapatillas que hace y deshace a su antojo. Y el policía local no sea un tonto del haba que va con su uniforme y su pistola haciendo el chusquero por ahí. Todo de lo más civilizado, el mundo que les tocó vivir. 

Todo un descubrimiento. Asumo que hay dos razones por las que García Pavón no ha sido traducido y no ocupa un lugar más preeminente en el panorama literario mundial. La primera, que obtuviera sus galardones durante los años tenebrosos de la Dictadura. La segunda, es demasiado costumbrista, no sé yo si un letón sería capaz de seguir el argumento o entender algo, amén de la correspondencia de vocablos del español al letón o a cualquier otra lengua. Algunos de ellos imaginas lo que son por el contexto. 

Leedlo, merece la pena. 
M.






sábado, 20 de febrero de 2016

Eco y la Eterna Primavera....

Umberto Eco ha sucumbido a la realidad de la vida. A su eterno inseparable, la muerte. Los genios no deberían morir. No deberían, pero tantas cosas no deberían suceder y suceden. Tanto 'no debería', tanto que es inconmensurable, infinito. Como infinita es la sabiduría de algunos y la estulticia de otros.

Como siempre, cuando una persona brillante muere, las colaboraciones en los periódicos se suceden, los 'amigos' salen de debajo de las piedras y los recuerdos y semblanzas se suceden sin parar. En su caso, no podía ser menos. Decenas de premios y reconocimientos para un hombre de conocimiento inabarcable. Hoy pensaba cómo podría rendirle mi personal homenaje a alguien que había descubierto su espejo en la Edad Media, dotándola de luz y esplendor dentro de una perspectiva latina. Su visión de Tomás de Aquino y su filosofía del ser de las cosas, su profundo estudio de la estética medieval, de sus monstruos, de sus leyendas, las raíces mismas de nuestra alma. Denostamos lo que somos, sin saber que - con ello - damos la espalda a la búsqueda de Aquino. Setecientos años más tarde, un personaje de ficción, Guillermo de Baskerville, en la pluma de Eco, intentó abrirnos los ojos a lo que nuestra ceguera nos reserva: El fuego y la ignorancia.

No sé por qué, hoy cuando leía al azar pasajes de 'El Nombre de la Rosa', me venía a la cabeza el cuadro del 'La Primavera' (1482) de Sandro Botticelli. 



¿Qué tiene que ver este cuadro alegórico y espiritual con los frailes de una abadía benedictina de comienzos del siglo XIV? Absolutamente nada. Por eso me he puesto a buscar la razón de semejante asociación mental. Y las pistas han ido viniendo a mi cabeza por sí solas.

Dos de las mayores obsesiones de Eco, además del mencionado Tomás de Aquino, fueron Jorge Luis Borges y Don Quijote de la Mancha. Para Borges sólo había una novela, la del Caballero Andante anacrónico, y Eco le secundó entrañablemente. ¡Qué gran aportación hizo el castellano a la humanidad! Cada pequeña miseria y grandeza aparecen descritas en la novela. Pero sobre todo la luz, la luz y el esplendor que emana de cada una de sus páginas. Como en 'El nombre de la Rosa', donde sólo hay luz, búsqueda del saber y espiritualidad latina.

Aquí está la clave, 'La Primavera' es un cuadro que enseña al mundo la luz que el mundo latino ha dado a la humanidad, esa luz que irradiamos en contraposición a la rigidez y oscuridad del norte de Europa, que son, ¡qué pena! los que crean listas de personajes influyentes, escriben reseñas de novelas (infumables en su mayoría) y que ignoran - en su rigidez mental - a personajes como Umberto Eco, un intelectual de los pies a la cabeza. ¿Por qué no le dieron el Nobel a este magnífico sabio? Porque jamás, jamás, cuando un inglés, un sueco, un alemán... se ponga a mirar este cuadro, se dará cuenta de lo mágico que es nuestro mundo, lo vasta que es nuestra cultura y lo mucho que hemos legado a la historia. Eco lo intentó, por ello merece nuestro más sincero homenaje.

Leed, o a los sesenta años, como decía Eco, no habréis vivido.
M.



viernes, 12 de febrero de 2016

Un poco de todo...

Ayer pensaba en las mentiras históricas que nos hemos tragado a lo largo de nuestro periplo académico, todas encaminadas a crear un caldo de cultivo sin sustrato, alimentado por la falta generalizada de curiosidad por conocer la verdad. La consecuencia inmediata es que los mediocres pueden llegar lejísimos en este nuestro mundo. 

Últimamente leo muchos libros sobre la Edad Media, y flipo ante todo lo que nos han ocultado. Dejando que creyésemos que los hombres de entonces eran unos idiotas que pululaban sin rumbo y con una armadura ridícula, ocultándose por los bosques y participando en gestas de pacotilla a ver si la reina (muy ligera de cascos y con un tocado absurdo) caía en los brazos del caballero andante más fuertote. 

Primer culpable de esta visión, el poco peso que concede el sistema educativo español a la Historia. Segundo, Hollywood. Tercero (este seguro que no lo habíais pensado) los Ayuntamientos y sus esperpénticas ferias medievales. ¿Hay algo más anacrónico y ridículo? No, la respuesta es no. 




Unos tipos vestidos con una especie de trapos sintéticos y deportivas New Balance (son muchas horas de pie haciendo el tonto, hay que ponerse cómodo) y otros disfraces con mayor o menos gracia. Aderezados con un espectáculo callejero de flauta de madera (fabricada en China), tamborcillo ridículo y una serpiente pitón que no pega ni con cola. Porque este tipo de reptil proviene de climas cálidos y húmedos, es decir selvas tropicales que no había pisado nadie en la Edad Media. ¡El colmo de la perversión intelectual! Pero la gente acude como moscas a este horror sin precedentes que huele a fritanga.

Antes de que me olvide, es muy común colgar de los balcones blasones variados, la mayoría inventados, pero con la presencia invariable de la flor de lis. Todo vale en estas abominaciones festivaleras. 

Pues resulta que lejos de este folclore, la Edad Media engendró un motor intelectual que impregna nuestra cultura hasta límites que no alcanzamos a sospechar. Sí, nosotros hombres cultos del siglo XXI, con un horizonte a la vista que roza lo inconmensurable, somos nada al lado de lo que el hombre de la Edad Media fue capaz de gestar con unos exiguos medios materiales.

Unos pocos ejemplos:

Tras la caída del Imperio Romano, el hombre se encontró sin una referencia de poder temporal. Constantino, gracias a su providencial (es decir interesada) conversión al Cristianismo, dio la alternativa a que - tras las invasiones bárbaras - la Iglesia se constituyera como única fuerza de cohesión en un mundo de tinieblas. 

Quedaba, a partir de ese momento, un largo camino por recorrer. El primer reto era maquillar los ritos paganos para adaptarlos - en la medida de lo posible - al pujante dominio del Cristianismo, ahí nos encontramos a San Agustín. No olvidéis que, creyente o no, el ser humano busca la trascendencia. San Agustín trascendió sirviéndose de un pagano como Platón. Muy interesante este Padre de la Iglesia, gracias a su concepción de la sociedad, tenemos un presidente, un rey, un CEO en nuestras empresas. Alguien que está por encima de nosotros y debe dirigirnos ¿Empezáis a ver que la cosa tiene más miga de lo que parece? 

Los Bárbaros, en sus reinos esparcidos por Europa, seguían el Arrianismo (creo que dedicaré un espacio a esto, merece la pena), pero tras años de reticencias, finalmente sus reyes se convirtieron al catolicismo. El primer rey franco en hacerlo fue Clodoveo (481-511), que ya apuntaba maneras chovinistas. Y así uno tras otro hasta llegar a Carlomagno (742-814), aquejado de delirios ambiciosos. Los nietos de éste, en lo que se conoce como 'El tratado de Verdún', tuvieron que hacer frente a sus delirios dejando perfilada la historia de Europa para los siglos venideros. A saber, la eterna rivalidad Francia-Alemania, el desprecio de ellas dos a Italia como estandarte del poder de los Papas (ojo que esto parece que ha cambiado, pero nada de nada) y la fragmentación de Europa en nacionalidades más o menos sinsentido, pero muy beligerantes.

Conforme Bizancio perdía poder (sobretodo preeminencia cultural), los árabes nos ayudaban - ¡cosas de la vida! - a conocer a Aristóteles. Ahí Santo Tomás de Aquino estuvo bien atento y se valió del macedonio para hacernos ver que la búsqueda de la verdad se encuentra en la inmutabilidad, en el esfuerzo por evadirnos de un tiempo histórico siempre en movimiento. O lo que es lo mismo, el mundo se mueve, el hombre avanza y nuestro horizonte es necesariamente el más amplio. Esta imagen que tenemos del empequeñecimiento histórico en beneficio del presente. 

Hoy tantos siglos después, tenemos exactamente la misma visión de nuestro lugar en el Universo. 'Somos enanos que vamos a hombros de gigantes (la evolución de la humanidad) pero nuestro horizonte es más amplio que el suyo', decían allá por el siglo XIII.

Continuaré, esto es sólo el principio y por favor, no vayáis a ferias medievales. Es un insulto a la inteligencia.
M.


martes, 9 de febrero de 2016

Teodora y Rávena

Publicado en la Edición Digital de Guay del Paraguay. Febrero 2016

He manifestado varias veces que Italia es lo mejor de Europa (sin desmerecer al resto), a ver cómo consigo plasmar la clave de esta idea. Cuando viajamos abrimos nuestros ojos al mundo y a otras culturas (obvio y manido), pero si elegimos un destino lejano y ajeno, por ejemplo Tailandia, nos topamos con dos inconvenientes fundamentales, uno que para acceder a determinados lugares necesitaremos un guía (¡tostón!), entre otras cosas porque no sabemos ni leer las señales de tráfico. Dos, que no veremos más que lo que el circuito turístico nos ofrece, contratiempo que nos hace perder la perspectiva del contexto histórico, que a la postre nos es completamente desconocido.

Si logras escapar de los gritos, los altavoces de los guías y la marabunta dominguera, y te vas por tu cuenta, descubrirás en medio de la selva un templo rodeado de árboles y naturaleza, te quedarás sin respiración, pero no lograrás - ni remotamente - comprender qué hace eso ahí. Por lo que la intensidad del momento estará basada en el descubrimiento de lo desconocido, pero no en la comprensión de lo que en sí engloba. 

¿Qué se les pasa por la cabeza a los orientales cuando ven el cuadro de Las Meninas en el Museo del Prado? ¿Entienden algo?
Esto en Italia no sucede, alquilas un coche y tranquilamente te vas a un lugar lejos del circuito turístico, digamos Rávena. Allí, en una ciudad de ciento cincuenta mil habitantes, al noreste de Italia, te topas con vestigios de los acontecimientos más importantes de la historia de Europa desde la caída del Imperio Romano. Y estos sucesos, son nuestra vida y nuestra cotidianidad, respiramos de ellos cada segundo.
Rávena es una ciudad fascinante. Donde toman forma todas las enseñanzas y lecturas que sobre Bizancio y los Bárbaros hayamos podido hacer. De repente se hace la luz, y lo comprendes todo.
¿Cómo no comprender, si allí está Teodora?



Ella, Teodora, es uno de los personajes más fascinantes de la historia. Por más que lo pienso, no consigo comprender como no hay libros específicos sobre su vida, ni siquiera en inglés. Yo, al contemplarla, quise llorar. 
¡Vale! Lo reconozco, cuando concluyeron el mosaico de la Iglesia de San Vital ella había muerto hacía un año. El retrato está completamente idealizado, sigue un hieratismo artificial, carece de fondo y de perspectiva, Teodora jamás estuvo en Rávena, pertenece a un tipo de arte paleocristiano ampliamente superado y ninguneado con posterioridad. Pero si yo viviera en Rávena, iría todos los días a contemplarla. El arte es subjetivo, y se vive desde la individualidad más absoluta. Llegas a percibir la sublimidad en Teodora porque su existencia es, sencillamente, un milagro.
Ella sigue allí, mil quinientos años después. Sobrevivió a los iconoclastas (unos locos que les dio por destruir imágenes y se enajenaron destruyéndolas) y a la conquista del Imperio Bizantino por los turcos. Claro, para entonces, casi mil años después de la construcción de San Vital, Rávena ya no pertenecía a la órbita de Bizancio. Esa suerte tuvo, porque los turcos arrasaron todo. 

Teodora era prostituta, y de la más baja estofa. Logró camelar al futuro Emperador de Bizancio gracias a sus encantos e inteligencia. Tras una juventud azarosa en lo que amoríos se refiere, trabó amistad con Justiniano, futuro emperador y señor de Constantinopla, y éste no paró hasta conseguir hacerla su esposa. Lo cual fue un golpe de fortuna, porque ella se reveló como una persona capaz y competente donde las haya. 
Inciso, vamos a ponernos en situación. Estamos en el año 500, hace dos días que el Imperio Romano se ha partido en dos, los ‘barbaros’ campan a sus anchas en Europa occidental, y lo de la cuestión religiosa está en pleno auge. Es decir, aún no han decidido cuantas naturalezas tiene Jesús. Tampoco su procedencia está clara, ni su relación con el Espíritu Santo. Traducido a palabras llanas, aun no se ha nivelado el poder en la Cristiandad. El primer asalto se produjo en época de Teodora, durante los Disturbios de Niká. Y, tras múltiples tiras y aflojas y algún que otro chamuscado en la hoguera, topamos con la batalla final y definitivaunos quinientos años después, en 1054, cuando el Cisma entre Oriente y Occidente se hace definitivo e irremediable. Con penosas consecuencias. ¡Somos así! ¿Tenía Jesús naturaleza sólo divina, divina y humana, se confundían entre sí y sólo quedaba una? Seguro que no os lo habéis planteado nunca, pero la cosa tiene miga. Mueve montañas, Estados y Civilizaciones.
Teodora, que debió olerse el pastel, jugó siempre un papel valiente y conciliador entre distintos puntos de vista. Más por su ambición (aún no estaba claro quién iba a llevarse el gato al agua) que por su innegable inteligencia.
Durante la vida de Teodora (500-548), Bizancio era infinitamente más poderosa que los dispersos Reinos Bárbaros de Occidente. Pero no era suficiente para Justiniano, por ello, buscó una plaza fuerte en la península italiana, Rávena, creando el Exarcado de Rávena. Donde mil quinientos años después me encontré frente a frente con ella. Con el retrato de una mujer poderosa, que durante los Disturbios de Niká puso en evidencia a unos hombres que sólo sabían luchar con armas, no con la cabeza. Y así ha sido durante siglos, y así nos ha ido.

Viajad, por favor.
M.












lunes, 8 de febrero de 2016

Tita & Margaret


Hay seres humanos que buscan mariposas, nuevas especies de flores del campo, pájaros, descripción de modelos macroeconómicos que cuantifican la profundidad de la crisis... etc.; un heterogéneo mundo de saber que a mí no me dice nada, pero que estoy segura ha proporcionado momentos de auténtico deleite en aquellos que consideran haber logrado algo sublime. ¡Bien por ellos! Contrariamente a lo que piensan los nuevos refundadores del Estado, con o sin coleta, la grandeza de la humanidad tiene su base en la diversidad de pensamiento.

Cuando yo hago recuento mental de esos efímeros instantes en los el mundo no es un lugar caótico y asqueroso (lo que realmente es), me encuentro con que todos ellos están relacionados con cuadros, esculturas, libros y edificios. Sí, soy muy urbanita. Recuerdo la descripción de Rebeca Buendía en 'Cien años de Soledad', la muerte de Don Quijote de la Mancha, cuando se cansó de pelear por sus sueños, la primera vez que vi las Puertas del Baptisterio de San Juan en Florencia, o la Capilla de los Scrovegni en Padua, un día de noviembre en el que no había turistas. No puedo olvidar a Teodora en Rávena o a la 'Mujer Planchando' de la época azul de Picasso, expuesto en el Museo Guggenheim de Nueva York. Me refugio en esos pequeños recuerdos conmovedores cuando la mediocridad que me rodea no me permite ni respirar.

Otra de mis grandes pasiones es pasear por Madrid, perdirme un tercio de Mahou y poner una cruz a aquellos sitios donde no sirven esta delicia tan típicamente nuestra. Como en Platea, mal este sitio, mal. Sirven una cerveza que intenta ser sofisticada, pero que sólo es cara y a años luz de Mahou. Momento chungo en Madrid, rematado al salir de este pretencioso lugar con la horripilante visión del nombre de una mini-plaza que está dentro de la propia Plaza de Colón, no sé a cuento de qué venía una cosa así. Estoy hablando de la Plaza Margaret Thatcher. ¡Inaudito momento en mi vida! ¡Alucinante e indignante!

Desde el origen de los tiempos, España ha sido el enemigo al que había que aniquilar para ingleses y franceses. No han perdido ocasión para hacernos la pirula. Francia llegó a aliarse con los turcos, la gran amenaza para la Cristiandad, en la Batalla de Lepanto, sólo para perjudicarnos. Los ingleses apoyaban a muerte a los herejes en Flandes, no por comunión de ideas, sino porque tenían que reducirnos a cenizas.

Situándonos en épocas más recientes, hay dos personajes que han odiado a España de forma enfermiza. El francés Jacques Delors y la británica Margaret Thatcher. Solitos hubieran hecho las delicias de los psiquiatras especializados en 'manías persecutorias'. Estoy segura que la fobia/manía era tan profunda que los especialistas se hubiesen declarado incapaces de encontrar el origen de la enfermedad.
De Delors no voy a hablar, podéis consultar sus hazañas en internet, y de Margaret Thatcher sólo diré que se opuso a nuestra entrada en la Comunidad Europea, y que habló siempre de España con profundo desprecio. ¿Por qué le ponemos su nombre a una plaza en el centro de Madrid? ¿Cuánto más nos odian más reciben de nosotros? ¿Somos gilipollas? Estoy más allá de indignada.

Ayer, visitando el Museo Thyssen de Madrid, tuve uno de esos momentos maravillosos y sobrecogedores que anotaré en mi 'Diario de Arte'. Subí a la segunda planta del museo y me encontré de frente con el cuadro de Jaume Huguet (1414-1492), 'Misa de Peregrinos'. Su sobrecogedora delicadeza y fervor, me conmovió. Así que me dio por pensar en Carmen (Tita) Thyssen, en lo agradecida que me sentía hacia ella por procurarme este instante. Gracias a ella, hay en Madrid una soberbia colección de arte, y no existe ni una sola calle o plaza con su nombre. ¡Dios qué asco de país!






De acuerdo con la sociedad progre española, Tita es un ser despreciable, que engañó a un Barón multimillonario, cuya colección de arte, que - como cenutrios - no se han percatado que está deliciosamente escogida y conservada, fue pagada con creces por el Estado Español. Nos hemos reído de ella porque se ha encadenado a un árbol, y publicamos - como si fuera un bufón - detalles de su vida. La comparamos sin rubor con una retrasada mental. ¡Pero Margaret Thatcher tiene una plaza con su nombre en el centro de Madrid!

Creo que cuando los agoreros predicen para España un futuro negro como el carbón, se fijan en detalles como este. Indignante pero no sorprendente. Porque en este país, el que gana dinero es una mala bestia, que nos explota y maldice con su sola presencia nuestro absurdo entorno. Si alguien dona a la sociedad belleza o dedicación, lo hace por algo. Alguna razón oscura e inexplicable, que parte de una conspiración orquestada por unas fuerzas malignas que nadie se molesta en buscar (porque no existen, entre otras cosas) pero que con certeza están ahí.

Eso sí, cuando estas fuerzas malignas se alían para juntar sus venenos contra nosotros, les dedicamos una plaza.
Menos mal que existen cuadros y existe el Museo Thyssen, para que al llorar sea de emoción, no de impotencia.

M.

jueves, 28 de enero de 2016

Esperando a Herr Nobel.

Entre los 'siempre nominados' para el Premio Nobel está Haruki Murakami. Desde ya manifiesto públicamente que jamás había leído un libro suyo. 

Me he enfadado cada vez que le han dado el Nobel a un desconocido y añadido la coletilla: ¿Cómo no se lo dan a Murakami? ¡Vaya injusticia! (Y eso sin leer ni un libro suyo, ¡tiene mérito y desinterés por mi parte!). Tal postura tuvo una consecuencia, que me preguntaran qué era lo que me gustaba de sus libros. ¿Qué contestar? ¡Si no había leído ninguno!

Tenía que poner remedio a semejante impostura. Y empecé por el más conocido. 'Tokio Blues' (Norwegian Wood). Y entonces entendí perfectamente por qué no le han otorgado este galardón.



Pongámonos en situación. Los japoneses fueron realmente malotes en la Segunda Guerra Mundial. En el Pacífico hicieron estragos y no tenían pensado rendirse ni remotamente (son un poquitillo fanáticos y cuadriculados). La Guerra había acabado en Europa en mayo de 1945. Ellos a la suya, sin posibilidad de ganar nada y de perder todo, obedecían órdenes desesperadas. Los aliados (bueno, Estados Unidos) vieron claro que no había forma humana de que se rindieran, y tuvieron la 'genial' idea de achicharrarlos con dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. El Emperador le vio ya las orejas al lobo, y junto con sus generales, tomó la decisión de dar por terminada la guerra. 
(Nótese que los que se desintegraron bajo las bombas fueron los pobres desgraciados que estaban deseando que se acabase el infierno de la contienda. El que se obstinó en prolongarla acabó sin un rasguño, un ejemplo de que la vida es - sin duda alguna - injusta a más no poder).

Los retos y desencantos vinieron en cadena, había que reconstruir un país en el que no había quedado ni una brizna de paja indemne y - para colmo - los americanos, que no se fiaban de ellos, decidieron ponerlos bajo su tutela directa (estaba justificado, creedme). Esto era una tragedia sin precedentes, Japón es un conjunto de islas (obvio) y como tales habían creado durante siglos una específica identidad cultural que tenía como cabeza visible al Emperador,  que era directamente Dios. Como por arte de magia, gran parte de sus tradiciones desaparecieron, el Emperador pasó a ser un humano casi-normal y otros individuos que hasta hace dos días eran el enemigo y que no tenían ni idea de japonés ni de historia de Japón, decidían lo que había que hacer (esto para un isleño era terrorífico).

Esta opresión se prolongó hasta abril de 1952, porque tuvieron suerte (habían aparecido otros malos en el panorama mundial) y se portaron bien. No hace falta decir que la suma de la Guerra y la ocupación de Estados Unidos, marcaron a varias generaciones. Y a fuego.

¿Qué dice Murakami de todo esto? Nada. ¿Cómo se refleja el cambio de rumbo en la historia de Japón en este libro? Directamente ni se menciona ni se hace sentir. 

Lo estoy viendo, seguro que muchos piensan: '¡Pero si describe un triángulo amoroso a principios de los años setenta! ¿Qué tendrá que ver con el rollo anterior! Pues muchísimo. Los libros no sólo hay que leerlos, hay que ponerlos en contexto.

Efectivamente, Watanabe (el protagonista absoluto de la novela) salta de un triángulo amoroso a otro sin comerlo ni beberlo. El primero, el compuesto por su mejor amigo, la novia de este, llamada Naoko y él. El segundo lo componen, Naoko, Midori y él. Naoko no anda muy bien de la cabeza, es normal, la pobre sufrió algún que otro shock en su juventud. Es ella la que sirve de bisagra a dos estadios en la evolución de la vida de Watanabe. Midori es una chica especial y también compleja, prototipo de su época. Bien, estas situaciones, tal y como están contadas, pueden producirse en Tokio, en San Francisco o en Madrid. No hay nada (excepto lo que se refiere a la alimentación) que sea típicamente japonés.

La novela describe un modo de vida claramente occidental. Cabe hacernos entonces las siguientes preguntas: ¿Murakami ha olvidado el pasado? ¿No le importa? ¿Quiere ser un escritor universal? ¿Quiere poner sólo énfasis en los sentimiento y en el devenir de la existencia?

Si comparo a cualquiera de los tres Premios Nobel citados anteriormente en este blog, (Vargas Llosa, García Márquez y Undset) con Murakami y en concreto con este libro, se me queda muy pobretón.

Undset describe su cultura nórdica con tal maestría que hace que veas a los noruegos de otra forma. La magia de la selva te hace llorar de emoción al leer a García Márquez y Vargas Llosa nos muestra su Perú, el de un literato casi autodidacta. 

Murakami, con el siglo XX a sus espaldas, desperdicia una oportunidad única para mostrarnos a los hijos de la Guerra despertando en un nuevo Japón.

Con todo, por favor, leed el libro y disfrutad de su música. Es decir, la genial descripción de la música occidental de la época. 

Por cierto, el título 'Norwegian Wood' es una canción de los Beatles.

M.

viernes, 22 de enero de 2016

Buenas noches, Venerable Jorge

El reto más difícil desde que empecé a dar forma a este blog, hacer un comentario sobre el libro que más veces he leído. No es mi favorito, bueno sí, sí lo es. Voy a decirlo sin tapujos.





Muchas son las razones que me llevan a afirmar que es una Obra Maestra (con mayúsculas), una gesta que Umberto Eco no ha sido capaz de repetir. Lo ha intentado con denuedo, pero con resultados dispares. Un libro así, tan completo, sólo se escribe una vez en la vida. Después Eco no ha dejado de ser rehén del pasado. Un pasado en el que volcó todo su conocimiento sobre teología, órdenes religiosas, filosofía, historia medieval, razonamiento lógico, novelas de Sherlock Holmes, antropología, geografía, herejías del medievo, Papado... En fin, un ingente compendio del saber. Da igual cuantas veces acometas su lectura, siempre aprenderás algo.

Umberto Eco dijo en su momento, que escribió el libro pensando en todo tipo de lector. El espectro que va desde los muy cultos hasta los que - simplemente - buscan entretenerse con una novela de misterio. Estos últimos pueden pasar de puntillas por Aristóteles, Platón y las herejías que prendieron en el norte de Italia en la Baja Edad Media, sin perder el hilo de la trama que nos descubrirá al asesino que anda suelto en la abadía. Un misterio que concluye con esta frase: 'Buenas noches, Venerable Jorge'. ¡Dios mío! Aun recuerdo la primera vez que la leí.

Si hay un libro de misterio en el que no descubres al malo hasta el final, es este. Me parece recordar uno de Agatha Christie, en el que asesino iba en una silla de ruedas y estaba medio lisiado, pero claro, era mentira. El individuo en cuestión fingía todo para que no sospecharan de él. No es el caso, aquí la ceguera y la vejez son hechos probados. Por eso el personaje de Jorge de Burgos es apasionante, tan inteligente que el protagonista del libro, el fraile franciscano Guillermo de Baskerville intuye el desenlace desde casi el principio, pero admira a su adversario y prefiere medir sus fuerzas con él.

Seguro que al leer el compendio de saberes de Eco incluidos en el libro, habéis pensado... '¿Sherlock Holmes?' Normal, tiendo a mezclar muchas cosas y a meterme en berenjenales. Pero en este caso está bien traído. Resulta que Umberto Eco es un admirador rendido y escudriñador minucioso de las novelas de Arthur Conan Doyle. Fijaros bien, hay un fraile inglés, de apellido Baskerville (la tercera y más conocida novela de la saga Holmes es, 'El sabueso de los Baskerville'), que cuenta con un ayudante, Adso, nombre muy parecido a Watson, y que - para colmo - asombra con sus deducciones siguiendo el mismo esquema de pensamiento que usaría Holmes siglos después. Otro matiz, usa unas gafas extrañas para observar pequeños detalles, aquí tened en mente la lupa característica de Holmes. 




La cosa no ha acabado. Hay más. 

Este fraile franciscano, tan semejante al detective más famoso de todos los tiempos, llega a conclusiones que asombran a los que le rodean, y eso sin molestarse en ocultar su inmodestia. Usando para ello un sistema de pensamiento claramente Aristotélico. (Aquí, por favor, tratad de recordar lo que nos enseñaron cuando estudiábamos filosofía en COU. Lo siento por aquellos que no hayan tenido esa oportunidad). Este filósofo macedonio, maestro de Alejandro Magno, y uno de los personajes más influyentes de la historia de la humanidad, defendía que, para llegar a una conclusión válida, había que observar aquí y allá detalles varios (generalidad) para poco a poco llegar a un deducción adecuada (particularidad). De lo general a lo particular. Aristóteles dixit. ¿Veis? Novela de misterio y tratado filosófico.

Sigo, que la cosa tiene miga. Platón, gracias a la adaptación que de su pensamiento había hecho San Agustín, había sido el referente de la cristiandad hasta el siglo XIII. 

En el siglo XIV, época en la que se desarrolla la novela, la cosa andaba ya muy revuelta. Tomás de Aquino, mente brillante donde las haya, dijo que Platón no le valía y que Aristóteles se ajustaba más a su explicación sobre la existencia de Dios. De forma esquemática, buscamos aquí y allá (generalidad) hasta llegar a la deducción última, y voilà, topamos con algo inexplicable, algo incomensurable. ¡Dios! Para Aquino la existencia de Dios se podía explicar mediante la fe y también mediante la razón. 

Bien, además de esto, Francisco de Asís en el siglo XII, había dicho que Jesús era pobre y que en la pobreza se vivía divinamente. Que lo de la riqueza de la Iglesia, era indigno. Como desesperados ha habido siempre, esto degeneró de una forma brutal, dando lugar a mil herejías que defendían la pobreza y se dedicaban a martirizar a los ricos. La Iglesia hubiera podido atajarlo de forma inteligente, pero la sede del papado se encontraba por entonces en Avignón (Francia) y recordad que los franceses sólo se ocupan de enaltecerse y enriquecerse a sí mismos, el resto poco les importa. 

En 1327, año en el que se desarrolla la trama de este libro, la situación es tal que el Papa accede a que haya un encuentro entre distintas facciones en liza en una abadía benedictina al norte de Italia. Pero cada día aparece asesinado un fraile en ese santo lugar. Los servicios de Guillermo de Baskerville se hacen imprescindibles. Baskerville es franciscano y seguidor de Tomás de Aquino.

Ya desde el comienzo, la ingente biblioteca se vislumbra como la génesis del esplendor y las miserias que se ocultan en esta abadía benedictina (me gustaría explicar lo importante que es este detalle, pero no acabaría nunca). Esta biblioteca sigue una distribución idéntica a la descrita por Jorge Luis Borges en su relato 'La biblioteca de Babel'. Sí, Eco se rinde a los pies de Borges dando vida a Jorge de Burgos, ambos Jorges hablan español, son ciegos e infinitamente inteligentes. 

Dentro de la biblioteca, un libro, misterioso y desaparecido. El segundo libro de Poética de Aristóteles. El que lo lee muere. El que se arroja al conocimiento, cae en el pozo del agujero infinito. El premio de la sabiduría es la muerte.

¿No es apasionante? 

Alrededor, el ruido de los necios. Las preguntas estúpidas, la mediocridad de la ignorancia ¿Jesucristo se rió? ¿Poseía las ropas que llevaba? ¿Es esto importante? El mundo se derrumba y el hombre se pierde en detalles inútiles. 

Os animo a leer hasta mil veces este libro, sin parangón en la literatura. Cada pequeño detalle de la cotidianidad está descrito en él. Nuestro mundo es hoy, en el siglo XXI, un reflejo del pensamiento de Aristóteles. No saberlo es una desgracia que se deja sentir sin remedio.

M. 

domingo, 10 de enero de 2016

Munch y su grito desesperado.

Como propósito de año nuevo, hacer más vida cultural. No plantea problemas porque en Madrid hay opciones de sobra, quizás lo que no tenga sea tiempo o capacidad para sentarme y planear un delicioso fin de semana cultural. 

Con este objetivo en la cabeza nada mejor que visitar la exposición de Edvard Munch en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Acaba dentro de una semana y tenía que hacer de tripas corazón, es decir, hacer como que no veía las colas de domingueros a las puertas del Museo. Lo había intentado varias veces y no lograba superar el vértigo. Hoy, a siete días del cierre, y con pocas perspectivas de ir a Oslo a visitar el 'Munch Museet', he entrado como una autómata, comprado la entrada y sin pensar me he visto en la primera sala de la exposición. Un acto heroico sin precedentes.

Dicho esto, ya tengo otro propósito para este 2016, pensar muy y mucho si volveré a ver otra exposición monográfica en el Thyssen. Todas sin excepción están tan llenas de gente que, lejos de disfrutar del arte, acabas atronado y con vértigos. La primera exposición en la que no ves ni un cuadro, piensas que te ha pillado la hora punta. La segunda, lo achacas a la mala suerte, y a que sólo puedes ir en sábado o domingo. La tercera, vas un martes, y es exactamente igual o peor... Y suma y sigue. Conclusión, es un problema de gestión del Museo. 

Tienen otro reto, la eliminación de las audioguías, el que para mí es el peor y más siniestro invento de la humanidad. Poder ver un centímetro de un cuadro es un logro. Escuchar el silencio y no un batiburrillo de explicaciones inconexas que salen de un aparato, es tanto como un milagro celestial.

Ahora toca hablar de Edvard Munch (1863-1944).




Conocí su obra gracias a una descripción de terapias contra la locura y el trastorno bipolar. Munch, que no debió nacer muy cuerdo, tuvo la mala suerte de tener un padre con gran obsesión por lo religioso (al ser protestante, estos detalles de su biografía se tapan, porque recordad, para los herejes, sólo los católicos son unos fanáticos y unos retrógrados). Para colmo su madre y su hermana murieron a edad temprana. Conclusión que era poco estable y así siguió. Su familia lo envió a un sanatorio mental y el médico (de ahí lo que comentaba de las terapias) le dijo que pintara, si esto le satisfacía y le ayudaba a estar tranquilo. Lo cual era algo revolucionario para la época.

Primera idea, todo loco y desequilibrado es - por definición - un genio. Porque Munch, digan lo que digan los noruegos y los críticos más sesudos, no es un gran pintor. Es cierto que tiene cuadros muy buenos, pero no es un creador singular, ni su obra tiene una fuerza conmovedora. Sí tiene el mérito de reflejar sus obsesiones, a saber, la soledad, la hipocresía, los celos, los vicios humanos y ¡atención! la maldad y perfidia femenina. Las mujeres, en sus cuadros, son retratadas como germen de todo mal, chupan la sangre de una forma extraña, absorbiendo desde la nuca. 


Al analizar sus cuadros no hay ni una sola genialidad que no haya sido usada antes por algún otro pintor. Todo genio desde el barroco hasta hoy sólo ha tenido un maestro, Velázquez. Él es la génesis de la expresión artística tal y como la concebimos. Suya es la pincelada al azar que encierra movimiento, la perspectiva, la fuerza apabullante del sufrimiento y también de la alegría. Hasta Madrid viajaron los Impresionistas, conscientes de que nadie podría igualarlo.

Los Impresionistas influyeron en Munch, se nota. Esa pincelada que había nacido en el barroco español, se deja sentir de forma tosca y desequilibrada.

También estuvo en Alemania, y allí copio a Ernst Ludwig Kichner. Pero la visión de la pubertad de Munch, claramente copiada de Kichner, carece de fuerza demoledora, de pasión y de empatía. Al ver los cuadros de Kichner percibes la soledad de la pobreza, la miseria de una sociedad que tiene como víctimas a niñas jóvenes. Al contemplar el cuadro de Munch, sólo ves a una adolescente desnuda.



Como veis, nada que sea completamente original suyo. Pero tengo la sensación de que si leéis esto no querréis - si visitáis Oslo - disfrutar de sus pinturas. Por favor, no. El arte se basa en la exploración personal de las emociones. Munch ofrece una visión de la vida que, sin duda, nos invita a pensar...

Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Me detuve; me apoyé en la barandilla, preso de una fatiga mortal. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza.

(E.Munch. El Grito. 1893)

Por cierto, antes de que me olvide, y por si mis comentarios incitan a pensar otra cosa, la exposición es realmente buena.

M.

Urbino y Piero della Francesca

Piero della Francesca murió el 12 de octubre de 1492. El día que Colón puso los pies en América cerró definitivamente la puerta a ser testigo de uno de los más grandes acontecimientos de la Historia de la Humanidad. Para él la Modernidad había comenzado 39 años antes, cuando Europa contempló atónita la Caída de Constantinopla. Como gran estadista que era, supo que nada volvería a ser igual, y así fue. Europa jamás se recuperó, ni siquiera abriendo una puerta a América. Hoy 563 años después quiero recomendaros la lectura de un libro de Stefan Zweig, 'Momentos estelares de Historia de la Humanidad', dentro de este hay un estremecedor relato: 'La Conquista de Bizancio'. Por favor, leedlo. La primera y quizás única enseñanza de este episodio de la Historia, es que Europa jamás podrá estar unida. Desgraciadamente y repetidamente ha preferido hundirse a tomar decisiones coherentes y valientes.


He introducido el tema Bizancio porque, prefiero decirlo ya, no voy a hablar de Urbino y de Piero della Francesca haciendo un resumen de lo que se puede leer en Wikipedia, eso sería un fiasco. Voy a hablar única y exclusivamente de un cuadro, el más enigmático (para mí) de la Historia del Arte y que se encuentra en Urbino, en la Galeria Nacional de las Marcas. 'La Flagelación'.



Lo primero que sorprende de este cuadro es su diminuto tamaño. Algo horrible que tienen las ponencias en Power Point es que pierdes la perspectiva. Cuando iba recorriendo las sales de la Galería Nacional de las Marcas, no pensaba que me iba a encontrar con un lienzo de 59x82 cms., mea culpa. Había leído cientos de comentarios y asistido a una ponencia sobre este lienzo, pero nunca me molesté en visualizar sus dimensiones en mi cerebro. Una crítica de arte de pacotilla, lo sé. Lo segundo y más obvio, es que hay tres tipos tan campantes en primer plano charlando amigablemente, mientras en un segundo plano, a la izquierda, a un tipo le van a moler a latigazos (Jesucristo) y ellos ni se inmutan.

Los 'verdugos' y el reo van vestidos acordes a la época en la que Jesús fue crucificado. Para los demás el vestuario escogido es una mezcla de estilos del siglo XV. Todo ello encuadrado bajo una compendio arquitectónico que sigue la proporción áurea.

Pensemos ahora que en toda sociedad a lo largo de la Historia ha habido tres tipos de personajes. En primer lugar los que deciden y mueven los hilos (casi siempre para mal) que denominaremos 'ambiciosos sin límite'. Tipo dos, los que se dejan llevar y se creen todo lo que les van contando, los llamaremos 'beodos', peligrosísimos también. Y por último los que tienen una visión crítica de las cosas y ven los acontecimientos en perspectiva. Intuyen lo que se viene encima y protestan de manera subliminal creando piezas enigmáticas que describen su estupor. Los llamaremos 'visionarios en la sombra'.

Piero della Francesca era un 'visionario en la sombra'. 

¿Cómo es posible, pensaría en 1444 cuando comenzó a pintar el cuadro, que entreguemos Constantinopla a los turcos por la ceguera de nuestros gobernantes? Roma imponía a la Iglesia de Oriente unas condiciones absolutas de rendición a sus dogmas de fe. Parecía que cedían, luego en el último momento se lo pensaban mejor, un extraño y esquizoide tira y afloja entre ambas Iglesias. Los comerciantes genoveses y venecianos iban a la suya. 

Habían comenzado en 1431 a buscar el acercamiento, ¡veintidós años! para decidir si se mandaba algún barco para ayudar a Constantinopla. Asumiremos que la comunicaciones no eran tan ágiles como las de ahora, pero aun así la cosa no tiene perdón.

Obviando las sesudas interpretaciones del cuadro que podéis leer en cualquier lugar, para mi representa el grito de auxilio de un pensador que muestra en un primer plano a tres personas respetables del tipo 'ambicioso sin límites', que prefieren ignorar el sacrificio que Jesucristo había hecho quince siglos atrás, mientras discuten amigablemente sobre si Jesús tenía o no naturaleza divina. 

El individuo que aparece sentado con un sombrero y los flageladores, son del tipo que he definido como 'beodo'. Hacen el trabajo sucio y no se plantean nada.

El tipo del turbante, el enemigo, camina a recoger los frutos de tanta estulticia. Europa y su obsesiva manía de negar sus raíces.

Pues nada, a Urbino. Merece la pena el viaje. 

M.








viernes, 1 de enero de 2016

Italia, no os dejéis engañar, es lo mejor de Europa

A lo largo de nuestra vida en la órbita latina, hemos visto como nuestros vecinos del norte vilipendiaban nuestra filosofía, lengua, cultura... Esas que son las suyas, aunque su mezquindad les impida reconocerlo. Es por ello que dirán que cualquier ciudad del centro y norte de Europa es más bonita que Roma, Madrid, Lisboa... Por favor, no os dejéis engañar, el sur de Europa es lo más delicioso del viejo continente. 

Un viaje por el norte de Italia os hará ver que todo, o casi todo, lo que conforma nuestro desarrollo como seres humanos, procede de ese mundo denostado por los grandes gurús de la economía mundial. ¡Señor! Qué ciencia tan destructiva y absurda, es dañina y aniquiladora de almas.

Os propongo una huida, entrando de lleno en el arte italiano de los siglos XIII, XIV y XV, la espiritualidad, el sol y el olor a vida. Esa vida que envidian los herejes fanáticos, con sus iglesias desnudas y sus cánones inamovibles de salvación.


Podéis comenzar tomando un vuelo destino a la maravillosa ciudad de Florencia. En un par de horas os veréis inmersos de lleno en uno de los lugares más especiales del planeta. Reconozco que en verano es un tormento, no se puede ni andar por las calles. Pero tranquilos, el turista grupal se mueve como los animales en manada, para ello evitad pasear por las zonas más conocidas en el centro del día y huid sin reparos por callejuelas adyacentes. Menos calor, más privacidad. Cierto es que ir a los Ufizzi y no encontrar colas monstruosas es - ya advierto - imposible. Y a los Ufizzi hay que ir por múltiples razones, pero la clave está en Botticelli. El Museo está pésimamente organizado, las obras de arte están colocadas (excepto la parte de Cimabue, Giotto y su contemporáneos) sin ton ni son. Decenas de cuadros que hemos visto en nuestros libros de arte, aparecen de repente en un pasillo, sin saber bien por qué. Pero la esencia mediterránea es el caos, y desde este desorden hemos ido tirando. 

En Florencia, al igual que en otras ciudades turísticas tipo Venecia, es casi imposible encontrar un lugar decente para comer. El 99,99% de los restaurantes son trampas para el turista. Donde te dan una pasta mala de necesidad y te meten un estacazo de escándalo. Pero en algún sitio hay que reponer fuerzas. Otra opción es el estacazo, la buena pasta y las vistas de Santa María Novella. De noche o de día. Os aseguro que la proporción áurea nunca ha producido algo tan deliciosamente extraño. 




Ahora, permitidme un inciso mientras sigo contando cosas de Florencia. Resulta que cuando el Cristianismo estaba tomando forma allá por el siglo III, un mercader armenio llegado a la ciudad tuvo la feliz idea de convertirse y acabó muy mal, martirizado y con la cabeza separada del cuerpo. Esto no le impidió levantarse tan campante con su cabeza en la mano y ponerse a andar como si tal cosa. Mucho no pudo andar, claro, con semejante merma. Pero tras esta gesta, se paró y allí donde ya no pudo más, se edificó la Basílica de San Miniato al Monte. Aquí me sucedieron dos cosas increíbles. Una de ellas fue que caminando por la cripta de repente escuché cantar a un grupo de frailes de una forma que me hizo sentarme y esperar, como si se congelara el tiempo, a que acabasen. Era el reflejo de la fe y la trascendencia hacia lo sublime, hacia lo inexplicable, como proponía Tomás de Aquino. 

La segunda es que cuando íbamos a abandonar la basílica, el cielo se cubrió de nubes y empezó a tronar y a llover de tal forma que caían trozos de vidrieras a nuestros pies y era imposible salir. Lo sublime y lo oscuro, la vida y la muerte. Dos realidades que conviven en el espacio y en el tiempo sin que nos demos cuenta. 

Hay quien dice que perderse en la naturaleza, acampar en medio de la selva o de un bosque y levantarse a calentar té en un fuego con cuatro ramas es algo mágico. Tal vez lo sea. El ser humano es diverso y como tal desarrolla un gusto diferenciado para disfrutar del ocio. Para mi, caminar por las callejuelas del centro de Florencia y desembocar con la vista en Santa María del Fiore, equivale a millones de tes calentados al fuego en medio de sabe dios donde. Acercarme a las puertas del Baptisterio de San Juan creadas por Ghiberti, incluso rodeada de enjambres de humanos siguiendo un paraguas, me inunda de una extraña e inexplicable sensación de paz ante la belleza. 

El turismo ha creado riqueza. Pero ha empobrecido el arte, la arquitectura, la historia y la propia naturaleza. Nos enseñan las guías cuatro pinceladas que desubican las obras y las llenan de un contenido ideológico y político que no tienen. Ghiberti, Leon Battista Alberti, Giotto, Brunelleschi, Masaccio, Botticelli... no pensaban como nosotros, ni el mundo que les tocó vivir era - ni remotamente -parecido al nuestro. ¿Por qué - como a tantos otros - los descontextualizamos? ¿Por qué nos quedamos con cuatro ideas absurdas sobre su pensamiento y su obra? ¿Por qué despojamos de sublimidad nuestra propia cultura? Espero que cuando vayáis a Florencia podáis recuperar una parte del maravilloso legado que Italia ha dejado al mundo.



No he acabado, el viaje sigue, destino Asís, Urbino, Rávena y Bolonia.

M.